SACRIFICIOS | ASÍ NADA MÁS

-Sígueme, le dijo Nanahuatzin
-¿Así nada más por eso…?

Ardía la piel bajo esa luz, platicaban y atrás de ellas una música ranchera sonaba en las bocinas en donde estaba enchufado el aipod. Una tele también sonaba, eran palabras las que salían de la televisión vieja conectada a una antena elaborada por Paco, una conexión a la nueva señal. Eran noticias. Boni las sintonizó. Boni tenía el control de la vieja tele que aún servía. Boni cambia de canal pero regresa a las noticias. Varias personas entran y salen del baño. La brisa mueve los cabellos de M., Normiux mira muy interesada. Están bebiendo agua de jamaica en un vaso grande de vidrio que impúdico suda y aniquila los hielos con el fin de mantenerse a una temperatura agradable al paladar. Ya caliente, el agua de jamaica del lugar trastornaba a los señores y señoras: el calor fermentaba el líquido, las hierbas tomaban un sabor muy dulce, los labios deseaban el primer trago, la vida se jugaba la misma vida en una tanda de albures y bromas con ella misma. La bebida hacía preguntas que mandaban a la mente al vacío, a un instante en el tiempo en donde crees que te hundes, te vas para abajo. El agua de jamaica muy fría, casi granizada de jamaica, era aún más deliciosa, la lengua enloquecía al sentir por diez segundos el sabor refrescante del líquido rojizo, masticar los hielos dejaba en las encías una sensación de sanar toda herida, de calmar las pesadumbres. La jamaica fría del lugar hacía platicar a la gente.

 – Sí, nada más por eso– M. cuenta lo que sabe, o le dijeron, lo que ha leído y leyó en la primaria, tiene un libro en su casa, está en un librero de madera café claro en donde también hay un espejo. Suele mirarse el rostro, acariciarse las cejas pintadas finamente por las luces de su habitación a medio día, suele tocarse y sentir los pelillos arriba de sus párpados, suele sonreírse al reconocerse en el espejo, es su piel y la de su madre. Es ella y sus recuerdos en el espejo: rectángulo de dimensiones extrañas en un marco de metal azul pastel pintado a mano. Era ella ahí, su reflejo y quizá detrás de ella sus demonios, sus gritos y reclamos, entonces tomaba el libro amarillo, dedicaba tiempo a repasar las letras y construir lo contado, dejar ir su momento, establecer un pasaje irrepetible. M. se acaricia la piel morena, dice en palabras de exquisito aroma– en serio, nada más por eso, una noche le dijo sígueme, porque siempre está, digo siempre y digo que todo el tiempo está, así como nosotros, dormimos y todo y siempre estamos, así mismo está, entonces le dijo sígueme, le siguió y ya no supo más 
– ¿En serio?¿Dónde fue eso?
– Aquí cerquita, aquí a unos metros, donde está la casita amarilla, adelante hay un callejón, ahí jugábamos de niños, se veía el río, podíamos ver peces– En serio, ¿se le apareció y le dijo sígueme y él fue?
– Te digo que sí pues, le dijo sígueme, seguro brilló o algo, pero no hay testimonios ni nada de adeverás, nomás se fue y ya
– ¿Cómo saben que le dijo sígueme?¿Cómo saben que era él?
– En la noche el único celular que había en el pueblo recibió como a la misma hora un mensaje que decía sígueme
– ¿En serio nada más había un celular?– Sí pues, está de locos pero en serio, nada más había un celular y recibió ese mensaje
– ¿Y se fue y qué más, para qué se lo llevó?
– El quería irse lejos, se despertaba en la noche gritando en su cuarto, bien fuerte decía, yo sé que estás ahí, que nomás tienes a tu pinche metiche ésta, nomás las tienes ahí viéndome cómo me pudro, no te hagas, siempre estás, siempre estás, todos siempre estamos aquí 
– ¿En serio?
– Sí pues, en serio…
– ¿Estaba loco?
– ¿Qué es eso?
– ¿Cómo?

Las dos recibieron un golpe del viento. El calor ya evaporaba las gotas de su rostro, bebían un largo trago de jamaica, masticaron los hielos. Las canciones todavía sonaban. Boni le subía el volumen al estéreo, porque también tenía el control del estéreo. Las noticias contaban de una lluvia terrible en el norte del país. Fuerte vientos se invocaban para el lugar. Boni subió el volumen de la música, un hombre cantaba agudo, los tambores seguían la historia de amor reciclado, de desamor, de dolor… 

– Hablas raro…
– ¿Cómo raro?
– Así raro, a veces arrastras algunas jotas
– ¿En serio?..– la risa era peculiar, los dientes mostraban sus ganas de estar contenta
– ¿A qué huele?
– Ah, es la mojarra frita, le ponen una salsa que cuando se calienta suelta ese aroma, también le ponen otros ingredientes, la hierba santa, sal de grano, guajillo
– Me gusta el olor
– Sí pues, también huele a los leños, casi siempre huele así aquí, sólo cuando la luna se voltea y se pone prieta, entonces los olores comienzan a cambiar, pero la mojarra frita de la vieja siempre alegra el olfato, orita ya comemos, ¿qué vas a pedir?, ¿todavía tiene hielos la jamaica?
– Sí… todavía tiene, es muy sabrosa, quisiera echarme un clavado al río… no sé qué pedir de comer, ¿qué me recomiendas? 
– Lo que tú quieras, pide el ceviche, el calor lo amerita, también la mojarra al mojo, no te vas a arrepentir, ¿cuándo te vas?
– Yo creo pasado mañana, ¿me vas a invitar a tomar trago?
– Sí pues– M., se ríe para distraer el calor, para ponerlo a descansar entre los rincones más fríos de sus entrañas, en las partes en donde se acumulan los malos hábitos, donde se congelan los pensamientos incómodos; M., ríe, su lengua es sensual cuando alcanza esos tonos rojizos, M., habla para seducir a las nubes que por momentos les dan tregua de la mirada del omnipresente, del que siempre está. 
– Pediré la mojarra al mojo, una pequeña porque antes quiero un coctel campechano– Mmm, no se diga más– M., levanta el brazo derecho, sus pieles se mueven y escurren unas gotas de sudor que caen en un grieta en el suelo, las gotas se combinan con el río, un pez sorbe la sal de M.; Boni mira el movimiento del brazo, después la sonrisa de M.; con la voz raspándole la garganta, Boni motiva a Julián y le señala la mesa en donde está M. y su acompañante, Julián se levanta de la silla, pone un poco de salsa roja a un crujiente totopo, lo muerde hasta tragarlo y camina lento hacia la mesa, Boni lo mira alejarse, parpadea una vez porque una mosca se le queda parada en la ceja izquierda, parpadea otra vez cuando mira el caminar cansado de Julián, su juventud merecía el trote de un caballo, Boni pensaba en un tercer parpadeo cuando Julián llegaba a la mesa.
– Díganme, ¿qué les traigo?– La voz del joven era tan ligera, tan aguda y cercana al cantar de los grillos
– Juliansito, hola, perdona pues, no quería molestarte, pero mira no conoces a Normiux; Normiux, Julián, Julián, Normiux– La presentación se acompañó de un apretón de manos y un beso en la mejilla, la mujer y el hombre sonrieron, ya se había visto antes, nunca se habían saludado, pero en esta ocasión eran desconocidos, jamás se habían visto, el beso en la mejilla era dado con la sinceridad de quien comienza a guardar información ajena: facciones, olores, miradas, colores, tonos de cabellos, lunares en el rostro, textura de las manos. M., ordenó una mojarra al mojo pequeña y dos cocteles campechanos chicos, también le pidió más totopos, dos vasos con hielo triturado y una jarra de agua 
– Está bien, ya regreso– Julián se llevó su voz y se la compartió a la cocinera, la Vieja, la mamá de varias personas en el lugar, la razón del platillo, Camarones a la Vieja, de la cerveza preparada a la Vieja. La Vieja giró la cabeza al escuchar la voz de Julián, movió la cabeza y dijo sí, ahorita salen, Clara prende la estufa y prepara dos campechanos chicos por favor hija, Julián arrastró la silla, Boni parpadeó y sintió el rechinar de la madera en el páncreas. El joven tomó otro totopo, le untó salsa roja, exprimió algo de limón, esperó los alimentos. 

– Sí pues, lindo ese Julián…
– ¿Entonces no sabes cuándo te vas, tienes vacaciones o algo así?
– No tengo, nada más vine a la fiesta y a ver a mi hermano, a dejarle unas flores a mi papá, me escapé, si casi no vengo porque no me dejan salir, inventé el pretexto de que ando en unas prácticas y que salí a una comisión a verificar material, me llevo bien con la mujer de recursos humanos, ella me ayudó, se enteró de la situación de mi mamá y le dije que para mi familia era importante reunirnos en la fiesta y se puso amable, me firmó algunas cartas y me liberó una semana, pero no son vacaciones porque de aquí me regreso a la capital a verificar el material y me devuelvo para el norte
– ¿Te gusta vivir allá?
– Me gusta, igual me gustaba vivir aquí, ya me están hartando varias cosas de allá, el idioma, los papeleos, pero me siento muy bien con mi soledad, con mis espacios, me salgo a correr a los jardines, me dedico a mis plantas, tengo un perro, vivo en un departamento, sé que es un poco cruel para el animal pero le tengo mucho espacio, paseamos mucho en las calles, son bastante amplias y lindas
– ¿Pero ya no te regresas?
– No sé, no sé a qué regresaría, nomás a repasar las mismas estrellas, para aprenderme las grietas del cañón, no, no sé, la situación de mi mamá me hace dudar, pero aún así creo que sirvo mejor allá, le mando para sus medicinas, le envío algunos libros, no sé, la verdad no me regresaría ahora, por el momento me siento mejor así 
– ¿Tu hermano no intenta convencerte?… Por cierto, lo vimos hace poco en el río con una mujer, ¿es su novia o algo?
– Pues yo creo es su algo, no me dijo nada cuando comimos, tampoco en la fiesta, casi no platicamos de eso, pero cuando tiene alguna pena, viene y me la cuenta 
– Me imagino, pues qué padre la vida allá, ¿tienes fotos en tu celular?
– Sí tengo, mira– los olores emanados por la estufa y los trastes con los alimentos atraían a los aves del medio día, las mujeres miraban las fotos en la pantalla, sonreían al encontrar alguna pose chusca; el calor se quedaba impregnado en las blusas coloridas de las amigas, cuando Normiux le mostraba una foto en el zoológico les sedujo un aroma de ajo que se acercaba a sus espaldas, Julián cargaba con las dos manos una charola con los alimentos repartidos de manera estratégica, las mujeres se separaron, Normiux dejó su celular en la mesa, el joven acomodó los platos frente a las comensales, ambas agradecían cada movimiento de Julián, los aromas de los platillos les obligaban a sonreír, las amigas habían desayunado poco y el hambre estaba provocando ruidos en sus estómagos, el joven se retiró y les dejó un provecho amable, las dos mujeres repitieron la palabra, Normiux tomó una cuchara y revolvió el contenido de la copa de vidrio en donde habían servido el coctel, exprimió un limón sobre los mariscos, revolvió un par de veces más, recogió una buena porción con la cuchara y se la llevó a la boca, mascó mientras miraba a M., que ya había probado su coctel, ambas se sonrieron y sintieron un sabor a mar en su garganta, entre bocado y bocado bebieron jamaica helada y conversaron.
– Entonces… ¿volvió? 
– ¿Cómo que volvió? ¿Quién volvió?
– El viejo, ¿volvió el viejo?, me habías dicho que lo habían visto días después
– Pues dicen que volvió, pero eso es más mentira que los besos que le da el sol a la luna, no te creas, no volvió, no tenía cómo volver, así como se había ido era muy complicado su regreso, ¡qué complicado!, inexplicable, ¿de dónde volvió, quién lo vio, a qué regresó, si regresó?, no hay respuesta, mejor ignorarlo
– No sé, ¿quién lo vio irse, al final cómo supieron que se fue, a qué se fue?
– Ya te lo dije mujer necia, él quería irse y le estuvo friegue y friegue hasta que vinieron por él
– Pues no sé, lo del mensaje se me hace una locura, y pues de que se haya ido así, tampoco me queda claro, no hay testigos ni nada, ¿en serio no hay nadie que lo haya visto?, ¿por qué todos lo creen así como verdadero?
– ¡Ay mujer! Cuántas preguntas, nada más te vas y te entra la duda, seguro alguien lo vio pero imagínate, ¿hace cuánto fue eso?, seguro han de estar muertos, el señor se fue y ya, y listo, ya nadie sabe más
– Y así, ¿nada más por eso le hacen una fiesta?, ¿es que no sé, no es porque me haya ido, pero todo se me hace muy raro, desde chica se me hizo muy raro pero pues la fiesta así era?
– Ay mujer… pues sí, por eso, como dices, así nomás le hacen la fiesta porque se fue… pero no nada más porque desapareció, o porque quería irse, si no porque él le vio, le vio por primera vez, sus ojos de humano fueron los únicos que estuvieron ahí para presenciarlo, para ver lo que nadie puede, de estar aquí él sabría más cosas de las que sabemos, pero él decidió irse, perderse y no volver, deseaba eso y le vio, y cualquiera podría decirte que si viene y les dice sígueme le seguirían, le seguiríamos, iríamos así, tras el destello, tras el brillo, porque ahí es donde muchos queremos estar, ahí y no en otro lugar, ahí porque no sabemos qué es, y él sí lo supo, lo supo y no volvió, por eso le hacemos la fiesta– las dos mujeres atraviesan con su tenedor la mojarra al mojo, la prueban y vuelven a sonreír, su paladar se impregna de sal y de un sabor picante, beben la granizada roja 
– No sé, se me hace muy raro, así nada más porque le dijo sígueme. 

DRN

ENSUEÑO PROLETARIO | 5

Suspiro

¿Qué sueña el señor, qué calma, qué hechizo de la existencia le atrapó…? Los sonidos del metro aturden mi calma, intento no parpadear tan lento, es peligroso, es una sensación de querer irse, es un contagio, este sueño traidor es un contagio… Las voces acuchillan mis oídos, preferiría atontarme y escuchar algo de Alex Catalán… es que son heeeeeeeeridas en tu piel he-chas a quema ropa… preferiría estar en esa onda, en un #rocanroleo … cuando te hagan mierda y esté en ti librar o errar, cuando sepas que esta selva está en ti y en nadie más, cuando mires por la verja y el peral ya no da más, cuando sientas que sin ella podría estar igual, cuando tengas treinta penas, todas ellas sin piedad… me alucino, ojalá tuviera saldo, ojalá hubiera bajado esa rola de Lázaro Cristobal Comala, a mi celular, al menos, para perderme un rato… con todos mis amigos de espalda al paredón, o colgados junto al sol…Despierto de mi musical ensueño.

La calma de los cuerpos taciturnos, la marcha del cansancio; las escaleras eléctricas y sus ruidos pretenden subirnos, llevarnos sin prisa a suelo firme. Afuera, en la calle, suenan las balas, las sirenas se desesperan; abajo, en las escaleras del metro, varias ratas de buen tamaño atraviesan los túneles, los pasillos, se esconden, se mueven rápido. Un hombre acelera el paso, lleva el puño entre abierto, un cigarrillo en esa mano, un cigarrillo que brinca, baila al ritmo de la necesidad del hombre de salir a la superficie y meterle humo a los pulmones.

No lo sueño, pero de pronto sí lo sueño, sí estoy soñando. Estoy ahí, subiendo escaleras, aturdido, lleno de gente. El sol no está, no espera, con suerte, la luna me dará dos besos infames para poder descansar. Sí lo sueño y me tengo que acostumbrar a este estado, a este no saber…


HJS… ya nocheando, ya blablaseando, yau, yau, yau!!! Palabreo de de acullá….

ENSUEÑO PROLETARIO 4

Espasmo

Un grupo de policías rodean a un hombre que es interrogado por el jefe de estación, los gestos de los involucrados están teniendo un día pesado… el hombre corpulento recibe las preguntas y las contesta con un tono de voz bajo para no revelar algo de más, el hombre corpulento se acomoda la playera azul que le ajusta bastante al cuerpo. Las bombas de chicle explotan en mis oídos… en el espacio alborotado por el barullo de los cuerpos andando, dos chicas de leggins muy coloridos, blusas sin manga, cabello engominado, peinado en cola de caballo, observan el interrogatorio mientras cuidan un par de cajas de cartón, mascan el chicle con un poco de bella violencia, #despiadadas #increíblas.

No me sorprendo, no tengo que sorprenderme… la mucha gente, la mucha respiración ardiendo, la mucha sinmemoria caminando terca en estos acomodados espacios de la urbe, estas tripas modernas. El paso a paso acelerado, esquivar los cuerpos moviéndose, ir hacia adelante, no detenerse, no intentar pararse… bajar la velocidad, atisbar algún espacio, uno pequeñito, para avanzar, para seguir y no dejarse atrapar por la masa, no quedarse entre los apapachos de la vida diaria, entre los perfumes de esencias penetrantes, caminar, caminar, elegir bajar la escalera y no usar la eléctrica, bajar esperando no se me olvide caminar, sería un golpe tremendo, además, en este horario sería una bonita carambola, muchas personas cayendo, trágico, así, #gachito, con el drama del Acorazado Potemkin, todo por tu tropiezo, porque se te olvidó caminar, pero no, no se te olvida y sigue el andar, sigues animado por algún extraño recuerdo que se te atraviesa insano en las neuronas, sigues y los gritos de los vendedores ambulantes te empujan, te dicen vas, dale… Llévelo, llévelo, congela’s, llévelo, hay de varios sabores… Bara, bara, se lleva el cargador, cargador universal, el cargador para celular… Chocolate, chocolate para la familia, chocolate… Aguas, alegrías, aguas… ¡Papas, papas! ¡Papas, Papas! Sándwiches, sándwiches… Y sigues, decides seguir, caminar, encontrar el recoveco adecuado, el lugar en donde situarte por un momento, escuchar las voces, prestar atención a los cuerpos impacientes, mirando los relojes, atrapados en alguna aplicación de su teléfono móvil; escuchas tu respiración, el eco de los trenes que están por llegar, el viento en los cabellos de las personas, en sus pieles, ese viento particular, que viaja entre los túneles de esta red de gusanos anaranjados, la música suena en las pantallas, algo tremendo, #perreo #sabroso y me retumba alguna vena del cerebro, me agita los movimientos, la gente escucha la canción, mira el videoclip en alguna pantalla del metro empotrada en el techo; el ritmo hace mover los pies, el ritmo busca la provocación, ruboriza mejillas, inquieta, afloja sonrisas.

Te veo en el metro… dirección Indios Verdes…:) 10:00am enviado
Ahí t vo…:D… 12am???? 10:01am recibido
12 am…. :)))10:30am enviado

Ya estoy, aquí… en los torniquetes… 12:01am enviado
Estoy cerca… :/ 12:02am recibido
:S 12:03am enviado
…..

Perdón/ No te preocupes…/ Hubo una manifestación de maestros y se me complicó…./ No te apures, no llevo mucho…/ Aquí están, son los que pediste… ¿ése es el color, no?… ¿y la talla? / … sí, sí es el color… la talla no sé…/ ¿Son para ti?…/ Sí… / Pruébate una…/ Pues sí… /…/ Sí… sí es… va, pues chido, gracias… / Gracias a ti, buena tarde.

Somos viajeros de sol a luna, llevamos nuestras mochilas, los bolsos en donde guardamos lo necesario para el cotidiano, para la batalla diaria, la jornada laboral, mochilas de varios tipos, de muchos colores y formas, mochilas decoradas, mochilas maltratadas, morrales, portafolios, petacas para aguantar el trayecto, el andar, el suculento ir y venir en esta Ciudad, en este insomne transporte, esta irrealidad del subterráneo.

Las parejas, en el beso, en el abrazo, en el sentirse cercanos… La maquinaria frena, nadie se lo espera, estamos a su orden, varios que dormitaban sienten ese jalón que les arranca de lo imposible, de la calma soporífera.

Los tres hablan un idioma mexicano que desconozco, se ríen, ellos saben lo gracioso de sus comentarios. Morenos, cabellos acomodados con gel, botas, zapatos, camisas de colores morados, obscuros, mejillas ruborizadas, sonrisas inquietantes, carcajadas de lo desconocido. Este vagón se infesta de pláticas que no alcanzo a entender, pero me esfuerzo en oír… Hombre y mujer, sentados, platican tranquilos, sus ojos algo esconden, algún coraje, algún cansancio…

-¿Te digo o no te digo?… te digo las cosas…¿o no te digo cosas?…
Es que ya no sé…

Somos tantos y tantos, tanta ropa, tanto tenis de marca e imitación, somos zapatos negros, playeras, camisas, blusas, camisetas, lentes, bolsos, mochilas, suéteres, abrigos, chamarras, guaraches, faldas, vestidos, mezclilla, #fashonistas, shorts, pulseras, relojes, audífonos.

¡Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiip! ¡Plopl

Otra vez se cierran las puertas, otra vez entra la gente a este depósito de depresiones, de hartazgos, preocupaciones y una que otra bronca. Un hombre lee con demasiada atención, Momo, aquí avanzamos en la vida más lentos que una tortuga, tanta sabiduría en este gusano naranja, tanta duda, tanta deuda, tanto de un poco de lo mejor y lo peor y ahí vamos, dormitando. Avanzamos en nuestros tiempos, alguien mira su celular y se deja ir, se deposita en ese modo de existir, en esa manera de entender el espacio, de saberse en otro sitio que no existe y no deja de estar entre nosotros, viajando, viajando. Una pesada masa se embarra en mi cuerpo, al hombre sólo le falta babear, su sueño le mantiene inmóvil, le atrapa y le convierte en eso que puede caerse pero se recarga en mí, él ahí, sin saberse, dejándose ir… y nosotros, nosotros le observamos. Un bebé me mira, ejecuto una sonrisa, ¿por qué?, ¿es lo normal? Sonreírle a un bebé, no sé, tal vez para que no llore, para caerle bien, no sé, pero la respuesta que provoco no es la misma: una cara de bebé seria, asustada, #triste 🙁 …pero el metro, el metro avanza e intento no hipnotizarme con las luces neón, esas luces me recuerdan que no estoy en mi sueño, que estoy abajo, en el subterráneo, adentro de un vagón, viajando, moviéndome, esas luces… Una señora teje un chaleco con estambre rosa, inserta las agujas, las cruza dentro del tejido, chocan, emiten un sonido delicado, el tejido sigue, la vida se entrama.


HJSconfundiendo la palabra maciza, dura y precisa, ligas menores, poquito de flou, relajito cotidiano 😉

ENSUEÑO PROLETARIO | 3

Lento parpadeo

Un silencio de palabras en el vagón, segundos para mirarnos, nos espiamos, insistimos en enviar nuestra atención a otro ser; el ventilador refresca nuestras cabezas, se oye un rumor, la música que sale de varios audífonos: sonidos que envían a su escucha a otras atmósferas, a sus vivencias más añoradas… un grupo de personas se carcajea, el metro rechina, el viento en los oídos, un zumbido criminal.

Sopor en el ambiente, cada vez que el metro abre sus puertas entran personas con ganas de acomodarse en un espacio adecuado, en donde aislarse pueda ser una oportunidad. Un vaho tremendo se respira, un olorsillo capaz de provocar cosquillas en el sistema respiratorio.

Sentadas, las personas duermen, se escabullen del momento, se van a divagar en las imágenes más desesperadas de su mente, se extravían, se dan un chance y se dejan ir, se los exige la jornada laboral… párpados cerrados, gestos atrapando miedos, preocupaciones y fobias, cuerpos que no se mueven, que viajan en otras dimensiones, manos quietas, glúteos recargados en la banca, cabeza: pera de box, moviéndose sin sentido, sin fuerza, dejándose ir en la inercia, músculos relajados pero alertas. La gente se despabila, se truenan los nervios. El rumor, la vida, el trabajo, los pendientes, los teléfonos móviles en las manos, las virtuales maneras para distraer el trayecto, el andar melodramático de esta Ciudad. En la calle, una ambulancia avanza y grita despavorida.

No me la creo. Pero sí, es un hombre degollado con la cabeza aún colgando de su cuello, el encabezado es igual de tremendo, el señor de gorra verde hojea el diario, se detiene en una noticia sangrienta; oteo en la página y sigo sin creerla: tres cuerpos desnudos tirados en un camellón polvoriento, el señor hojea de nuevo, intento leer un poco de la información, algo, un dato, algunas frases que me inviten a pensar que es mentira, una puesta en escena, que la sangre es… agua con tintura (cobarde de mí, cobarde de mis entrañas, cobarde de tu cotidiano). No me la creo pero me aferro a las páginas del señor, me aferro.

La Ciudad, la rabiosa Ciudad… sus ritmos, sus tecnologías, sus pequeños espacios para estar menos que solo, para estar en compañía de los desamparados, de los santificados, de los pecadores y los no bautizados, de los castos y los no tan puros.

– Entonces… ¿por dónde vives? (los dedos de la mujer se deslizan sobre el celular, dentro de la pantalla una figurita de colores se mueve y forma una línea del mismo tono, una explosión de felicidad dentro del teléfono, la mujer sigue con la labor de hacer estallar líneas de figuras de colores)

– Vivo por Tlahuac… Paso del Conejo…
– Ya… entonces… sí te queda algo lejos…
– No, no tanto… No tanto…
– ¿De ahí tomas un micro?
– No, caminando, en serio está cerca…

Otra señora entrecierra los párpados, escucha un eco a miles de kilómetros de sus pensamientos, oye el andar del metro sobre las vías, se toma la barbilla, sentada con las piernas cruzadas consigue algo de alivio, a su costado, un niño esconde el rostro bajo la visera de su gorra de minions. Tengo que transbordar, cambiar la ruta, ir a otra línea, debo caminar, andar entre pasillos; vamos concentrados, acostumbrados al camino, somos una enorme fila, gigantesco flujo de seres, pensamientos, energías, emociones; se cruzan las miradas, se evaden y se sigue caminando… ¿una sonrisa?, tal vez, tal vez.

A dos manos, toda una #profesional, la mujer del localito de dulces, aguas y tortas, me despacha una alegría de amaranto; con el flujo urgente llegan más personas y compran algo para el camino. Agradezco y sigo el caudal humano, este tiempo subterráneo, esta ingravidez de la soledad, este no querer detener el paso porque te pisan, este andar insaciable.


HJS… leve leve, baja baja, TSF Comuna Espacial, Auuuuuuu!

ENSUEÑO PROLETARIO | 2

Hipnosis

En esta Ciudad las nubes observan, husmean arrogantes, están atentas a la velocidad de los andantes que aniquilan desesperaciones esparcidas en la cueva de sus misterios; en esta Ciudad las nubes espían los paisajes grises, el concreto, las casas, las azoteas, la basura, las mesas, las construcciones, los segundos pisos, las muchas gentes, los terceros pisos, las familias grandes, las familiotas acomodadas en construcciones que quieren tocar el cielo. En esta Ciudad la gente se da besos en el metro, se muerden los labios, se miran intentando desaparecer del instante. En esta Ciudad te observan con desconfianza en el transporte público; en esta Ciudad la gente se duerme por los desvelos, por su andar y andar y respirar y respirar; en esta Ciudad se atropellan cuerpos y veladoras les cuidan el sueño infinito; en esta Ciudad viajan réplicas gigantes de santos que ayudan en las causas perdidas, en esta Ciudad se disfrazan de ése santo.

Desvelado, turbio del pensamiento, ausente de cualquier entorno, metido en mí, en mis insatisfacciones, mis tenebrosas manías, torpe, #torpeando, idiota de mí, debo despertar, debo despertar de un sueño tétrico, de una terrible historia de mala fantasía, debo desaparecerme así, insomne, sin arrepentirme, debo despertarme de esta vida, de #estavidona locuaz, no entiendo mi entorno hasta las trancas de concreto, no entiendo mi entorno, no me entiendo, no me atisbo. Las manos aferradas a los tubos, los rostros buscando algo de aire, un poco de viento caliente, porque no hay otro, es esa bruma que se embarra en los cabellos peinados y los despeinados.

Insoportable, la sangre me recorre el cuerpo a un ritmo que intimida, no lo pensé pero me azota la cabeza, las palabras; la Ciudad me revuelve el estómago de manera innecesaria, vaya desequilibrio, no puedo dormir, percibo el calor de la gente, evito mirarles pero no puedo, sus acciones mi incitan al husmeo, sus gestos matutinos, sus mañas, sus detalles y sus arrabaleros comportamientos.

El hombre sin ojos golpea el vaso de plástico en el bastón, suena el metal y le conduce por el vagón, suenan también sus murmullos, su canto de ciego; el hombre camina lento, sus píes se arrastran, también su cansancio.

¿No sé a qué huele? Es un aroma penetrante, aún no me llega el tufo pero lo percibo en los gestos de la personas más cercanas al ser:

-!Hijos de puta! ¡Hijos de puta! ¡Déjenme en paz! ¡En paz!… ¡No! ¡A la verga!

Tirado en el suelo del vagón, estirando las piernas, acostado, odia al mundo y con su odio construye una capa antihumanos, nadie se acerca, escuchamos sus desesperados alaridos, su rencor ancestral, su mugrosa coherencia.

Intento no dormir pero quiero hacerlo, intento no perderme y lo hago, los párpados me pesan, más que ayer, me pesan mucho, es complicado intentar mantenerse despierto, la desesperación, el hartazgo arrulla, invita a dormir, dejarse ir en el ensueño…

– ¿¡Por qué voy a moverme!?
– Por favor levántate, no puedes ir así…
– ¡¿Por qué voy a movermeeeeeeeeeeeeeeeee?!
– Sólo levántate…

El policía se acomoda la boina roja, se calza el chaleco antibalas, sopesa la carga, sopesa sus nervios, los calma, los maniata, deja el aviso y baja del vagón, toma con dos dedos el silbato negro, emite un sonido parecido a un grito, después de algunos murmullos, de espera, de citadina espera, la tripa anaranjada cierra las puertas y avanza.

Los vidrios de las ventanas: los reflejos, el mirarse y reiterarse, evadirse, encontrarse ahí, en uno mismo, tan de la rutina, de ir a trabajar, buscarse la vida y ganársela con alguna buena actitud, una de las divertidas, mirarse y mirar a los demás, ahí, de vidrio y luces, de Ciudad cruzando el retrato falso de nuestra vida cotidiana, ahí, repitiendo nuestros movimientos.

Aquí estamos, en estos instantes de espera… la espera, el perderse en la respiración, el saberse en un estado de pausa, momentánea espera…


HJS… tirando un poquitito de flou, de aquí palllá…

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