RADIO TEXTUAL | CALOR


¡Refrésquese, hay congeladas de vainilla, de groseya, de fresa!

El calor nos hace personas distintas, nos convierte, las miradas se apagan, buscan esconderse, el calor dentro del metro de la Ciudad se vive con ánimos vacilantes, el sudor, las respiraciones, los buenos y los malos aires, el calor nos ubica en otras dimensiones, en estados diversos de la mente, en perdiciones del alma, en fluidos que a veces disfrutamos en nuestras pieles, nos convierte en una masa húmeda, en un moverse y sentir lubricado. El calor nos lleva a una ausencia hipnótica, nos cubre, nos atrapa, nos deja calmos en una instancia de algún tiempo sagrado.

¡Ufa! Siente que arde y no es el calor… entre los empujones le bajaron su celular. Ahora mira desde la línea amarilla a través del vidrio y no encuentra al culpable, no sabe quién fue, sabe que está por ahí, que anda por ahí… ya perdió, ya perdió, le hicieron perder, ahí, en el metro, así nomás sintió como pum, se cortó la música, su cuerpo no podía moverse, la gente aventaba para adelante, los cuerpos, las piernas, las manos, los brazos encima de él, de los demás, ahí, la masa deforme, la masa violenta, la masa que quiere molestar, fastidiar, la masa gandalla, la masa que acá y allá… Se va, da la espalda al vagón del metro, alguien ríe, alguien entre la gente ríe. En el bolso del pantalón de un hombre, sigue sonando esta canción en el reproductor de un celular que no le pertenecía…

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9º ANIVERSARIO

-No mames, ¿por qué haces eso wey?
-Nada más, nada más porque sí, qué shou, te da frío…
-Me da hueva, pero tú te crees muy pepa broder…
-¡Cuál! No inventes, bájale de ovarios mai…
-Relax beibi, relax… Yo te sigo, pero andas muy picudo, muy acá, muy galante…
-No te la sabes rey, no te la sabes…

Los dos, así, chifladones, entrecortados, trastabillantes, brillaban de contentos en la noche de noches, la luna estaba de traviesa y gesticulaba de manera delirante. Caminaron, se encontraron con un par de árboles tristones, se encontraron con el oxígeno en sus venas, se encontraron con sus respiraciones agitadas… Llegaron justo cuando la banda daba su primera y escandalosa nota, el lugar les recibió obscuro, sospechoso, malosón. Se sentaron en las butacas más finas y desde ahí les cayó encima el cosmos.


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DEBRAYE


¿De qué se trata esto? Le tiemblan las manos, parpadea lento, cada vez más lento, se siente cansado, las piernas le responden de manera inusual, se seca con el dorso de la mano derecha las gotas de sudor frío que se acumulan en su frente.

-Nada más estás debrayando mano, ya mejor párale, siéntate y tómate una coca…
-Bien picada… 😉 No, guácala, una coca, mejor agua mano, o un traguito de atole…
-Úfale, pero sí date algo, mano, sí te ves acá destrozadón…
-Cero, nada, es la vida atravesándome por las venas, cero, no andes diciendo, cero debraye, cero desfase, cero con tus ondas…
-Na, para mí que sí andas así en algo raro… pero pues vas, date, tú sabrás…
-…yo sabré yo sabré… qué actitud mano, qué actitud, increible… pero bueeee….

Su cuerpo comenzó a hervir, la neblina invadió el entorno, una espesa sensación, un frío en aumento les congelaba la sangre… ¿de qué se trata esto? Ambas personas se abotonaron sus abrigos obscuros, agacharon la cabeza, metieron las manos a los bolsillos de sus pantalones, caminaron hasta llegar al límite, en donde se acaban los faroles y no hay más iluminación artificial. En la esquina de Insurgentes, dieron vuelta a la derecha. La luna azul, esta vez más azul que nunca, suspiró, tremenda, tramposa, insensata…


HJS

 

IMAGEN


El viento desesperó sus infamias humanas, laceró sus pieles expuestas, esta Ciudad se convertía en una pintura de glaciares tonos, esta Ciudad atravesada por autos de fría carrocería. Al salir del metro la respiración se les fue congelando, tosieron, una, dos, tres veces, cof cof cof, los pulmones entendían el maltrato e intentaban contener las desquiciadas ráfagas de viento.

¿Para qué me dices entonces… ?/ ¿Cómo que para qué?/ Pues sí, ¿para qué, por qué me lo dices…ahorita?/ …Así tenía que ser, tenía un malestar en el estómago, algo incómodo /¿Malestar?/ Sí, ya sabes, algo que te inquieta…

Ya no se ve mucho. Cerraron la calle por sus dos entradas con altos bloques de madera, el paisaje está más obscuro. Del otro lado de la muralla de madera la maquinaria descansa por las noches. Les falta poco, muy poco para derribar el edificio. Dejó de existir algo que pensaban duraría más de muchos años.

Pues ya, ándale, camínale/ No quiero, tengo frío…/ Ya, déjate de cosas, ándale…/ No, ¿para qué me lo dijiste?…/ Osh… ya deja eso, en serio, tenía que decírtelo… así de fácil…/ Y ¿ya…?… así me tengo que quedar yo, con algo que no quería saber en mi cabeza necia, con esa idea maligna que ahora me patea el cerebro…/ Uff… ¡Qué azote…!

Antes de cruzar la calle pasa frente a ellos un grupo de personas, lucen prendas de licra en tonos fosforescentes, corren a paso moderado. La noche intenta alcanzarles pero también reciente el frío… esos dos siguen su caminata, dentro de sus abrigos, envueltos en sus bufandas de tonos obscuros.

Al final, todo lo que te dije fue mentira/ Ves… ¿Entonces para qué me lo dijiste…? Ahora sí te pasaste…/ ¿Me pasé…? De cualquier manera te ibas a poner así, así como te pones… / Bueno, ¿entonces las fotos del feis y eso?/ ¿Eso qué?…/ ¿Los mensajes…?/ No, tú ya te estás confundiendo, cómprate una vida…/ Me confundes… / Qué azote…

Se terminó la estúpida plática. Las manos se entumían de tanto frío; a ellos les recorría lento la sangre dentro de sus cuerpos. Cada quien a su casa. Por la noche, cuando ambos, como un augurio del desastre, sintieron un deseo espantanso de salir corriendo de casa, en ese momento, decidieron enviarse un mensaje. Sobresaltados, con el celular en la mano, intentaban olvidar esa imagen que les despertó de la pesadilla.


HJS

 

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