PREGUNTA


– ¿Por qué tan tristes?… ¿yo sé que vienen de la chamba, pero qué les pasó… no estén tristes… yo también vengo de la chamba y pues… también… pues unas, ¿qué no? —el ser pide permiso a un joven que seguro trabaja en alguna tienda de Perisur, el joven mueve su cuerpo hacia el pasillo del camión, el ser da dos pasos y se acomoda, cándido, en el asiento de rígido plástico gris, de la bolsa del oxxo que agarra con la mano derecha, saca una cerveza tecate de latón, también unas pringles de queso, habla, la noche se mira a sí misma en las ventanas del metrobús, el viento de Avenida Insurgentes llena los pulmones de ese ser que jala con fuerza el arillo de latón para abrir la cerveza, da un trago, uno inquietante, uno largo, uno quitasen… sigue inventando el tiempo con palabras— ¿qué… ?…¿todos cotorreamos, no?, ¿o no se dan sus chelas…?… ¿entonces por qué me miran así?… ¿o qué no….?… se sacan de cuadro, ¿qué no?— el camión acelera sobre Insurgentes, de la luna sólo sabemos sus suspiros, el ser da otro sorbo a la cerveza, abre el bote de papas de harina, toma unas cuantas y las mete a su boca— ¿Quieren?….¿Quieres una…? vas… date….
– Gracias…
– Gracias chido…
– Chido… chido…
– ¿Cómo te llamas?….
– Áxel…
– Áxel… ¿y a qué te dedicas?
– Al comercio… al comercio, ya sabes, de aquí, de allá…
– ¿Y qué vendes?…
– De todo… pero ahorita ropa… ropa… sí, ropa de todo, es lo que más pega ahorita… —el ser, que ya nos dijo que se llama Áxel, le da otro sorbo a la cerveza, atrás de él, Insurgentes y sus edificios, sus personas caminando, sus mujeres taconeando y sus hombres respirando fuerte… Áxel no sabe si continuar con la charla o parar, no sabe si continuar o parar, pero continúa—entonces…—mejor para
– Noo, pues yo sí me echo mis unas mis dos, vengo de un evento medieval y mezcal, vino, chela…
– Sí, no… pues sí… yo con el jefe, bueno, cuando tenía un jefe, nos íbamos a su casa, allá en Morelos, y así, la alberca, el calorsito, unas chelas, me acuerdo que esa vez fueron varios cartones, de las caguamas… ¿pero por qué vienen tan tristes o qué?… ¿qué les pasó, qué les hicieron o qué?…y pues ya sí, pero pues ya nada más fuimos una vez… y pues ya no veo a mi jefe…
– Te hubiera dejado las llaves, Áxel…
– Sí, pues sí,no… no, no…
– ¿Y dónde vendes?
– En varios lados, en la Ciudad, en varios lados, así, ropa de todo…
– Ah… es que ando buscando unos tenis cafés, unos adidas, pero no…
– Uy, no, no, tenis sí no, casi no, más bien ropa,chamarras, pantalones….¿pero por qué tan tristes?

Avenida Insurgentes se sentía aun más interminable, los autos andaban en su aburrido ronroneo, las personas caminando en el estrecho espacio de sus melancolías, la noche, la noche de verdad insatisfecha, la noche desesperada, inquieta, traviesona, cínica, tan noche.


HJS

LA NOCHE DEL ALEBRIJE


El primer trago de mezcal no fue lo preocupante.

Ignacio miró el diminuto jarro de barro en donde le sirvieron la transparente bebida. Desde donde estaba, el aroma ahumado del destilado le engatusó el olfato. Los integrantes de su familia, sentados alrededor de una larga mesa rectangular de madera, bebían en caballitos de vidrio el espadín joven, además había refrescos, una jarra de agua sabor jamaica y otra de limón. En su familia acostumbraba echar dos flores de tono lila en el fondo de los vasos de los adultos, no importaba la bebida que se fuera a servir, algunos sacaban de inmediato la flor, otros, esperaban los efectos de aquella tradición. Las bebidas obtenían un saborsillo a miel. La lengua disfrutaba ese toque dulce, la sangre recorría con pasmo las venas del bebedor. Sin presentirlo, el cuerpo se alejaba de ellos.

Ignacio se acabó de un sorbo largo su bebida, se levantó de la silla mientras la reunión se animaba con cada trago, con cada palabra. ¡Pérate, orita te vas!, ¿pa qué te vas?, no te vayas pues… que te quedes un rato más, un traguito más… Las paredes escondían el color mamey en las sombras provocadas por los focos ambarinos. La figurilla de un santo patrono se asomaba entre la luz traviesa de una robusta veladora. Los muebles, de madera: la mesa, las sillas, la repisa de los trastes, el estante de la televisión, la alacena y el altar en donde reposaban las cenizas de la abuela Sara. Ignacio no hizo caso a las provocaciones de sus familiares y llevó su cuerpo flaco al taller; detrás de su ser la fiesta se animaba en cada carcajada. Mientras caminaba sentía la noche en sus músculos, se acercó al mueble en donde reposaba el polvo de su abuela, tocó con ternura la urna, pensó algunas palabras y se retiró. En ese instante sus venas resintieron el fluir del último trago de la bebida de tonos lila. La luz de una veladora danzaba inquieta mientras alumbraba el retrato de su abuela. Escuchó el eco de varias voces, alcanzó a reconocer algunas, cerró los párpados con fuerza, los sonidos estaban en su cabeza y se confundían con el barullo de la fiesta del comedor. Ignacio no supo qué dimensión habitaba; con las palmas de sus callosas manos se frotó el rostro, así, en su oscuridad momentánea, en su desorientado estado. Sacudió la testa para espantar a los demonios que le provocaban una extraña comezón, intentó peinarse la rizada cabellera y caminó, lento, hacia la fría puerta del taller.

Afuera, en las calles del Centro, los gritos, la música de trompetas, los tambores redoblando, los cánticos enervados intentaban ahuyentar las oscuras nubes que anunciaban un diluvio. Ignacio quería olvidarse del clima, de los emocionados gritos de las personas, pretendía no imaginar aquellos cuerpos danzando, arrastrando sus píes sobre el asfalto, deseaba estar solo, buscar las formas más incoherentes dentro de su cabeza. Adentro, en la vecindad, su familia brindaba y festejaba por otro aniversario más, otra conmemoración vital, aquella que les mantenía unidos a su tierra, a sus tradiciones. Continue reading LA NOCHE DEL ALEBRIJE

LA PROYECCIÓN

Un hombre y los ecos de su existencia. Una sala de cine y el cruce de dimensiones.

Una producción de Insert Coin y TheSpacefarm. Comunidad Audiovisual .

País: México | Año: 2018 | Duración: 5min 10seg. | Sujeto: Bernardo Pacheco | Fotografía: Rodrigo Flores, Nabil Abad | Audio directo: Shiboleth Olvera | Asistente de dirección: Diego Robleda | Guión, Dirección y montaje: Josué Rueda | Con el apoyo de Voces Contra El silencio.



LA APARICIÓN DEL CABALLERO ÁGUILA


Ocurre que es una tarde de pieles ardiendo. Una tarde en la Ciudad, caminas sobre la banqueta de Río Churubusco, no te la crees que hay un río entubado, neta no te crees el calor, la desesperación en los neumáticos, el pavimento evaporando sudores celestiales.

El camión de Izazaga te deja cerca de Pino Suárez, cruzas el puente, el mercado, caminas un rato y llegas al Centro, cuando llegues ahí te espantarás al ver tu sombra reflejada en una piedra obscura del Templo Mayor.

-Pero… si me lo reduces a tres días por la mañana, sólo me dejas… o sea… pocos días…
-Sí, pero… trabajas, y no puedes otros días, yo no puedo faltar esos días…
-Sí… me lo complicas…¿sabes cuándo hay menos gente?… es que… no…no quiero formarme…no…
-No sé, supongo esta semana no habrá gente…
-Es que no… no…

Tienes hambre. También estás molesto. La plática de ese par no te preocupa mucho. Ellos ni te miran, intentan resolverse, ni te pelan. Bajas del Izazaga, caminas, subes el puente… El dolor de estómago, no es dolor, son nervios, caminas. Al llegar a Templo Mayor escuchas un aleteo discreto, se convierte en zumbido, sientes que tu cuerpo se eleva, lento, liviano…

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