CANCIONES PARA LA LUNA

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Ella le dijo: Nunca imaginé enamorarme de un humano porque yo soy de la Luna.

Él contestó: eso pasa cuando un hombre valiente tiene las fuerzas de ir hasta ese lugar por la mujer que ama…

Todo empieza con Irene, una chica joven, llena de vida, sólo vive para poder ayudar a sus semejantes, trata de aprender día a día lo que el mundo ofrece en cuestión de la experiencia y el amor.

Su mayor pasión es hacer canciones, letras para poder entonarlas y simular que está ante un auditorio que la ovaciona y la premia con sus aplausos llenos de reconocimiento colectivo.

Tiene un trabajo de medio tiempo, es doctora del Hospital de la Ilusión, el cual tiene muchos pacientes y más en cardiología, su especialidad, y por supuesto uno puede saber esto gracias a que ella me contó todo a los pocos días de reencontrármela en la cafetería Adriano, un lugar donde se escucha música en vivo, especialmente interpretada por principiantes o personas que buscan expresar algunas letras hechas canciones.

Un día estaba caminando por mi casa, pensando en lo que podría hacer para lograr una buena columna para el periódico que me ha contratado desde hace unos pocos años y me pide nuevas ideas para lograr atraer al público juvenil en este mentado ámbito artístico.

Y sí, ahí estaba yo caminando cuando no sé por qué miró hacia arriba y cae ante mis ojos asombrados una sombrilla blanca acompañada de un aire que ni yo sé de donde salió, al golpearme caí inconsciente sin saber más de mí.

Desperté y ahí estaba ella, llovía muy fuerte y en ese momento sólo trataba de recobrar todos mis sentidos esperando una explicación al porqué estaba tendido en ese lugar.

Ella se acercó y me dijo: ¿eres tú acaso el chico de los mil vientos?

Reí por un instante, pero comprendí lo serias que eran sus palabras así que asentí para saber qué contestaría ella después de semejante pregunta.

Sonrió y dijo: ¿Crees que no sé qué mientes? Pero lo más irónico de todo esto es que no tienes ni la más mínima idea de quién eres en realidad.

Quedé muy sorprendido con sus palabras, después se presentó, dijo quién era y a qué se dedicaba y que recibí un golpe muy fuerte el cual me hizo perder el conocimiento, pero afortunadamente ella estaba metiendo a sus gorriones cuando vio a esa sombrilla volar.

Irene comentaba el porqué yo era del viento, para ella un hombre así es el que puede usar todos los sueños de la vida de cualquier ser vivo, el viento puede ser entendido como la vida misma, su estado de ánimo o también su forma de ver la vida. Yo entendía que su vida estaba basada en el arte de la metáfora o la filosofía, pero me preguntaba por qué su profesión estaba alejada de su forma de ser.

Terminó de llover, me levanté, le agradecí y me fui de su casa llena de plantas con la etiqueta o el apodo que recibí de esa mujer de ojos grises claros con un azul muy tenue, una mirada muy expresiva, muy relajante.

Cuando salí dijo que el viento puede volverse cálido si tenemos una caldera en el corazón, la cual la enciende esa persona idónea para cada uno. Pensé si era bruja en vez de doctora, reí un instante, pero después comprendí que era una persona sabia y que era muy dulce al fijarse en mí- si es que había un mensaje oculto en su comentario.

Llegué a casa, encendí un cigarrillo, revisé mis papeles, resolví unas preguntas de mi seguro y en un momento se me hizo tarde, estaba dispuesto a dormir cuando en ese mismo instante regresaron a mí sus palabras, pero aún así el sueño terminó por dominarme y no hice más que ceder.

Al día siguiente llegué al trabajo, entregué la crítica de siempre y después Oscar me pidió que le ayudara yendo con la amiga de su novia al café Adriano, no sabía nada de ese café pero sonaba interesante perdérmele un día a la rutina, que sólo hacía que tomara mi viejo piano y tocara algunas viejas melodías. Llegamos a eso de las nueve, inesperadamente estaba Josephine con la amiga que me esperaba con una cara de impaciencia, así como la de algunas chicas que sólo buscan una relación con la cual atormentar en todo a ese chico que le represente una relación adversa.

Nos presentaron y entramos, no recuerdo ni el nombre, creo que se llamaba Dana, en fin, pasaron unos minutos y después me levanté, estaba aburrido y llegué a la barra donde empezaba a cantar una chica llamada Sofía, cantaba canciones de su propia inspiración, en ese momento me dijeron al oído “no sufras más”, volteé y estaba Irene con un vestido satín rojo y unos guantes blancos, sonriéndome, al quedarme perplejo ella rió y me dijo:

¿Vienes a escucharme, Señor conejo de la luna?

Le dije, por supuesto, ¿cantas?

Ella dijo, siéntate y disfruta del viaje, o, ¿es que estarás impaciente por volar esta noche?

Se marchó, cuando fue su turno dijo que cantaría una canción especial para un viejo amigo “El conejo de la luna”, que estaba entre el público, me señaló y todos me aplaudieron, la canción más o menos decía así:

Una tarde azul / Lejos de ti estaré otra vez /  Ya estoy aquí otra vez / Pensando en que podría hacer / por ti.

Eres el más hermoso / Creí que en este mundo no había / tal cosa como tú / Por eso… / Llévame lejos.

Un último suspiro / Bésame como si / supieras que te lo estoy / pidiendo a gritos.

Estába escuchando la canción y la chica con quien había llegado se enojó, se fue sin ningún reproche, imagino que entendió que no podíamos conversar ya que ella era una chica muy arisca, pero sin más me quedé solo, contemplando la canción hecha para mí. Terminó de cantar, conversamos, me contó un poco de su vida, yo de la mía y después de eso empezamos a salir, tuvimos una estufa, dos gatos y por supuesto un calentador en cada habitación. Todo iba bien, comprendimos que todo estaría perfecto juntos, yo empecé a despegar en mi trabajo, encontré la manera más simple de encontrar inspiraciones.

Un día me dijo que se había enamorado de mí desde el momento en que descubrió que yo comprendía el por qué acepté mi vida al lado de la suya, comprendí después que ella había estado en un plan de odio hacia muchas cosas, pero usaba una máscara psicológica para que los demás no notaran sus miedos y sus sentimientos de oscuridad.

Dijo que estaba feliz por todo este tiempo, pero ese mismo día también dijo:

– Mientras no estuve aquí pensé en ti, también pensé en nuestra vida juntos y en mí. Entiendo que has encontrado la manera de sanar mi corazón y por eso te correspondo con mi propia vida, pero estos días analicé ciertos porqués y sé que algún día estarás lejos de mí y no porque no te quiera, sino que tendré que irme y sé que no podrás seguirme ya que un humano no puede vivir en el sitio al que voy.

Le pregunté qué significaba eso y ella dijo que era mejor vivir el momento y que algún día nos volveríamos a ver, pero que yo ya no la querría debido a que el tiempo haría que me acostumbrara a estar sin ella.

Un tema me llamaba mucho la atención, en estos años juntos todas las noches de luna llena ella ponía una olla llena de agua para que la luz del satélite la tocara, le gustaba contemplarla por unos minutos, algo que no entendía, cada vez que le preguntaba ella decía que sólo le gustaba ver el reflejo de la luna en el agua.

Un día llegué de trabajar, cuando entré noté que todo estaba apagado, no había indicios de que alguien estuviera, así que entré al jardín que habíamos hecho, estaba esa olla llena de agua, me asomé y no había nada, sólo el reflejo de la luna y al lado de este recipiente una carta que decía:

“Querido conejo”

No sé qué decirte, pero sé que te quiero mucho y desde ahora no podré regresar más a la tierra humana, mi permiso ha expirado, me pregunto dónde estarás, sueño contigo y con todo lo que eres, me gustaria que me abraces, te necesito tanto, pero sé que no entenderás quien soy y que fui en tu vida ya que nuestra historia no es una dramatización ni nadie murió, no sé como podrías definirme pero la verdad soy un espíritu al cual Dios le dio vida para conocerte, alguna vez fui humano pero ahora he vuelto a serlo porque tú me hiciste sentir que la vida es un hermoso sueño y es algo que notaba mucho en los humanos, al verte sin una ilusión pensé que debía mostrarte lo que es el que una persona te dé una vitalidad la cual no todos pueden obtener tan fácil, nuestro destino tal vez era conocernos y que yo algún día vuelva y espero que no me olvides.

                             Siempre tuya Irene.

Pasaron 6 años y no la volví a ver hasta que un día en este mismo café recordé viejos momentos y en ese momento la vi, estaba diferente, pero aún esos ojos estaban vivos como nunca, supe que si había vuelto era porque me estaba buscando, corrí entre las personas, ella también, la tomé de la mano y le dije: No sé qué haría por ti pero mientras tanto permaneceré a tu lado.

Ella sólo me sonrió, me apretó muy fuerte y dijo un “Te Amo” como nunca lo había escuchado en toda mi vida. Entendí que Dios nos había dado una posibilidad y que el conejo había recibido la oportunidad de tener a esa chica solo para él.

  Fin.

Fay Molina

 Esta historia va dedicada a Elena.

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