01/16/2021

THE SPACE FARM

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58 MUESTRA DE LA CINETECA NACIONAL | HAGEN Y YO

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En las butacas de atrás se habla de cine, J. Ayala Blanco escucha. Su voz, eco de cavernas iluminadas con fuego, es preámbulo de una película en donde lo animal se confunde entre lo humano, la domesticación de un ser vivo tendrá sus enfrentamientos, de pronto cómicos, luego intentarán llevarnos hasta un atardecer en donde se alcanza un reconocimiento. Hagen y yo. Dir.  Kornél Mundruczó. Hungría-Alemania-Suecia, 2014, 119 min.

Después del poeta Reiner Maria Rilke motivándonos a entregar amor aun a lo más terrible, los edificios esperan con rudeza el leve andar de una bicicleta pedaleada por una niña, la música acelera las emociones, planos amplios presentan al personaje principal, la ciudad susurra, la música seleccionada por Asher Goldschmidt estremece el instante. Se atrapan los momentos, los hechos y la manera de captarlos por la cámara, son los primeros minutos, muchos, varios, cientos de perros presentados por el cine en su posibilidad de hacer parecer lo que no es. La música no abandona el relato, es el inicio y no sé por dónde estamos comenzando, la historia despejará dudas mientras se desarrolla, un relato en donde se irá más allá de la simple relación perros-ser humano, una exageración fantástica dispuesta a provocar las risas de tan extrema, reacciones de canes demasiado sacadas de nuestra sociedad, acaso una reiteración de esa condición inquietante de las y los individuos: re invención de un mundo en donde la virulenta humanidad comparte sus males a sus cercanos.

El abandono de una mascota desespera la cordura, el animal mira su entorno, le parece desconocido. La historia contará la búsqueda de la mascota, además de la reacción de Hagen, un perro en apariencia inofensivo, los hechos le transforman, su ama: Lili (Zsófia Psotta) sufre en secuencias paralelas diversas transformaciones. El perro en su sufrimiento y pasajes dolorosos deja ver un entorno humano despiadado, sí, importa el perro y su viaje, también importan los humanos que hacen al perro en sociedad, le nombran, le usan; tal vez la película proponga una inversión llevada hasta un hartazgo canino dispuesto a perpetrar la venganza en contra de sus abusadores; canes entrenados bajo las enseñanzas del Súper Agente K-9 para esparcir el terror perruno, los ladridos avisan del mal, los seres humanos se sienten rendidos ante los colmillos afilados de unos perros abusados, encerrados por su mal comportamiento en sociedad, por vagar; la película, a veces, lejos de un humor extraño, se acerca a sitios habitados por los perros, la cámara los sigue por los callejones al tiempo de una persecución.

Como el flautista de los cuentos, o, como el dicho suele reiterar, la música amansa al animal, lo vuelve a su estado más calmo, a su armonía.

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Un pop industrial anima la sala, de pronto la hipnotiza, la música de la banda londinense, surgida en Hungría: Volkova Sisters empuja varias secuencias, la música suele ser un elemento usado de manera precisa, conectando con el momento, resaltando su relevancia. En una fiesta la noche acontece en un departamento, la pequeña niña conoce un nuevo mundo, la música truena sus tímpanos, sus pupilas se enamoran, la pantalla la muestra en cámara lentas, la cámara se preocupa por sus aburrimientos, sus decepciones juveniles. Amanece y en la puerta varios policías. El padre acude por la hija. Porque también se puede ver como una historia tensa entre un supervisor de un rastro de carne y su hija, carne que ella no come, precisa tirar al piso y entregársela a la mascota, carne que ella desprecia cuando el padre le parece repulsivo. Después de la secuencia inicial la madre entrega su hija al papà para que pasen unos días juntos, el perro, Hagen, el abandonado, no es permitido en el departamento del padre, ni en su vida, un impuesto debe ser pagado para tener a la mascota, si no la policía antiperros lo encerrará con los otros. El director Kornél Mundruczó invita a pensar en las minorías a partir de su película de variados códigos cinematográficos. Una niña blanca mantiene su relación y comprende a los otros, que ésta vez se ha decido sean perros. La invitación no es del todo cómica como se ve si nos detenemos un momento en la metáfora, en la propuesta del director al elegir una raza animal como representación de las minorías, la otra raza, los diferentes sufren, son usados a conveniencia humana, el perro se hace violento, pierde su sentido de bondad, se extravía en sí mismo: lo otro se abalanza. En la sala no deja de acontecer una historia de perros, de una niña, su padre, su relación humana. La rebelión comienza de nuevo: una bici, la trompeta en la mochila, cientos de perros sacuden baba y tropiezan sobre el asfalto en busca de la revancha. Atrevida la historia del realizador de cuarenta años nacido en Hungría.

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Una niña perdida busca tranquilizar sus problemas, el vínculo con una mascota le permite hacer menos infeliz su vivir. En un mundo ajeno, los perros desbordan su instinto contenido y nos hacen pensar en una humanidad excedida en su supremacía, en su autoencanto. Película de animales, ganadora del premio Una cierta mirada en el Festival de Cannes, 2014; historia que recomienda pensar en las relaciones entre los seres vivientes que habitan este planeta, en este siglo en donde más preguntas, más cuestionamientos a nuestros hábitos son escuchadas, replicadas, transmitidas por diversos medios. Hagen y yo manifiesta una relación con el otro; entre la red discursiva, los códigos genéricos, narrativos, los cortes en el tiempo, la música electro, la historia deja la posibilidad de complementar problemáticas de nuestro tiempo, una historia que si se exagera, como invita el director, se encuentran los males de una sociedad, males terribles, puestos en una historia de ladridos varios.

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Al suelo cuando suena la música, esta vez para vernos iguales, para sentir el asfalto al mismo tiempo, en piel propia.

Por Hoy los pretextos.

Pólvora! M.

Hagen y yo: “Fehér isten”. | Dir.: Kornél Mundruczó | País: Hungria-Alemania-Suecia | Año: 2014 | Guión: Kata Wéber, Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi | Fotografía: Marcell Rév.  | Música: Asher Goldschmidt | Edición: Dávid Jancsó | Con: Zsófia Psotta (Lili), Luke y Body (Hagen), Sándor Zsótér (Daniel), Szabolcs Thuróczy (anciano), Lili Monori (Bev), László Gálffi (maestro), Lili Horváth (Elza) |  Productor: Viktória Petrányi | Compañía distribuidora: Zima Entertainment | Compañía productora: Proton Cinema, Pola Pandora, Filmpartners, Chimney. Duración: 119 mins.