11/28/2020

THE SPACE FARM

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SONIDO GALLO NEGRO SUENA EN EL ATLÁNTICO

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SONIDO

“Juan, oye, la cumbia te está llamando/ escucha mi cumbia rara y goza con alegría…”
La cumbia está llamando | Gastón (El Isleño) Con El Conjunto De Jaime Simanca

No se da cuenta cuando la taquicardia le despierta, con los párpados abriéndose retiene instantes de su sueño, momentos preciados para revivir en los primeros segundos de su madrugada consciente. Sospecha de sus recuerdos, desconoce el día, no le importa la hora, su pecho martillea, su cerebro lleno de arena le pide agua.

Respiraba lento, más de treinta personas se movían frente a él, la banda en el escenario deshace sus ganas de seguir y seguir manoseando a la velada de luces azulosas, respiraba lento.

Cuando supo otra vez de su presente, cuando fue y bebió agua porque su cuerpo se lo pedía, escuchó el sonido, un celular , el cantar de un gallo repitiéndose constante y necio. Persiguió ese ruido electrónico, buscó y encontró el aparato detrás de los cojines del tianguis de San Ángel. Antes de contestar tuvo la decencia y precaución de leer el nombre, una extraña foto a lo artista en la pantalla, no contestó porque ese celular no era suyo, se acercó a la ventana, la abrió con la zurda y aventó el aparato. Caminó de vuelta a su cuarto cuando la madrugada amorataba al cielo a mordiscos, llegó al borde de la cama, se tiró boca abajo.

Respiraba lento, dos mujeres acariciaban sus rostros, meneaban las caderas; dos cuerpos intentan la danza pero se ríen, no pueden completar el siguiente paso, no dejan de reírse. Las paredes escurren el sudor de los cuerpos salpicado en las volteretas, las manos agitan gotitas de líquido caliente.

Suda, despertará y el sol dominará la parte del planeta en el que habita.

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GALLO

El cuerpo es sólo la ropa del alma, el cuerpo se queda en la tierra y el alma trasciende. Cuando perdemos a alguien y lo vemos tirado sin querer moverse nos dan ganas de decirle, muévete, ándale, por qué te quedas así, no tienes ganas de levantarte, pero es sólo el cuerpo, se ha quedado sin la chispa, sin la energía, eso queda, el alma, en estos tres libros se explica un poco mejor la trascendencia del ser humano, cómo evitar nuestros excesos… suena y es un gallo, un joven de corte de pelo rasurado y su acompañante comparten audífonos en una canción íntima saliendo de un esmartfon, sólo a él lo distrae el sonido, el hombre con el mechón de cabello detrás de la cabeza anuncia los textos, el conductor acelera para frenar de nuevo de manera, violenta, no sube a ningún pasajero, gira el rostro con mucha lentitud, acelera dos segundos y arranca furioso. El celular deja de sonar.

Entre sueños escucha el tono de su teléfono, su cabeza rebota en el vidrio por cuarta vez, el conductor arrebata el dinero de las manos de una pasajera, avienta la moneda en el tablero cubierto con una franela gris, las manos manchadas de aceite sujetan el gran volante, una de ellas se encuentra con la bola número ocho de billar, una maniobra siniestra, el camión avanza, una calcomanía desespera: lo que me desees se te multiplicará en bendiciones. No despierta y sueña: suena una cumbia vial, los brillos de las luces hacen aceitoso el ambiente, un golpe violento, un respirar inusitado, la música se eleva, el recuerdo está en el instante más vivaz, la necesidad de respirar, un golpe en el vidrio, despierta, apenas abiertos los párpados identifica las calles, aún falta para el metro, confía en el pasajero de al lado, clausura su vista, hace memoria, reconstruye el recuerdo, muy similar a la última vez, el camión avanza, antes de volver a los cuerpos, a las luces y al suelo escurriendo colores radiantes, de las olas de vapor, piensa en su cuerpo viajando en el camión.

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NEGRO

“Dice que adoraban a Yahveh… y también adoraban, a sus imágenes, estamos adorando aquellas imágenes extrañas, como dice su palabra, no se harán imágenes extrañas, no se harán imágenes extranjeras, que vienen del extranjero…”
Santa Bárbara. Sonido Gallo Negro

Sin remedio se deja hipnotizar por el sonido nervioso de la guitarra, se asegura de estar en este planeta, resiente los alientos de las personas, se respiran, las personas se están respirando unas a otras, están siendo en sus interiores, se recorren, las pláticas, los eructos, los pedos, la sensación de sacar el alma, comprometerse con una travesura momentánea del cerebro. La percusión no deja remedio, los seres en la pista no quieren descansar, la luna no está invitada y culera manda mensajes de reclamo, Sonido Gallo Negro no quiere tangos y le replica música, toma música, bebe música, inhala esos sonidos del arrepentimiento, del sentirse arrepentido de no querer moverse, redimir las penas, extraviar los síntomas del rencor, tumbar y tumbar malos pensamientos por doscientos segundos contados en gritos y precipitadas respiraciones.

Agosto es observado por el astro de tonos güeros. La ciudad reclama calma. Al País le sale sangre por la nariz. Se acuerda de que tuvo un celular y del tono de llamada que solía detestar. Toma en cuenta otro recuerdo y comienza a charlar con él. Radiantes sus memorias desempolvan emociones, se le trastoca el presente, no aparta su mirada de un edificio de colores en huelga de brillo, un auto acelera, el conductor presiona el volante, hace sonar el claxon e intenta distraer la mirada hipnotizada por el edificio, sin éxito, el conductor avanza y sigue pensando en los pendientes de su trabajo, el auto se marcha. El recuerdo en su mente, el edificio en las pupilas, el sonido de un gallo negro picotea en sus oídos al recordar el departamento en donde, después del sexo, dejó olvidado su celular.

Por Gallo.