03/01/2021

THE SPACE FARM

ComunidadAudiovisual

DISTRITAL | LA CARIDAD

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Se enciende la cámara, comienza la celebración. La caridad, Dir. Marcelino Islas, 2014, México.

Una fiesta de encuentros con la nostalgia, con el desamparo y la búsqueda de una razón para seguir en este cambio de lunas y soles. Una fiesta grabada en una cámara casera nos presenta a los personajes, al matrimonio feliz en su aniversario, una introducción al relato vía una tradición de las sociedades modernas, la cámara registra y aguanta hasta compartirnos alguna llave para abrir esta experiencia audiovisual: una anciana cuenta una fábula, una anécdota, una experiencia en donde la caridad es el motor de lo contado. Se apaga la cámara. Aparece el título. Volvemos al formato de alta definición, el cuadro nos presenta un desastre. Un choque automovilístico de grises consecuencias.

Un hecho lamentable hace un llamado a los cercanos, a la familia. Después de la proyección el reparto y los directores se mostraron satisfechos por el resultado, Verónica Langer se dijo confiada al ser un proyecto bajo la observación de Marcelino. La actriz mexicana interpreta a una maestra de primaria, Angélica, esposa de José Luis; una mujer buscando salir de un constante remolino, huir del humo del tabaco revolviéndose en alguna habitación. En la charla posterior también nos hablaron de la coincidencia de trabajar con Jaime Garza, a quien también se le amputó una parte de la pierna; la representación del personaje es noble hasta el quebranto, no existe exageración, los silencios, murmullos, tonos de voz, miradas otorgan sensaciones a la escena, el hombre ante la pérdida y el cambio, el hombre que busca no arrumbarse y salir a caminar, que encuentra los motivos en una piel: arena de paraísos mentales. Eva (Adriana Paz) corrompe los tratos hacia una persona en recuperación, no tiene piedad, ayuda y entrega brusca sus intenciones, sus formas de ser, no es el estereotipo de la enfermera, es la madre soltera trabajando, ocupándose de su vida, enfrentando a un paciente más en su rutina. Jaime Garza y su José Luis se niegan a dejarse derrumbados, a quedarse en el pasado, se levantan y sonríen, se buscan motivos para andar de nuevo en la vida.

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Verónica Langer se dijo sorprendida por la capacidad de Marcelino Islas para entender a personajes adultos, mayores, en otros momentos, en diversas búsquedas, adentrándose en un esquema de lo que debe ser adulto. La película previa del director, Martha (2010), afirma el comentario y los motivos del director que se atreve a mirar otras problemáticas desde su momento, pero también se arriesga a provocarnos con la historia de varios seres humanos, sus pérdidas, sus reclamos. Un periodo malo, una rachita negativa atraviesan los personajes de La Caridad. En este segunda película, la cámara es más inquieta, propone diversas maneras de sentir el plano, de seguir lo que está sucediendo, completarlo y quizá llevarlo a otras evocaciones. La historia nos propone las ensoñaciones de los personajes, sus desesperaciones. Sí, la película en general trata de observar las problemáticas, de dejarlas ser.

Las decisiones en la puesta en escena denotan las importancias que el realizador y su equipo otorgan a sus personajes, el emplazar la cámara a la altura de José Luis me involucra un poco más en su vivir. El juego con la televisión y su programación, el aparato electrónico que tantos modificaciones ha traído a la sociedad, el televisor es cómplice de los silencios, también es usado para resaltar intenciones en momentos de la historia, por otro lado, es a veces sugerencia, como hay muchas otras en la película, al deseo de lo perdido: las piernas de las bailarinas, su danza anima a quien ha sido afectado. La película hace diversas referencias a la cultura mexicana, Los Caifanes (1967) de Juan Ibáñez, son recordados dentro de un baño, el diálogo comparte risas, coqueteo, renovación para el ánimo.

Los Hermanos Carrión como motivo a seguir, como pista de la memoria, de algo pasado, del añejo añorar. La música también enlaza a los personajes, sus historias; comenzamos con una pista sonora sucia para concluir con el sonido fiel de un concierto en vivo, música para una mujer, para el retrato de una ser humana soportando los sufrimientos de la vida, confundida, entregándose plena a quien es su esposo; la caridad necesita música para tratar de entender los designios de un destino, porque los hechos en La Caridad están enmarcados por lo que debía suceder, el conductor ebrio cruzando el alto, el choque inesperado, la imposibilidad, el reclamo al sino propio. Pero la caridad no sólo es Angélica, se convierte en cada acto, en los retos, las ayudas, los olvidos y las risas para seguir adelante, para despertar con un palpitar curioso. En la película se juega con los planos, la cámara es movida de manera lenta, espera los movimientos de los personajes, sus acciones evidenciando celos, amoríos, complicaciones.

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Una mancha en la alfombra. Un dolor físico que desaparece pero deja estragos. Momentos complicados, desesperaciones propuestas por la vida, auxilios pedidos por un llanto ingrato esperando en el acotamiento de una carretera. Luego de los abismos: alguna luz del amanecer nos aguarda.

Por hoy los pretextos.


La caridad | 2014 | 109´| color | Dirección y guión: Marcelino Islas Hernández | Producción: Itaca Films | Fotografía: Rodrigo Sandoval |
Edición: Óscar Figueroa, Marcelino Islas Hernández | Reparto: Verónica Langer, Jaime Garza, Adriana Paz, Héctor Holten, Luis Alberti, Magda Vizcaíno