SEMANA SANTA

Jueves Santo | Sacón de onda

Ya no quiero vivir en este mundo. No me agrada este ambiente violento, descarado, infeliz, estos alcances humanos, nuestros no aprendizajes, nuestros medios de comunicación chismosos, amarillistas, sangre, más sangre, más sangre. Ya casi no me gusta este maldito mundo, este sacrificado, hipócrita mundo, #nohaysalvación, #nohaymañana… pero, ¿de alguna u otra manera habremos de destruirnos, de desaparecer?, ¿por qué tanto sufrir entonces? ¿Por qué el dolor ante las bombas, antes las imágenes mega atroces, ante el acostúmbrate a tu violencia human@ de cajeta dulce… dulces sus besos todavía, dulces las tonalidades de sus ojos, dulces las mordidas en sus labios, dulces mis nefastas palabras, mi nefasto estado. Ya no quiero vivir en este mundo y no me quiero morir.

Caminó lo más erguido que pudo. Una cruz gigantesca, y por supuesto, invisible, se aferraba a su espalda, a su autosufrimiento, el cielo desperdigaba buena onda, los colores del ambiente trataban de no enamorarse del sol, un sol tremendo, un astro cabronsón. Estaba conectado a sus audífonos blancos, se inspiraba con los temas azotados interpretados por Alton Ellis, sintió sus notas agudas, sus frases repitiendo tonos melosos. La noche intentó derrotarle… no pudo. Encendió un cigarrillo sin filtro que compró suelto en la cafetería de su trabajo. Fumó percibiendo en la Ciudad una luz cobarde, una incesante bruma depresiva. Del ritmo de sus pasos  sobre el pavimento podría obtenerse un buen intro para una canción de deep house. Revisó su celular, así, muy engreído, muy caminando, varios mensajes en sus diversas bandejas, algunas fotos, videos y frases cursis, vida virtual, intercambio de archivos efímeros. Llegó a La Maldad.  Se desconectó de los audífonos. Empujó con la palma de la diestra la puerta de madera. Respiró la insatisfacción agria del lugar, parpadeó lento, miró a los presentes, a las mujeres de ojos traicioneros, bellas incandescencias de la libertad; se acercó a la barra. Ordenó un vaso de agua, un café espresso. Sonaba el jazz, Gillispie tronaba las bocinas. Bebió lo obscuro de un trago. Luego lo transparente a varios sorbos. El varista le miró cordial. Pagó, salió del lugar con varios rasguños de la melancolía en el rostro. Abotonó hasta el cuello su abrigo café. Caminó cuando la noche le dijo ya basta, ya párale. Sus pasos muy en lo deep house, le llevaron a su aposento. Tirado en su sillón revisó su celular.

– Qué haces 🙂
– … X… nada… pensando…t
– N t creo :X
– No me creas X (gif)…
– …
-… al doble
– Qué haces…???? ya dime…
– Ya te dije…
– #engreido #mejormeduermo
– #mejor
– #mehacessufrir
-#túsufres
– Dime qué haces…:/
– Escucho música…
– Cuál..??????
https://www.youtube.com/watch?v=OSNH5YCV26Y

Ambos se durmieron. Sus sueños se mareaban entre lagunas y abismos de tonos azulados, sus sueños eran pixeles y viscosidad virtual, sus sueños eran terribles e incansables repeticiones, sonidillos agudos de la noche ingobernable. Durmieron hasta cerciorarse de no ser cuerpos, de estar en una condición de completa indefensión, su única guarida posible era la porción más obscura de su mente, las callejuelas de los sueños, ahí estaban, ahí construían sus más desatadas acciones, sus más mortíferas bromas, navegaban en dimensiones inverosímiles, en tiempos de soledades inmaculadas y tonalidades moradas, ahí habitaban, ahí se encontraban de vez en cuando, difuminados, velados, sobrepuestos, sobrexpuestos, ahí también, desaparecían, derrotaban espacios, dimensiones, ahí, en su cuerpo, en su mente, sonaban canciones, había música de la melancolía, de la rabieta, de la perdición, ahí, en su mente, en su viscosidad, en sus ganas de quedarse, de estar en esas imágenes del cotidiano combinado, ahí, mientras dormían sus cuerpos, ahí… Un golpe de la noche los despierta. Afuera, en la calle, una bomba cae y destruye dos casas, una escuela. A obscuras, los dos buscan su teléfono móvil, lo encienden, debajo de las cobijas, intentan no sentir un pellizquito de la muerte en la espalda, un soplido frío y molestón detrás de la oreja derecha.

– Ya no quiero vivir en este puto mundo loco…:( :X
– Yo tampoco…


Viernes Santo | Putisa

Me duele el cuerpo y es por la putisa que me puso ese cabrón, ja, igual me dio mi merecido, leve merecido, pero me lo busqué. Me duele el cuerpo y es por vivir en este mundo, en este puto mundo traidor, llevador, culerao, incestuoso. Me duele el cuerpo, pero la neta sí es por la putisa. La noche me arrancó el aburrimiento de una patadota. Salí del trabajo y me fui en metrobús a casa del mae Moustash. Tenía a Charlie Parker en la cabeza. Me sonaba su respiración, me atacaba, me sonsacaba, me quería fuera de mí, Bird, Birdi, Birdi, ¿en dónde andas, en qué vientos descargas tus penas? Birdi, Birdi, Birdi, la calle te llama, la calle te respira, Birdi, Birdi, déjame pensar, déjame andar entre mis memorias, déjame perderme en esta maldita Ciudad de arañazos, de golpes y penurias, de carcajadas, déjame cruzar estas calles obnubilado por tus ritmos, por la voz de tu saxofón, por el metálico susurro de tu desgracia, Birdi, Birdi, Birdi, no me des coordenadas, déjame perderme, déjame no estar en este mundo, en este puto mundo.

Pensando, idiotendo, llegó  a Insurgentes, en la esquina de Nuevo León una nena esperaba la luz verde del semáforo, nuestro compa la miró con cierto candor nocturno, la nena sintió el detallón visual y trató de no responder de ninguna manera, su cuerpo y su egoísmo no le dieron tregua, se sintió nerviosa, movió sus piernas desnudas, se acomodó con la manó zurda el vestido floreado, se ajustó el suéter negro, se tomó un mechón de cabello castaño, sonrió, sonrió varias veces, sonrió para la noche, sonrió para conocer las intenciones de la desesperación, para encontrar alguna manera extraña de sentirse viva, con sus dedos índices apretó los audífonos dentro de sus orejas, justo a esa hora, ya de noche, de su lista Nocturneando del spoty se desprendía coqueta Makeba, ella, así, coqueteando, no queriendo, no intentando, comenzó a mover sus píes, sus ideas se confundieron con la música, con la voz agudita y las percusiones, la mujer apretó sus manos, tomó un poco de viento, escuchó, escuchó y se olvidó del sujeto que la miraba, de nuestro compa que ya no la tan miraba, pero de pronto se hacía inevitable verla, así, tan de baile, tan de noche, tan entre los olores de la Ciudad, de asqueroso combustible quemado, de grasa, grasa varia, humo en el ambiente y ella así, confundiéndose en su abrillantada soledad, apestando a dulce, a centro comercial, a nuevo, a ven ven ven, a vete vete, a no me mires, ahí, la nena, en esa pesadilla de vida, en esa golpiza a la humanidad, los autos cruzando acelerados, las personas caminando en las banquetas rotas, esquivando construcciones, hoyos, montones de cemento, de cal, de tierra, la gente, así, como ella, en sus audífonos, para olvidar, para olvidarnos, para estar en su música, para cantarse, para largarse de esta existencia, para ser otra onda, esas ondas, su música, como ella, ahí, en su Makeba, en su rollo, en su no te pelo, no me importas, y no le va a importar. La luz peatonal se pone en verde. Los autos se detienen, la mujer camina, insensata, locuaz, reventando el bajo, rompiendo madres, las luces de la noche tosen, una que otra se muere de tan sorprendida, de tan embobada. Nuestro compa caminó con otro rumbo, tan wey, tan lelo, tantán.

Se conectó a los audífonos y comenzó una rola de Air, casual, el planeta desenvainó con furia varios vientos fríos, el compa se levantó el cuello de la chamarra y enfrentó la noche sin mayor preocupación. Le subió a la música. La rabia llegó por él y sus cándidas ganas de hacerse más noche que ayer. Recuerda una de las primeras imágenes de su amanecer: la luna de intrusa en el cielo madrugante, la luna recitando aforismos de Fadanelli a las estrellas caprichosas, después, un gato obscurísimo invadiendo el suelo taciturno de una porción de Ciudad adormilada. Caminó sin saber que mañana le dolerá el pecho, más que hoy, le dolerá por andar olvidándose, por andar en su quién sabe qué, en su onda patrañosa. Antes de llegar a donde tenía que llegar, se encontró con un ser, en un parque, debajo de un árbol esperaba; nuestro compa caminaba así, en onda tranqui, ¡un susto!, y el ser escondido en el árbol se le plantó enfrente:

– ¿Adónde?
– …
– ¿Adónde?
– … Perdón, no te escuchaba…
– ¿Adónde?
– ¿Adónde qué?
– ¿Adónde vas?
– Te vale…
– Llévame…
– (risotada, ya sin audífonos, prestando atención al Ser y algo nervioso)… samamada…
– …
– …
– Llévame…
– Nel…
– ¿Por qué?…
– … nel, aí te ves…

Caminó. Más rápido. El ser era iluminado por un foco medio asustado, medio idiotizado por la luna y su onda arrabalera, su onda seductora. El ser gritó palabras de ginebra, se acomodó sus ropas obscuras y se escondió, de nuevo, como todas las noches desde aquel suceso, detrás del árbol, acarició su corteza, se acostumbró a la noche, al grito de la desesperación. Nuestro compa caminó, se limpió el sudor de la frente con el pañuelo verde que sacó del bolso trasero de su pantalón negro de mezclilla. Se subió el cuello de la chamarra, se dijo no mames qué pedo, guardó sus audífonos, tarareó una rola colombiana dedicada a la luna y sus ondas imprudentes.

Toco el timbre del edificio, el mae de la puerta me odia por mis formas de caminar, o por las horas madrugantes en que suelo molestarle para entrar y salir de la guarida del Moust… La puerta de cristal se abre, entro al lugar, saludo al guardia y éste me regresa un silencio cabronsón, una onda acá medio chale, pues qué te hice viejo. Avanzó dentro del edificio evitando todo mal viaje, prefirió subir por las escaleras, tenía ganas de tardar un poco más, de escuchar en sus audífonos el final de ese tema soplado por Coltrane, esa sensacional mentada de madre a la cordura, se detuvo en un escalón y deslizó sus pies muy a lo disfrutando el jazz, siguió y llegó al tercero, tocó la puerta, la pandilla ya quemaba sus insatisfacciones, ya gritaba más de una alocada brujería, la pandilla estaba lista, dispuesta, nocheable.

– Ése…
– ¡Esos maes!
– ¿Qué trampa?
– ¿Cómo va?
– Suave y ustedes…
– Ya tú sabeh… acá, dándole duro al destroce…
– No me queda más dijo Selina y su Dinos…
– ¡Semamonao!
– ¿Tons qué se arma?
– La noche, la fuga, la diversión, el fresao, ¿qué no?
– Qué sí…
– ¿Dónde pues?

(El Fidel, el #prendeotrophlliebebé comenzó a rolar en la habitación, la pandilla jalaba el humo y los pensamientos comenzaban a batallar… entonces hay varios silencios, los cielos observan, las nubes se quedan quietísimas, el viento enmudece, la pandilla atrapa varias ideas, varias preocupaciones, afuera se escucha la Ciudad, afuera se adormilan los pesares, en el departamento de arriba la pareja deja de besarse y así, desnudos, se dicen palabras ricas al oído; mientras, el Fidel rola, la banda le asesina y la charla se diluye en esa manera tan obscura que tiene el planeta de incitarlos al ¡wo!).

– ¿Legión?
– ¿Quévaver?
– Tekno…
– Vamos…
– Vamos…
– Va…
– En un rato, que se acabe esta chela, otro porro y nos vamos…
– Sobres
– Suave
– Bambi…

Más humo, más palabreo, más carcajeo y la vida se le fue, se les atisbo por la cornisa, se les perdió así en las cenizas, se hicieron sombras para no ceder, para confundirse con los tonos de la CiudadNoche, para incitarse y joder a sus horas madrugantes.

– Ámonos, ¿no?
– Amos
– Vamos
– Zaz…
– …
– Todavía alcanzamos metrobús…
– Vámonos tendidos.

Voces, voces, voces, ecos, recuerdos y esos tipos, esos seres de las noches, esos anocheceres caminaron la CiudadTrémula, tararearon algún tema del rock; otro, uno de ellos, por supuesto, no deja de pensar en una tonada de jazz, voces, voces pretendiendo escabullirse, voces, anocheceres en busca de una salvación, un embrujo para su momento, un pretexto para ubicarse en el futuro, un paso sin firmeza, un caminar vendado de ojos mientras el viento emite un falsete romántico, voces, voces, ecos, son sombras debajo de la iluminación citadina, buscan, buscan, buscan sin encontrar, buscan luces, buscan sonidos, buscan terribles y suculentas manías, buscan palabras, buscan motivos, buscan sensaciones, buscan lugares en donde gastar sus horas, sus movimientos, su energía, buscan espacios para llenar sus pupilas, buscan música, mucha música, buscan esos pretextos, no se van a cansar, de eso, de buscar, buscarán, serán voces, serán silencios, muchos silencios, serán remanso de su escándalo, buscarán, también, un poco de sus remordimientos. La noche acecha de ojos brillantes, el metrobús llega y se lleva esos anocheceres, así, perdidones, extraviados, delirando.

– Disculpen ¿hacia dónde se dirigen?
– A la Condena, Oficial
– Aquí a un bar…
– …
– Mmm… ¿y qué llevan en esas botellas?
– Agua, Oficial
– …
– Puragua, ¿quiere darse las tres?
– No se haga el chistoso…
– No me hago :/
– No me haga esa cara…
– ¿Cuál cara o.O?
– Ésa…
– ¿Cuál… -_-?
– ¡Muéstrenme sus identificaciones…!
– Ah caray…
– Achis..
– ¡Ah Caramba!
– ¿Yeso?
– Noooo, oficial, pues ahora sí qué pasó, no hay motivo, no hay razón, nosotros muy agustao, nocheando sin molestingar a nadie, con dos botellas de agua que le parecieron sospechosas, pero pues no, no hay motivo y vamos a pasar a retirarnos, cero desconecte, cero malcopeo, la seguridad somos todos…
– No se haga el chistoso…
– No me hago, pero tampoco quiera abusar…
– No quiero abusar…
– Entonces no entendemos…
– Nos vamos, Oficial, que tenga buena noche…
– Señores, pues qué no se dan cuenta cómo esta la cosa, no oyeron las explosiones, no se ofendan, así es el bisne, vemos a un grupo de malandros y…
– Ahhhh, ahora somos malandros… así es el bisne…
– Oh pues, no se ofendan es la jerga…
– …
– …
– … (risita escondida y en la mente un pensamiento medio de la ¡¡¡jerwaaaaa!!!!!! :)))))))
– … sí pues, uno no sabe si es la maña o qué cosa, es rutina señores, pásenle bien y buena noche…
– Rutina…
– Rutin….bla
– … (#bipolar)
– ¡¡¡Waaaaaaaaa!!!
– ¡Queeeé shhhhhhhoooooouuuuuuu!
– Hasta pronto, Oficial, buena noche….

El camellón de la Condesa escondía morbosos seres de contornos abrillantados, la pandilla daba pasos de gigante, pasos de ragamufin, de roots, de luna en los huesos. La noche transpiraba olores decadentes, la Ciudad esperaba las palabras de estos tipos, de esta gente en busca de una noche más, de pretextos para perderse, trasnocharse, dejarse ir en los rebotes de las bocinas, en las ondas aconsejándoles tibias y profundas ensoñaciones. Siguen dando sus pasos, la calle apenas se hace visible, los faroles entibian el asfalto con sus luces pálidas, algunas nubes se van a descansar víctimas de un resfriado. La pandilla insiste en hacerse posibilidad. Palabrean, se dicen algo del encuentro con el policía, se estornudan algunas malas palabras, se las tosen con varias risas, intentan quedarse callados, lo hace alguno de ellos, se mete las manos en los bolsos del pantalón comprado en zara; otro de ellos se frota el cabello cuando siente un arranque coqueto del viento; uno más toma la cigarrera plateada del bolso de su chaqueta de mezclilla y enciende el cigarrillo con los cerillo que alguno de los compas le prestó… otro, otro de ellos disminuye la velocidad, se hace terrible, comienza a desaparecerse, a percibir esa sensación cómica en la piel, ese invento de la malicia en las pupilas, se congela, se ríe, se sabe extraviado, su mente es una carrete infinito de una película de treinta y cinco milímetros, su mente es un lienzo inacabable, su mente es torpeza, su cuerpo camina, lo hace lento, sigue a la pandilla, balbucea palabras de la noche, inventos del bienestar engañoso, del placebo risueño, inventos para su no acordarse, para su no saberse. La pandilla llega a la esquina, el foco, así, chusco, oportuno, cinematográfico, al sentir su presencia estalla, la calle se hace aún más terca, más inquietante. En el silencio de sus pesares viajan hacia el destino, llegan a la puerta, el de la entrada les sonríe reclamando esos ojitos pizpiretos. Entran y el coro de la noche voraz les da el beso de vengan los esperaba.

El otro, el de la velocidad disminuida, se encuentra con alguien en la puerta….

– ¿Queé shhhhhooou?
– …
– ¡Wo!
– …
– ¿Frío?
– …
– A ver si esto te anima…
– …
– Despabila inhala avienta despierta y desvela; despabila en la noche de terribles nocturnidades, de intoxicadas palabras falsas, despabila en donde no puedas hacerte del rogar, despabila, despabila, despabila, no te quedes en esa mentirosa terquedad, no te dejes lamer por las frías mañas de la noche, no te dejes, no te dejes, despabila, amortigua tontadas de la luna en tus pupilas, amortigua las sinceridades, la soledad, las complicaciones de tus labios, despabila tu lengua y deja que diga una palabra, déjate ser sonidos, despabila tranquila, alarma la calma, despabila inhala avienta despierta y desvela.
– …
– Fue un placer… es usted muy bella…
– … -_- nadie te preguntó… oIo
– o.0…

Cruzó la puerta, la música le recibió con un bajo repetitivo, algo un poco techno, sonidos unos tras otros persiguiéndose, falseando la noche encerrada en el lugar de lucecillas amarillas y reflejos rojizos, cruzó la puerta y comenzó a olvidarse de su bronca, de su vida, de su pensamiento, se desconectó, se fue, se perdió cuando las bocinas prolongaban la residencia del beat, la tentación de la obscuridad le daba vueltas en la mente, cuando cruzó la puerta su cuerpo tramaría movimientos inesperados, inquietos, su boca hablaría idiomas incomprensibles, la sensación de sentirse atascado le rebotaría en las paredes de su cabezota, de su alármala de tos; entró, las miradas apaciguadas bailaban en el lugar, las miradas le deshicieron, le pegaron, le desarmaron el momento, se derritió, se dejó perdido en las miradas, en las venganzas, en los olvidos, comenzó a bailar, tropezó su cuerpo con la gente, con la masa en la pista de baile, en la obscuridad, en el lugar de pocas luces y dos hombres detrás de los decks surtiendo de ritmos placenteros a los nocturnos, a las taciturnas, a los anocheceres ahí, moviendo el cuerpo, soltando las barbaridades de su vida en esos suelos tan obscuros, tan arenas movedizas. A él no le sirvió de nada su poesía, no pudo soportarse, se perdió en más de una mirada, la gente le detestaba de tan bulto, sus compas le miraban ahí, dando pena en el lugar, siendo una estúpida marabunta, una ridiculez de la noche, un quejido falso de los lobos de la Ciudad, de verdad una insensatez. Bebió un mezcal, bebió otro más para no saberse, bebió preocupaciones, bebió una historia en su mente en donde esa noche se la estaba pasando bien, pero comenzaba a olvidarla.

– Cámara ese wey…
– Ya ves…
– Pues ya que se aliviane…
– … ¿Cómo?
– Que ya we, que se aliviane…
– ¿No te oigo nimadres we?
– Ots… nada we, que te vayas a la verga…
– …-_-…
– ¿No que no oías?
– Semamón…

La música alardeaba en las sospechosas paredes del lugar, subían y bajaban: la montaña rusa de los sonidos electrónicos, el vaivén de las sensaciones incómodas, los pensamientos alevosos, ¿qué hago aquí?, ¿qué hace mi cuerpo moviéndose de esta manera?, ¿qué hace mi mente en esta porción de realidad?, ¿qué hago en este espacio desesperado, en esta pista de baile, entre la gente, entre la mucha gente que hace lo mismo que yo? Están ahí, bailando, sudando los cuerpos, dañando la calma, desesperando el oído, están ahí para dejar de sufrir, para escaparse de la manera más cobarde de su exterior, están ahí porque quieren desaparecer de su instante, de sus vientos, de sus sonidos, están ahí y quieren, van a escapar de su pasado, pero no de sus memorias, ahí, ellas, ellos, elloas, de ojos cerrados, de pieles entintadas por el rojizo sensual del lugar, ahí, están ateridos a sus memorias, mueven sus cuerpos, son la masa moviéndose con la música, son los cuerpos en sudor, son mucho líquido, el que beben y el que dejan ir en cada meneo, son una lluvia privada, son sus propios miedos escurriendo, derritiéndose en el calor del lugar, son la masa, son la mucha gente, son la desesperación de la noche y bailan, y gritan, y dejan que la música les azote las neuronas.

Indefensos, la lluvia de las melancolías les atrapa, están en el punto más álgido de sus sospechosas penas, se saben en la noche, absurdos, solos, bailando en una casona, bebiendo, enervando su espíritu, su voz, su mente, siendo a cada segundo más brutos, dejándose mover por la música del diyei, solos, completamente solos, solos, olvidados de sí, insensatos, mirándose así, sólo mirándose, tentándose los sentidos, delirando encuentros, imaginando otras noches, otros instantes. Indefensos dejan reposar la música en sus insatisfacciones. Dos mujeres entran al baño de hombres, alrededor los danzantes nocheados se extravían en sus maneras de querer no estar, de querer apartarse de la soledad, se sienten solos, se saben solos pero no quieren aceptarlo, no quieren. Las mujeres salen del baño con los labios embarrados de labial y unas sonrisas gigantescas, dientes blancuzcos que intimidan un poco a la penumbra; un hombre revisa su teléfono móvil, da un trago a su bebida con popote, menea su cuerpo y con el dedo índice da enviar a este mensaje:

– qie peo, Estoy,aqi, pensando en ti. y nada de nada. no me trates así…:(

Minutos después le contestaron:

– No estés molestando… Buenas noches.

Molesto sonrió mientras la música se recuperaba y mantenía los cuerpos ardientes, hizo caso a los paraninfos del techno, a los tipos de los dedos ágiles y los sonidos electrónicos, el tipo del celular guardó todo su odio en un silencio, respiró, caminó entre la multitud, movió la cabeza de un lado a otro, agitó los brazos, los pensamientos los aventó, los dejó ir ahí, entre la música reventada, entre las personas, entre las mujeres y los hombres que no le prestaban atención, que estaban en su baile, en su misión, su escapatoria, él se escapó, se asestó más alcohol, se hizo perdidizo, se fue hasta las penurias, los cuerpos bailaban, mucho, salvaje, tremendo danzar, alocado, bailaban para crear el tiempo, para hacer minutos, para doblegar al recuerdo y comenzar a olvidarse, bailaron, detestaron los malestares pero ignoraban que ahí, en sus necesitadas ganas de olvidarse, estaba su dolorosa impaciencia, su extrema soledad, ahí, bailando, sacudiendo melancolías, estaban hundiéndose más en su disfrazada soledad. Sonaba un tema de Machino e incitaba al desastre, a perderse en las cavernas de las músicas internas, de los ruidos devastadores. La pandilla bailó, la Legión bailó, sacudió sus incoherencias, sus alucines, sus reventadas emociones, los cuerpos intentaban no abalanzarse, tocarse, pero lo hacían, se tocaban, se miraban. La chica de cabeza rapada no dejaba de mover el torso y de atrapar con su mirada a cualquier danzante nocturno, la chica de la cabeza rapada con sus velocidades, sus temores, sus ganas de no ser calma, no convertirse en piedra, buscaba, perseguía los ritmos, insistía en querer acoplar su cuerpo a la música: arrebatos de la necedad. La chica de la cabeza rapada atrapaba con sus ojos, con sus intensidades, su ronroneante mirada. Sonaba la música electrónica, sonaba la vida en sus modernas sensaciones, sonaba la vida en sus repeticiones, en sus creaciones de máquinas, sonaba la vida para no dejarse caer, para no ceder, sonaba, suena, resuena, sonará.

Se dejó ser. Se dejó atrapar, envenenado, siguió en su alucín, en su #desconecte, la Legión hervía humores de seres clamando perdición. ¿Cómo no quieres que te vaya mal si eres bien ojete? Y no se acuerda mucho. Recuerda su cuerpo en el suelo, algunas palabras, los golpes, el cuerpeo, no más, recuerda que la noche estaba de insatisfecha y él pensó que era lo correcto, que tenía que seducirle y aplicar las más indeseables mañas… pero no lo logró, no le importó y se fue de frente, no supo cómo, no supo si pidió una torta, no supo si fue un golpe, o dos, tampoco si fueron tres, o cuatro caídas, sospecha que fueron tres, cayó y se sentía satisfecho por haberlo hecho, o por acordarse de haberlo hecho. Le propinaron sus calmantes para que no siguiera en ese estado nefasto, le invitaron a relajarse a la manera de la calle, en el cuerpo a cuerpo, un ridículo cuerpo a cuerpo. Se lo merecía, por andarse traicionando, por creer que la luna es facilona y va a caer con cualquier palabreo, cualquier romanceo barato, no, le dieron su merecido por creer en otro mundo, por andar inventando historias, sensaciones, por estar en su taquicardia y gritarle a la noche de la Condena, por andar molestando gente, por estar bailando como un maniático, como un bobo, como un títere del ron, del mezcal, del no sé qué más, para andar en el trip jocoso, por andar, por andar, por repetir y repetir, por ser esa broma en el planeta tierra, por tontear, por olvidarse de sí, por andar cometiendo adulterios en sus pensamientos, por perderse y peor aún, por querer encontrarse, le dieron su merecido y él se dejó ser, rió, rió mucho para burlarse de la luna, para decirle que jamás de los jamases iba a concederle un ronroneo, una tristeza, un dolor mayúsculo. Sonrió, rió, carcajeó, la luna, cotizada, se fue a esconder detrás de unas nubes fortachonas luego de admirar la putisa.

Me duele el corazón y es por intentar ser suculento, por gallito, por #atuegoavísale, la verdad es que a lo mejor ni me duele, puede que no.… No es por ti, ni por el recuerdo, tampoco es algún malestar amoroso, me duele el pecho, no me duele el corazón, si me doliera no podría respirar y eso si lo puedo hacer, puedo inhalar lento, puedo exhalar con mayor cadencia, pero el pecho me sigue doliendo, tengo atrapado un malestar humano, una sensación torpe, tengo la maldad en mí y no puedo soportarla, me acobardo, me instalo en mis modos más terribles, más queditos, más insomnes.

La música paró.
Las luces se apagaron.
Dos gritos exagerados en la calle.
Estruendos.
Lo demás, silencio.
Madrugada.
Obscuridad.
Tres explosiones.
En el lugar una voz:

– Tranquilos, ya pasará, pero la fiesta ha terminado…

Esperaron instalados en sus nervios, salieron cuando en la calle no hubo más ruido. El lugar se vació. La pandilla abordó el taxi. La soledad les besaba el cansancio y acariciaba sus rabias. Riendo, dejaron atrás esa noche.


Sábado de gloria | Encerrón

Tiene la maldad escrita en su nombre/
y de su boca expide veneno/
Y aunque mantiene unos ojos bellos/
detrás de ellos hay un hueco negro…
Tiene la maldad…
      THE CHAMANAS

Sin bañarnos somos agua en cada grito de los relojes. Estamos hartos del mundo y el mundo está harto de nosotros. Esperamos en lo más recóndito de nuestra cruda. Resiento los golpes, pero aún no me duele, mi cuerpo es alcohol, ácido y recriminaciones. Mi colega resiente lo mismo, pero ahora duerme en el sillón, en el sillón del mae Mous, duerme y recarga energía, sabemos que el día apenas comienza, comenzará, tenemos que aguantar, así nos lo dice la manía, las ganas, las deudas, las dudas, las rapaces inconsistencias de nuestra mente. Escuchamos algo de música para sentirnos en un tiempo, para inventarlo, para dejarnos recorrer los huesos por algo medio freneticao, por marañas de otra mente; para no despertar al colega dejo que Gillespie incendie la habitación con decibles bajos, Hot house suena #tranquilita, arrulla a mi colega y a mí me incita a beber la mañana, a dejarme ser, a tentarme las malas mañas.

El colega despierta, mi desvelo aún reclama en las pupilas, la mente perdida en el jazz, el sol burlándose de los humanos, comenzamos a palabrear, a ser día, a torpear con nuestras experiencias. El compa habla y sabe que hace daño, causa efecto, detona alguna sensación, palabrea, dice y dice para no perderse, para estar en la postura más sensata de ese sábado de calores en aumento, “Hoy somos lo más jóvenes que podemos ser”, escapan las palabras de sus labios y yo las atesoro con una sonrisa, con un apretar emocionado de puños, no sé si tenga razón, pero hoy quiero que mi compa la tenga, quiero estar en esa sensacional frase, quiero no tener temores, seguir siendo así, lo más joven y ridículo que se pueda entre estas paredes, atrapados sin querer ni poder salir, ahí, en una escena de El ángel exterminador, no queremos, no podemos salir, estamos atestados de ganas de seguir charlando, de seguir fumigando nuestros bichos incómodos, nuestras agusanadas experiencias, y las paredes tienen ganas de escucharnos, de mirarnos mientras son cachondeadas por un sol caldufo, el ojo más güero de la desgraciada galaxia, del agonizante infinito. Encerrados tratamos de expandir nuestro momento, buscamos alguna buena razón para seguir despiertos, un tema insulso, alguna anécdota enfriada en los hielos de nuestra desazón. La guarida del Moust consentirá nuestras chifladeces.

La tarde se enciende. Nos encendemos con ella. Yo no suena Gillispie, ahora estamos en algo más rock, más kraut, más krautrock, queremos revivir y esta música lo hace, nos inyecta coraje, ganas de bailar, de azotar las necias penas: Dizzy Dizzy, es Can, Dizzy Dizzy y parece que queremos invocar a Gillispie, pero no, esta música nos jala los cables, nos atora el seso, nos hace repetirnos, sentir la guitarra y el sintetizador; dentro del departamento guardamos las palabras mientras la tierra gira y sol aumenta su temperatura; dentro de esa armadura de concreto la Ciudad nos desconoce, nos olvida, nosotros nos olvidamos de ella, nos creemos en una dimensión distinta, en otras coordenadas, en otras intenciones de la humanidad, estamos perdidos en la música, azotando indecencias, dejándonos recorrer por las notas en constante repetición de Can, esos músicos que desesperados hicieron de su rock un canto de inquietante rabia, un grito enamorado de la galaxia, sonidos para salirse del planeta, para irse a un sitio en donde el ser humano es luz y fluye con cadencia, un sitio en donde las explosiones y la violencia desquiciada no son solicitados. Nos encendimos, la tarde comenzó a ser raquítica, la resaca estaba haciendo de las suyas, la piel del mundo resentía los rasguños de la noche previa. A mí me dolía el pecho, los huesos, tenía hinchados los músculos, no recordaba, o no quería acordarme de la noche previa, no quería amarrarme a esa tontería de la embriaguez. El compa Moustache reapareció. Despertó del letargo burguesua. Regresó de su sueño de miniño. Entonces las baterías se recargaron.

Entonces llegaste.

Tinto de Verano
Lo inventamos porque lo necesitábamos. No era tinto de verano y nos íbamos a engañar a tragos rojizos esa noche. Tal vez lo necesitábamos. La verdad no. Sólo teníamos ganas de seguir y seguir, de estar encerrados, hablarnos y hablarnos de temas que quizá no recordaremos,  platicaremos de otros tiempos con sabor a mezcal y agua de jamaica, necearemos entre las obscuridades de nuestras terribles insatisfacciones, nuestras lenguas sentirán el endulzado fuego del agave, nos lastimaremos las gargantas con la suficiente ingratitud de una bebida hechiza, nos vamos encaramelar con las torpezas de nuestras lenguas ebrias, beberemos dispuestos a incitarnos a ser piel, a considerarnos una pausa en la estupidez humana. Vamos a beber, vamos a bebernos, es lo más obvio, lo más evidente para este encierro al que nos hemos condenando.

Reímos. Sonaba una canción. En el departamento éramos cuatro personas y nuestros miles de pensamientos, sonaba Wicked Game, así, tenebrosa, secreta hizo viscosos nuestros arrebatos, alentamos nuestro pudor, nos miramos de manera mentirosa, la voz de Chris Isaak empujaba nuestros deseos, los roces ingenuos, las miradas extraviadas, lunáticas: The world was on fire and no one could save me but you / It’s strange what desire will make foolish people do. Reímos de nuestro instante, detrás del vaso rojizo nos veíamos geniales, casi de película, detrás de esos tonos de quedita sangre estaban nuestras inocencias, nuestras tremendas culpas… preferimos sacudirnos malos recuerdos, iniciamos un pacto de risas, de carcajadas sin sentido, comenzamos una nueva historia cuando la madrugada comenzaba, comenzamos a olvidar nuestro mundo en llamas, nuestra humanidad hipócrita y caótica, le subimos el volumen a la música cuando el edificio cimbró, los focos titubearon, el eco de algunos disparos en la lejanía quiso alcanzar nuestro wickedgame, nosotros contraatacamos con una ingeniosa avanzada de éxitos de los noventa, nuestra existencia bailó, cantó y recordó y se olvidó del presente ahí, en esas paredes, habitábamos nuestros pensamientos y tardaríamos algunos cuantos minutos, unos cuantos temas del desencanto humano, en regresar, en ser piel, en ser miradas y recordarnos instantáneos: balbuceo de la existencia, bromita de la galaxia. Jugueteamos, cantamos, escogimos canciones en el espoti, elegimos palabras de entre nuestro tatemado cerebro:

– ¿Cómo llegar hasta tu piel?
– Déjate de tonterías..
– Dime cómo…
– Pff… olvídalo… déjate de esas cosas…
– Dime…
– No…¿qué quieres que te diga?
– Dime…
– ¿Qué?
Tu imaginación me programa en vivo, llego volando y me arrojo sobre ti, salto en la música, entro en tu cuerpo, cometa Halley, copula y ensueño….
– ¿Qué dices?…
Tuyo…Tuyo… Luna de miel…
– No entiendo…
Caramelos de miel entre tus manos, te prometo una cita ideal, adorando la vitalidad. 

Estaba recitándole una canción. En la calle un coche aceleró desesperado, violento, las nubes se obscurecieron para hacer más misteriosa la escena, el eco de los disparos en el aire no quería irse. Una mujer de espalda en curva eterna barría las calles, suspiraba al escuchar los lamentos de la noche que en sus momentos más madrugantes disfrutaba la comicidad humana, la escena diaria, el titubear burlón de la muerte. Atrapados en el departamento, se olvidaron de su entorno, disfrutaron de sus dulces males.

Luces apagadas
Sentí de inmediato las ganas de ser noche, más madrugada que ayer, sentí las ganas de no querer salir de su cuerpo, de su carne, deseaba su piel y sus piernas, su aroma, sus movimientos y sus sonidos, deseaba sus perfiles en las luces trepadoras del sol en resaca, regresando de tremenda fiesta, quería estar en esa forma de ser humana, de estar, de hacer momento, de inventarnos, querernos olvidar de inmediato y no poder hacerlo, mirarnos en el espejo de reflejos velados por nuestras ansias, por nuestros labios y los dientes destacando torpezas del habla, las respiraciones buscando ser sofocadas por las lenguas arrebatadas. Sentí tremendas ganas de morder su espalda, lo hice, nos tocamos y sus labios me decían una que otra intensidad acuosa, traté de no detenerme, traté de intentar, traté de no dejar, traté de mirar una imagen nítida en esos reflejos de obscuridad, de cuerpos juntos, de cuerpos en sudor, en reclamo, en noche de noches cantando una vieja canción, una enlunada, aterciopelada tonada. Sin verdades, detrás de las pieles, complicados, acuosos, temiéndonos, agazapados en los susurros de la luna, perdimos, nos dejamos ir, nos dimos estocadas, llovimos, mojamos, mordimos, sabor a sangre, carne, a ser humanos. Morimos para volver, para querer respirar de nuevo, morimos y ya no servía de nada querer convencernos. Despeinados, escapando del primer regaño del sol, acabó la treta…

– ¿Entonces qué sigue? No hay mañana, le seguimos…
– Nooo, para mí sí hay mañana…


Domingo de resurrección 

Me duele el cuerpo, es por la putisa, la putisa de la vida, de pensar y pensar y quedarme en los detalles más perezosos, los que puedo atrapar con estas ganas torpes.

– Si tú eres mi mayor inversión… ¿cómo me vas a responder así?, ¿cómo?, nada, tú tienes que echarle ganas, y mírate nada más, nooooo, tienes que echarle, por eso estoy invirtiendo en ti, si no, pues qué, no, yo cuando sea mayor, ya viejita, tú me vas a cuidar, y no, pues cómo crees, así como vas, nomás no y yo estoy desperdiciando todo, no, tú tienes que echarle, además, así es la gentes, nomás se aprovecha, por eso yo voy a poner mi casa a mi nombre, ni de pendeja la pongo al de ustedes, na, imagínate, la pongo a su nombre y ya cuando les estorbe y ya no les sirva me va a sacar, na, nada a la chingada, la pongo a mi nombre y si quiere su casa que le chingue… bueno esa es mi manera de ver
-Yo voy a estar contigo
– Bueno esa es mi manera de ver…
– …
– …
– Y ya… ya mañana vamos a a ir a psicólogo, ya mañana a ver qué te dice…
– ¿Pero qué me va a decir…?
– Te va a ayudar… te va a decir cómo hacerle, cómo seguir…
– ¿Pero me va a quitar mi don?
– …
– ¿Me lo quitará?… No quiero. Sabes, yo soy tecnópata…

No puedo. La mente se me diluye en el presente, se me desvanece, trato de acordarme, de armar mi nebuloso ayer… no me sirve de nada, no me sirve. Me enciendo y quiero recordar, no me sirve, olvido, olvido más, quiero ser sueño, siesta, descanso, quiero apartarme, moverme sin modificarme, ser una canción de Nara Leão, ser el viento en sus labios, ser la calma paciente, ser esos dolores sonoros, ser esos colores tristones, de playa en crepúsculo y horizontes entinados con vino rosado. Revivo en mis voces, en mis tormentos, en mis apariciones. El transporte acelera sobre Tlalpan y pienso en mi andar, en mi estar, vuelvo a este respirar, a este calor de Ciudad, a esta desesperante calma. Vuelvo a mis problemas, a mi broncón con Hacienda, a mis impuestos no pagados y mis declaraciones no realizadas, vuelvo a mis deudas, a mis dudas, vuelvo a mi diario, a mi trabajo, a mis compañeros y otros que lo son pero me odian, vuelvo a las risas falsas, al café matutino, al café vespertino, al café después del vespertino, vuelvo a mis nervios alterados, a mis gritos de pupilas abiertas, vuelvo a esta incesante tontería, a esta vida en donde me he postrado, a esta costra de la felicidad.

Quisiera tener un nombre. Quisiera poder atesorar un buen recuerdo, una buena sensación al recordar mi nombre.

Recuerda su nombre. Lo palabrea. Lo tira en la parte más obscura de su mente. Mira a través del vidrio del transporte, sus pupilas se atascan de cotidiano, con un poco de náuseas, se levanta cuando está cerca de la calle en donde renta un cuarto de paredes azules. Desciende. Camina. Llega hasta el portón metálico resguardado por un par de árboles greñudos. En plan fantasmal cruza las puertas del edificio, del departamento. Cansado, tira su cuerpo en el sofá.

Revivo. Debo hacerlo.

-… K haces???
… escribiendo
– … Nada…
…escribiendo
– Cómo nada… (meme de rostro desconcertado de Kim Kardashian)
… escribiendo
– …así nomás, ya ves… (meme de rostro de Capulina mirando hacia arriba)
… escribiendo
-… :X Horrible! Qué es eso! jajaja… ya dime k haces…
… escribiendo
– ash… es Capu… en fin… nada, lo de siempre, en la música…
… escribiendo
– K músika?
… escribiendo
– Música… https://www.youtube.com/watch?v=5WU7oGiwiao
… escribiendo
– 😀 <3 Me gusta esa…
… escribiendo
A mí no :/ :X
… escribiendo
– o.0 entonces pork la escuchas????
…escribiendo
– Me la mandó una morra…






… escribiendo
– ¿entonces hablas con alguien más?
… escribiendo
– Sí… ¿tú no?
… escribiendo
– Sí…



… escribiendo
– ¿Sí?
… escribiendo
– Sí… :#
…escribiendo
– ¿Entonces por qué tu pregunta?
… escribiendo
– Pensé… mmm… mmm… pensé que me ponías más atención… pero bueno, intentaré dormir, nos vemos, descansa XoXo (foto de niño rubio con cara de sueño)
… escribiendo
– Igual!

Soplos de la madrugada insistían en buscar un poco de rumor de lunes. Ninguno de los dos podía dormir, se inventaban historias, escuchaban canciones que nadie les había dedicado, anestesiaban sus depresiones, no había sueños para conciliar. Se tallaban los ojos intentando mirar otra entorno, otras paredes, no lograban un cambio en su estado, odiaban su momento, su necesitada soledad, su cuerpo inmóvil y sus ganas asquerosas de querer buscar una virtualidad para distraer palabras. Acostados en sus camas, mirando el techo, deciden tomar el celular antes de convencer al ensueño y comenzar a pensar que algún día nos vamos a morir; alguien se anima y escribe de nuevo…

… escribiendo
– “El peligro del odio consiste en que nos ata al adversario en un estrecho abrazo.”
… escribiendo
– o.O… ¿me odias o k?
…escribiendo
– -_-… es de un libro…
… escribiendo
-(cara de anciana triste)… kual libro????
… escribiendo
– LA INMORTALIDAD, de Kundera
… escribiendo
– Lo conozco… k + dice?
… escribiendo
– “… En eso radica la obscenidad de la guerra: la intimidad de la sangre que se mezcla, la lasciva proximidad de dos soldados que se apuñalan y se miran a los ojos…”
… escribiendo
– :/ K feito…:( Me odias???
… escribiendo
– Te quiero próxima…
… escribiendo
– WTF! Eso k bb… jajaja o.O…
…escribiendo
– Sí… te odio -_-
… escribiendo
– 🙁 no seas malis… 🙂 :* … también te odio, pero poquis…
… escribiendo
– Te odio a lo Kundera… Odio esta necia humanidad a lo Kundera…
… escribiendo
– Kisiera odiarlo también… ke ases???
… escribiendo
– Adivina… escucho música… https://www.youtube.com/watch?v=fQDEUU1lyZQ
… escribiendo
– Pues me gusta :D… y… a dónde crees que vaya?
… escribiendo
– ¿Quién?
… escribiendo
– … el mundo…
… escribiendo
– A la mierda, nos vamos a ir a la mierda…
… escribiendo
– Wo! K fuerte… Drama?
… escribiendo
– #cerodrama #cerodesconecte
… escribiendo
– jajajja… voy por un kfé antes del toque de queda… escribimos luego…
… escribiendo
– Nos vemos…

Esos dos seres de virtualidad dejaron de existir, la canción de La Femme sonaba en la noche, en el cielo, en las balaceras de la colonia, en las armas hambrientas, en los gritos terribles, en la sangre suculenta, las guitarras clamaban un poco de paz para nuestra tierra, un poco de calma, un poco menos de engaño.

Revivo.

Los recuerdos navajean mi cerebro hasta dejarlo hecho bisteces sangrantes. En las noticias me cuentan que en medio de una conflagración más de diez personas se tiraron del cuarto piso, me imagino a las personas cayendo, hartas, desesperadas de no saber qué será de su cuerpo, acaloradas, ardiendo, la imagen perfecta para la humanidad de nuestros tiempos, así, cayendo directo a su desaparición mientras su entorno se consume en bofetadas de fuego, la humanidad  en un grito, cayendo, cayendo…

Revivo.

Hipólito Juárez Saavedra.

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