VOCES / 1


Estuvimos ahí, lo sabemos, siempre lo estamos…

Es Thelonious Monk, terco, duro, potente, un retumbar constante, golpeteo en la mente, en los sentidos, es la música de la desgracia, del horror, de lo inesperado, de lo que nadie quiere vivir, de lo que nos tiene con la mente hecha un remolino… Anda turulata, confiada, cotidiana, la bici de los tamales, escucho la voz que me vende los oaxaqueños, me invaden las voces…

Salimos al simulacro y todo tranquilo, no esperábamos lo que venía… nunca lo esperas…

Tuve que poner en paz a una compañera, no dejaba de gritar, se cayó, el movimiento la tiró, adentro del edificio todo se iba al suelo, un ruidero horrible, cabrón, de pronto dejé de escuchar, pensé que ahí me quedaba, no supe más, luego me regresó todo el ruido de putaso, y tuve que reaccionar.

Nos trajeron esa caja llena de tortas, hay que repartirlas, comerlas, son muchas, las trajo una señora, están buenas…

Estoy impresionado, muchos, muchos jóvenes salieron, estaban ahí, habilitando las calles, movilizando coches, andan por ahí, con sus palas, sus cascos, chalecos, de un lado a otro, llegan ayudan y se van, los chavos y chavas están bien prendidos, tienen un buen de ganas.

No pude más. Me derrumbé. No pude más. Recordé la escuela, las madres llorando, el silencio repentino, la extraña niebla alrededor, no pude más, mientras caminaba me puse a chille y chille.

Nadie quiere decirlo, nadie se atreve, nadie quiere, todos le huyen, todos esperan que esto vaya bien, pero nadie, nadie quiere asegurarlo, nadie quiere decir esa palabra, nadie quiere provocar un mal sentimiento, un llanto ajeno. No existe persona que hoy te quiera, te llame, anhele tu presencia, hoy no eres bienvenida, no te quieren cerca, husmeando, chismosa, engreída, de movimientos pálidos… y se dice tan fácil tu nombre, tan leve, tan ligero… tan muerte.

No… yo sentí que no la contaba. Que ahí me quedaba. Los edificios parecían de chicle, de verdad que no, no pensé que la contaba…

¡Ay, no! Yo me volví loca,  no, yo grité, sí grité, mucho, hincada le gritaba a diosito, ya párale, ya estuvo, ya… es que hubieras visto mi casa, mi casa se movía toda, toda, se iba a caer, todo tronaba, feo, muy feo tronaba todo, de verdad sentí que aquí me quedaba, y luego el edificio ése que se caía, ay no…

Dicen que por aquí se sintió bastante feo. Yo no lo sentí tanto, estaba en mi trabajo, salí, sí salí cuando sentí el movimiento, los trabajadores salieron, toda la gente asustada, intentando hablar por teléfono, las lineas de teléfono no servían…

¡No ma! Yo vi cómo se cayó un edificio en Tlalpan… Y además el del micro se llevó mi mochila por estar de mirón…

Me temblaban las piernas, estaba toda tensa, ahora me duelen mucho las pantorillas,  ¿me haces un masajito? Quería salirme corriendo pero me detuvieron en la puerta… les decía, déjame salir por favor, vámonos, vámonos ya…

Las personas caminaban como caballitos, no pelaban nada, caminaban, caminaban, buscaban a sus familiares, caminaban así, idos, la Ciudad era un caos, ríos de gente en las calles, ruidos de ambulancias, gritos…

Los cables y los transformadores hacían un ruido bien feo, como de disparos, bien feo, y se veía la electricidad...

Hay mucha gente queriendo ayudar, mucha… hay muchas casas con grietas, la gente está preocupada por su hogar, sus cosas…

Así es, tumultos de gente queriendo ayudar, así es, lo voy a repetir para que no se mal interprete, para que se lea así, como es, tumultos de gente queriendo ayudar, ¿no qué no?, no que muy ahí, muy tiesos, muy sin participar, tumultos de gente…

Pues sí… hay que seguir, no podemos vivir con miedo…


HJS.

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