MATUTINO


Algo que te pueda chispar….

Sonaba el saxofón desafinado, el hombre caminaba cargando el instrumento de metal, un perro blanco y flaco comenzó a ladrar, la lluvia caía en el cabello blanco del saxofonista de piel morena, circulitos de color obscuro se marcaban en su abrigo gris, en sus pantalones de tela gruesa.

¡Ey! ¡Qué pedo! Mi celular, no mames no te hagas pendejo, mi celular, ey, para, na mames, mi celular, na mames, tú lo tienes, no te hagas wey, mira, ya, ya se cayó, tú fuiste, no mames, tú fuiste, no te hagas wey, yo te vi, se te cayó cuando te agarré la mano… no mames, nel, no te hagas… yo te vi, no quieras hacer pendeja a la banda, no quieras hacerme wey… yo también sé rifar, yo también sé rifar, yo t a m b i é n s é r i f a r… no te quieras pasar de cabrón, no te quieras pasar de cabrón…

El MalaSuerte está contando la historia, los tres hombres a su derecha escuchan con mucha atención, los que están a su izquierda de vez en cuando se burlan de la manera de hablar del MalaSuerte, tuerce los labios en cada palabra, parece que no dice lo que está diciendo, pero lo dice, lo escuchan, su voz es el ingrediente que hace de la historia un cuento necesario, más en esos momentos de espera, de crear el tiempo entre pláticas, de dejarse acosar por la maniática e insufrible espera. Del sismo hablan poco. Sólo esperan, las nubes andan lentas, grisesonas, sobre ese cielo tan testigo, tan disfrutando la música de un saxofón desafinado que sopla melancolías a la Ciudad en derrumbe.


HJS

 

 

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