OBSCURA ERA


La morena barre la banqueta y sonríe, es la una veinticuatro de la tarde en la Ciudad.

¡Huevos! ¡Cómprate tu metrobus¡
-Bah… ¿No te molestaría estorbar menos, idiota?

Chillan las sirenas eléctricas, las paredes se embadurnan de luces azules y rojas, la intermitencia en los faros de las patrullas es capaz de hipnotizar, pero también es una luz molesta, muy molesta.

-Algo pasó…
-Es normal, sí, seguro algo pasó, qué hacer…
-… Cómo qué hacer, no sé, gritar, subirle a la música, bailar,  que no nos venza esa actitud de ñañaña, es normal, ¿cómo normal?, ¿cómo así?, ya de siempre pasarán y pasarán esos tipos presumiendo sus lucesitas… ¿cómo normal?
-… ¡Újule mano! Cómo te pones, rilax dont doit, no te espeses amigou, llévala tranqui, tas viendo que te estoy platicando cómo se pusieron en el metrobus y tú todo acá…
-… Naaa mano, es que te pones muy con tu normal y la verdad eso si me saca de onda, pero pues qué te digo, así la cosa, así ésta nuestra era obscura…

Las calles tenían el perfume de la decandencia humana, la noche se miraba atractiva en esos tintes de comic post apocalíptico, una mujer de falsa cabellera rubia meneaba sus líneas corporales al ritmo de la canción que tarareaba. Aquellos dos masticaban el último bocado del tamal de rajas, rerservaban un trago de atole de guayaba para la valiente caminata hasta la entrada del metro.


HJS

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