DESQUICIADO


Te hablé, pero no me hiciste caso, nisiquiera me pelaste, sí qué te hablé, no sé si no me miraste o qué, pero yo te hablé… Sí, escuché su voz, sentí su presencia, un frío recorriendo mi espalda, escuché su voz pero no quise hacerle caso, no quise esucharle, no quise detenerme y saludarlo, dejé al frío instalarse en mis venas, arañar mis huesos, me ajusté el gorro hasta las orejas y seguí caminando, no quería verle, no quería hablar con él, ya no puedo con esto, ya no puedo seguir en esta situación….

-¿Pudiste dormir?
– Sí…
-¿Pudiste soñar?
-No…

Cierra la puerta obscura de metal, el viento presume un aroma de vainilla y caramelo, la Ciudad en reconstrucción se ve tenebrosa entre lámparas y focos amarillos. Está confundido. Es muy posibe que el sitio en donde respira sea totalmente genuino, comprobable, real, es posible. Pero también duda, duda de esa respiración, de ese andar de los autos. Parpadea lento, busca un ritmo adecuado para sus respiraciones. Lo encuentra. Deja, otra vez, al frío instalarse en su piel. Te hablé No, no me hablaste, y no quiero que me hables más Te hablé, te hablé, pero no me hiciste caso, ya no quieres escucharme, ya no quieres, ya no… Te escucho, pero no me voy a detener Te hablé, ¿no me quieres oir?…

El hombre echó a correr sobre Avenida Xola hasta llegar al cruce con Tlalpan, mientras daba zancadas intensas, largas, se zacudía los cabellos y agitaba los hombros, cantaba y emitía ruidos muy parecidos a una canción interpretada por Vinicius de Moraes y Baden Powell. La luna estaba incomparable, arrogante, ¡buaf!, ¡arghh!, algo tremendo y el tipo ése, el tipo ése corriendo y agitando su ser nocturno.


HJS

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