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El viento desesperó sus infamias humanas, laceró sus pieles expuestas, esta Ciudad se convertía en una pintura de glaciares tonos, esta Ciudad atravesada por autos de fría carrocería. Al salir del metro la respiración se les fue congelando, tosieron, una, dos, tres veces, cof cof cof, los pulmones entendían el maltrato e intentaban contener las desquiciadas ráfagas de viento.

¿Para qué me dices entonces… ?/ ¿Cómo que para qué?/ Pues sí, ¿para qué, por qué me lo dices…ahorita?/ …Así tenía que ser, tenía un malestar en el estómago, algo incómodo /¿Malestar?/ Sí, ya sabes, algo que te inquieta…

Ya no se ve mucho. Cerraron la calle por sus dos entradas con altos bloques de madera, el paisaje está más obscuro. Del otro lado de la muralla de madera la maquinaria descansa por las noches. Les falta poco, muy poco para derribar el edificio. Dejó de existir algo que pensaban duraría más de muchos años.

Pues ya, ándale, camínale/ No quiero, tengo frío…/ Ya, déjate de cosas, ándale…/ No, ¿para qué me lo dijiste?…/ Osh… ya deja eso, en serio, tenía que decírtelo… así de fácil…/ Y ¿ya…?… así me tengo que quedar yo, con algo que no quería saber en mi cabeza necia, con esa idea maligna que ahora me patea el cerebro…/ Uff… ¡Qué azote…!

Antes de cruzar la calle pasa frente a ellos un grupo de personas, lucen prendas de licra en tonos fosforescentes, corren a paso moderado. La noche intenta alcanzarles pero también reciente el frío… esos dos siguen su caminata, dentro de sus abrigos, envueltos en sus bufandas de tonos obscuros.

Al final, todo lo que te dije fue mentira/ Ves… ¿Entonces para qué me lo dijiste…? Ahora sí te pasaste…/ ¿Me pasé…? De cualquier manera te ibas a poner así, así como te pones… / Bueno, ¿entonces las fotos del feis y eso?/ ¿Eso qué?…/ ¿Los mensajes…?/ No, tú ya te estás confundiendo, cómprate una vida…/ Me confundes… / Qué azote…

Se terminó la estúpida plática. Las manos se entumían de tanto frío; a ellos les recorría lento la sangre dentro de sus cuerpos. Cada quien a su casa. Por la noche, cuando ambos, como un augurio del desastre, sintieron un deseo espantoso de salir corriendo de casa, en ese momento, decidieron enviarse un mensaje. Sobresaltados, con el celular en la mano, intentaban olvidar esa imagen que les despertó de la pesadilla.


HJS

 

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