RESGUARDARSE

‘- Arreció el agüita…
– Sí…
– A resguardarnos pues…
– Sí… un rato…
– ¿Trabajas acá?
– Na… me estoy guardando de la lluvia…
– Pus sí… pero moja más aquí, pinche chingadera, esta lluvia ta’ más recia que la madre…
– Sí… una bañadita…
– Nuuuu… y ayer lavé esa chingadera… ya ni modo pues… y ahorita trae baja la llanta delantera, y pus no la puedo inflar así nomás, tengo que ir al taller pues, o algo… sí pues… ta’ chingadera…
– Pues sí…

De un segundo a otro el intenso llover se detuvo, minutos más tarde reanudó su insistente lamento. El señor calvo y de bigote tupido encendió un cigarrillo. El otro, el que estaba sentado, dio un sorbo a la botella de vidrio que sostenía entre las piernas. Un olor intenso a leña quemada les envolvió la existencia.

– Ta bueno pues… nos vemos compa…
– Buena tarde…

El ruido de la motorizada se alejó hasta perderse en la canción melancólica e infame que las nubes entonaban sin parar de llorar. El hombre dio un trago largo a la botella, la tapó y la guardó en un bolso de su pantalón; rencoroso, soltó un escupitajo al suelo y dio un golpe al aire que chocó con decenas de gotas de agua, murmuró travesuras y caminó sobre los charcos hasta perderse en las inundadas callejuelas del centro.

HJS

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