DESAPARECER

La oficial número diecinueve ochenta y cuatro de la PBI revuelve por última vez con un palillo de plástico blanco su café capuchino mediano, la banca metálica del seven eleven aguanta sus nalgas frías. Da un primer trago para probar, se quema los labios, es clásico que le suceda eso, pero le gusta, le agrada sentir ese resquemor en su delicada piel. Sus compañeros de rondín revisan un par de hojas impresas con números y nombres, mientras dan lectura tachan y dejan rayones de tinta negra. La Oficial número diecinueve ochenta y cuatro mira su reflejo en el vidrio de la tienda de autoservicio, se observa cansada, se observa muy parecida a la persona que era ayer, parpadea y se mira distinta, es un ser diferente, una posibilidad de la vida, un encanto de la noche, se mira, no se reconoce, es una figura que pasma el entendimiento, es una criatura expulsada de los sueños más inquietantes.

– ¡Órale Ruth!… estás muy pasmada, ¿andas en piedra o qué?
– …
– Írala… ¡Ruth!… ¡Ruth!… Ire pareja, la Ruth se quedó pasmada… ire… ¡Ruth!
– Mmmmtaa… Ruth… Ruth… Ey, Ruth, compañera…. mmmm… Achis…
– Ire… le dije, le dije…
– Ruth… Ruth… Ruth…

No. No iba a despertar porque no estaba dormida, estaba atrapada, en sí misma, en una dimensión de ella que sólo Ruth conocía, esa Ruth, ahí sentada en la banca de metal y el capuchino enfriándose. La oficial no iba a parpadear otra vez. Su cuerpo de músculos rígidos sería llevado al hospital más cercano, los dos compañeros de rondín, y la muchacha que despechaba en el seven darían su testimonio a los paramédicos. Por la madrugada, en una habitación del Hospital Veinte de Noviembre, Ruth despertaría, lento, respirando sin prisa, acostada, mirando al techo, suspiraría unas palabras incoherentes. Alguien en otra dimensión, hablaba por ella…

-Ayuda, ayuda… vamos a desaparecer…

HJS

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