ENSUEÑO PROLETARIO 1

Bostezo

El sol afuera, el sol en mi piel, en las paredes grafiteadas, en esas firmas y formas de colores, en esas huellas de identidad, rastros de un grito de aquí estoy, aquí andamos. La calle me dice que está mugrosa, los dos chicos fuman el gallo antes de ir a la jornada, se me hace agua la boca y sigo mi camino, algunas aves emiten un sonido feliz y se cagan a dos centímetros de mi andar, una patrulla pasa y da el rondín matutino, un reguetón #atascado se confunde con el motor de los vigías, avanzan varios metros, los patrulleros sonríen al escuchar una salsa romántica compartida por las ventanas abiertas de un departamento de interés social.

Caminar y desesperar el pensamiento, abotagarlo de imágenes, de preocupaciones, de #malviajes, de querer precipitarse y correr lo más rápido que se pueda #tortuga… caminar y llegar al metro, saber que la máquina te llevará de paseo, a tu lugar, a tu sitio.

En la taquilla, la mujer te recibe con una sonrisa, en su escritorio hay un poco de fruta en un vaso, una cosmetiquera y su teléfono celular, ríe mientras depositas tu billete y le dices que recargue veinte pesos a tu tarjeta, #esdeprecavidos; la mujer señala con el dedo índice la pantalla, tus veinte pesos fueron depositados. La policía espera recargada en el último torniquete, en donde con su tarjeta mágica deja pasar gratis a los ancianos y algunos jóvenes que muestran una identificación. La policía mira hacia la calle, bosteza y pocas, muy pocas veces, saluda a los viajantes.

Subir escaleras eléctricas otorga una sensación de calma, de pasmo momentáneo, claro, si decides ir de lado derecho, porque de lado izquierdo la prisa manda y hay que subir escalón tras escalón.

Rechina el metro. Abordo. La mujer se maquilla, esconde sus manías, sus juegos con el tiempo, se aplica un poco de corrector, algo de sombra, lo esparce con las yemas de sus dedos… las huellas, las #marcasmiamor, las bellas lineas de la vida desaparecen con el aplicador; obscurece sus párpados, el tono es lindo, algo violeta, sus ojos esconden aún más misterios, una María Félix de nuevo tiempo, así, #castigadora; después, un labial intenso y la mañana se siente aturdida, encerrada en este vagón con tremenda situación.

En el reflejo de las ventanas las personas pueden encontrarse, desconocerse en el mirarse tan idénticos, tan del otro lado, de películas de misterio, de serie de internet, ahí, en ese otro mundo tan similar, a veces opaco, grasoso, a veces más limpio; otra dimensión tan cerca de nosotros, ahí, los viajeros del tiempo…

Un grupo de policías espera en el anden del metro, las puertas del vagón se mantienen abiertas más de lo habitual, #hueva, un par de policías, los del silbato, anuncian la llegada del metro que avanza en dirección contraria; la gente duerme en las bancas del vagón que ya cierra sus puertas, los policías se quedan ahí, disfrutando la vida, arranca el coso éste… la gente también lee: El llano en llamas, edición de bolsillo, pero la gente también se duerme cuando lee, el hombre que va a un costado de la lectora le quita el libro que sujeta con ambas manos, lo guarda en su mochila y abraza a la mujer que fue hipnotizada por la Muerte Mágica de Rulfo. A mi costado otra mujer sujeta con seguridad un libro de pasta dura roja, en las hojas que lee se encuentra el subtítulo El océano índico. Se detiene el metro. Se abren las puertas. Una persona que entra se muerde las uñas. Otra, sujeta en la mano un libro de Isabel Allende. Me hundo en los arrebatos de esta Ciudad.


HJS… callejero y fisgosón, dice la banda…

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