SACRIFICIOS | ASÍ NADA MÁS

-Sígueme, le dijo Nanahuatzin
-¿Así nada más por eso…?

Ardía la piel bajo esa luz, platicaban y atrás de ellas una música ranchera sonaba en las bocinas en donde estaba enchufado el aipod. Una tele también sonaba, eran palabras las que salían de la televisión vieja conectada a una antena elaborada por Paco, una conexión a la nueva señal. Eran noticias. Boni las sintonizó. Boni tenía el control de la vieja tele que aún servía. Boni cambia de canal pero regresa a las noticias. Varias personas entran y salen del baño. La brisa mueve los cabellos de M., Normiux mira muy interesada. Están bebiendo agua de jamaica en un vaso grande de vidrio que impúdico suda y aniquila los hielos con el fin de mantenerse a una temperatura agradable al paladar. Ya caliente, el agua de jamaica del lugar trastornaba a los señores y señoras: el calor fermentaba el líquido, las hierbas tomaban un sabor muy dulce, los labios deseaban el primer trago, la vida se jugaba la misma vida en una tanda de albures y bromas con ella misma. La bebida hacía preguntas que mandaban a la mente al vacío, a un instante en el tiempo en donde crees que te hundes, te vas para abajo. El agua de jamaica muy fría, casi granizada de jamaica, era aún más deliciosa, la lengua enloquecía al sentir por diez segundos el sabor refrescante del líquido rojizo, masticar los hielos dejaba en las encías una sensación de sanar toda herida, de calmar las pesadumbres. La jamaica fría del lugar hacía platicar a la gente.

 – Sí, nada más por eso– M. cuenta lo que sabe, o le dijeron, lo que ha leído y leyó en la primaria, tiene un libro en su casa, está en un librero de madera café claro en donde también hay un espejo. Suele mirarse el rostro, acariciarse las cejas pintadas finamente por las luces de su habitación a medio día, suele tocarse y sentir los pelillos arriba de sus párpados, suele sonreírse al reconocerse en el espejo, es su piel y la de su madre. Es ella y sus recuerdos en el espejo: rectángulo de dimensiones extrañas en un marco de metal azul pastel pintado a mano. Era ella ahí, su reflejo y quizá detrás de ella sus demonios, sus gritos y reclamos, entonces tomaba el libro amarillo, dedicaba tiempo a repasar las letras y construir lo contado, dejar ir su momento, establecer un pasaje irrepetible. M. se acaricia la piel morena, dice en palabras de exquisito aroma– en serio, nada más por eso, una noche le dijo sígueme, porque siempre está, digo siempre y digo que todo el tiempo está, así como nosotros, dormimos y todo y siempre estamos, así mismo está, entonces le dijo sígueme, le siguió y ya no supo más 
– ¿En serio?¿Dónde fue eso?
– Aquí cerquita, aquí a unos metros, donde está la casita amarilla, adelante hay un callejón, ahí jugábamos de niños, se veía el río, podíamos ver peces– En serio, ¿se le apareció y le dijo sígueme y él fue?
– Te digo que sí pues, le dijo sígueme, seguro brilló o algo, pero no hay testimonios ni nada de adeverás, nomás se fue y ya
– ¿Cómo saben que le dijo sígueme?¿Cómo saben que era él?
– En la noche el único celular que había en el pueblo recibió como a la misma hora un mensaje que decía sígueme
– ¿En serio nada más había un celular?– Sí pues, está de locos pero en serio, nada más había un celular y recibió ese mensaje
– ¿Y se fue y qué más, para qué se lo llevó?
– El quería irse lejos, se despertaba en la noche gritando en su cuarto, bien fuerte decía, yo sé que estás ahí, que nomás tienes a tu pinche metiche ésta, nomás las tienes ahí viéndome cómo me pudro, no te hagas, siempre estás, siempre estás, todos siempre estamos aquí 
– ¿En serio?
– Sí pues, en serio…
– ¿Estaba loco?
– ¿Qué es eso?
– ¿Cómo?

Las dos recibieron un golpe del viento. El calor ya evaporaba las gotas de su rostro, bebían un largo trago de jamaica, masticaron los hielos. Las canciones todavía sonaban. Boni le subía el volumen al estéreo, porque también tenía el control del estéreo. Las noticias contaban de una lluvia terrible en el norte del país. Fuerte vientos se invocaban para el lugar. Boni subió el volumen de la música, un hombre cantaba agudo, los tambores seguían la historia de amor reciclado, de desamor, de dolor… 

– Hablas raro…
– ¿Cómo raro?
– Así raro, a veces arrastras algunas jotas
– ¿En serio?..– la risa era peculiar, los dientes mostraban sus ganas de estar contenta
– ¿A qué huele?
– Ah, es la mojarra frita, le ponen una salsa que cuando se calienta suelta ese aroma, también le ponen otros ingredientes, la hierba santa, sal de grano, guajillo
– Me gusta el olor
– Sí pues, también huele a los leños, casi siempre huele así aquí, sólo cuando la luna se voltea y se pone prieta, entonces los olores comienzan a cambiar, pero la mojarra frita de la vieja siempre alegra el olfato, orita ya comemos, ¿qué vas a pedir?, ¿todavía tiene hielos la jamaica?
– Sí… todavía tiene, es muy sabrosa, quisiera echarme un clavado al río… no sé qué pedir de comer, ¿qué me recomiendas? 
– Lo que tú quieras, pide el ceviche, el calor lo amerita, también la mojarra al mojo, no te vas a arrepentir, ¿cuándo te vas?
– Yo creo pasado mañana, ¿me vas a invitar a tomar trago?
– Sí pues– M., se ríe para distraer el calor, para ponerlo a descansar entre los rincones más fríos de sus entrañas, en las partes en donde se acumulan los malos hábitos, donde se congelan los pensamientos incómodos; M., ríe, su lengua es sensual cuando alcanza esos tonos rojizos, M., habla para seducir a las nubes que por momentos les dan tregua de la mirada del omnipresente, del que siempre está. 
– Pediré la mojarra al mojo, una pequeña porque antes quiero un coctel campechano– Mmm, no se diga más– M., levanta el brazo derecho, sus pieles se mueven y escurren unas gotas de sudor que caen en un grieta en el suelo, las gotas se combinan con el río, un pez sorbe la sal de M.; Boni mira el movimiento del brazo, después la sonrisa de M.; con la voz raspándole la garganta, Boni motiva a Julián y le señala la mesa en donde está M. y su acompañante, Julián se levanta de la silla, pone un poco de salsa roja a un crujiente totopo, lo muerde hasta tragarlo y camina lento hacia la mesa, Boni lo mira alejarse, parpadea una vez porque una mosca se le queda parada en la ceja izquierda, parpadea otra vez cuando mira el caminar cansado de Julián, su juventud merecía el trote de un caballo, Boni pensaba en un tercer parpadeo cuando Julián llegaba a la mesa.
– Díganme, ¿qué les traigo?– La voz del joven era tan ligera, tan aguda y cercana al cantar de los grillos
– Juliansito, hola, perdona pues, no quería molestarte, pero mira no conoces a Normiux; Normiux, Julián, Julián, Normiux– La presentación se acompañó de un apretón de manos y un beso en la mejilla, la mujer y el hombre sonrieron, ya se había visto antes, nunca se habían saludado, pero en esta ocasión eran desconocidos, jamás se habían visto, el beso en la mejilla era dado con la sinceridad de quien comienza a guardar información ajena: facciones, olores, miradas, colores, tonos de cabellos, lunares en el rostro, textura de las manos. M., ordenó una mojarra al mojo pequeña y dos cocteles campechanos chicos, también le pidió más totopos, dos vasos con hielo triturado y una jarra de agua 
– Está bien, ya regreso– Julián se llevó su voz y se la compartió a la cocinera, la Vieja, la mamá de varias personas en el lugar, la razón del platillo, Camarones a la Vieja, de la cerveza preparada a la Vieja. La Vieja giró la cabeza al escuchar la voz de Julián, movió la cabeza y dijo sí, ahorita salen, Clara prende la estufa y prepara dos campechanos chicos por favor hija, Julián arrastró la silla, Boni parpadeó y sintió el rechinar de la madera en el páncreas. El joven tomó otro totopo, le untó salsa roja, exprimió algo de limón, esperó los alimentos. 

– Sí pues, lindo ese Julián…
– ¿Entonces no sabes cuándo te vas, tienes vacaciones o algo así?
– No tengo, nada más vine a la fiesta y a ver a mi hermano, a dejarle unas flores a mi papá, me escapé, si casi no vengo porque no me dejan salir, inventé el pretexto de que ando en unas prácticas y que salí a una comisión a verificar material, me llevo bien con la mujer de recursos humanos, ella me ayudó, se enteró de la situación de mi mamá y le dije que para mi familia era importante reunirnos en la fiesta y se puso amable, me firmó algunas cartas y me liberó una semana, pero no son vacaciones porque de aquí me regreso a la capital a verificar el material y me devuelvo para el norte
– ¿Te gusta vivir allá?
– Me gusta, igual me gustaba vivir aquí, ya me están hartando varias cosas de allá, el idioma, los papeleos, pero me siento muy bien con mi soledad, con mis espacios, me salgo a correr a los jardines, me dedico a mis plantas, tengo un perro, vivo en un departamento, sé que es un poco cruel para el animal pero le tengo mucho espacio, paseamos mucho en las calles, son bastante amplias y lindas
– ¿Pero ya no te regresas?
– No sé, no sé a qué regresaría, nomás a repasar las mismas estrellas, para aprenderme las grietas del cañón, no, no sé, la situación de mi mamá me hace dudar, pero aún así creo que sirvo mejor allá, le mando para sus medicinas, le envío algunos libros, no sé, la verdad no me regresaría ahora, por el momento me siento mejor así 
– ¿Tu hermano no intenta convencerte?… Por cierto, lo vimos hace poco en el río con una mujer, ¿es su novia o algo?
– Pues yo creo es su algo, no me dijo nada cuando comimos, tampoco en la fiesta, casi no platicamos de eso, pero cuando tiene alguna pena, viene y me la cuenta 
– Me imagino, pues qué padre la vida allá, ¿tienes fotos en tu celular?
– Sí tengo, mira– los olores emanados por la estufa y los trastes con los alimentos atraían a los aves del medio día, las mujeres miraban las fotos en la pantalla, sonreían al encontrar alguna pose chusca; el calor se quedaba impregnado en las blusas coloridas de las amigas, cuando Normiux le mostraba una foto en el zoológico les sedujo un aroma de ajo que se acercaba a sus espaldas, Julián cargaba con las dos manos una charola con los alimentos repartidos de manera estratégica, las mujeres se separaron, Normiux dejó su celular en la mesa, el joven acomodó los platos frente a las comensales, ambas agradecían cada movimiento de Julián, los aromas de los platillos les obligaban a sonreír, las amigas habían desayunado poco y el hambre estaba provocando ruidos en sus estómagos, el joven se retiró y les dejó un provecho amable, las dos mujeres repitieron la palabra, Normiux tomó una cuchara y revolvió el contenido de la copa de vidrio en donde habían servido el coctel, exprimió un limón sobre los mariscos, revolvió un par de veces más, recogió una buena porción con la cuchara y se la llevó a la boca, mascó mientras miraba a M., que ya había probado su coctel, ambas se sonrieron y sintieron un sabor a mar en su garganta, entre bocado y bocado bebieron jamaica helada y conversaron.
– Entonces… ¿volvió? 
– ¿Cómo que volvió? ¿Quién volvió?
– El viejo, ¿volvió el viejo?, me habías dicho que lo habían visto días después
– Pues dicen que volvió, pero eso es más mentira que los besos que le da el sol a la luna, no te creas, no volvió, no tenía cómo volver, así como se había ido era muy complicado su regreso, ¡qué complicado!, inexplicable, ¿de dónde volvió, quién lo vio, a qué regresó, si regresó?, no hay respuesta, mejor ignorarlo
– No sé, ¿quién lo vio irse, al final cómo supieron que se fue, a qué se fue?
– Ya te lo dije mujer necia, él quería irse y le estuvo friegue y friegue hasta que vinieron por él
– Pues no sé, lo del mensaje se me hace una locura, y pues de que se haya ido así, tampoco me queda claro, no hay testigos ni nada, ¿en serio no hay nadie que lo haya visto?, ¿por qué todos lo creen así como verdadero?
– ¡Ay mujer! Cuántas preguntas, nada más te vas y te entra la duda, seguro alguien lo vio pero imagínate, ¿hace cuánto fue eso?, seguro han de estar muertos, el señor se fue y ya, y listo, ya nadie sabe más
– Y así, ¿nada más por eso le hacen una fiesta?, ¿es que no sé, no es porque me haya ido, pero todo se me hace muy raro, desde chica se me hizo muy raro pero pues la fiesta así era?
– Ay mujer… pues sí, por eso, como dices, así nomás le hacen la fiesta porque se fue… pero no nada más porque desapareció, o porque quería irse, si no porque él le vio, le vio por primera vez, sus ojos de humano fueron los únicos que estuvieron ahí para presenciarlo, para ver lo que nadie puede, de estar aquí él sabría más cosas de las que sabemos, pero él decidió irse, perderse y no volver, deseaba eso y le vio, y cualquiera podría decirte que si viene y les dice sígueme le seguirían, le seguiríamos, iríamos así, tras el destello, tras el brillo, porque ahí es donde muchos queremos estar, ahí y no en otro lugar, ahí porque no sabemos qué es, y él sí lo supo, lo supo y no volvió, por eso le hacemos la fiesta– las dos mujeres atraviesan con su tenedor la mojarra al mojo, la prueban y vuelven a sonreír, su paladar se impregna de sal y de un sabor picante, beben la granizada roja 
– No sé, se me hace muy raro, así nada más porque le dijo sígueme. 

DRN

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