09/27/2020

THE SPACE FARM

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DE LAS INFAMIAS CORTAS


Infame presentación..

Infamias, infamias, infame, ¿Qué es lo infame? Al momento de escribir ésta humilde presentación se me viene a la mente la dificultad de escribir aquello que se piensa y que la mayoría de las veces se calla, aquello que no se dice pero que siempre nos acompaña, algo que esta quizá muy lejos de la honra, pero que se ha vuelto parte de nuestro ser, de nuestro andar, de nuestro pensar, lo irreverente y lo espontaneo, lo urbano y lo instantáneo.

No, no es fácil escribirlo, o quizá si y el problema sea que tan sólo no nos atrevemos, ¿ Pero Atrever a qué? Atreverse a desnudar el pensamiento que oscila entre lo que se quiere decir y lo que los otros entiendan, y entonces ¿Para qué escribe uno? ¿Para gustar? ¿Para que sea leído? ¿Para ser famoso? No, nada de eso, a veces (las muy pocas) se escribe por escribir, y porque se sabe escribir, es en ocasiones como éstas en las que el buscar no gustar hace que el gusto se impregne en la sencillez de la pluma de quién pretende romper con las formalidades, de quién conociendo una estructura logra romperla, con el único y simple afán de decir lo que se piensa, pero más allá de ello, LO QUE SE VIVE, así, tal cual, sin tapujos ni prejuicios, ¿Es acaso eso lo que busca nuestro autor? Tal vez sí, o tal vez sin buscarlo es con la genialidad con que se desarrollan estas infamias, esta serie de narraciones que vivimos constantemente en el ir y venir de la fugacidad con la que se vive en la ciudad. En épocas de inteligencia artificial e ignorancia humana, basta con sólo hacer una recarga telefónica o mandar un whatsapp, para encontrar otros mundos existentes y que llevan a la existencia misma a otros parámetros no digamos literarios, sino hasta filosóficos.

Es un mundo en dónde cohabitan distintas dimensiones en una sola, desde los temblores hasta el viaducto, o desde el camión de la basura hasta el del fierro viejo, los vecinos incomodos o el hombre de mugrosas barbas, una perdición existencial que nos invita a detener la reflexión en los momentos más simples, pero que a veces son también los más complejos. Infamias, infamias… Será que la vida de por sí es infame, o será que los infames somos nosotros, ¡sí! más bien eso debe ser, apelamos tanto a la razón, que la mayoría de las veces olvidamos la pasión y nuestro efímero lugar en el mundo, es entonces cuando detenerse sólo un instante a escuchar la propia respiración nos lleva a descubrir IMÁGENES ALUCINANTES que nos hacen sentir vivos, pero al encontrarlas plasmadas en un cuento, por la pluma correcta, nos pueden llevar a identificarse quizá no con el personaje, pero sí con el momento, aquellos momentos que también quisiéramos recordar, quisiéramos leer o quisiéramos tan sólo escribir, ¿Escribir por qué? ¡Por que sí!

Lejos de aquellas arrogantes aspiraciones de los actuales “poetas malditos” que buscan el reconocimiento como tales, puede darse esa paradójica situación de lograr lo que muchos de ellos no alcanzan, el gustar sin buscar ser gustados, el que logra dejarse ver tal cual, y no le importa, el que así es y no veo por qué tendría que ser de otro modo, así tal cual, irreverente, infame…

Eso es lo que quizá pretende lograr nuestro autor, ¿Eso? ¿Infame? ¿Estableciendo una cierta comunicación con el lector? ¿Será acaso que entonces la obra nos agrada por ser en cierta medida igual de infames? O será que es el soñar, el beber, el mensajear, el escuchar a Miles Davis o Charlie Parker, la resaca de una cruda o la mordida de la muerte.

Infame, infame… No, la vida no es infame, los infames somos nosotros…


“El tres” (Luis Melchor) Julio 28, 2020.