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Cine, cine, cine, cine. ------------------------------ Invención, creación, movimiento, Hhistoria

36 FORO DE LA CINETECA | LIFE

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A la búsqueda de un gesto, aunque sea arrogante, aunque sea forzado, aunque no exista. Life, (2015). Dir. Anton Corbijn, Canadá-Reino Unido-Estados Unidos-Alemania-Australia, 110 min.

Poderosa la imagen encumbra vidas, a seres humanos; las portadas de las revistas se empeñan en crear referentes, figuras para los humanos cotidianos, en Life un fotógrafo pretende retratar a una generación, condensarla en un sujeto, en una mirada de párpados entrecerrados y voz escondida. Dennis Stock (Robert Pattinson) se convierte en el perseguidor de James Dean (Dane DeHaan), le acosa, experimenta andares con el actor de Hollywood que pronto se convertiría en una figura moldeada por las sombras.

Anton Corbjin (1955, Países Bajos), es un reconocido fotógrafo en el ambiente musical, su trabajo aparece en portadas de discos y libros, también dirige videoclips, en su primer acercamiento al cine decidió darse algo de depresión al realizar el biopic de Ian Curtis, integrante de Joy Division. En Life, Corbjin acaso se sienta cómodo relatando un tema cercanísimo a su día a día, nos cuenta la relación de un actor y un fotógrafo, las vicisitudes que debe pasar alguien para desempeñar su trabajo, a veces, para querer trascender. La película narra instantes de la década de los cincuenta en Los Ángeles, el sitio en donde las grandes producciones cinematográficas tenían su casa. La música jazz, el blues y algún rocanrolito acompañarán a los personajes en su constante juego de seducción.

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Apreciaremos una gran referencia al cine pero desde distintos puntos de vista, por un lado el fotógrafo que utiliza la farándula como materia prima; por otro el actor, la estrella en busca de su brillo, de su oportunidad para realizarse en un ambiente duro, a veces patético, otras traidor; y también presenciaremos el lado nefando de la industria, los productores, las mentiras detrás de cada nota rosa, los intereses económicos de los estudios cinematográficos. En un momento de crítica se presenta a uno de los hermanos Warner como un despiadado ser, un repugnante magnate a quien sólo le interesan la fama, el estatus, la diversión y la construcción de dioses para el mundo del espectáculo.

Pero quizá uno de los elementos que más me atrae y resalta en cada secuencia del relato, es la relación humana entre los dos personajes principales, escuchamos sus charlas y las intenciones detrás del querer realizar un ensayo fotográfico para la revista Life, y esto, el ensayo se convertirá en el hilo conductor, las fotografías que Dennis Stock pretende obtener toman una gran importancia, como espectador queremos ver el instante preciso en que fueron tomadas las fotos y qué hubo detrás, cuáles fueron las motivaciones para retratar a un actor caminando sobre un charco, como flotando, como cansado de la vida, cargando una impaciente muerte en la espalda. El acto fotográfico, el ansia de apretar el disparador y obturar para dejar pasar la luz es contada por el director a partir de detalles concisos: el querer fotografiar en el comedor de la familia de Dean y obtener por respuesta un en la mesa no; los constantes momentos solitarios de Stock pensando, imaginando cómo puede ser la encuandre que necesita, si en realidad necesita la foto o del mismo James Dean para lograr sus objetivos, son experiencias que el mismo director ha tenido y se siente cómodo al contarlas en esta película. El director se preocupa por los detalles que hacen al fotógrafo, sus dudas, su instinto y la precavida manera en que usa la cámara, su relación con el objeto mismo nos hablan del fotógrafo, de este oficio tan valioso, a veces, tan desapegado, una labor en donde importa más el sujeto encuadrado.

Cuánto tiempo se condensa en una fotografía, cuánta información nos comparte, en Life se nos relatan esos segundos atrapados, esos viajes detrás del nitrato de plata sobre el papel fotográfico. Un título atinado que utiliza el nombre de la revista que publicará las fotos, pero también nos cuenta pedazos de dos vidas unidas por la sensación de estar realizando lo correcto, los trascendental.

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Y llega esta historia en un siglo veintiuno en donde la fama se alcanza hasta de la manera más inocente: por se grabado al realizar una tropelía o una tontería; o una fama alcanzada desde el hogar, con una cámara y una conexión a internet. En la película Dennis Stock argumenta que James Dean es el indicado para retratar a una generación, un sujeto no antes visto en los ambientes del cine, y la película nos lo confirma al mostrarnos un James Dean rebelde, atrapado en una soledad doliente, ingenioso en sus respuestas y sin duda apasionado por su oficio. Mediante el seguimiento del fotógrafo al actor conocemos sus gustos (que han sido contados en biografías), sus espacios predilectos, sus amoríos y a su familia. Acaso no presenciemos un verdadera relación de amistad, estamos quizá frente a una relación sincera, en donde cada hombre expone sus intereses y es a partir de esta franqueza que la historia fluye en diversos espacios: un apartamento en Los Ángeles, un tren en dirección a Indiana, una alcoba en una casa enclavada en un ambiente bucólico.

Así, saltando en los espacios, el fotógrafo encontrará la versión del James Dean que desea compartir, aquel en donde la parafernalia queda fuera y se mantiene la persona, se deja la representación mediática y se acerca más a un sujeto común; mas, es este lado, esta versión del actor aquella que se impregna en el mito, de algún modo se tergiversan las intenciones y se aprovecha esa parte de la vida del actor para crear un misticismo mayor, para encumbrarlo de una manera particular, miramos el lado humano de aquel ser que parecía inalcanzable. Por supuesto, estamos frente a una idealización, una representación a veces curiosa, otras algo arrogante, otras más amanerada, del actor nacido en Indiana, sin embargo, en esta historia llama la atención el encuentro, la capacidad del fotógrafo para engatusar a su fotografiado, las pequeñas decisiones en donde se va construyendo la historia. Dos vidas se encuentran, recorren las calles, se divierten, se repelen, al final ceden a un sino común. Miramos entonces un encuentro entre dos sujetos en busca del éxito; asistimos a un momento en la historia norteamericana, instantes en donde vemos nacer la fama mundial de una persona, y también, por supuesto, conocemos a quien está detrás de la cámara, aquel que se deja enganchar y seducir por la personalidad de quien moriría en un accidente automovilístico.

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El diafragma regula la luz necesaria, el fotógrafo da indicaciones y camina hacia atrás, enfoca de manera precisa, construye el cuadro, la ciudad observa, los dedos del hombre aprietan el disparador, el obturador da permiso a la iluminación, la vida se petrifica en la película. Dos hombres se despiden sin saber que su historia quedará impresa en la memoria de una sociedad en busca de modelos a seguir.

Por hoy los pretextos.


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Life | Canadá-Reino Unido-Estados Unidos-Alemania-Australia, 2015, 110 min | D: Anton Corbijn|  G: Luke Davies | F en C: Charlotte Bruus Christensen | M: Owen Pallett | E: Nick Fenton. | Con: Robert Pattinson (Dennis Stock), Dane DeHaan (James Dean), Joel Edgerton (John Morris), Ben Kingsley (Jack Warner), Alessandra Mastronardi (Pier Angeli), Stella Schnabel (Norma) | CP: See-Saw Films, Barry Films, First Generation Films, Telefilm Canada, Film4 Screen Australia | Prod: Christina Piovesan, Iain Canning y Emile Sherman | Dist: Alfhaville Cinema.

36 FORO DE LA CINETECA | TE PROMETO ANARQUÍA

El verde claro antes que todo. Te prometo anarquía (2015) Dir. Julio Hernández Cordón, México.

Qué malo es pensar que es inútil vivir, el vivir así… Los Iracundos

Imágenes del poderoso cotidiano deambulando entre las ensoñaciones de una ficción, la quinta película de quien ha residido y producido cine en Guatemala; en conferencia se le pregunta acerca del título, de la anarquía, el realizador da vueltas, algunas palabras cautelosas, parece no tener respuesta o no quiere exponerla de bultito en una conferencia, no sé si condonarle esa opción, o mejor insistir en el querer saber el argumento que sustente el título, no lo sé, pero me queda claro que se resuelve, se encuentra al finalizar la historia, dialoga con cada secuencia; la forma, los encuadres tienen sus ajustes con el título, se nos cumple aquello que suena cursi, acaso forzado. El nombre surgió de un blog guatemalteco, vale la pena darse una vuelta por el sitio, quizá aporte a nuestro visionado de esta película que rescata una ciudad en donde la sangre se agota y unos falsos colmillos acechan.

Desde el inicio nos sumergiremos en el espacio y tiempo de un par de jóvenes: Miguel (Diego Calva Hernández ) y Johnny (Eduardo Martínez Peña Pelukaz), discuten para saber quién se coge a quien, después se tiran en la hamaca, los chupeteos, los besos son escuchados por una mujer que apenas se despierta en la habitación conjunta bajo una ilumuminación rojiza. Será breve y condesada la información que se nos comparta en este relato, la suma de las imágenes y acciones irán resolviendo dudas, despejando sospechas y acaso dispersando nuestra credulidad, la película nos invita a presenciar una ciudad incógnita, con escondites, pasadizos por donde los personajes encontrarán revelaciones, puentes, calles que acompañarán las cargas emotivas en cada secuencia.

Julio Hernández Cordón se confieza seguidor del cine negro, de las historias de los ladrones de segunda, aquellos que toman decisiones equivocadas y atraen repercusiones gigantescas para la mente humana. También confiesa que se desquinta con una historia de amor, una relación entre dos personas inmersa en una problemática mayor, de terror, de bajos fondos y perversiones humanas. La venta clandestina de sangre llevará a los personajes por diversos encontrones, dolores y golpes propinados por una vida traidora. Dos jóvenes de distintos estratos socioeconómicos que suelen vagar por la ciudad en su patineta, largos planos secuencias nos muestran el ambiente de ellos y su pandilla, la música apoya su andar y les da mayor presencia; una tienda para skaters y aparece Ashauri López, dictamina el momento con una poesía después de darse unas tímidas tres. El director de la película elige distintas maneras de relatar a sus personajes, se apoya en la literatura creada por jóvenes citadinos, la historia busca y encuentra referentes para contarnos algo de estos chicos, para retratarlos desde un acercamiento a la realización muy al estilo del documental; Hernández Cordón cuenta que no utiliza guión en locación, motiva a la improvisación; prefiere mantener la cámara lejos de sus personajes para tener más intimidad en la toma, para no ensuciar la representación a cuadro.

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¡Tengo que vagar tengo que vagar tengo que vagar y rodar! Three Souls in my Mind

Rostros cortados en la pantalla, contraluces, acercamientos a sus pieles y sus gestos, a las miradas de cada personaje en cada instante de este pasaje citadino, esta historia del presente convulso y violento. La narración nos conduce por espacios determinantes para los personajes; distintos lugares de la megalópolis son mostrados y también a quienes los habitan: un salón de baile y sus trabajadores; los vagoneros del metro son puestos en pantalla de una manera divertida, resaltando su unidad, su calidad de grupo, su desmán, sus trayectos e interacciones con la Ciudad; las cámaras lentas invitan a observar, a preguntarse por las vidas de aquellos que caminan gigantescos reflejados frente al espectador. También hay planos amplios que revelan a los personajes, comparten información, estados de ánimo; la puesta en escena, la iluminación, el sonido y los movimientos de cámara tienen intenciones precisas en distintas secuencias: el plano se aleja para abandonar a un personaje que se esfuerza por rodar en su patineta sobre un asfalto ardiente de carretera.

Después del casting a los personajes principales faltaba la pandilla y ésta es cercana a uno de los actores principales, los amigos del Pelukaz aparecen en la historia y se nota su buena relación, su vibra alegre, en conferencia los chavos agradecieron a la patineta por llevarlos a rolar por varios lados, uno de ellos Te prometo anarquía, dijeron que se dieron cuenta del valor de la amistad en el momento de lograr proyectos como la película, se mostraron felices al verse representados en esta historia repleta de malas decisiones; además dieron las gracias al director por la oportunidad, por el aprendizaje que se llevaron. Y sin duda el relato se impregna de esta nube de camaradería, de arriesgar el momento por una experiencia, por un poquito de anarquía en sus vidas diarias. Expresaron que la película sirve también para ir desgastando el estigma a los jóvenes, a los skaters, skatos, a veces mirados desde el juicio, catalogados como violentos, holgazanes y buenos para nada, acá, dicen, muestran que pueden hacer una película, se dejan observar por una cámara que quiere todo de ellos, lo más cercano a sus gestos cotidianos, sus palabras, sus movimientos.

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No esperaba ya más en la vida que a ti y hoy de nuevo está el sol para mí… Los Iracundos 

¿Una película que aborda el presente mexicano? Es posible, Nelsón Carro, en la presentación del 36 Foro comenta con humor matutino que los cineastas y realizadores también viven en éste mundo, experimentan el presente, les llegan las noticias de violencia, las informaciones de un desolador instante, de cambios económicos, de avances en las representaciones humanas, los roles en sociedad; Te prometo anarquía no busca evadirse de esta atmósfera, mas utiliza los referentes del presente como sugerencias, le toca al espectador completar cierta información, en otras momentos basta escuchar con atención los diálogos: un personaje hace énfasis sobre la presencia del narco en el negocio del drenado de vacas, entonces acaso conectamos con las noticias, con las pláticas a la hora de la comida, la película se acerca al presente.

Y el cine, su gran parafernalia, encuentra su representación en un curioso personaje, el más mafioso, un intermediario más en el sucio negocio del líquido rojizo. Cuando van en busca de él acuden a los estudios Churubusco, a Jhonny y Miguel les impiden el paso, esperan afuera, al salir a búscarlos ellos se burlan de su disfraz de hawaiano; después, ante el odio, impotencia, desesperación, un largo plano secuencia nos introduce al mundillo del cine tan sólo, quizá, para darle su merecido, para cumplirle la promesa del título y sospecho que esa secuencia tiene otras intenciones fuera de la historia, una referencia que espero duela a quien tenga que doler, a esos grandes producciones anquilosadas, a esos personajes de faldas rasgadas y bobas interpretaciones. 

Pequeñas acciones, breves diálogos nos cuentan de otras relaciones que también están ahí y resultan relevantes para los personajes, aún en su ausencia, las madres de ambos se hacen relevantes, tanto que al final de sus desgracias ellas están ahí, para recriminarles, para seguirlos, o ayudarles a escapar de la justicia. Una historia de tintes masculinos que, como cuenta el director, busca sugerir impunidades del día a día; una película en donde la ley, la representación de la justicia no aparece, sólo una vez y observa a Jhonny bailar en un puesto de tacos.

Julio Hernández Cordón nace un 1975 en Carolina del Norte, crece en México, Guatemala y Costa Rica, estudió realización cinematográfica en el CCC, con esta anarquía suma su quinto largometraje, antes realizó Gasolina (2008), Marimbas del infierno (2010), Polvo (2012) y Hasta el sol tiene manchas (2012).

La pasión de dos jóvenes se desborda en una habitación, sobre un mar de colchas obscuras un barco de papel navega peligrosamente esperando el naufragio evidente. Despiertan y se encuentran lejanos, inventando fantasías, raspando el tenis con la lija, prendados al pasado.

Por hoy los pretextos.


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Te prometo anarquía | México-Alemania | 2015, 88 min. | D y G: Julio Hernández Cordón | F en C: María Secco | M: Erick Bongcam y Alberto Torres | E: Lenz Claure | Con: Diego Calva Hernández (Miguel), Eduardo Martínez Peña Pelukaz (Johnny), Shvasti Calderón (Adri), Gabriel Casanova (Gabriel), Diego Escamilla (Techno), Martha Claudia Moreno (Brenda), Milkman (David) | CP: Interior XIII Cine, FOPROCINE, World Cinema Fund, Rohfilm GMBH | Prod: Sandra Gómez, Maximiliano Cruz y Julio Hernández Cordón | Dist: Interior XIII.

JORNADAS DE REAPROPIACIÓN | ANALÓGICA

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La tarde. El cielo juguetón. Las nubes sensuales. La estación del metro. El vagón. Un asiento vacío. Las miradas y una pareja. El hombre. Zapatos negros. Pantalón de nylon, suéter de lana, camisa de algodón color claro. Una pulsera de madera con diversas imágenes de santos blancos. Una mochila verde para la comida. La mujer. Zapatos de tacón color obscuro. Falda a las rodillas. Roja. Chaqueta de algodón. Blusa abotonada hasta el inicio de la línea del busto. Anteojos de metal. Cabello pelirrojo amarrado en cola de caballo. Transborde. Caminar. El desconcierto. Personas andan a velocidades diversas, licuado de ciudad. La suavicrema. El viento de Reforma. La banda patinando. Los novios platicando. El solitario divagando. El ausente conectado al celular, a los audífonos. Las escaleras. Los polis. El CCD. Una mujer en la entrada. La espera. Las Jornadas de reapropiación. Analógica. 2016.

Divagar para compartir un poco de cine alterno, del realizado por un autor en una ubicación geográfica distinta a la nuestra, tan mexicana.

Resultado de una exploración, de una pregunta ante la materia del cine, el filme, provocaciones que presentan en este programa y en las jornadas de manera general, un resultado también de nuestro paso por la humanidad, la cantidad de material visual y sonoro que se produjo y se sigue produciendo, la obra misma sin duda se inserta en ese mar de materiales, algunos ingenuos, otros con un re trabajo, una reflexión previa más allá del simple presionar un botón (que es también valioso); además resultado de nuestra relación tan cercana, cotidiana, con la imagen en movimiento; dejarse provocar por un audiovisual con propuestas como las de Analógica es también resultado de, quizá, una búsqueda, de un andar por las imágenes moviéndose en una red más que humana; en esta ocasión nos hemos reunido un@s cuantos en la sala, para experimentar la obscuridad, percibir un sonido distinto, más potente, para aislarnos… asistimos y nos permitimos una exploración que nos habla de nuestro tiempo.

El aire acondicionado en la sala provoca algunos cambios de temperatura, la pantalla recibe las luces del proyector, las obras mostradas invitan a observar al prójimo, a perderse en sus repeticiones, la muestra abre con el footage en repetición, Faded Color (USA, 2013) de Sarah Brady, el gesto repetido de una mujer, la materia fílmica superpuesta provocando sensaciones abrasivas, los colores se compenetran con la acción, el mundo que habitó y habita esa mujer de luz es uno muy parecido a éste encerrado en el CCD, el tiempo de la obra se repite, va y viene, se ralentiza, el sonido quiere provocar un desastre y de pronto la mujer mira hacia la cámara, me incluyen en su tiempo, en su estar sensual, provocador, en ese pedazo de cinta.

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FICUNAM 2016 | EPITAFIO

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Se escuchan los tranquilos pasos sobre la hierba, la naturaleza espera inmensa. Epitafio. Yulene Olaizola, Rubén Imaz, México, 2016.

Llegan los conquistadores. Tratan de comunicarse con los nativos. Un relato histórico se contará, uno de importancia mayúscula, de resultados terribles, colonizadores. Tres exploradores escalarán el volcán Popocatépetl, afianzados a sus esperanzas,  sus posibilidades de perderse, de extraviar el entendimiento; tres personajes respirando el pesado aire de la trascendencia; una escalada de inicios de la nueva civilización, aquella que quiso destruir varias deidades a su paso. La cámara se acercará a sus personajes, escucharemos sus dolores, sus anhelos, sus tiranas fantasías.

Yulene Olaizola y Rubén Imaz, cineastas mexicanos, se unen para codirigir esta historia; trabajan juntos de manera recurrente, de pronto alguien en el guión, en la cinefotografía, en la producción; en sus colaboraciones suelen acercarse a las historias desde una perspectiva que podría subrayar el instante y el azar en la puesta en escena, en el momento de la interpretación, los movimientos de cámara pretender seguir las acciones de manera fluida, permanecer para observar el momento. Y. Olaizola propuso como opera prima su documental Intimidades entre Shakespeare y Víctor Hugo (2008); Imaz por su parte presentó Familia Tortuga (2006), distintos estilos de acercarse al cine, a la construcción de la trama, mas una cercanía temática, la Ciudad, sus escondrijos sentimentales, sus pequeñas historias en donde la humanidad se rebela ante ella misma, ante su manera de habitar el concreto, de atravesar las calles; además procuraron una dedicatoria a la megalópolis en el videoclip para San Pascualito Rey: Si te vas, en donde un hombre se desarma y revuelca en las calles del Centro Histórico. Después los directores se apartaron de la Ciudad, contaron historias del desencuentro, del re encuentro personal, Cefalópodo (2010) dirigida por Imaz; Paraísos Artificiales (2011) de Yulene Olaizola, que también presentó Fogo (2012) en una versión previa de Ficunam; en Fogo se pueden observar encuadres evocadores, una fría naturaleza en contraste o complemento de una arquitectura inclinada, expresiva en sus casi escombros… un poco de esa mirada, esa forma de construir el encuadre y dotarle expresividad se puede encontrar en Epitafio. Recordamos a San Pascualito y también se hace presente en la película, la música fue concebida por Pascual Reyes y Alex Otaola, integrantes de la banda, adelante insistiremos en la producción sonora.

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Un encuentro inusitado con lo no humano, con las energías contenidas del planeta tierra, atestiguaremos las dolencias de los expedicionarios, los planos les mostrarán mínimos ante el volcán, la grandeza les hará sentirse invadidos de confusión. La fotografía no puede evadir la naturaleza, no quiere, la hace dialogar con los posibles sentimientos de los personajes. La producción de la película se realizó de manera austera en cuanto a equipo y recursos económicos. El Pico de Orizaba y el volcán Popocatépetl fueron los lugares en donde se produjo; las mismas condiciones de producción contagian el tono de la película, se perciben los riesgos, las altas temperaturas, el caminar abruma, la nieve detiene el andar, las respiraciones de los hombres intentan no agotarse, no dejarse vencer por una gélida neblina.

La subida nos comparte también las visiones de los personajes, las súbitas y desesperadas imágenes del ensueño provocadas por el ambiente. Los planos del volcán, sus relieves, nubes girando de manera sublime entre las rocas, provocan un estado de ánimo distinto, observamos a la naturaleza, un instante preciado de su curso, de su andar en los vientos, y también se perciben sus intenciones dramáticas, su juego en la historia, los paisajes se convierten en la fuerza extraña de la tierra, en la materia de esto que habitamos, este planeta, en esta galaxia. De la música se resalta su precisión, su manera de interrumpir la escena y llevarla hacia otros estados de ánimo, los sonidos se suman a la grandeza, al misticismo de la historia, el encuentro con lo otro, lo desconocido; se cruzan varios umbrales, se atraviesan estados mentales irracionales, se pisa un suelo no explorado, temido por los nativos, se llega a los territorios del peligro, de la soledad humana, del querer encontrar un sentido a la vida mediante la trascendencia.

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La expedición busca azufre, es encabezada por Diego de Ordaz, los hombres acatan órdenes de Hernán Cortez. Los realizadores de Epitafio realizaron sus búsquedas en diversos textos históricos, cartas de relación, crónicas, además del manuscrito de Bernal Díaz del Castillo: Historia Verdadera de la conquista de la Nueva España, motivo esencial al concebir la historia. Después de la proyección en Ficunam, Roger Koza celebró a una película mexicana que inmersa en un contexto violento no utiliza o cae en la violencia, y sí, acaso la violencia más cercana es la del dolor humano frente a sí mismo, la capacidad de las mentes de no darse tregua, de seguir existiendo a pesar de las pesadillas, de los otros mundos que aquejan la mente. Evoca a otras violencias, las históricas, la sangrienta conquista. Pero sin duda se aleja de una violencia gratuita, se acerca a los conquistadores de la Historia Nacional, les cuenta seguros de su empresa, valientes, arrogantes ante los respetos y las consideraciones de los habitantes nativos, de los mexicas sorprendidos por el encuentro con el extraño. Se nos ubica en otro tiempo, las pretensiones de construcción de una civilización rondan en las motivaciones de los personajes. Una historia majestuosa, de paisajes enormes, de abismos humanos inmensos, una anécdota de la Historia, de los mitos que construyen un país, dan sentido a ciertas dificultades, a problemas identitarios, mareos de la mente.

Los tres hombres interpretan las dolencias de sus personajes, cargan cansancios, pero se compensan al saberse orgullosos, terribles y capaces de dejar en rescoldos a una civilización. Los realizadores enfatizan en la idea de poder concebir su película como una metáfora de la Conquista, un proceso contado desde muchas voces, muchas cercanas al conquistador, otras resistiendo a una ola tremenda de occidentalismo. Epitafio nos recuerda siglos pasados, reconstruye memorias para conmovernos, recordar un momento cruento de la Historia Nacional, una etapa avasalladora.

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Enervado de ego, hundido en los humos de la perdición, conversando con los humores de la natura, con sus vahos, el hombre recita su designio, el coraje se apodera de su voz y declara su intención humana.

Por hoy los Pretextos.


FICUNAM 2016 | MINOTAURO

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Es algo que no somos, pero no dejamos de imaginar, de pretender alcanzar. Minotauro, Dir. Nicolás Pereda, 2016, México.

Es algo que puede dar sentido a nuestras vidas de tan atroz, tan fantástico, son nuestros concepciones del mundo depositadas en una imagen, una figura. Desde la secuencia inicial se nos avisan las intenciones de la película del director mexicano que se reúne de nuevo con el colectivo de teatro Lagartijas tiradas al sol. La cámara observará la vida de tres personas enclaustradas en un departamento en donde las palabras procuran tener el suficiente eco para arrullar los pensamientos. Hay también otros personajes, aquellos que parecen estar fuera de cuadro, que dan mimos y mantienen vivaz el espíritu de los habitantes de ese espacio de iluminaciones geométricas: cuadrados, triángulos rebanando una porción del sitio, alumbrando elementos de la puesta en escena relevantes para la historia.

En los primeros diálogos Gabino enfundando en un pijama, casi su segunda piel, recrimina por teléfono a otra persona acerca de una enfermedad que dice tener y en realidad no tiene. La vida cotidiana de este personaje transcurre un par de minutos, come algo, lee un poco y queda atrapado en un sueño que esconde cierta fatalidad, una bruma extraña se apodera de los pensamientos del personaje, los libros, las figurillas, el póster en la puerta le observan.

Los dos hombres y la mujer parecen estar atrapados en su cotidiano, la somnolencia les alcanza al terminar el párrafo de un texto, después de aspirar un poco de humo del tabaco, están atrapados entre los ruidos de su día a día, el mundo fuera del departamento sigue su curso y en la habitación la luz quiere mostrarnos el lado ensoñador de estas vidas. Mas, la luz será también su alimento, su energía momentánea, porque después de abrir los párpados el sueño se apoderará de su ser, les arrebatará sus movimientos humanos y los dejará postrados en posiciones oníricas. Perada confesó inspirarse en las personas que duermen en el transporte colectivo, en esos pequeños instantes en donde el cuerpo comienza a dejarse ir hasta estar a la orden del letargo.

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En cada plano Minotauro nos presenta momentos de una irrelevancia aparente, sin embargo, detrás de cada decisión, de cada movimiento está un interés, una búsqueda por parte del cineasta y sus colegas, se ha decidido presentar la mortuoria situación del hastío, de la desfachatada belleza del aburrimiento, los personajes parecen sentirse atrapados dentro de sus cuerpos, dentro de sus decadencias y sus breves palabras. Transcurren esas vidas en las secuencias cinematográficas y retumba el presente al sentirse citado, al encontrar en Minotauro un reflejo oblicuo que nos sumerge en dimensiones más allá de ese departamento acariciado por la luz solar; la historia es autoreferencia y también crítica de un momento; el director, después de la proyección nos cuenta un poco de dónde surge la historia: le ocupa la comodidad del gremio artístico, su manera de vivir tan ajena a un mundo, a un presente, a una realidad construida más allá de las paredes de un departamento, le ocupaba también hacer mención de ese otro mundo, ese que sale a la calle y trabaja, se gana el sueldo, Pereda se siente incomodado por su entorno y decide plantear una pesadilla, una ausencia de sentido ante la vida, un reiterado sopor provocado acaso por el exceso de tiempo libre.

Se deleita el aburrimiento en el apartamento, deja que la luz se escurra por sus pieles mientras una mujer da de beber a las plantas, los cuerpos no dejan de serlo aún dormidos, se mantienen figura, pose, muerte momentánea, el esqueleto queda rígido y los sueños se apoderan de él. Nicolás Pereda ha decido incluir diversos elementos que denuncian comportamientos de nuestro presente, la plática tensa con un dealer (acaso exista una relación entre el ensueño provocado y el efecto aletargante de los psicotrópicos); el momentáneo olvido de alguna persona conocida, el distanciamiento de los personajes a partir del silencio. N. Pereda, los encuadres y los actores y actrices nos dan el tiempo suficiente para husmear en el plano, para entramar los elementos y darles un significado.

Cuando la luz comienza a faltar entramos en la segunda parte de la película, nos movemos de espacios, estamos en otros lugares, los cuerpos ahora están hartos de sí, de serlo y de serlo así, tan dormitantes, tan pasivos, la penumbra asfixia, provoca temores en los seres que ahora extrañan la luz, los dos hombres y la mujer necesitan a cada segundo de los otros, aquellos que les lavan los dientes, les devuelven a su obligado sueño. ¿Se han convertido en su propio Minotauro? ¿Se estarán devorando a ellos mismos, odiándose hasta el hartazgo? ¿Estarán deseando acabar con su forma humana, con su respiración terrenal? ¿O están perdidos en un laberinto en donde la luz se acaba de a poco así como sus ganas de salir al exterior y mostrarse plenos, errantes, equivocados?

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De Nicolás Pereda hemos visionado Juntos (2009), ¿Dónde están sus historias? (2007), Perpetuum Mobile (2009), Los mejores temas (2012), Matar extraños (2013) entre otras películas, historias acaso mínimas contadas desde la reflexión cinematográfica, la propuesta de un cine con ganas de ser visto, de corromper las formas y acercarse mucho a temas cotidianos y contemporáneos; con Minotauro el director mexicano se acerca a un relato fantástico sin perder de vista algunas anomalías del presente. En varias de sus películas el realizador nacido en la Ciudad de México propone el desarrollo de sus historias en diversos espacios, puede ser un poblado en las lejanías de la urbe o en un departamento asfixiante apabullado por los ruidos de la calle, en Minotauro se inclina por los espacios citadinos, las soledades y los ensueños, las posibilidades surreales surgidas de las sombras provocadas por el impacto de la luz solar sobre el marco de una ventana, la angustia creada por una grieta en la pared; también, por supuesto, la angustia de esa falta de luz, del eco de las voces rebotando en los muros de un cuarto. A Pereda y el reparto de Minotauro parece preocuparles su presente, nuestros olvidos, nuestras quejas necias, las insatisfacciones en donde nos atrapamos y nos enredamos para tener un pretexto y ser inmovilidad.

Minotauro nos hace perdernos entre las sombras, nos revive y nos invita un poco de nuestro hastío, de nuestra pesadumbre citadina, nuestro dolor trivial. Una película para verse y quizá sentirse nombrado, enunciado. Peligrosos son los instantes en donde nos vemos así, insensatos, indoloros ante el presente, encerrados en nuestras astucias.

Enfermos de su ingravidez, la luz expone sus cuerpos cansados de tanto descansar.

Por hoy los pretextos.


MINOTAURO
Dirección, Guión y Edición
Nicolás Pereda
Producción y Distribución
Interior XIII
Fotografía
María Secco
Sonido
José Miguel Enríquez
Reparto
Gabino Rodríguez, Luisa Pardo, Francisco Barreiro, Elizabeth Tinoco, Teresa Sánchez