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CRÓNICA, LOS CAMPESINOS! EN MÉXICO.

F4LOS_SU_C_^_SUNDAY

De: ¡Pòlvora! Mièrcoles.

A tu ausencia.

… cuando de pronto el cansancio me alcanzó, y rendido, comencé a recordar…

Era irrevocable. Noche de marzo, calurosa, de inviernos locos. No podía quejarme más de lo normal: tránsito despiadado, claxons sonando con furia, furia corriendo por la sangre de los automovilistas; viernes, viernes y todos queriendo salir de sí, de su rutina: y todos atrapados en una hilera luminosa, ruidosa. Viernes de marzo, Los Campesinos!, por primera vez en México se presentarían en el Lunario.

Ninguna complicación para llegar, las quejas quedaban atrás. Adelante, un tumulto de gente, olor a perfumes dulces y maderas finas; cabezas con peinados relamidos y chongos suntuosos; atuendos de tonos oscuros y vestidos sensuales; alrededor del Auditorio Nacional, los vendedores ambulantes gritando: lleve la playera del concierto, la gira de Luis Miguel, eme pe tres, discografía completa de Luis Miguel. Hube de atravesar entre gentes con acceso en mano para poder llegar al sitio que indicaba mi boleto. Mientras, riendo, me preguntaba, ¿Cómo competir ante tales bombazos del gran monstruo de la mafia musical?… ni siquiera duró tres segundos en mí la duda. Pero seguí riendo con bastante alegría sólo de percatarme la disimulada audiencia que esperaba afuera del Lunario. Para mí, era algo absurdo detenerme y aguardar al intemperie: no había a quién o qué esperar… adentro del sitio, todo permanecía calmo.

Dos pantallas a los costados del escenario, repitiendo una y otra vez la publicidad y el logotipo del INDI O Fest. Me iba quedando más claro en dónde me encontraba. Poca gente ocupando el mediano espacio del Lunario. Ocho menos quince de la noche. Mi boleto guardado en la bolsa de la gabardina. Frente a mí los meseros, porque había meseros, repetían el mismo recorrido: barra- mesas- barra. La luz que daba al público, encendida. Y las cervezas se volvían rastros de embriaguez.

Charlas mezclándose en el espacio. Entre los segundos, el cansancio que provoca esperar nos invitaba a sentarnos en el suelo, mientras, en el escenario, hombres de Música colocaban sus instrumentos, sospechosamente Jóvenes y Sexys. Los que pudieron reconocerlos lanzaron un grito, los demás trataban de distraerse con cualquier cosa.

Luces del Público apagándose con suavidad, señal de que algo iba a comenzar, señal de que la gente, por cualquier motivo, iba a gritar… y gritaba, y un sonido de diminuto acordeón, casi juguete, se escuchaba en el lugar. Una canción más desde el tono femenino de la mujer con vestido negro, de franja roja dividiéndola en dos y sus cabellos anaranjados en una explosión de júbilo: nosotros somos, bueno él y yo, somos Jóvenes y Sexys… ¿los demás quiénes eran? Invitados, amigos especiales tocando la guitarra, las percusiones y el teclado.

Los de Juventud Sexual tocaron y de a poco la gente coreaba. Un último tema y la algarabía jovial paró, aplausos de los asistentes que a breves tiempos llenaban el espacio cercano al escenario.

Luces de Público encendidas, esta vez, sin suavidad. Y distraerse se volvía necesario.

Muy levemente escuchaba unas voces que debieron ser gritos entre el murmullo: él la jalaba por el brazo, ella evadía. Él gritaba, buscaba el rostro de ella. Ella luchaba, escondía su faz. El se hartó, se va. Ella duda. Lo sigue entre la gente.

Confiscado nuestro ímpetu por los minutos que pasaban, cualquier señal que presagiara algo, algo, un evento, un acorde, nos ponía atentos, a todos, porque existe una extraña conexión entre los habitantes momentáneos de una algarabía situacional. Y la señal llegó. Entre gente, de nuevo, subiendo al escenario, acomodando(se), tratando de ser lo más cuidadoso posible…

En las pantallas, figuras de trazos infantiles y colores brillantes nos alivianaban la espera: HS… resplandeciendo y comenzamos a sospechar: Hello Seahorse, la luz desaparecía levemente. Tonos electrónicos se abrían paso entre la penumbra y de súbito, quizá por la emoción acumulada, el escenario se coloreó de tonos verdes. Cuatro personas arriba, moviéndose rítmicamente. La dama a cargo de las cuerdas vocales nos incitaba, nos ponía a tono y ella brincaba, agachaba la cabeza, en desparpajo agitaba sus cabellos naranjados. Canciones sucedieron entre aplausos y un sonido que se empeñaba en ser pésimo. Más cabezas cerca del escenario. Y Bestia, fue la canción con que hubieron de prender nuestras motivaciones. Escuchando la primer estrofa los recueros nos(me) llega(ste)ron. La canción fue coreada hasta satisfacer nuestra calidad de melancolicoides, y suspendidos en frecuencias piadosas nos manteníamos prendados a la sutil satisfacción de haber arraigado en nuestras entrañas un recuerdo-vivo, inamovible… Una canción más, y Hello Seahorse se despedía. Bajo una luz cenital se esparcía la última nota, dejándonos varados en una repentina emoción.

Ya la gente se confundía y no era gente, éramos público, uno, en singular, nos volvíamos unión por el mero hecho de estar en la misma acción.

Una misma acción: la de mantenernos atentos a cualquier suceso en esa sala de luces ambar, de barra grande, depósito de bebidas doradamente embriagadoras. Música desde las bocinas hacia nuestro latir. Calmos, ahora, todos calmos, esperando dentro de esa prorroga para nuesto ánimo.

No age, así, repentino, entre reververaciones de sonidos que encerraban el lugar en una burbuja de rocanroleras motivaciones. Bateria, guitarra, baterista, guitarrista ocupando el lugar bajo las luces, siendo rudeza, transmitièndola al público que ya brincaba y sudaba y los cabellos húmedos en el aire. Canciones breves, de sonidos punk, golpes contundentes de batería. Problemas técnicos para no variar en la rutina de la noche. Cuarenta y cinco minutos de brincos, de cabezas diciendo “no”, diciendo “sì” con fuerza. Eraser una de las canciones más coreadas: puños en al aire, gestos apretados, de ojos pequeños y arrugas en al frente, No age se mostraba pleno, con algunos gracias en un español averiado. Una última canción y de pronto, entre el río de gente, Randy Randall dejaba navegar su guitarra. Todos querían tocar tan preciado objeto, sensualidad de curvas, historias guardadas… unos instantes después, un minuto entre el público, y la guitarra regresaba a su dadivoso dueño sólo para tocar la canción final.

Encendidas la luces, justo era salir del precipitado ambiente creado cerca del escenario; los cuerpos caminaban hacia un sitio de menor bochorno y las consecuencias eran transpiradas hasta dejar marcas húmedas en las ropas.

A partir de ese momento, los minutos se abonaban a la cuenta ansiosa. Y la espera devino en sorpresa cuando de imprevisto y con gran naturalidad, Los Campesinos!, caminaban sobre el escenario acomodando sus instrumentos, jalando cables, comunicándose con los técnicos, platicando entre ellos. Se alargó el momento. Las complicaciones técnicas se manifestaban casi de manera necesaria. Más tiempo. Parecía todo listo. Los integrantes de la banda en el escenario. Sólo faltaba el ingrediente especial: las luces. Y no era momento aún. Uno a uno fueron retirándose después de probar sus micrófonos: batería, guitarras, teclado, bajo, voz principal, violín. Nadie frente a nosotros, y ahora, extrañamente, le gritábamos al espacio vacío, fascinante evocación.

Yo seguía ahí. Observaba. Trataba de no tomar apuntes. Memorizar, pero me fue imposible y entre la imposibilidad la oscuridad ya se apoderaba del lugar, las sensaciones se acumulaban en la barriga, en la manos queriéndose agitar en al aire. Y comenzaba:

Los Campesinos!, tomaban sus posiciones. Playeras de varios colores, de muchachos en día de campo; vestidos de tonos pastel, ajustados; mención especial para los shorts y el torso desnudo del baterista. Un sonidito extraño de sintetizador y la canción nos sonaba conocida, sentíamos estar en el sitio correcto: This is how you shell “hahaha, we destroyed the hopes and dreams of generation of faux-romantics”, sí, espero no errar, pero esa fue la primer canción y los pies ya bailaban. Una interpretación más y de acento raro, un buenas noches, muchas grazias, nosotros somos los Campesinos!, nos invitó a la danza alegre. Porque eso transmitían desde la primer tonada, alegría, jovialidad que ellos bailaban, todos desde su percepción de la noche, mostrándonos su particular manera de gozar la música, el evento. Parecían estar ensimismados, cantando y brincando alocadamente en el breve espacio que dejaban siete cuerpos, más los instrumentos, en el entarimado; acariciando la cuerdas de violín; moviéndose al ritmo de la guitarra, alcanzando los acordes correctos; presionando las teclas de un sintetizador pequeño; acomodándose con frecuencia en el banquillo frente a la batería; moviendo parsimoniosamente los dedos sobre las cuerdas del bajo; todos en su labor. Entonces una mirada bastaba para reflejar su compenetración, eran cómplices.

¡Y bárbara!, la demencia expresada por el vocalista de brincos y movimientos desenfrenados, de un lado a otro, siendo el líder, la energía a seguir. Gran parte de los presentes seguro dedicaban sus miradas a él. Gritando, desgarrándose en cada canción, en Death to Los Campesinos!, siendo maravillosa contraparte de la femenina voz que aderezaba la melodía y todos los integrantes detrás de sus micrófonos acompañando con desparpajo. Y ahí nosotros, todo movimiento. Acabada una canción, aplausos, y volvíamos a la conexión, Dont tell me to do the math(s), nos volvía a encender, no había tregua y no la queríamos, sentíamos la necesidad de seguir correspondiendo a los sonidos. Drop it do eyes, cerraba los ojos y la voz femenina me conducía por la pradera de la noche; párpados abiertos y seguíamos todos saltando en un suelo que nos pertenecía. El bajo nos invitaba a contonear los hombros, la batería ruidosa ya nos volvía temperamento. My year in lists: procuraba no cantar para no parecer errático, pero aún así los sonidos se escapaban de mi boca, one, two… las canciones pasaron. Los grandes éxitos se iban almacenando en la memoria,…And we exhale and roll our eyes in univision. Todos los instrumentos entrando en unísono por nuestros oídos… coreábamos: And we exhale and roll our eyes in univision, y ya acababa la canción.

No habìa ni que dudarlo. Seguro sería una de las últimas entregas. Y lo fue. Ánimo, energìa, fuerza, poder, palabras repetidas en esto que cuento se volvieron una cuando comenzamos a sospechar los acordes de la siguiente canciòn: You! Me! Dancing!, la cordura no tuvo espacio. El vocalista se introducía entre los abrazos del público, cantaba junto a ellos, y ellos le cargaban, lo elevaban y todos contentos, riendo, disfrutando el momento, its you, its me… ya éramos nadie, por un instante perdidos sin encontrar, todos ahí sin saberlo, me lo decian sus risas, los abrazos, los ojos brillando; manos arriba, brincos, brincos, frente en alto, cabellos de derecha a izquierda con gran rapidez; una canción para bailarse con enorme pasión, eràmos TÚ YO BAILANDO, BAILÁBAMOS, BAILAMOS…

Una canción más.

El público lo pedía.

Y hubo una canción más.

Me pareció la adecuada, la mejor para finalizar la noche campesina.

Sweet dreams, sweet cheeks.

Y los apluasos acompañaron el bajeo. Coros. Cantamos. Sudamos. Pretendíamos dejarnos plenos ahí, con esa última canción. One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone… lo último que escuchamos de Los Campesinos!, mientras se mostraban francos frente al escenario, arriba de las bocinas, con las manos alcanzando un poco de nuestro vaho que rondaba por el techo del lugar, gritando más allá de ellos y nosotros. La ALGARABÍA nos tomaba por sorpresa y de la música en aquella noche sólo quedaban rumores.

Noche.

Pasos lentos en el pavimento. Grillos cantando. Luna despertando.

… y de tanto recordar, cansado estoy.

ANIMASIVO. WORLDS IN FLUX.

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La banda de The Spacefarm se lanzó a la inauguración del ANIMASIVO, el foro que como parte del Festival de México del Centro Histórico trae a la ciudad propuestas de vanguardia en materia de animación. La apertura estuvo a cargo de SEMICONDUCTOR, y la verdad es que les recomendamos ampliamente este foro pues está muy completo. Quienes tuvimos la oportunidad de presenciar esta inaguracion con los trabajos de este dúo inglés conformado por Ruth Jarman y Joe Gerhardt, fuimos testigos de la calidad de su trabajo. Worlds in Flux. Retrospectiva de Semiconductor es una compilación de lo mejor de los trabajos del colectivo británico y para quienes no pudieron estar o simplemente estén interesados en conocerlos visiten su sitio: www.semiconductorfilms.com y visiten también la página del festival pues estos tipos estarán dando un curso de animación a partir del lunes 16 hasta el día 20, la página del festival es www.festival.org.mx y el contacto para la inscripción al curso es animasivo@festival.org.mx métanse pronto porque los lugares son muy pocos.

THE MOODWALL POR URBAN ALLIANCE.

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Por: Cousin Leo

Urban Alliance (Colectivo arquitectónico multimedia), recientemente ha finalizado the moodwall (la pared de los sentimientos): una instalación interactiva de luces de 24 metros de largo en Ámsterdam.

Situada en un túnel peatonal, esta pared interactúa con los peatones, mejorando la atmósfera en el túnel, alegrando el estado de ánimo de las personas y haciéndoles sentir más seguros. Esta pared interactiva está compuesta por 2500 LEDS detrás de una pared semitransparente. Las curvas en la pared les vuelven inconvenientes para los grafiteros y mejoran la visibilidad al sitio.

La pared está extendida horizontalmente, permitiendo que las imágenes tengan mejor vista de costado, estimulando al espectador a verlas desde afuera del túnel. Esto ayuda a que no se convierta en un lugar para cotorrear.

The moodwall es un piloto para una pared de 70 metros de largo propuesta por Urban Alliance (en colaboración con Daan Hartoog), la cual ganó una competencia de ideas para mejorar el espacio público de la socialmente insegura área de Ámsterdam, Bijlmer.

Urban Alliance es una colaboración de:

Studio Klink http://www.studioklink.com/

Illuminate http://www.illuminate.nl/

Cube Arquitects http://www.cube-arch.com/

viahttp://www.yatzer.com/feed_1532_the_moodwall_by_urban_alliance

EN DONDE HUBIERON DE ESTAR THE MYSTERY JETS.

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De: ¡Pólvora! Miércoles.

a ti, porque mueves los píes.

Ruidos de neumáticos rechinando sobre un asfalto ardiente.

“Disculpe, ¿Dónde queda el Vive Cuervo Salón?”

Sin perdernos, sólo con problemas de ubicación. Los boletos habían sido obtenidos desde la primer noticia. No recuerdo si lo leí en alguna página de internet, o en el blog especializado en música sabrosa, o si me lo dijo algún amigo friqui. En cualquier caso la compra fue rápida y sin concesiones, nada se atravesaría entre el concierto de una de mis bandas favoritas y las ganas de enviarles sus tonadas entre toda la fanáticada presente en el concierto.

Dos. Mi colega y yo, (porque somos colegas, más que amigos, nosotros nos relacionamos mediante códigos empresariales, de producción, distribución y consumo: una chica, el verbo (producción), tiene una amiga, yo tengo un colega, tomemos unos tragos (distribución); vayamos a mi, o su apartamento dependiendo el caso y veamos qué pasa (consumo)), sospechamos el camino nos presentaría obstáculos: extremamos precauciones, con guía rojí en mano, direcciones, teléfonos, celulares con créditos, jarritos de piña y tamarindo, sangüiches de jamón y queso manchego, todo para buscar el lugar. Y sí, por imposible que parezca, no lo conocíamos.

“Pues mire, agarre todo derecho sobre esta hasta llegar a Moliere, y ahí está, seguro lo ven…”

“Gracias. Buen día, que la magia de la tarde le brinde una espléndida lluvia de energías positivas”.

El rostro del hombre lo dijo todo.

Llevábamos gran tiempo de ventaja y estábamos a un todo derecho de distancia, ya nada nos detendría. Viernes 21 de febrero, ocho treinta de la noche. Nada podía fallar.

7: 30 p.m. En mi reloj.

7: 45 p.m., en mi reloj y habíamos llegado. No compramos el pase de estacionamiento así que la búsqueda de un lugar, un hueco, un espacio al tamaño del pointer colorado se tornó ardua. Lo encontramos y decidimos alivianar nuestras ansias bebiendo los jarritos y degustando los emparedados. Procuramos guardar todas nuestras ganas de gritar y no pusimos los grandes éxitos de los Mystery mientras aguardamos; en remplazo, decidimos alebrestarnos con Can`t Stand Me Now, y la nostalgia nos vino entre ventarrones de imecas y brindamos en honor de The Libertines.

Nos sentimos un tanto nerdos y ñoños acabada la última gota del jarrito. Ocho en punto en nuestros relojes, una vinatería frente a nosotros, una cerveza oscura en nuestra mente, saliva debajo de nuestras lenguas.

Terminada la tercer cerveza y con las ocho menos veinte en la voz del locutor de radio nos alistamos para entrar al sitio. La gente ya se formaba en la entrada. Una fila considerable. Chicas considerables. Novios considerables. Consigna: pensar estrategias de ligue y nunca dejar de cantar, bailar, prender el cuerpo con la música de la banda, de ellos con todo el ímpetu de hacernos volar entre sus aires, de convertirnos en aves de su cielo musical.

Sabíamos lo prohibido de las cámaras fotográficas y los cigarros, en tal situación tuvimos que hacer uso de nuestros conocimientos de magia y escondimos, en la entrepierna, cerca, muy cerca de los huevos, mi cámara de ocho megapixeles, que seguro serán muchos y se verá bonito, todo con el afán, loco afán de presumir a mis coterraneos y pobresdiablos amigos mi asistencia al concierto de los Mystery. Con la cámara y los cigarrillos enhuevaos, nos anexamos a la fila.

Avanzaba lento y sospechábamos iba a tardar. Y tardó. Realizamos un malabar extraordinario para sacar de mi entrepierna un cigarrillo… La última bocanada y la fila no se había movido dos cuerpos. Todos presumían su emoción y trataban de despeinarse lo más posible. Yo evitaba no enamorarme de alguna mujer esbelta. Mi colega, despacio, echaba un vistazo desde el inicio de la fila, hasta el final: daba vuelta a la cuadra, el ánimo no cedía a la espera, desesperante espera. Ya no me preocupaba mi aliento alcohólico. Mascaba un trident de fresa.  La colilla del cigarro seguía inmóvil en el sitio en donde el colega la había desamparado. Las ganas de una tercer cerveza me inquietaban… comenzamos a caminar. Oportunamente, al ritmo del ocaso, los vendedores de recuerdos, extensiones de memoria, memorias fribolizadas, deseos de tener, comenzaban a llenar las banquetas. Debía prevenirme, por si acaso un quizás, un encuentro amoroso con una beba linda:

“Doñita, unos chicles, una tutsi y… ¿quieres algo?… nada más…¿cuánto es?”

Doñita, daba pasos lentos, cargando su cajón de madera bien ordenado, organizando los chicles por sabores, los cigarros por marcas, dulces, chocolates.

Pocos cuerpos antes de la entrada saqué el tesoro de mi chaqueta. Los boletos olían a cuero, síntoma de haber estado tanto tiempo guardados.

Entramos.

El fornidazo ni siquiera se dio cuenta de la cámara y los cigarros, el sitio de escondite resultó un éxito.

Adentro. Espacio oscuro. Zumbido de gente. Pasos de un lado a otro. Caja de resonancia emocionada. Alistados todos para el encuentro anhelado. Las nueve señaladas por la aguja de mi Casio clásico. Música de fondo. Música superficial que no entra en mis venas, que se queda en la piel, que rodea mis oídos y se mantiene dando vueltas en ese caracol de ciudad que son mis oídos de flamante humanoíde del sur. Música de fondo y algunos bailaban al ritmo Always Where I Need To Be, interpretada dulzonamente por The Kooks. Algunos abuchearon la selección en turno. La luz mostraba meros contornos, figuras de espanto, peinados explotados, brazos largos, ojos gatunos en constante expansión. Una guitarra, un pandero, la batería entraba sólida y los platillos animaban nuestros movimientos de pies, la voz nos chillaba que agitáramos los caderas, la guitarra se tornaba desquiciada, todos con la cabeza diciendo sí, un gran resorte en el cuello, algunas damas ejecutaban un sube y baja de hombros muy seductor al mismo tiempo que flexionaban su torso en dirección al suelo de duela, yo miraba, las puntas de mis pies coincidían en ritmo con las de mi colega, en el salón: Salute Your Solution, de, The Racounters.

Las luces fueron descendiendo hasta la oscuridad. Los chiflidos, “a ver a ver a quioras”, resonaban en los cuerpos cada vez más ardientes. Todos cada vez màs alerta, más vivos. Dudas. Las nueve en mi reloj. Las pequeñas fulguraciones de las luciérnagas celulares nos alumbraban un poco la penumbra. El ruido de los presentes bastaba para no oír con certeza lo dicho por el colega. Éramos miles, dosmiles posiblemente. Nuestra estatura mediana nos concedía la facilidad de ubicarnos a mitad del gran salón. Oscuridad aún. Aplausos, chiflidos, aires, babas chocando, saliendo de los labios del de junto, del de atrás, de todos. La música calló. Aplausos, gritos, tiempo congelado, piel erizada, ansias gallina. Ruidos. Murmullos. Chiflidos. No nos podían hacer esperar más. Un silencio involuntario entre nosotros, y reconocimos el inicio:

Entró ruido de sirena de ambulancia, de patrulla, reconocimos el sonido varias veces repetido en nuestros reproductores de música. Sintetizador abriendo pista, oscuridad aún, el bombo se escuchó se encendieron las luces y ellos estaban ahí, arriba del escenario Blaine Harrison con una extraña pose al frente de la agrupación; abajo todos brincando, siguiendo el bombo. Blaine nos comenzó a cantar, ya todos prendados a sus instrumentos, ya todos coreando: Hideaway, oeo eo eoooo... de todas las canciones, me parecía la más adecuada para iniciar el concierto. Los cabellos alebrestados del Blaine se mantenían así debido a su poca movilidad. Los demás actuaban, interpretaban la canción que ya terminaba. El colega y yo luchábamos para no ser aplastados entre el tumulto que nos tomó por asalto, todos arremolinados hacía el escenario, alzando las manos, desentendidos del espacio, la espera había terminado y la primer canción también. No hubo espacio para presentación y nuestros cuerpos se encendía, sacudíamos el tedio y gritábamos de emoción, todos, vueltos uno, un grito, un ruido inentendible y la voz completamente agradable de Blaine nos hizo estremecer, And he’s half in love with Elizabeth…gritamos, gritamos, gritamos, la conocíamos y acompañamos la frase, el coro. El bajo sonaba poderoso, fuerte, nos unía más, más; atentos. La batería con sus espasmos delicados nos hacía conmemorar el gran éxito de la banda, the bubble will (platillo agresivo sonando) burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst. Agresivamente rematábamos en nuestra tarola imaginaria ubicada en el viento... And he’s half in love with you.

Luces en el escenario. Un “gracias buenas noches” bastante averiado, aprendido unos minutos antes. Las demás palabras de bienvenida fueron en un inglés sin residuos de español. The next song….The boy who ran away. Unos pasos atrás. Toda la agrupación lista. Coros. Luces de escenario tenues. Nuestros movimientos eran más cadenciosos hasta la mitad de la canción en que todos bailamos con el coro la lalo lalo. Los instrumentos sonaban nítidos, los sonidos extraños de la guitarra me sorprendían y me provocaban una sonrisa. Los celulares al aire. Podía observar el concierto desde las pequeñas pantallas, la imagen se movía, recordé entonces la cámara en mis bajos y rápido y ágil la saqué, no me importó la prohibición y retraté a la banda en todo su esplendor. Todos debían saber de mi hazaña. Capturaba, dejaba entrar la poca luz por mi aparato electrónico, extensión de mi astucia y remembranzas… acababa la canción. Una pausa y ahora sí comenzábamos a reconocernos, dentro de ese espacio cada vez más reducido por los calores y los vientos áridos penetrando nuestras ropas. La insatisfacción de ser solo, de ser amigo, de ser colega, en ese momento se borraba, eran los Mystery Jets arriba del escenario.

Tomé mi celular. Ubiqué el número y lo alisté para el momento preciso, el ataque certero y mordaz, ella caería, debería decirme que sí, que era muy lindo mi gesto, que de haber podido hubiera venido.

Y ése no era el momento, ellos, arriba, con sus ánimos alimentados por nuestra fuerza lanzada desde nuestras pupilas, ellos, ellos tan esperados y rufianes. La batería redoblaba rápidamente, la guitarra acompañaba de maniática manera (nunca he sabido cómo llamarle a ese sonido de la guitarra; en tal caso, maniática me viene bien…) Don’t tell anyone

Don’t tell anyone
Don’t tell anyone

me gritaban, me ensuciaban el recato, me hacían mucho más bailador entre la gente. El sujeto del bajo se mantenía espasmódicamente apacible (buscaba ser más rimbombante para ser interesante). Las cuerdas del bajo iba y venían entre los dedos de Kai Fish. Platicaban entre ellos, muy a su manera, con ese lenguaje de ojos, de músicos, acercándose el uno al otro, o el otro al uno, restregándose los sudores jugando al coqueteo… hubieron de evitarlo al terminar la canción MJ con ese dramatismo (por no decir tono darky) que le impregna la voz y los instrumentos en una constante repetición de notas.

Luces Tenues. Apestaba a romance. Solo. Mujeres a mi alrededor. Un reflector iluminaba el centro del escenario rectangular. Un banco de patas largas se observaba. Blain caminaba con un poco de esfuerzo hacia el banco. No se veía nada más, todos respetamos su paso. Cumplida la misión, el tiempo pasó entre un aroma de fragancia floral. Instrumentos acústicos se mostraban entre la penumbra, Ageless ya enamoraba a los presentes, brazos rodeando la cintura de damas delgadas, rechonchas, bien dotadas, brazos de hombre sosteniendo la incapacidad de ser vulnerables, falibles, ocurrentes. Se hizo pausa. Livianos. Cadencia.

Algo dijo el vocalista, no le entendí, mi inglés es malo, no pasa de chiclosear en la boca las letras, las palabras cantadas por esos sujetos flacos, son flacos, de atuendos raros, me enloquecen sus verdes, sus rojos, el saco amarillo del vocalista, los zapatos rojos del bajista. Estoy enajenado. Y sigo sin entenderle al vocalista, pero apenas escucho el bajo, muy familiar y me apresuro para marcarle…

Buscar contacto, nùmero, marcar, espera, entra la llamada, tono tono tono:  ¿bueno?, sólo escucha, esto es para ti…

Ni siquiera supe si esperó en la línea, yo coreaba, junto con los Mystery, para que me escuchara,

If I only knew your name

I’d go from door to door
Searching all the crowded streets
For the place that I once saw

El celular arriba, chocando con otros, reteniendo el momento, todos èramos felices, cómo no serlo con un ritmo tan deleitoso, One Night of Love

Nothing more nothing less (se aceleran mis latidos con la batería)
One Night of Love
To put my head in a mess
Is that you on the bus?
Is that you on the train?
(quisiera que estuviera aquí)
You wrote your number on my hand
And it came off in the rain
(espero escuche)

(tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu…..)

No importó que no fuera con Laura Marling, igual, es la canción, el estribillo meloso me vuelca los sentimientos y se ponen solidarios con la desazón.

Esto está por terminar.

Tis is de last song, tenquiu, medio entendí entre todos los murmullos. Y los murmullos fueron acallados por un rico y sabroso ritmo, You Can`t Fool Me Dennis, en serio, no lo puedes hacer, no, es tu culpa, eres tú, fue por ti, fue sólo un pretexto, ese concierto, esa noche, lo sé, lo sabemos, los Mystery Jets parecían saberlo, lo suponía por su manera de dejarse francos en el escenario, pero esto no sólo trata de amor, no, no ese pasado con que te rememoré, esto que ahora cuento, esto, no es sino eso, un sino, mi sino, mi manera de quedarme prendado a ti, es la música, son los Mystery, es todo. No es de amor, es de decir  y hacer, es de todos, es, un poco de dementes.

Luces apagadas.

El público pedía otra, otra, otra… una estupenda y maravillosa interpretacion de Purple Prose terminó de hacernos inmortales por cinco segundos. Batería, batería, coros, coros, coros, voces, brincamos debíamos esforzarnos, estaba por terminar, debíamos gastar toda la energía, toda, toda, toda.

Luces encendidas, técnicos levantando instrumentos. Mystery Jets yendo tras escenario, alzando ambas manos, con la imagen clásica: botella de agua en mano derecha, toalla blanca en la izquierda y haciendo la señal de adiós.

Entre roces, calores llegamos a la puerta, algunos ebrios no dejaban de entretenernos con sus historias, con sus lloriqueos, con sus estuvo maravilloso, ahora puedo morir, y  el revólver de la noche nos ponía el cañón en la cabeza.

Subimos al auto. Éramos colegas. Debíamos buscar un bar. Una cerveza, un pretexto para olvidar que quizá eso pudo haber sido un sueño.

FIESTA DE LA CANDELARIA.

De: Shibboleth Olvera/ Guacamaya.

Te bajas del autobús y definitivamente sientes el ambiente de la fiesta: la “Fiesta de Tlacotalpan”; hay gente por todos lados y eso que no están los de RBD grabando la novela….el clima es templado, un poco de calor pero el cobijo de las nubes lo hace agradable. Caminado hacia la plaza Agustín Lara veo una turba blanquiroja venir hacia mí, los rostros tensos, asustados, llenos de adrenalina me dicen que tengo que poner mi humanidad a salvo de algo…(escucho gritos, risas agitadas, percibo nerviosismo)…es un gran toro, mide como 1.70 y se ve muy saludable, cuelga un número de su oreja, de primera impresión me atemoriza. Si ese muchacho dejara de latiguear su cola, no sentiría ese impulso por corretear a las personas, ah pero ése es el chiste.

Instintivamente caminamos hacia la izquierda y un pequeño escenario presenta un grupo que toca a ritmo de salsa; el ambiente comienza a subir de intensidad y apenas son las dos de la tarde; seguí caminando y topé con un escenario más grande, con inflables en forma de latas de cerveza  que parecen tocar el cielo, tal vez ahí estén los soneros, ¡oh no!, no es así, se lleva a cabo un concurso, no es que sea chismosa pero me voy a acercar… son tres chicas y tienen un ardua misión: mover el culo a ritmo de reguetón, una de ellas exagera sus movimientos, pone un semblante de perro en brama, se mofa, prende al público, lo invita a aplaudir, esto me recuerda más al puerto…

…hay que seguir buscando son, voy por la calle paralela al Papaloapan, aquí los jinetes presumen las habilidades de sus caballos que han sido entrenados para bailar, cloc, cloc, se escucha su zapateado de herradura, su jinete ha perdido un poco la elegancia, se ve que dos o tres latas de cerveza le han robado el equilibrio y la vergüenza.

He llegado frente al hospital donde se ha hospedado una feria tradicional, con caballitos de carreras, algodones de azúcar, juegos de aro, etcétera; atravieso la feria y llego a la Casa de la Cultura, desde afuera se escucha el trinar de las jaranas, mi corazón se levanta, entro y veo fotos del “Güero” de la familia Vega, avanzo y efectivamente aquí está el encuentro, hay como 80 personas, ¡qué suerte la mía!, en el escenario se encuentra Don Angrés el“ Güero” Vega, está siendo entrevistado, le han preguntado cómo llegó a Mono Blanco y responde: –“llegó Gilberto cuando estaba conrtando la caña, llegó como a las tres o cuatro de la tarde, yo estaba todo tiznado, pero así tenía que ser el saludo” el entrevistador le ha recordado ese día cuando le han preguntado si le gustaría salir de gira, el Güero responde: –“me pregunto sí, o no, o sigo con el yugo”, (lágrimas han invadido su ojos), aplausos del público. Pide una disculpa, nos comparte que el sentimiento le viene porque le recuerda a su padre y continúa: –“yo soy una persona huérfana y crecí como un judío, caminante, errante, sin saber leer porque antes no se podía” , su entrevistador le dice que a él ni falta le hace y el Güero cierra respondiendo: -“Sí necesito saber algo…yo sabiendo leer más sería otra cosa en la música”, aplausos del público y don Güero nos complace con una melodía en su requinto, al finalizar sube toda la familia Vega quien nos ha deleitado con sones tradicionales como el Pájaro Cú, que al ritmo del zapateado que se lleva a cabo en la tarima ha enamorado a un público que atento y emocionado ha quedado.

En la noche la fiesta crece, todo el mundo ya entonado toma su jarana y se dirige a la Plaza de Santa Martha  y Agustín Lara ya sea a escuchar un grupo de son o bien, endulzarse el oído con  la poesía de un decimista. Ya entradas las doce de la noche los escenarios se vacían y comienza el verdadero fandango, los artistas bajan de las tarimas y se juntan en las calles donde se ven pequeños círculos de jaraneros tocando, trovando, viviendo, sin importar más que la fiesta, la convivencia, nada importa ni siquiera el viento que en ocasiones mueve mi cuerpo, y el sereno que no ha parado desde las 4 de la mañana y que ha refrescado y que me ha enamorado.

Aquí he encontrado a muchos conocidos y queridos como los Soneros de Tesechoacán, están quedándose en una casa, en colchonetas, todos por igual, en comunidad, con esa dignidad que caracteriza a Veracruz. Qué irónico (o yo diría: poca madre), cómo los funcionarios, los organizadores también vienen a disfrutar del encuentro hospedados en los hoteles más caros de Tlacotalpan como si ellos fueran los artistas, ah qué bonito, pero ellos ya cumplieron, le han dado al pueblo su maravilloso encuentro (que poco a poco se van viendo tintes de carnaval y no de encuentro).

Aquí queda una reflexión, todos los soneros van al encuentro a seguir difundiendo nuestra historia cantada, éste hermoso legado que llega después de la conquista, me atrevo a decir que ellos conciben el fandango sí como una fiesta, pero una fiesta para conocernos, para convivir, para compartir poesía, cortejos, risas, tristezas, chismes, melancolías; fiestas con reguetón, culos moviéndose hay por todo el país, en todas fechas, pero un encuentro de éstos hay que saberlo valorar, porque va más allá de unos tragos y un bailongo: es nuestra identidad, es nuestro México puro que debemos impulsar, conocer, admirar, valorar, las personas tenemos un tiempo muy corto en este mundo, por eso hay que cuidar a nuestros sabios maduros quienes no sólo nos acortan el paso con sus consejos sino también son la cara de nuestro pueblo. Basta de folklorizar nuestras fiestas, de apoyarlas porque sale un varo, porque sale la peda, si las autoridades no saben darle el lugar a nuestra gente hagámoslo nosotros al menos conociendo nuestro orígenes y dándole el lugar que merecen a mis soneros libres; antes de la vida, del pueblo, de la tierra bendita su más grande tesoro.