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BARBIE: 50 AÑOS DE HISTORIA, MODA Y DISEÑO

Texto y Fotos: Tannia Lor.

Mientras en E.U. Mattel celebra los 50 años de Barbie con el lanzamiento de una versión moderna de la primera Barbie que se venderá a tan sólo 3 dólares, el mismo precio con el que salió al mercado en 1959; en la Ciudad de México la celebración se da en el Museo Franz Mayer con la exposición Barbie: 50 años de historia, moda y diseño, en la que se exhiben algunos de los diseños más populares de esta polémica muñeca.

En este recorrido puedes encontrar el modelo de la primera Barbie, creada por Ruth Handler, co-fundadora de la empresa de juguetes Mattel, que dio a conocer a Bárbara Millicent Roberts, nombre completo de Barbie, llegada a los anaqueles un 9 de marzo de 1959.

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Enfundada en un traje de baño a rayas horizontales blanco y negro y con su pelo atado en una elevada cola de caballo, el ejemplar de esta muñeca, el más caro del mundo, abre la exposición. Siguiendo este recorrido podrás encontrar una muestra de las diferentes razas y culturas del mundo con las que Barbie ha logrado traspasar fronteras.

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También presentan modelos de Barbie con sus primeros oficios en donde la muñeca va rescatando diversos momentos, históricos, políticos, artísticos, sociales y culturales de las épocas. Así como, el vínculo que a lo largo de su existencia ha tenido con la moda y los grandes diseñadores del mundo.

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Puede ser que por su rostro pintado a mano, por la colocación cabello por cabello de su abundante melena que reúne en su proceso de fabricación y creación lo artesanal con lo industrial, o al esfuerzo de mucha gente involucrada en su creación, que se le otorgue el un valor artístico en estos 50 años. Y a pesar de la polémica historia de su imagen física y estéticamente perfecta, Barbie sigue y seguirá reuniendo generaciones que jugaron y jugarán con ella.

Esta exposición se presenta en el Museo Franz Mayer ubicado en Hidalgo 45, en el Centro Histórico y estará abierta al público del 10 de marzo al 10 de mayo, de martes a domingo en horarios de 10 am a 5pm. Descuento a estudiantes con credencial.

Y SE HIZO REALIDAD RADIOHEAD.

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Por: Heber Zabdiel/ Cabafox.

Todavía recuerdo aquella anécdota de la primer visita de Radiohead a México en el 94, de la cual prácticamente nadie se dio por enterado; ni ruido hubo porque realmente en aquel entonces Radiohead no era lo que es actualmente. Sin embargo, ahí están algunas pruebas fehacientes de que efectivamente estuvieron aquí hace exactamente 15 años, dando el rol por distintas ciudades y lugares de nuestro país como por ejemplo Guanajuato, Pachuca (Ojo de Agua), Toluca, la Ciudad de México (La Diabla, Bulldog) y quién sabe dónde más. En esos dìas se encontraban promocionando la salida de su EP My Iron Long y las rolas de su álbum debut, el Pablo Honey. Se realizaron distintos toquines, estuvieron en la legendaria estación de rock de nuestro país ROCK 101 y hasta firma de autógrafos hubo y muchos afortunados tuvieron la posibilidad de conocer y tomarse fotos con los integrantes de esta banda. Envidia total para todos aquellos que ahora no pueden más que conformarse con verlos en sus masivas presentaciones en vivo. Es curioso también que la gran mayoría de nosotros, gente de mi generación y más abajo, no podíamos creer que en aquel entonces Radiohead hubiera venido, todo se quedaba en meros rumores, una leyenda urbana. Se contaban cosas como que sí habían venido, pero que no les gustó para nada México; que los trataron mal desde que llegaron; que tuvieron muchos problemas; que Tom Yorke se había molestado porque en un bar en el que estaban un día una bailarina exótica había decidido moverse cadenciosamente al compás de Creep; que les habían caído mal unos tacos de carnitas; que al llegar a México se habían peleado los integrantes, etc. Por tal motivo todo parecía suponer que esto había sido un mero mito. Así mismo, las generaciones posteriores a la de éste que escribe, ni siquiera se podrían imaginar que una banda como Radiohead ya hubiera pisado tierra azteca.

En Octubre de 2008 se anunció en distintos medios del país que Radiohead se presentaría en México los días 15, 16 y 17 de marzo de este año. Cual chisme de lavadero, no se hicieron esperar un gran número de especulaciones que levantaron las esperanzas de miles de fans y no tan fans que anhelaban la confimaciòn de dicho anuncio y que el gran sueño fuera hecho realidad. A los pocos meses se hizo oficial la noticia y en diciembre del mismo año ya se habían puesto a la venta las entradas para solamente dos fechas confirmadas en el Foro Sol de la Ciudad de México. Los precios para dicho evento eran disparados en plena entrada de la crisis mundial y en días navideños donde el más jodido gasta hasta por los codos. Para mí, esto era una manchadés, pero no había duda de que los fans from hell no tendrían ningún pedo en pagarlos así como los riquillos wanabe. Las emociones proyectadas por todos lados, los medios exaltando el gran acontecimiento y la radioheadmania en su máximo esplendor. Más rápido que inmediatamente, los boletos para ambas fechas se agotaron en menos de dos horas. Las esperanzas para aquellos que no habían alcanzado un boleto se esfumaban velozmente, cual suspiro,  y su desesperación se sometía a la maldita reventa.

Y con todo, comenzaba la pregunta obligada ¿Quién abriría los conciertos de Radiohead? Los rumores nuevamente no se hicieron esperar. Se habló en un principio de los islandeses de Sigur Ros, también se dijo que Portishead y por ahí se llegó a comentar que Bat For Lashes, Liars o también Grizzly Bear. Pero la duda se despejó rápidamente casi al momento de anunciarse la confirmación de las fechas: Kraftwerk serian los elegidos por Radiohead para abrir sus conciertos en latinoamerica. Entonces la emoción creció, sin duda, era un plus poder ver a quienes son considerados los padres de la electrónica, aún cuando la gran mayoría, sobre todo las nuevas generaciones, no alcanzaban a dar cuenta de quiénes se trataban.

En el día de la venta de tickets para Radiohead, el amo y señor de los boletos, estaba listo para recibir por internet, en las taquillas y por teléfono, a millones de fans y también a los que sólo querían ir para escuchar y ver a los que cantan la de Creep. Todos dispuestos a gastar su aguinaldo para conseguir un solo boleto, ya de perdis. Mucha banda acampando desde días antes afuera del Foro para alcanzar los primeros boletos, gente lista en sus computadoras desde los primeros rayos del sol. Fenómenos parecidos a la primera vez que vino U2, Pearl Jam o Coldplay, el gran negocio estaba inciando.

Y después de una larga espera, los días domingo 15 y lunes 16 de marzo de 2009, comenzó la historia ahora escrita por todos aquellos que soñaban y anhelaban ese gran día. Y claro, todo por una de las bandas más influyentes e importantes en la música, que tiene en sus haberes un disco considerado ya entre los mejores de la historia del rock, el OK COMPUTER, y que en este siglo XXI ha demostrado ser una agrupación capaz de lograr con su música que el mundo se detenga para admirar su talento…

El gran día había llegado, miles de personas, generaciones encontradas, los fans que no negaban su amor por Radiohead, los fresi-condechis-seudo-intelectuales-buena onda, uno que otro metalero, muchas chicas lindas y los chicos con sus mejores garras, un público en general volcado por esta banda, sin importar más que eso. Todos estaban ahí. La emoción y los nervios, sentimientos encontrados, expectación, deseos por saber qué canciones tocarían, cuál de los dos conciertos sería el mejor y en cuál se atreverían finalmente a tocar su mayor éxito, aquél que los trajo por primera vez a nuestro país.

Pero antes había que chutarse a Kraftwerk, una bandota alemana precursora del sonido electrónico, así como del concepto robótico sobre el escenario. Claro que eso pasaba a segundo plano para la gran mayoría, sin embargo, hubo quienes realmente lo disfrutamos y se nos hizo conocer en vivo y a todo color a una banda legendaria. Los beats de estos cuatro tipos sobre el escenario resonaban a todo lo que daba el foro y aun cuando no son tan explosivos y bailables como los de sus alumnos robóticos Daft Punk, prendieron poco a poco los ánimos ya de por sì exaltados y con ansia de ver el plato principal. No faltò quien intentaba mover el cuerpo con sus rolas más exitosas que datan de los 70’s y 80’s. Sin duda mención aparte el hecho de haber visto por el precio de uno a esta banda, que con un show lleno de imágenes proyectadas a la par de la música en una enorme pantalla a las espaldas de Ralf Hütter, Fritz Hilpert, Henning Schmitz y Stefan PfaffeRalf, de pìe frente a sus teclados y aparatos electrónicos, nos demostraron quiénes comenzaron todo, con rolas como Autobahn, Radio-Activity y la famosa The Model. Queda la duda de quién debió abrir a quién, pero la verdad es que fue realmente genial.

Al finalizar Kraftwerk hubo que esperar poco más de media hora, para desatar todas las emociones guardadas por tanto tiempo. Al apagarse las luces y ver salir uno a uno los miembros de Radiohead, los gritos, la emoción, la adrenalina y la espera explotaban dejando de lado todo. Por fin el sueño hecho realidad.

El setlist fue prácticamente el mismo los dos días, alternaron prácticamente todos sus álbumes, desde lo nuevo del In Rainbows (2007) hasta el The Bends (1995); y finalmente, se les hizo justicia a muchos y pudieron escuchar Creep el segundo día y entonces todos aquellos que estuvieron ahí no podían ser más felices.

Alrededor de dos horas el júbilo y el estar frente a una de las bandas más importantes, con un show digno de su calidad musical, fue por mucho uno de los mejores conciertos de mi vida. Aun así, aunque ahora no me considero un gran fan, por mucho tiempo sí lo fui, y en mí quedaron ciertas cosas a criticar, como el audio al principio en la segunda fecha, algunas fallitas en el sonido de la batería, las guitarras sobre todo en la de Jonny Greenwood faltó volumen, y tal vez tocar algunos lados “b” hubiera estado genial o tal vez algo más del Pablo Honey. Pero aun con eso he de reconocer que quede satisfecho y me gustó mucho.

Finalmente, 15 años después de su primera visita a nuestro país y al haber estado ahí el día 16 de marzo de 2009, no me cabe duda de que Radiohead es una de las mejores bandas de todos los tiempos, que su popularidad es enorme, aunque su música no es tan accesible en muchos de sus discos y que su evolución ha correspondido a este mundo donde las convenciones sociales y culturales requieren de un aire de alternancia que permita elevarnos a lo esencial de la música, que es el emocionarte y sentirte vivo al escucharla.

Y para los que aún no pueden creer que estuvo por estos lares en el 94 les dejo estos videos, que son testimonio de ese momento que también se queda para la historia.

http://www.youtube.com/watch?v=XhbAJdN2eKQ

http://www.youtube.com/watch?v=fT-k260kHGY&feature=related

2+2=5.-RADIOHEAD…FIN.

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De:  Nohemí Rascón / Elefante Rosa

Inicialmente me moría por escribir sobre el par de conciertos de Radiohead, pero mi pretexto fue: “… es que no me sé el nombre de todas las canciones que tocaron”, me declaro inexperta, no sé qué decir además de cuánto los disfruté, siempre hay alguien más fan que uno y a estas alturas ya todos escribieron sobre el majestuoso playlist de los complementarios conciertos.
Así que me voy a ir un poco desviada compartiéndoles esto, y pregunto: ¿alguna vez han hecho una lista de sus cinco bandas predilectas? Pues yo la había hecho en mi mente hace un tiempo. Sí, todos pensamos alguna vez  que uno no se  puede morir sin ver a tal o cual banda. ¿Y si de pronto una ola de casualidades y oportunidades en tu vida hace que puedas ver a ese TOP 5 en muy poco tiempo? ¡Me pasó!, pensé: ¡qué comercial soy!, ¡soy muy joven para morir! o ¡ni siquiera me lo merezco! Debo decir que este domingo 15 de marzo cerré esa lista y sentí miedo.

Cierto, a algunos no nos es tan fácil andar persiguiendo a nuestras bandas favoritas hasta el otro lado del mundo, me lo había propuesto como meta a largo plazo, creía que si lo lograba sería en mucho años, incluso ver a  Portishead era un deseo caduco.¡Claro!, ¡todo esto suena maravilloso!. ¿Y si me regreso a la diversa cadena de  circunstancias que se unieron y me hicieron estar ahí?, ¿por las que seguramente muchos hemos tenido que pasar? Me refiero por ejemplo a… tener un trabajo que no te apasiona tanto para poder costear estos caprichitos; poner tu cara de tonta frente a un cónsul pa’ ver si le caes bien y te dé una visa para el país ‘paraíso de conciertos’ más cercano; inevitablemente y en contra de tu voluntad hacer más rico al amo de los boletos, al amo de los conciertos y al amo de los teléfonos llamando veinte a veces al 53-25… hasta encontrar un lugarsito disponible de 0.14 m2 que te va a costar días enteros de trabajo y  encima rogarle a tu tía para que te preste su tarjeta de crédito del banco ese; esperar semanas el gran día, y cuando por fin llega, hacer largas filas bajo el sol durante horas sin comer más que pseudo-hamburguesas y asistiendo a los vaporosos baños móviles y qué tal los que acampan para obtener un lugar privilegiado y verles el ojito cucho, la pierna sexy, los dientes chuecos, los múltiples instrumentos, o no más  por puro gusto; comprar cervezas de a millionario, y paletas de hielo de dudosa procedencia que te saben a gloria; después, ser aplastada literalmente por una ola de empujones y sentir tu cuerpo contraerse, desintegrarse y hasta flotar, porque se te ocurrió querer verlos hasta adelante mientras tratas de aguantar no menos de tres horas, además de  fumarte todos los churros, cigarros, gases y sudor de aquel gorila que está al lado, para que al final, termines haciéndote más atrás para poder respirar y no te saquen de a rockstar (por arriba), ah, y no olvidemos escuchar los ecos de sandeces o buenos chistes que resuenan entre el calor humano.
Pero, cuando por fin las luces y la música ambiental se apagan y los reflectores se prenden, ELLOS salen al escenario, todo apenas comienza, te invade el primer gran escalofrío, te unes a todos, gritas, vibras,  aplaudes, brincas, estás atenta a la primera rola, estás ahí, es ése el momento, tu momento, y de ahí en adelante todos abajo somos uno, una voz, un mismo sentimiento, todo el sufrimiento anterior se te olvida, sonríes compadeciéndote, comienza esa canción, aquella que añorabas escuchar, te invade la felicidad acompañada del segundo gran escalofrío e involuntariamente no puedes cantar tan fuerte por andar sosteniendo el nudo en la garganta y la lágrima de tanta emoción; ya que pudiste respirar profundo, cantas con más potencia que el himno nacional en la primaria, y hasta te inventas unas poquitas letras que se te olvidaron de tanta euforia; quieres guardar el momento en una cápsula que dure siempre y dices: ahora sí, ya me puedo morir a gusto.

Pero en fin, en la memoria y en el corazón, esas pequeñas dos horas de éxtasis, se convierten en un infinito recuerdo, una bonita y larga historia para contarle a tus nietos… reiterarles que 2+2=4. ¡Vaya! ¡Todo lo que hacemos por nuestros nietos! ¡Ojalá aún vivamos para tenerlos!

CRÓNICA, LOS CAMPESINOS! EN MÉXICO.

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De: ¡Pòlvora! Mièrcoles.

A tu ausencia.

… cuando de pronto el cansancio me alcanzó, y rendido, comencé a recordar…

Era irrevocable. Noche de marzo, calurosa, de inviernos locos. No podía quejarme más de lo normal: tránsito despiadado, claxons sonando con furia, furia corriendo por la sangre de los automovilistas; viernes, viernes y todos queriendo salir de sí, de su rutina: y todos atrapados en una hilera luminosa, ruidosa. Viernes de marzo, Los Campesinos!, por primera vez en México se presentarían en el Lunario.

Ninguna complicación para llegar, las quejas quedaban atrás. Adelante, un tumulto de gente, olor a perfumes dulces y maderas finas; cabezas con peinados relamidos y chongos suntuosos; atuendos de tonos oscuros y vestidos sensuales; alrededor del Auditorio Nacional, los vendedores ambulantes gritando: lleve la playera del concierto, la gira de Luis Miguel, eme pe tres, discografía completa de Luis Miguel. Hube de atravesar entre gentes con acceso en mano para poder llegar al sitio que indicaba mi boleto. Mientras, riendo, me preguntaba, ¿Cómo competir ante tales bombazos del gran monstruo de la mafia musical?… ni siquiera duró tres segundos en mí la duda. Pero seguí riendo con bastante alegría sólo de percatarme la disimulada audiencia que esperaba afuera del Lunario. Para mí, era algo absurdo detenerme y aguardar al intemperie: no había a quién o qué esperar… adentro del sitio, todo permanecía calmo.

Dos pantallas a los costados del escenario, repitiendo una y otra vez la publicidad y el logotipo del INDI O Fest. Me iba quedando más claro en dónde me encontraba. Poca gente ocupando el mediano espacio del Lunario. Ocho menos quince de la noche. Mi boleto guardado en la bolsa de la gabardina. Frente a mí los meseros, porque había meseros, repetían el mismo recorrido: barra- mesas- barra. La luz que daba al público, encendida. Y las cervezas se volvían rastros de embriaguez.

Charlas mezclándose en el espacio. Entre los segundos, el cansancio que provoca esperar nos invitaba a sentarnos en el suelo, mientras, en el escenario, hombres de Música colocaban sus instrumentos, sospechosamente Jóvenes y Sexys. Los que pudieron reconocerlos lanzaron un grito, los demás trataban de distraerse con cualquier cosa.

Luces del Público apagándose con suavidad, señal de que algo iba a comenzar, señal de que la gente, por cualquier motivo, iba a gritar… y gritaba, y un sonido de diminuto acordeón, casi juguete, se escuchaba en el lugar. Una canción más desde el tono femenino de la mujer con vestido negro, de franja roja dividiéndola en dos y sus cabellos anaranjados en una explosión de júbilo: nosotros somos, bueno él y yo, somos Jóvenes y Sexys… ¿los demás quiénes eran? Invitados, amigos especiales tocando la guitarra, las percusiones y el teclado.

Los de Juventud Sexual tocaron y de a poco la gente coreaba. Un último tema y la algarabía jovial paró, aplausos de los asistentes que a breves tiempos llenaban el espacio cercano al escenario.

Luces de Público encendidas, esta vez, sin suavidad. Y distraerse se volvía necesario.

Muy levemente escuchaba unas voces que debieron ser gritos entre el murmullo: él la jalaba por el brazo, ella evadía. Él gritaba, buscaba el rostro de ella. Ella luchaba, escondía su faz. El se hartó, se va. Ella duda. Lo sigue entre la gente.

Confiscado nuestro ímpetu por los minutos que pasaban, cualquier señal que presagiara algo, algo, un evento, un acorde, nos ponía atentos, a todos, porque existe una extraña conexión entre los habitantes momentáneos de una algarabía situacional. Y la señal llegó. Entre gente, de nuevo, subiendo al escenario, acomodando(se), tratando de ser lo más cuidadoso posible…

En las pantallas, figuras de trazos infantiles y colores brillantes nos alivianaban la espera: HS… resplandeciendo y comenzamos a sospechar: Hello Seahorse, la luz desaparecía levemente. Tonos electrónicos se abrían paso entre la penumbra y de súbito, quizá por la emoción acumulada, el escenario se coloreó de tonos verdes. Cuatro personas arriba, moviéndose rítmicamente. La dama a cargo de las cuerdas vocales nos incitaba, nos ponía a tono y ella brincaba, agachaba la cabeza, en desparpajo agitaba sus cabellos naranjados. Canciones sucedieron entre aplausos y un sonido que se empeñaba en ser pésimo. Más cabezas cerca del escenario. Y Bestia, fue la canción con que hubieron de prender nuestras motivaciones. Escuchando la primer estrofa los recueros nos(me) llega(ste)ron. La canción fue coreada hasta satisfacer nuestra calidad de melancolicoides, y suspendidos en frecuencias piadosas nos manteníamos prendados a la sutil satisfacción de haber arraigado en nuestras entrañas un recuerdo-vivo, inamovible… Una canción más, y Hello Seahorse se despedía. Bajo una luz cenital se esparcía la última nota, dejándonos varados en una repentina emoción.

Ya la gente se confundía y no era gente, éramos público, uno, en singular, nos volvíamos unión por el mero hecho de estar en la misma acción.

Una misma acción: la de mantenernos atentos a cualquier suceso en esa sala de luces ambar, de barra grande, depósito de bebidas doradamente embriagadoras. Música desde las bocinas hacia nuestro latir. Calmos, ahora, todos calmos, esperando dentro de esa prorroga para nuesto ánimo.

No age, así, repentino, entre reververaciones de sonidos que encerraban el lugar en una burbuja de rocanroleras motivaciones. Bateria, guitarra, baterista, guitarrista ocupando el lugar bajo las luces, siendo rudeza, transmitièndola al público que ya brincaba y sudaba y los cabellos húmedos en el aire. Canciones breves, de sonidos punk, golpes contundentes de batería. Problemas técnicos para no variar en la rutina de la noche. Cuarenta y cinco minutos de brincos, de cabezas diciendo “no”, diciendo “sì” con fuerza. Eraser una de las canciones más coreadas: puños en al aire, gestos apretados, de ojos pequeños y arrugas en al frente, No age se mostraba pleno, con algunos gracias en un español averiado. Una última canción y de pronto, entre el río de gente, Randy Randall dejaba navegar su guitarra. Todos querían tocar tan preciado objeto, sensualidad de curvas, historias guardadas… unos instantes después, un minuto entre el público, y la guitarra regresaba a su dadivoso dueño sólo para tocar la canción final.

Encendidas la luces, justo era salir del precipitado ambiente creado cerca del escenario; los cuerpos caminaban hacia un sitio de menor bochorno y las consecuencias eran transpiradas hasta dejar marcas húmedas en las ropas.

A partir de ese momento, los minutos se abonaban a la cuenta ansiosa. Y la espera devino en sorpresa cuando de imprevisto y con gran naturalidad, Los Campesinos!, caminaban sobre el escenario acomodando sus instrumentos, jalando cables, comunicándose con los técnicos, platicando entre ellos. Se alargó el momento. Las complicaciones técnicas se manifestaban casi de manera necesaria. Más tiempo. Parecía todo listo. Los integrantes de la banda en el escenario. Sólo faltaba el ingrediente especial: las luces. Y no era momento aún. Uno a uno fueron retirándose después de probar sus micrófonos: batería, guitarras, teclado, bajo, voz principal, violín. Nadie frente a nosotros, y ahora, extrañamente, le gritábamos al espacio vacío, fascinante evocación.

Yo seguía ahí. Observaba. Trataba de no tomar apuntes. Memorizar, pero me fue imposible y entre la imposibilidad la oscuridad ya se apoderaba del lugar, las sensaciones se acumulaban en la barriga, en la manos queriéndose agitar en al aire. Y comenzaba:

Los Campesinos!, tomaban sus posiciones. Playeras de varios colores, de muchachos en día de campo; vestidos de tonos pastel, ajustados; mención especial para los shorts y el torso desnudo del baterista. Un sonidito extraño de sintetizador y la canción nos sonaba conocida, sentíamos estar en el sitio correcto: This is how you shell “hahaha, we destroyed the hopes and dreams of generation of faux-romantics”, sí, espero no errar, pero esa fue la primer canción y los pies ya bailaban. Una interpretación más y de acento raro, un buenas noches, muchas grazias, nosotros somos los Campesinos!, nos invitó a la danza alegre. Porque eso transmitían desde la primer tonada, alegría, jovialidad que ellos bailaban, todos desde su percepción de la noche, mostrándonos su particular manera de gozar la música, el evento. Parecían estar ensimismados, cantando y brincando alocadamente en el breve espacio que dejaban siete cuerpos, más los instrumentos, en el entarimado; acariciando la cuerdas de violín; moviéndose al ritmo de la guitarra, alcanzando los acordes correctos; presionando las teclas de un sintetizador pequeño; acomodándose con frecuencia en el banquillo frente a la batería; moviendo parsimoniosamente los dedos sobre las cuerdas del bajo; todos en su labor. Entonces una mirada bastaba para reflejar su compenetración, eran cómplices.

¡Y bárbara!, la demencia expresada por el vocalista de brincos y movimientos desenfrenados, de un lado a otro, siendo el líder, la energía a seguir. Gran parte de los presentes seguro dedicaban sus miradas a él. Gritando, desgarrándose en cada canción, en Death to Los Campesinos!, siendo maravillosa contraparte de la femenina voz que aderezaba la melodía y todos los integrantes detrás de sus micrófonos acompañando con desparpajo. Y ahí nosotros, todo movimiento. Acabada una canción, aplausos, y volvíamos a la conexión, Dont tell me to do the math(s), nos volvía a encender, no había tregua y no la queríamos, sentíamos la necesidad de seguir correspondiendo a los sonidos. Drop it do eyes, cerraba los ojos y la voz femenina me conducía por la pradera de la noche; párpados abiertos y seguíamos todos saltando en un suelo que nos pertenecía. El bajo nos invitaba a contonear los hombros, la batería ruidosa ya nos volvía temperamento. My year in lists: procuraba no cantar para no parecer errático, pero aún así los sonidos se escapaban de mi boca, one, two… las canciones pasaron. Los grandes éxitos se iban almacenando en la memoria,…And we exhale and roll our eyes in univision. Todos los instrumentos entrando en unísono por nuestros oídos… coreábamos: And we exhale and roll our eyes in univision, y ya acababa la canción.

No habìa ni que dudarlo. Seguro sería una de las últimas entregas. Y lo fue. Ánimo, energìa, fuerza, poder, palabras repetidas en esto que cuento se volvieron una cuando comenzamos a sospechar los acordes de la siguiente canciòn: You! Me! Dancing!, la cordura no tuvo espacio. El vocalista se introducía entre los abrazos del público, cantaba junto a ellos, y ellos le cargaban, lo elevaban y todos contentos, riendo, disfrutando el momento, its you, its me… ya éramos nadie, por un instante perdidos sin encontrar, todos ahí sin saberlo, me lo decian sus risas, los abrazos, los ojos brillando; manos arriba, brincos, brincos, frente en alto, cabellos de derecha a izquierda con gran rapidez; una canción para bailarse con enorme pasión, eràmos TÚ YO BAILANDO, BAILÁBAMOS, BAILAMOS…

Una canción más.

El público lo pedía.

Y hubo una canción más.

Me pareció la adecuada, la mejor para finalizar la noche campesina.

Sweet dreams, sweet cheeks.

Y los apluasos acompañaron el bajeo. Coros. Cantamos. Sudamos. Pretendíamos dejarnos plenos ahí, con esa última canción. One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone, One blink for yes. Two blinks for no, sweet dreams, sweet cheeks, we leave alone… lo último que escuchamos de Los Campesinos!, mientras se mostraban francos frente al escenario, arriba de las bocinas, con las manos alcanzando un poco de nuestro vaho que rondaba por el techo del lugar, gritando más allá de ellos y nosotros. La ALGARABÍA nos tomaba por sorpresa y de la música en aquella noche sólo quedaban rumores.

Noche.

Pasos lentos en el pavimento. Grillos cantando. Luna despertando.

… y de tanto recordar, cansado estoy.

ANIMASIVO. WORLDS IN FLUX.

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La banda de The Spacefarm se lanzó a la inauguración del ANIMASIVO, el foro que como parte del Festival de México del Centro Histórico trae a la ciudad propuestas de vanguardia en materia de animación. La apertura estuvo a cargo de SEMICONDUCTOR, y la verdad es que les recomendamos ampliamente este foro pues está muy completo. Quienes tuvimos la oportunidad de presenciar esta inaguracion con los trabajos de este dúo inglés conformado por Ruth Jarman y Joe Gerhardt, fuimos testigos de la calidad de su trabajo. Worlds in Flux. Retrospectiva de Semiconductor es una compilación de lo mejor de los trabajos del colectivo británico y para quienes no pudieron estar o simplemente estén interesados en conocerlos visiten su sitio: www.semiconductorfilms.com y visiten también la página del festival pues estos tipos estarán dando un curso de animación a partir del lunes 16 hasta el día 20, la página del festival es www.festival.org.mx y el contacto para la inscripción al curso es animasivo@festival.org.mx métanse pronto porque los lugares son muy pocos.