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ENTREVISTA | ANTE HUESOS

La noche de nuevo, la noche en el sur… la música escondida en las calles empedradas, las voces de las personas y sus delirantes susurros, la inercia de las galaxias invitando rock… Va un #hongo más, va la entreva con la banda, se llaman Ante Huesos, son de la Ciudad de México, aquí su feis… Date la charla… dale play… disfruta… nos vemos pronto 😉 Saludos al Yoshua que se nos va al Sur muy Sur… (nos traes algo :* )

ENTREVISTA DE ANTE HUESOS EN thespacefarm.com San Ángel, Ciudad de México Enero 2019 Música: Ante huesos – Sangre a contraluz (Live Session) Ante huesos – 100 años (Live Session)

TONADA

– Tengo frío…
– ¿Venías corriendo?…
– Sí…
– Pues sí… si no ya ves cómo me pongo… no, que siempre llegas tarde, bien impuntual, ya tengo un buen esperando…
– Pues sí…

Respirar en esos momentos doblegaba cualquier calor de los cuerpos. Abrigados, los trabajadores se mantenían despiertos acariciando algún recuerdo de tonos pastel. La luna no cesaba de ronronear su apasionante tonada. Las personas navegaban en sus complicados deseos, el amanecer se entintaba de un caprichoso azul coqueteando con morado. Buscando inmortalizarse en un gesto, una frase, una reflexión matutina, de las faltas de vitamina, de las que parecen ser dichas con las brasas de un poderoso fuego, las mujeres esperaban el fin de la madrugada.

– Me tuve que levantar a las tres y media, si no no llegaba, no llegaba… y ya tomé el camión a las cuatro y ya llegué…
– Así sí… así sí… tengo mucho frío…
– … ¿Nomás te saliste de bañar y que te vienes para acá verdad… ?
– Pues sí… pero me hubiera quedado en la cama, se me acurrucó el Ascención y me hizo piojito, se puso loquito, me hacía ruiditos y casi me quedo dormido, medio pestañié… se puso loquito…
– ¡Mírala!… conrazón… pero qué bueno que llegaste temprano… duérmete tantito si quieres, yo te despierto….

Tú mi chiquitita, finges no mirarme, ponte muy contenta, porque estoy aquí… Ascención tenía ganas de que se quedara dormida, le cantó al oído, secreteándole su deseo, no pudo logarlo, ella se levantó, se metió a bañar, se arregló y salió del departamento. La Ciudad siguió amaneciendo al ritmo de la tonada que aún rondaba en las ideas de Ascención.

HJS


CANIJO

¿Has ido a Panti?
– Sí…
– ¿Conoces a la Güera?
– Sí…
– ¿Sí?
– Sí… la hice mi novia…
– ¿No?
– Sí, en serio…
– No la hiciste tu novia…
– Sí… no… pero le di mi número…
– ¿No?
– Sí, en serio, eso sí, le di mi número…
– No… No te creo, no, no…
– Sí…
– Jura…
– Juro… sí, en serio…
– No te creo… No… jura…
– Juro…
– Así, jura así, con la mano arriba, jura así…
– Así juro, mira…
– No, no te creo…

En la Ciudad, las voces se quejaban en vano, sin saber mucho del mañana, detestando su pasado, machacando con incoherencias su instante, las voces tan nocturnas, tan inagotables. El viento muy infame, muy desde la congeladora, manteniendo fríos los corazones, las respiraciones.

– ¿Y al final qué?, ¿qué pensaste?, ¿sí jalas o no?
– … Sí, sí jalo, sí voy, sí… al final, yo creo que está bueno…
– Bueno pues… y… ¿pa’ qué me preguntaste lo de Panti..?
– Ah… no, eso yo creo sí está más canijo…

Después de esas palabras mejor guardarse el silencio en las pupilas, añorar refugios mentales. El metro aceleraba dentro de la tierra perforada de esta Ciudad.

HJS

 

LA NOCHE DEL ALEBRIJE


El primer trago de mezcal no fue lo preocupante.

Ignacio miró el diminuto jarro de barro en donde le sirvieron la transparente bebida. Desde donde estaba, el aroma ahumado del destilado le engatusó el olfato. Los integrantes de su familia, sentados alrededor de una larga mesa rectangular de madera, bebían en caballitos de vidrio el espadín joven, además había refrescos, una jarra de agua sabor jamaica y otra de limón. En su familia acostumbraba echar dos flores de tono lila en el fondo de los vasos de los adultos, no importaba la bebida que se fuera a servir, algunos sacaban de inmediato la flor, otros, esperaban los efectos de aquella tradición. Las bebidas obtenían un saborsillo a miel. La lengua disfrutaba ese toque dulce, la sangre recorría con pasmo las venas del bebedor. Sin presentirlo, el cuerpo se alejaba de ellos.

Ignacio se acabó de un sorbo largo su bebida, se levantó de la silla mientras la reunión se animaba con cada trago, con cada palabra. ¡Pérate, orita te vas!, ¿pa qué te vas?, no te vayas pues… que te quedes un rato más, un traguito más… Las paredes escondían el color mamey en las sombras provocadas por los focos ambarinos. La figurilla de un santo patrono se asomaba entre la luz traviesa de una robusta veladora. Los muebles, de madera: la mesa, las sillas, la repisa de los trastes, el estante de la televisión, la alacena y el altar en donde reposaban las cenizas de la abuela Sara. Ignacio no hizo caso a las provocaciones de sus familiares y llevó su cuerpo flaco al taller; detrás de su ser la fiesta se animaba en cada carcajada. Mientras caminaba sentía la noche en sus músculos, se acercó al mueble en donde reposaba el polvo de su abuela, tocó con ternura la urna, pensó algunas palabras y se retiró. En ese instante sus venas resintieron el fluir del último trago de la bebida de tonos lila. La luz de una veladora danzaba inquieta mientras alumbraba el retrato de su abuela. Escuchó el eco de varias voces, alcanzó a reconocer algunas, cerró los párpados con fuerza, los sonidos estaban en su cabeza y se confundían con el barullo de la fiesta del comedor. Ignacio no supo qué dimensión habitaba; con las palmas de sus callosas manos se frotó el rostro, así, en su oscuridad momentánea, en su desorientado estado. Sacudió la testa para espantar a los demonios que le provocaban una extraña comezón, intentó peinarse la rizada cabellera y caminó, lento, hacia la fría puerta del taller.

Afuera, en las calles del Centro, los gritos, la música de trompetas, los tambores redoblando, los cánticos enervados intentaban ahuyentar las oscuras nubes que anunciaban un diluvio. Ignacio quería olvidarse del clima, de los emocionados gritos de las personas, pretendía no imaginar aquellos cuerpos danzando, arrastrando sus píes sobre el asfalto, deseaba estar solo, buscar las formas más incoherentes dentro de su cabeza. Adentro, en la vecindad, su familia brindaba y festejaba por otro aniversario más, otra conmemoración vital, aquella que les mantenía unidos a su tierra, a sus tradiciones. Continue reading LA NOCHE DEL ALEBRIJE