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CAMINATA

– Así con esas… ¡Ya así con esas….! – algo desesperado, malvibrado
– Mmm…
– ¿No oíste…?… ya así con esas…
No, el hombre no oía, no oía por la necedad de sus oídos, de sus tímpanos que ya no daban una, o cuando la daban era para escuchar los reclamos del amigo; dejó de cortar las toronjas y con sus manos de dedos delgados enjuagó las naranjas relucientes de amarillos.

Un reguetón reventaba las bocinas colocadas en el puesto de la ropa de paca. Las jacarandas perfumando de dulzura cada momento. Me dieron ganas de beber un té de jengibre, la señora de mandil me vendió dos trozos de raíz por diez pesos, subí la solapa de mi abrigo, caminé entre el viento con temor de respirar lo incorrecto, un rosal se atravesó en mi caminó, esquivé la cacota de un perro, dos personas jugaban baloncesto en las canchas del camellón, inhalé con descuido el aire de la Ciudad, muy a lo King Krule, inhalé cuanto pude, respiré estos tiempos, esta insana humanidad. Tuve temores, después me puse muy en lo Yellow Days, caminé con mis absurdos sueños, con los mapas de colores y los puntitos rojos, caminé y me supe en una comedia, en un drama mundial, vertí gel en ambas manos, me desinfecté hasta el hartazgo. Anduve dentro de mis incorrecciones.


HJS Sin bajón, no hay fijón, atizando, chismorreando el dfctuoso…

AGÁRRATE

Miraba los memes de los tíos y los terrenos de la abuela, el frío me imposibilitaba distracción alguna hacia los pensamientos molestos, además de reírme hasta el dolor de estómago, comencé a recordar un poquito de vida, un poquito de ya tu sabeh…

El metrobús aceleraba con ganas de sentirse el muy veloz, tuve que aferrarme a los tubos y apretar la medio nalga para no morir intentándolo. Insurgentes, increíble, ya te la sabes, las luces de los restaurantes, las jardineras, la gente caminando, platicándose sus días, sus noches, sus mis amores, Insurgentes, ya sabes, suculenta, insaciable, la velocidad y mi sensación de morir, el biarticulado va que no cree en nadie, el chof apañado de algún buen rezo hasta llegar a la siguiente estación. Sentí vivir, en la mente sonaba un bonito hastabajeo. Apenas sobreviviendo, los vi, tres niños con sus chamarritas de gorras que imitaban ser el pelaje de unos coloridos monstruos, un hombre y una mujer les sostenían de las manos mientras intentaban caminar por el pasillo del gusano rojo. Aguditas sus palabras.

– Pa, ¿por qué no podemos ir ahí?
– ¿Por qué?, porque es sólo para damas…
– Pa, entonces, ¿no podemos ir allá?
– No, no podemos ir allá…
– Entonces allá las niñas y acá los niños…
– Sí, hazte para acá agárrate
– Entonces tenemos que estar acá… ya viste hermano, niñas allá niños acá…

Y ahorita que me acuerdo de esa vez mmmjajajajaja este, pues nada nomás me acordé, la verdad me acordé y me puse a ver memes y a tirar recuerdo a lo loco porque no me quería poner muy ya no puedo ni comer es que no te puedo olvidar, pero pues ya ni modo, hace un buen de frío, y la Ciudad necesita su apapacho, marcho, parto hacia donde huevo.

-¿Y ya…?
– Sí…
– ¿Lo conoces?
– No, nada, no sé quién es, me llegó el audio en la madrugada y hasta hoy lo escuché
– Qué raro… está chistoso… Bloquéalo…
– Sí, no sé, a ver qué pasa….


HJSlevitando en las penas de una Ciudad de besos lacerantes….

ENSUEÑO PROLETARIO | 5

Suspiro

¿Qué sueña el señor, qué calma, qué hechizo de la existencia le atrapó…? Los sonidos del metro aturden mi calma, intento no parpadear tan lento, es peligroso, es una sensación de querer irse, es un contagio, este sueño traidor es un contagio… Las voces acuchillan mis oídos, preferiría atontarme y escuchar algo de Alex Catalán… es que son heeeeeeeeridas en tu piel he-chas a quema ropa… preferiría estar en esa onda, en un #rocanroleo … cuando te hagan mierda y esté en ti librar o errar, cuando sepas que esta selva está en ti y en nadie más, cuando mires por la verja y el peral ya no da más, cuando sientas que sin ella podría estar igual, cuando tengas treinta penas, todas ellas sin piedad… me alucino, ojalá tuviera saldo, ojalá hubiera bajado esa rola de Lázaro Cristobal Comala, a mi celular, al menos, para perderme un rato… con todos mis amigos de espalda al paredón, o colgados junto al sol…Despierto de mi musical ensueño.

La calma de los cuerpos taciturnos, la marcha del cansancio; las escaleras eléctricas y sus ruidos pretenden subirnos, llevarnos sin prisa a suelo firme. Afuera, en la calle, suenan las balas, las sirenas se desesperan; abajo, en las escaleras del metro, varias ratas de buen tamaño atraviesan los túneles, los pasillos, se esconden, se mueven rápido. Un hombre acelera el paso, lleva el puño entre abierto, un cigarrillo en esa mano, un cigarrillo que brinca, baila al ritmo de la necesidad del hombre de salir a la superficie y meterle humo a los pulmones.

No lo sueño, pero de pronto sí lo sueño, sí estoy soñando. Estoy ahí, subiendo escaleras, aturdido, lleno de gente. El sol no está, no espera, con suerte, la luna me dará dos besos infames para poder descansar. Sí lo sueño y me tengo que acostumbrar a este estado, a este no saber…


HJS… ya nocheando, ya blablaseando, yau, yau, yau!!! Palabreo de de acullá….

DUDA

-Tú vienes a decirme algo… es raro que vengas así como así… así…no… no es normal… no es normal que vengas…

El silencio petrificaba las intenciones más nobles. El momento atiborrado de insensateces, de reproches y conjeturas mal hechas, de viajes de la mente… En la habitación una persona, podrían ser más, pero queremos que sea una, para ponerle más sabor al caldo, para agregar un poco más de complicaciones humanas, de sin razones, de arrebatos. En las noticias aún se discutía la relevancia suprema de rescatar la industria petrolera nacional; después entrevistas a trabajadores que se manifestaban por despidos injustificados o falta de pagos, luego, un reportaje de la violencia contra las mujeres. Por algo llamado vortex los fríos en algunas zonas del mundo eran de muchos grados menos cero. Ante la fruición de la locura humana, ante su andar cotidiano, la persona sigue hablando, esperando que el té de jengibre le cure el dolor de garganta, habla, o le habla a un aparato de materiales metálicos, le habla a una pantalla brillante, al espejo obscuro- dice la serie de televisión- le habla a un instante, le habla a la fulgurante rutina que acontece frente a él mientras bebe otro trago, percibe el áspero sabor. Rasca su cabeza, despeina su melena y duda de sí mismo, duda de su existir, duda de esta Ciudad y su repentino calor infernal, duda, duda, y sobre todo, evade cualquier respuesta. El ruido de los aviones le distrae, en la calle alguien escucha una canción de Los Relámpagos del Norte, la Ciudad le entra a lo pantera y sin disgusto se deja querer por sus miles de millones de habitantes.

Dejó de hablarle al teléfono móvil. El té de jengibre reposaba en su estómago. Un malestar corporal habitaba su ser, su estar. Algo estaba por acontecer y él sabía lo terrible de la situación. Sin pensarlo tanto, se levantó del sofá, su puso un sombrero muy a lo chico del blues y se marchó de sí, de su espacio, de su casa, de su maldito recordar. Algo le iban a decir y no estaba dispuesto a esperar ahí, enconchado en su patetismo. Huyó de su espanto.

El enfado de la existencia le recriminó su decisión, el sol, agresivo, le embarró sus infamias mientras le recitaba poemas de Vásquez Aguilar. Caminó pretendiendo escapar del tiempo, de su caprichoso futuro.



HJS… sudando palabras desde la Ciudad del smog y el quévaallevargûerita…

DESAPARECER

La oficial número diecinueve ochenta y cuatro de la PBI revuelve por última vez con un palillo de plástico blanco su café capuchino mediano, la banca metálica del seven eleven aguanta sus nalgas frías. Da un primer trago para probar, se quema los labios, es clásico que le suceda eso, pero le gusta, le agrada sentir ese resquemor en su delicada piel. Sus compañeros de rondín revisan un par de hojas impresas con números y nombres, mientras dan lectura tachan y dejan rayones de tinta negra. La Oficial número diecinueve ochenta y cuatro mira su reflejo en el vidrio de la tienda de autoservicio, se observa cansada, se observa muy parecida a la persona que era ayer, parpadea y se mira distinta, es un ser diferente, una posibilidad de la vida, un encanto de la noche, se mira, no se reconoce, es una figura que pasma el entendimiento, es una criatura expulsada de los sueños más inquietantes.

– ¡Órale Ruth!… estás muy pasmada, ¿andas en piedra o qué?
– …
– Írala… ¡Ruth!… ¡Ruth!… Ire pareja, la Ruth se quedó pasmada… ire… ¡Ruth!
– Mmmmtaa… Ruth… Ruth… Ey, Ruth, compañera…. mmmm… Achis…
– Ire… le dije, le dije…
– Ruth… Ruth… Ruth…

No. No iba a despertar porque no estaba dormida, estaba atrapada, en sí misma, en una dimensión de ella que sólo Ruth conocía, esa Ruth, ahí sentada en la banca de metal y el capuchino enfriándose. La oficial no iba a parpadear otra vez. Su cuerpo de músculos rígidos sería llevado al hospital más cercano, los dos compañeros de rondín, y la muchacha que despechaba en el seven darían su testimonio a los paramédicos. Por la madrugada, en una habitación del Hospital Veinte de Noviembre, Ruth despertaría, lento, respirando sin prisa, acostada, mirando al techo, suspiraría unas palabras incoherentes. Alguien en otra dimensión, hablaba por ella…

-Ayuda, ayuda… vamos a desaparecer…

HJS