Category Archives: Textos

RADIO TEXTUAL | CÁSCARAS


Mastica pepitas con mucha astucia y deposita las cáscaras en una bolsa de plástico transparente, escucha el desparpajo de la Ciudad, reciente su endemoniado latir; observa la fila frente a la taquilla, escucha el ¡bip!, que anuncia a otro usuario del metro. La mañana le parece una taquicardia nerviosa, se siente más aburrida, más que ayer, la chamarra le queda un poco grande, pero amaneció con una temperatura muy a los huesitos fríos. Lo que más odia del uniforme es el gorro, le queda muy ajustado, además le desfavorece mucho a su peinado.

-El otro día nos sacamos de onda ese wey y yo…
-Ah poco… cómo….¿así nomás?
-Ya sabes, así nomás porque sí, según yo pues no había tos pero pues ya ves…

La plática no le interesa, la escucha porque le tocó escucharla, los dos hombre se tardaron unos segundos de más en el torniquete y eso le permitió atestiguar tal chisme.  A ella le interesan otras preguntas, muerde una pepita, se preocupa por su trascendencia en la vida; le ametrallan sus decisiones, no le sirve de consuelo saber que mañana será otro día, el tiempo le provoca comenzón en los párpados, no le gustó mucho la sombra que compró en el tianguis, el rímel sí le salió bueno. El turno de la mañana es pesado. Pocas eventualidades. Trata de sofocar viscosas reflexiones. A un joven con uniforme de secundaría diurna le falla la tarjeta, la máquina suena, el torniquete no da vuelta, él se desconcierta, la oficial, aún masticando pepitas, medio grita, no sirve, tu tarjeta… que no sirve tu tarjeta… joven…  el joven se quita los audífonos, gira el rostro y alcanza a ver los ojos de caprichito de la oficial, que no sirve tu tarjeta… el joven da media vuelta, despierta de su lelo, en la fila de la taquilla se acomoda los audífonos, respira, estira su espalda, crujen sus huesos, además de la canción, le revientan el seso las palabras de ayer….”pfff… neta we.. ósea, neta, neta no insistas, no insistas… neta, ósea… ya te había dicho, ya habíamos quedado… al final, ósea, pff, al final ni es mi bronca…”… Respiró…

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HJS

DESPIERTA


Hay como que medio dudar de la vida… Tenerle un poco de desconfianza, sembrar algunas incertidumbres, más, cuando amanece así, tan azul oscuro, tan inquietante….

Ya te lo había dicho, que aquí te iba a estar esperando…
-¿El viernes? Estuvimos aquí… (carcajadas)…
– Sí, así me dijo… que me dice, y no le sigas haciendo al chingón…

¡Plac! ¡Plac! ¡Plac! Se va a llevar, en esta ocasión, el estuche de metal, el estuche con veinte mentas, es el pastillero metálico con veinte mentas a sólo diez pesos, vale diez pesos, diez pesos cuesta…

Durante cinco minutos los dos meseros flacos dan más de veinte vueltas dentro del lugar, se cuelan entre las mesas, buscan algo, algo buscan, una colilla en un cenicero, una servilleta usada, un tarro vacío, un plato con sobras de alimentos. Aún pienso que debemos dudar de la vida, no se puede, no se debe ser tan confiado, no cuando por la madrugada te despierta un aguacero, las calles no se atreven a rumorear, los seres nocturnos duermen intranquilos, los sueños se confunden con esto que me aturde la respiración, esto, esto de la vida que de por sí, ya es bastante dudosa.


HJS

RADIO TEXTUAL | EQUIVOCAZIÓN

-…rápido, ahorita te lo regreso…
-…nada más tengo éste…
-Sí, no le hace, me sirve…

La morenita toma el pequeño espejo redondo con la mano derecha, con la zurda busca en su bolso azul, encuentra el gloss rojo, toma el aplicador y se delínea los labios mientras el metro acelera desesperado, intenso, la obscuridad del tunel y la iluminación del vagón abrillantan aún más el rojo amenaza en esos labios. El metro disminuye la velocidad, la Ciudad arriba en su estresante manera de existir, de gritarse, de hacerse perdidiza entre los murmullos eternos, la Ciudad arriba, en su música… La morenita siente una mirada muy a lo medio extraviada de la pasajera de junto, entonces apresura el delineado, después, con gran habilidad enchina sus pestañas con una cucharita de metal; el tren llega a la estación, las personas esperan en el andén, reclaman alguna desgracia con sus miradas, muerden varios malos sabores de la jornada; la morenita termina de pintarse y devuelve el espejo.

– Ya, toma, gracias… ¿qué perfume usas?…
Equivocazión…
-¿Equivocazión…? Mmm… ¿En dónde lo compraste?… ¿lo traes?
– Sí… lo compré en Fraiché…
-Mmm… en Fraiché… Equivocazión… Bueno, aquí me bajo, muchas gracias…
-Sí, de nada….
– Hasta luego, gracias… Equivocazión… Equivocazión…

Las puertas se abrieron, la morenita caminó con pasos leves, flotantes, la primavera subterránea observaba sus pequeños movimientos, su piel asomándonse en la blusa de tirantes inquietaba los rumores de la Ciudad. Las puertas  cerraron. Al vagón entraron un grupo de personas que intentaban descifrar quién podría ser el más prescindible de la oficina, pues alguien, en algún pasillo, o en algún baño, dijo las palabras recorte de personal, la quincena había pasado y pues caray… ya se las habían arruinado, por eso, mejor, los seis, incluyendo Marcela, que casi no sale con los de la ofi, fue al jueves de alitas que, incluyendo la canción que sonaba en el vagón, podría ser lo mejor de ese puto día de mierda…

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HJS

MALAS PALABRAS


¿De qué parte obscura de tu existencia surgieron esas palabras, de qué motivos, de qué malditas conexiones de tu ser? Decide no hacer la pregunta, decide quedarse mudo, ser corazón de piedra, decide el silencio cuando siente que las tripas le arden de manera delirante, y aunque no lo diga, aún cree que esas palabras surgen de otro cosmos ardiente, de una galaxia obscura, tenebrosa. Acelera el transporte público y le distrae el sonido infalible de una guitarra mal entonando una canción del buen rock urbano, el entorno se llena de voces.

- No te entiendo... ¿Qué dices?... Siempre lo mismo, no te entiendo, esas tus malditas palabras no las entiendo, no sé qué carajo quieres, qué buscas... ¿qué dices...? Naaa, nada... definitivamente no te entiendo... no quiero, así como tú no quieres, yo no quiero y así la cosa... ¿qué dices?.... Naaa, na, te equivocas... naa... en serio, en serio no entiendo tus malditas palabras...

-Estaba sentado, esperándote, pero ya no llegaste.../ la verdad me puse a cantar esta canción.... tú, dónde haz quedado tú, tu alegría y tu salud, que ingratitud en tu actitud.../ pero ya no llegaste y así.../ pues qué querías.../ que llegaras.../ pues no llegué, pero llegué después.../ pues sí... /pues sí... /buts.... /buts....

-¿¿¿¿Por eso te enojaste...????  / Lo chequé en su feisbuk / ¿Y por qué checas su feisbuk? / Nada más...

Maldita existencia, se nos va en el acelerar de un camión, de un vagón del metro, maldito aire envenenado que nos da vueltas en el cerebro, maldita sensación de estar vivo se nos va en un grito desesperado, en un agudo latir de la Ciudad, en un aullar maniático.... Se nos va el tiempo en las pesadillas de párpados abiertos, se nos va el seso en la sosobra y el aburrimiento, se nos va y la sonrisa malvada se nos dibuja en el rostro, un rocanrol tremendo araña nuestra piel, nuestros recuerdos y la existencia, la existencia se nos va, se nos va entre algunas, varias malditas palabras.

HJS

RADIO TEXTUAL | CALOR


¡Refrésquese, hay congeladas de vainilla, de groseya, de fresa!

El calor nos hace personas distintas, nos convierte, las miradas se apagan, buscan esconderse, el calor dentro del metro de la Ciudad se vive con ánimos vacilantes, el sudor, las respiraciones, los buenos y los malos aires, el calor nos ubica en otras dimensiones, en estados diversos de la mente, en perdiciones del alma, en fluidos que a veces disfrutamos en nuestras pieles, nos convierte en una masa húmeda, en un moverse y sentir lubricado. El calor nos lleva a una ausencia hipnótica, nos cubre, nos atrapa, nos deja calmos en una instancia de algún tiempo sagrado.

¡Ufa! Siente que arde y no es el calor… entre los empujones le bajaron su celular. Ahora mira desde la línea amarilla a través del vidrio y no encuentra al culpable, no sabe quién fue, sabe que está por ahí, que anda por ahí… ya perdió, ya perdió, le hicieron perder, ahí, en el metro, así nomás sintió como pum, se cortó la música, su cuerpo no podía moverse, la gente aventaba para adelante, los cuerpos, las piernas, las manos, los brazos encima de él, de los demás, ahí, la masa deforme, la masa violenta, la masa que quiere molestar, fastidiar, la masa gandalla, la masa que acá y allá… Se va, da la espalda al vagón del metro, alguien ríe, alguien entre la gente ríe. En el bolso del pantalón de un hombre, sigue sonando esta canción en el reproductor de un celular que no le pertenecía…

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