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SACRIFICIOS | ASÍ NADA MÁS

-Sígueme, le dijo Nanahuatzin
-¿Así nada más por eso…?

Ardía la piel bajo esa luz, platicaban y atrás de ellas una música ranchera sonaba en las bocinas en donde estaba enchufado el aipod. Una tele también sonaba, eran palabras las que salían de la televisión vieja conectada a una antena elaborada por Paco, una conexión a la nueva señal. Eran noticias. Boni las sintonizó. Boni tenía el control de la vieja tele que aún servía. Boni cambia de canal pero regresa a las noticias. Varias personas entran y salen del baño. La brisa mueve los cabellos de M., Normiux mira muy interesada. Están bebiendo agua de jamaica en un vaso grande de vidrio que impúdico suda y aniquila los hielos con el fin de mantenerse a una temperatura agradable al paladar. Ya caliente, el agua de jamaica del lugar trastornaba a los señores y señoras: el calor fermentaba el líquido, las hierbas tomaban un sabor muy dulce, los labios deseaban el primer trago, la vida se jugaba la misma vida en una tanda de albures y bromas con ella misma. La bebida hacía preguntas que mandaban a la mente al vacío, a un instante en el tiempo en donde crees que te hundes, te vas para abajo. El agua de jamaica muy fría, casi granizada de jamaica, era aún más deliciosa, la lengua enloquecía al sentir por diez segundos el sabor refrescante del líquido rojizo, masticar los hielos dejaba en las encías una sensación de sanar toda herida, de calmar las pesadumbres. La jamaica fría del lugar hacía platicar a la gente.

 – Sí, nada más por eso– M. cuenta lo que sabe, o le dijeron, lo que ha leído y leyó en la primaria, tiene un libro en su casa, está en un librero de madera café claro en donde también hay un espejo. Suele mirarse el rostro, acariciarse las cejas pintadas finamente por las luces de su habitación a medio día, suele tocarse y sentir los pelillos arriba de sus párpados, suele sonreírse al reconocerse en el espejo, es su piel y la de su madre. Es ella y sus recuerdos en el espejo: rectángulo de dimensiones extrañas en un marco de metal azul pastel pintado a mano. Era ella ahí, su reflejo y quizá detrás de ella sus demonios, sus gritos y reclamos, entonces tomaba el libro amarillo, dedicaba tiempo a repasar las letras y construir lo contado, dejar ir su momento, establecer un pasaje irrepetible. M. se acaricia la piel morena, dice en palabras de exquisito aroma– en serio, nada más por eso, una noche le dijo sígueme, porque siempre está, digo siempre y digo que todo el tiempo está, así como nosotros, dormimos y todo y siempre estamos, así mismo está, entonces le dijo sígueme, le siguió y ya no supo más 
– ¿En serio?¿Dónde fue eso?
– Aquí cerquita, aquí a unos metros, donde está la casita amarilla, adelante hay un callejón, ahí jugábamos de niños, se veía el río, podíamos ver peces– En serio, ¿se le apareció y le dijo sígueme y él fue?
– Te digo que sí pues, le dijo sígueme, seguro brilló o algo, pero no hay testimonios ni nada de adeverás, nomás se fue y ya
– ¿Cómo saben que le dijo sígueme?¿Cómo saben que era él?
– En la noche el único celular que había en el pueblo recibió como a la misma hora un mensaje que decía sígueme
– ¿En serio nada más había un celular?– Sí pues, está de locos pero en serio, nada más había un celular y recibió ese mensaje
– ¿Y se fue y qué más, para qué se lo llevó?
– El quería irse lejos, se despertaba en la noche gritando en su cuarto, bien fuerte decía, yo sé que estás ahí, que nomás tienes a tu pinche metiche ésta, nomás las tienes ahí viéndome cómo me pudro, no te hagas, siempre estás, siempre estás, todos siempre estamos aquí 
– ¿En serio?
– Sí pues, en serio…
– ¿Estaba loco?
– ¿Qué es eso?
– ¿Cómo?

Las dos recibieron un golpe del viento. El calor ya evaporaba las gotas de su rostro, bebían un largo trago de jamaica, masticaron los hielos. Las canciones todavía sonaban. Boni le subía el volumen al estéreo, porque también tenía el control del estéreo. Las noticias contaban de una lluvia terrible en el norte del país. Fuerte vientos se invocaban para el lugar. Boni subió el volumen de la música, un hombre cantaba agudo, los tambores seguían la historia de amor reciclado, de desamor, de dolor… 

– Hablas raro…
– ¿Cómo raro?
– Así raro, a veces arrastras algunas jotas
– ¿En serio?..– la risa era peculiar, los dientes mostraban sus ganas de estar contenta
– ¿A qué huele?
– Ah, es la mojarra frita, le ponen una salsa que cuando se calienta suelta ese aroma, también le ponen otros ingredientes, la hierba santa, sal de grano, guajillo
– Me gusta el olor
– Sí pues, también huele a los leños, casi siempre huele así aquí, sólo cuando la luna se voltea y se pone prieta, entonces los olores comienzan a cambiar, pero la mojarra frita de la vieja siempre alegra el olfato, orita ya comemos, ¿qué vas a pedir?, ¿todavía tiene hielos la jamaica?
– Sí… todavía tiene, es muy sabrosa, quisiera echarme un clavado al río… no sé qué pedir de comer, ¿qué me recomiendas? 
– Lo que tú quieras, pide el ceviche, el calor lo amerita, también la mojarra al mojo, no te vas a arrepentir, ¿cuándo te vas?
– Yo creo pasado mañana, ¿me vas a invitar a tomar trago?
– Sí pues– M., se ríe para distraer el calor, para ponerlo a descansar entre los rincones más fríos de sus entrañas, en las partes en donde se acumulan los malos hábitos, donde se congelan los pensamientos incómodos; M., ríe, su lengua es sensual cuando alcanza esos tonos rojizos, M., habla para seducir a las nubes que por momentos les dan tregua de la mirada del omnipresente, del que siempre está. 
– Pediré la mojarra al mojo, una pequeña porque antes quiero un coctel campechano– Mmm, no se diga más– M., levanta el brazo derecho, sus pieles se mueven y escurren unas gotas de sudor que caen en un grieta en el suelo, las gotas se combinan con el río, un pez sorbe la sal de M.; Boni mira el movimiento del brazo, después la sonrisa de M.; con la voz raspándole la garganta, Boni motiva a Julián y le señala la mesa en donde está M. y su acompañante, Julián se levanta de la silla, pone un poco de salsa roja a un crujiente totopo, lo muerde hasta tragarlo y camina lento hacia la mesa, Boni lo mira alejarse, parpadea una vez porque una mosca se le queda parada en la ceja izquierda, parpadea otra vez cuando mira el caminar cansado de Julián, su juventud merecía el trote de un caballo, Boni pensaba en un tercer parpadeo cuando Julián llegaba a la mesa.
– Díganme, ¿qué les traigo?– La voz del joven era tan ligera, tan aguda y cercana al cantar de los grillos
– Juliansito, hola, perdona pues, no quería molestarte, pero mira no conoces a Normiux; Normiux, Julián, Julián, Normiux– La presentación se acompañó de un apretón de manos y un beso en la mejilla, la mujer y el hombre sonrieron, ya se había visto antes, nunca se habían saludado, pero en esta ocasión eran desconocidos, jamás se habían visto, el beso en la mejilla era dado con la sinceridad de quien comienza a guardar información ajena: facciones, olores, miradas, colores, tonos de cabellos, lunares en el rostro, textura de las manos. M., ordenó una mojarra al mojo pequeña y dos cocteles campechanos chicos, también le pidió más totopos, dos vasos con hielo triturado y una jarra de agua 
– Está bien, ya regreso– Julián se llevó su voz y se la compartió a la cocinera, la Vieja, la mamá de varias personas en el lugar, la razón del platillo, Camarones a la Vieja, de la cerveza preparada a la Vieja. La Vieja giró la cabeza al escuchar la voz de Julián, movió la cabeza y dijo sí, ahorita salen, Clara prende la estufa y prepara dos campechanos chicos por favor hija, Julián arrastró la silla, Boni parpadeó y sintió el rechinar de la madera en el páncreas. El joven tomó otro totopo, le untó salsa roja, exprimió algo de limón, esperó los alimentos. 

– Sí pues, lindo ese Julián…
– ¿Entonces no sabes cuándo te vas, tienes vacaciones o algo así?
– No tengo, nada más vine a la fiesta y a ver a mi hermano, a dejarle unas flores a mi papá, me escapé, si casi no vengo porque no me dejan salir, inventé el pretexto de que ando en unas prácticas y que salí a una comisión a verificar material, me llevo bien con la mujer de recursos humanos, ella me ayudó, se enteró de la situación de mi mamá y le dije que para mi familia era importante reunirnos en la fiesta y se puso amable, me firmó algunas cartas y me liberó una semana, pero no son vacaciones porque de aquí me regreso a la capital a verificar el material y me devuelvo para el norte
– ¿Te gusta vivir allá?
– Me gusta, igual me gustaba vivir aquí, ya me están hartando varias cosas de allá, el idioma, los papeleos, pero me siento muy bien con mi soledad, con mis espacios, me salgo a correr a los jardines, me dedico a mis plantas, tengo un perro, vivo en un departamento, sé que es un poco cruel para el animal pero le tengo mucho espacio, paseamos mucho en las calles, son bastante amplias y lindas
– ¿Pero ya no te regresas?
– No sé, no sé a qué regresaría, nomás a repasar las mismas estrellas, para aprenderme las grietas del cañón, no, no sé, la situación de mi mamá me hace dudar, pero aún así creo que sirvo mejor allá, le mando para sus medicinas, le envío algunos libros, no sé, la verdad no me regresaría ahora, por el momento me siento mejor así 
– ¿Tu hermano no intenta convencerte?… Por cierto, lo vimos hace poco en el río con una mujer, ¿es su novia o algo?
– Pues yo creo es su algo, no me dijo nada cuando comimos, tampoco en la fiesta, casi no platicamos de eso, pero cuando tiene alguna pena, viene y me la cuenta 
– Me imagino, pues qué padre la vida allá, ¿tienes fotos en tu celular?
– Sí tengo, mira– los olores emanados por la estufa y los trastes con los alimentos atraían a los aves del medio día, las mujeres miraban las fotos en la pantalla, sonreían al encontrar alguna pose chusca; el calor se quedaba impregnado en las blusas coloridas de las amigas, cuando Normiux le mostraba una foto en el zoológico les sedujo un aroma de ajo que se acercaba a sus espaldas, Julián cargaba con las dos manos una charola con los alimentos repartidos de manera estratégica, las mujeres se separaron, Normiux dejó su celular en la mesa, el joven acomodó los platos frente a las comensales, ambas agradecían cada movimiento de Julián, los aromas de los platillos les obligaban a sonreír, las amigas habían desayunado poco y el hambre estaba provocando ruidos en sus estómagos, el joven se retiró y les dejó un provecho amable, las dos mujeres repitieron la palabra, Normiux tomó una cuchara y revolvió el contenido de la copa de vidrio en donde habían servido el coctel, exprimió un limón sobre los mariscos, revolvió un par de veces más, recogió una buena porción con la cuchara y se la llevó a la boca, mascó mientras miraba a M., que ya había probado su coctel, ambas se sonrieron y sintieron un sabor a mar en su garganta, entre bocado y bocado bebieron jamaica helada y conversaron.
– Entonces… ¿volvió? 
– ¿Cómo que volvió? ¿Quién volvió?
– El viejo, ¿volvió el viejo?, me habías dicho que lo habían visto días después
– Pues dicen que volvió, pero eso es más mentira que los besos que le da el sol a la luna, no te creas, no volvió, no tenía cómo volver, así como se había ido era muy complicado su regreso, ¡qué complicado!, inexplicable, ¿de dónde volvió, quién lo vio, a qué regresó, si regresó?, no hay respuesta, mejor ignorarlo
– No sé, ¿quién lo vio irse, al final cómo supieron que se fue, a qué se fue?
– Ya te lo dije mujer necia, él quería irse y le estuvo friegue y friegue hasta que vinieron por él
– Pues no sé, lo del mensaje se me hace una locura, y pues de que se haya ido así, tampoco me queda claro, no hay testigos ni nada, ¿en serio no hay nadie que lo haya visto?, ¿por qué todos lo creen así como verdadero?
– ¡Ay mujer! Cuántas preguntas, nada más te vas y te entra la duda, seguro alguien lo vio pero imagínate, ¿hace cuánto fue eso?, seguro han de estar muertos, el señor se fue y ya, y listo, ya nadie sabe más
– Y así, ¿nada más por eso le hacen una fiesta?, ¿es que no sé, no es porque me haya ido, pero todo se me hace muy raro, desde chica se me hizo muy raro pero pues la fiesta así era?
– Ay mujer… pues sí, por eso, como dices, así nomás le hacen la fiesta porque se fue… pero no nada más porque desapareció, o porque quería irse, si no porque él le vio, le vio por primera vez, sus ojos de humano fueron los únicos que estuvieron ahí para presenciarlo, para ver lo que nadie puede, de estar aquí él sabría más cosas de las que sabemos, pero él decidió irse, perderse y no volver, deseaba eso y le vio, y cualquiera podría decirte que si viene y les dice sígueme le seguirían, le seguiríamos, iríamos así, tras el destello, tras el brillo, porque ahí es donde muchos queremos estar, ahí y no en otro lugar, ahí porque no sabemos qué es, y él sí lo supo, lo supo y no volvió, por eso le hacemos la fiesta– las dos mujeres atraviesan con su tenedor la mojarra al mojo, la prueban y vuelven a sonreír, su paladar se impregna de sal y de un sabor picante, beben la granizada roja 
– No sé, se me hace muy raro, así nada más porque le dijo sígueme. 

DRN

SACRIFICIOS | ESPERAR


Nos van a dar unos quinientos pesos, yo me tengo que esperar porque vivo lejos y no me da tiempo de llegar tan temprano, la mayoría así le haremos, nos vamos a quedar a dormir afuera de la Municipalidad, vamos a montar un refugio, Avelino llevará los trastes para preparar algo caliente, Elías prefirió traer el café porque no tenía mucho dinero para cooperar para el agua o los panes, el café que trai es bastante bueno, nos mantiene platicones, lo cosechan en su pueblo, Elías se vino a trabaja por acá porque quería aprender primeros auxilios, después le platicaron de la brigada y al final se anexó a la cuadrilla, cuando bebemos su café nos compartimos las historias que cada quien sabe, muchos conocen la de Nanahuatzin; Bibian no conocía la historia del hombre del monte, la aparición, el del machete, no nos creía cuando le dijimos que ahí donde está el café internet ahí estaba la casa, si vas en la noche se escuchan varios golpes, susurros molestos, el rechinar del metal. Ojalá Elías traiga suficiente café, yo me encargué de montar el refugio, colgar algunas lonas, poner sobre el suelo varios plásticos, conseguir la leña para la fogata.

Nos dijeron que van a venir unos muchachos, nada más tenemos que estar pendientes y esperarlos, no podemos andar tan uniformados, vamos a esperar aquí afuera hasta que vengan, por eso me traje mi esta chamarrota y el pantalón de mezclilla, se pone bueno el frío pero tenemos que esperar, a mí me caen bien unos pesos de más, así recupero lo que gasté para montar el refugio, no fue mucho porque varias cosas las tenía en la casa pero tuve que conseguir la lona, si no vamos a sufrir el frío. Espero poder dormir, la verdad sí voy a extrañar mi colchón, pero nomás es una noche, eso espero; a veces cuando el teniente cree que es prudente hacemos guardia igual aquí afuera, nomás que en esas veces si nos dejan entrar al edificio al baño, o tomar un café, esta vez no, dizque porque tenemos que darle seguridad a la plaza, al baño sí nos van a dejar pasar, más porque hay varias mujeres en la cuadrilla, pero nos dijeron que de a uno por uno. La verdad yo no le veo mucho peligro, no es que vaya a venir un comando armado, nos dijeron que son unos muchachos que vienen de la capital, la verdad no creo que nos hagan sentir inseguros, pero pues como dice Elías, hay que obedecer al bueno y hay que darle de comer a la lombriz. Elías no quería venir, me lo dijo el otro día en la fiesta, ahí en el baile, me dijo que el teniente ya se estaba pasando, que qué eran esas ideas de mandarnos a dormir a la calle, ahí en la plaza, si cada uno de nosotros tenía su casa, su estufa para tomar un café bastante caliente, no le gustaba la idea de dormir fuera de casa, a veces le entraba la melancolía y extrañaba a su esposa, los días que hacemos guardia en la plaza, Elías acostumbra llevar su guitarra, se sabe varias canciones de tríos y sones, ojalá hoy la traiga pa’ cantar algunas de las más bonitas, la verdad me gusta cómo canta el Elías, su voz te va haciendo olvidar el frío, me preocupan los alimentos, espero que los demás compañeros sí cumplan porque nada más andar tomando café y jalándole al cigarro me provoca puros ardores, ojalá sí traigan algo de comer, la Bibian nos prometió unos panes de su pueblo, no me acuerdo si ya los he probado, pero de cualquier manera pan en esas condiciones es pan, y pues luego como el teniente no nos dijo bien bien cuánto tiempo vamos a estar aquí haciendo guardia, sólo espero que nos pague lo que nos dijo porque la última vez, cuando los maestros hicieron su manifestación, se tardó varios días en pagarnos y eso que estuvimos dos días haciendo la guardia, aguantando los insultos de las personas, me acuerdo que en esa ocasión Bibian se desmayó del hambre, al teniente se le había olvidado mandarnos de comer y nosotros pasamos una tarde esperando la comida, ya en la noche mandamos a Moreno por unos guisados con Mariel y lo bueno que la mujer nos fió aquella vez porque ninguno de los de la guardia traíamos para la comida, nos confiamos, pero pues hoy parece que sí nos van a traer atole y unos tamales, al menos eso dijo el teniente que todavía no se ha ido, antes de que se vaya le vamos a decir que no se le olvide la comida.

¿Que si estamos organizados? No, cómo vamos a estarlo si nos la pasamos todo el día caminando, o aquí nomás parados en la Municipalidad esperando bajo el sol, comiendo pura saliva, pocas veces nos vemos todos juntos y cuando nos vemos en los bailes o en las fiestas se nos olvida el uniforme, la verdad ni queremos estar organizados, la gente nos respeta cuando vamos caminando por las calles, algunos nos saludan, otros nada más aprietan los labios; a mi mujer no le gusta cuando me toca quedarme de guardia, se queda sola con los hijos y después tiene que despertarse bien temprano para ir a lavar ropa, los hijos se quedan en la casa y eso a mi mujer le apura bastante. Espero que vengan pronto los estudiantes porque le digo que el teniente dijo que iban a venir pero no cuándo ni cuántos días, ojalá no arrecie el frío porque a esperar con el ánimo y los huesos entumidos nada más no nos acostumbramos.


DRN

SACRIFICIOS | SECRETO

Mmm Ángel… piensas que no me doy cuenta, algo tienes, lo escondes en tus movimientos torpes, en tu mirada cobarde, en la carne pegada a tus huesos, tas todo flaco, me doy cuenta, me doy cuenta de tus escapadas, de tus malos humores. Pero te conozco, sé hacia dónde vas, te voy a seguir, sé a dónde vas, la Vieja me lo dijo, sé que vas con esa mujer, he leído tus cuadernos, no me engañas Ángel, no me engañas.


DRN

SACRIFICIOS | SACRIFICIO

No soy yo ni lo que quiero ser, esto es lo que soy, soy un momento, una perdición, una estricta herrumbre, una manera de sentirme insatisfecho, de estarme reclamando el existir para después sonreírme y darme palmadas, para ser tan hipócrita conmigo, con mis… tan perdido en mis reconocimientos, en mis insatisfacciones, en mi manera de no saberme humano, de perderme en este mundo que me consume mientras le consumo.

La libreta en donde escribe Chema es regalo de un amigo, se la dio nada más porque sí, un lindo obsequio, Chema agradeció con un abrazo el presente de color amarillo, escribió algunas frases en las primeras hojas y la reservó para pensamientos más especiales, Chema se cuestionaba si en algún momento tendría esos pensamientos especiales. Ahora escribe. La pluma deja marcas de Chema, el maestro de intercambio suda al escribir, al hacer cualquier actividad, al hablar, al emitir un sonido interno cuando varios recuerdos se licúan en su mente, suda y mancha la camisa azul, una de las tres que tiene del mismo tono. Prefiere escuchar música cuando garabatea con pensamientos la libreta. Chema siente el dub en sus oídos, las bocinas de la computadora le comparten un sonido bastante fiel, la grabación la hizo el mismo amigo de la libreta, una selección de trescientas canciones en un cd; esa noche insertó el disco en la computadora, dejó que la máquina reconociera el contenido, presionó el botón de reproducir, el dub comenzó a sonar en la habitación, Chema insistía en la necesidad de una ventana al exterior, las paredes blancas, los pilares pintados de verde agua le presionaban el cerebro en sus días de resaca, de malhumor, el cuarto presionaba sus ideas, entonces escribía. Cinco párrafos y se levantaba al baño, que se encontraba a unos metros de la cama. La habitación la había conseguido buscando en el periódico sin saber mucho de los alrededores, cinco días después de llegar compró el diario del lugar y buscó habitaciones en renta. Antes de comprar el periódico preguntó a la señora de la tienda si no sabía de algún sitio disponible, la señora dijo que ella rentaba un cuarto por dos mil pesos. El gesto de Chema transmitió la información necesaria, la señora de la tienda le dijo al recién llegado que checara el diario y hablara por teléfono, que se apresurara porque ya iban a llegar los de la presa y ocupaban la mayoría de las viviendas. Buscó. Cuando leyó el anuncio sonrió y se animó de inmediato, habló, la voz tenía el acento local, las palabras fluían por los oídos de Chema recargado en la cabina del teléfono público. Después compraría un celular para comunicarse. La mujer que contestó le dio la información: cuarto independiente, un baño, regadera, agua, luz, treinta y cinco metros cuadrados, seiscientos pesos.

El cuarto se encontraba cerca de la preparatoria. El cuarto tiene dos ventanas pero no dan a un exterior, una de ellas separa la habitación de un árbol y de un breve espacio en donde se juntan los frutos que caen, en esa zotehuela impedida, le dijeron a Chema meses después, se manifestaba una presencia.

Chema detiene la escritura, baja al volumen de la computadora, el dub balbucea cadencioso en las paredes de sus oídos, hay una lámpara en la habitación, también un foco ahorrador en el techo, dos luces para los nervios de Chema. En la noche la lámpara ilumina poco, sólo la enciende cuando tiene ganas de escribir. Trata de evitar algún recuerdo para no perderse y sigue en la escritura, la música le provoca un corto circuito mental que cuando está dispuesto termina por arrojar a las hojas de la libreta, la música le viene bien hasta para no recordar en esos momentos. Vuelve a bajar el volumen, no puede evitarlo, un recuerdo le llega traicionero por la espalda, fue la noche cuando Genoveva le contó de la presencia extraña afuera de su ventana. Dos focos para su nerviosismo, para su estado de alerta repentino, traidor. Siente algo en su cuerpo, él dirá que sintió a un furioso chimpancé subir por su cuerpo de manera súbita, un tlacuache enojado enterrado sus garras invisible en su piel. La ventana tenía una ventaja para los exquisitos: dejaba entrar un poco de la luz reflejada por Colyoxauhqui; en las noches el pequeño espacio ocupado por el árbol en donde se manifestaba la presencia se llenaba de una iluminación blancuzca, el encierro del árbol se convertía en una graciosa manifestación de la humanidad, de sus contradicciones. Chema deja las cortinas abiertas cuando tiene ganas de observar esa luz y dejarse observar por el árbol; en noches de cansancio y perdición de la cordura prefería correr las cortinas vino tinto. La música entrometida en los nervios de Chema. La mirada del joven en la ventana, no es el árbol, tampoco esa luz rebotando entre las paredes, bañando el árbol, no es el polvo revolcándose travieso entre el aire, Chema está asustado, ha visto la manifestación de una presencia.

He visto la manifestación de una presencia, así le dice Genoveva, así le dice la gente del lugar… Estoy viendo una presencia pero no me aterra del todo, no sé por qué le dicen presencia, no puedo evitar sentirme asustado, me es complicado escribir, quisiera estar atento a los movimientos de la presencia, pero también quiero escribir lo que siento y lo que veo, siento un tlacuache furioso subiendo por mi cuerpo, encajando sus garras en mi piel hasta llegar a mi cabeza y quedar ahí parado, presionando, arañando mi cráneo. La presencia está en la ventana. Respiro lento para que parezca que estoy inmóvil. No sé si sabe que estoy aquí, no sé qué es.. Preferiría no verla, prefería no estar mirando lo que veo, no puedo cerrar los ojos, son diez tlacuaches los que suben furiosos por mi cuerpo, es el sonido de los animales subiendo, arañando, peleando entre ellos, la presencia no se mueve y preferiría no verla, los ojos no pueden mirar otra cosa, los párpados no obedecen, mejor no sentirse vivo, mejor no respirar, no es un buen momento para estos pensamientos, preferiría no ver lo que veo, se me encoge el cuerpo, un frío intenso, la presencia y un ruido escarbando en mis oídos, pateando mis tímpanos, un ruido destrozando mis memorias, atravesando mi cerebro de manera veloz, lanzando granadas, la presencia más cerca, no puedo evitarla, la ventana, la presencia, es, por qué…

Al siguiente día el profesor de intercambio debía asistir a una junta del comité y a una clase a las cuatro de la tarde proyectaría una película. Despertó, sin bañarse fue a la preparatoria, los profesores adjuntos, nuevos o de intercambio se encargaban de preparar el café en las juntas, Chema se vistió con torpeza, tomó la película para la clase, varios folders con hojas fotocopiadas, lecturas para revisar, descolgó el portafolios café del perchero, guardó los objetos recolectados, se dio cuenta que traía al revés el suéter, con la etiqueta por fuera, se lo quitó lo volteó y se lo enfundó de nuevo, caminó hacia el frigobar, al abrirlo rechinó con las intenciones de días pasados, tomó un trozo de queso manchego, lo masticó, se acercó al mueble de madera utilizado como alacena, tomó una rebanada de pan integral, mordió un pedazo, tragó el queso, luego el pan; del frigobar extrajo una jarra de vidrio: medio litro de leche, terminó de masticar, tragó todos los alimentos, miró al techo, su barrera, su contención, su verdugo, miró la jarra y dio un trago al lácteo, salivó, sus ojos se humectaron en exceso, alivió su prisa, otro trago y guardó la jarra en el frigobar, buscó en el ropero la chaqueta de mezclilla, se amarró al cuello la corbata guinda que ya tenía hecho el nudo; entró al baño y se cepilló los dientes, escupió en el lavabo, enjabonó sus manos y frotó su rostro con desesperación; el espejo rectangular colgando de un hilo pegado con silicona en la parte posterior le recomendaba apresurarse, frotó la piel del rostro con las yemas de los dedos, acercó la cara al lavabo, le sorprendió un recuerdo, una imagen, un susto, se secó con la toalla azul colgada en el toallero, sintió su piel fresca, el aire le enfriaba la carne, con los párpados cerrados, el rostro dentro de la toalla frotada por sus manos, recordó la noche previa, una descarga eléctrica en su estómago, bajó la toalla, abrió los párpados, se miró al espejo, comenzó a recordar. Aún se le hacía tarde.

Entró a la preparatoria, cinco alumnos recargados en la pared recibían la luz morada del amanecer, caminó apresurado, saludó al conserje, al velador, a la señora del aseo, sus pasos en el suelo de losa rosada rechinaban, apenas se acordó de ponerse calcetines, aceleró el ritmo de sus pisadas, pasó por los salones de ventanas alargadas, herrería y puertas azul marino, iluminación blanca, tímida ante las irradiaciones del astro luminoso, apresuró su andar por los pasillos, llegó a una puerta, entró, saludó a la secretaria, dejó su portafolios sobre el escritorio, que se le olvidaría al salir de la escuela, abrió la alacena, tomó una bolsa de café, se acercó a la cocina: un pasillo con una estufa, microondas y varios muebles, en una gaveta estaba la cafetera grande de filtro, para la junta se necesitaría bastante líquido, la sala tenía aire acondicionado, enfriaba los cuerpos, bajaba la temperatura de la sangre, el café mantenía a los asistentes con buena temperatura, el café del lugar amargaba las penas, aliviaba las dudas, prometía buenos momentos futuros. Llenó la cafetera con el agua de la llave. La conectó, dejó hervir el agua, quitó la tapa del cilindro metálico, cinco litros de agua, introdujo el filtro con diez cucharadas de café molido regular, los humos del agua acariciaron los granos del café, Chema puso la tapa, dejó hervir. Los amaneceres en el lugar se distraían con el volar de las aves verdes, el cielo de a poco compartía sus luces brillantes, los muebles de la coordinación de profesores rejuvenecían al saberse tocados por la luz, el olor del café provocaba comentarios, moldeaba sonrisas en las personas que llegaban y escribían su nombre en un cuaderno colocado por la secretaria después de la llegada de Chema. El profesor de Computo se acomodó la chaqueta de nylon color vino, Chema le ofreció un poco de café, el profesor aceptó y saludó.
– Qué hubo Chema ¿cómo estuvo la fiesta? ¿Pocas flores o muchas? ¿Estuviste despierto hasta tarde?– Qué pasó Ulloa, buenas, nada de fiesta, escuché el relajo, los cohetes y el griterío a la media noche, pero estuve en casa desde que salimos de aquí, me quedé escuchando un poco de música y bebí una cerveza para celebrar por el día…
– En el centro sí se puso canijo mano– los labios bien contorneados por una línea rosada se acercaban a la bebida obscura, el profesor Ulloa prefería mirar al techo, o alguna parte del cuerpo de Chema, pero a los ojos evitaba acercar su curiosidad– pues canijo de padre pues, la música se mantuvo a píe, la banda hasta las seis, siete, nomás amaneció y se escuchó el último chirrido de una trompeta, después puro silencio… pero suerte la nuestra que nos toca junta…
– Suerte la nuestra, Ulloa, pero pues aprovechemos para enterarnos de cómo va la situación de las modificaciones– ¿Enterarnos? Sabemos lo que sabemos, ¿a poco quieres ampliar tu sentido auditivo para saber cuán agudo es el tema?
– Algo así…– Si todos van a venir desmañanados, llegamos por la lista, si no, ni llegábamos.

La puerta de la coordinación rechina cautelosa, entran los profesores de lenguas y de literatura; los últimos en llegar son el prefecto y los profesores de física y matemáticas. Cada uno toma una de las tazas de café dispuestas en una mesa de madera.

Estamos por presenciar una junta del comité de evaluación, se revisarán diversos aspectos del programa de estudios y las modificaciones a partir del movimiento de la comisión de maestros y el documento en donde exponían sus demandas al gobierno del estado; los miembros del comité no tienen relaciones muy íntimas, prefieren someterse a los comportamientos propios de un compañero de trabajo, en juntas previas han expresado desconfianzas o evidenciado malas interpretaciones, las reuniones se invaden de tensión, a las discusiones les motiva el ánimo de proteger su escuela, su labor como profesores, su aportación para el lugar y también intereses personales. Atl, se llama el profesor de lenguas; Ulloa prefería ser llamado así en sus clases de cómputo y en las calles; a Ramón sus padres lo bautizaron en la fiesta del equinoccio, su nombre conmemora al padre de su madre, Ramón comparte con sus alumnos y alumnas lecturas latinoamericanas en la clase de literatura; Ernesto prefería el silencio, su labor de prefecto requería cierta distancia con sus colegas; Constantino eligió las matemáticas aunque el tractor de su viejo le esperaba todas las mañanas en el campo; Juan Pablo trataba de no reclamarle a su madre el nombre, más en un ambiente tan poco aliado a las textos católicos. Alguno de ellos caminó en la peregrinación de la fiesta de las flores, otros dos asistieron a los espectáculos en el teatro del lugar, unos más sólo fueron a la misa para acompañar a sus abuelas, les parecía atractivo el evento; el prefecto, igual que Chema, se quedó en casa, pero Ernesto decidió hornear un pollo con vegetales en una salsa de quesos que el olfato de su esposa agradeció. Ernesto y su mujer mordieron algo de pan en el comedor, platicaron de lo necesario que era pintar esas paredes, el verde ya no les gustaba, les traía malos recuerdos, se asomaron a la ventana para ver el desfile y la peregrinación, Ernesto, y lo cuento porque justo en este momento es lo que piensa, besó a su mujer, la desnudó, se acostaron en el sillón, sentían el alcohol en sus movimientos, en sus miradas confusas, se atrevieron a dejar las ventanas abiertas, los gritos de las personas se confundían con los ruidos de la pareja penetrándose, dejándose entrar en lo más húmedo de su ser, se sintieron viscosos, se dejaron ir en las energías de las personas, en su paseo de máscaras, en sus cantos, en sus imágenes de animales extravagantes; Ernesto recuerda a su mujer y sonríe, quisiera mantenerse en ese pensamiento por más tiempo, algún sonido de sus compañeros le interrumpe y da un sorbo de café.

– Compañeros, les invito a pasar a la sala para iniciar la reunión, agradecemos a Chema por el tema del café – la voz de Ernesto tiene efectos sobre los demás, los profesores entran a la sala, la secretaria, Elvia, vestida de falta amplia hasta las rodillas y entallada en la cadera, blusa amarillo claro: un canario siguiendo con la mirada los movimientos de los profesores.

Chema entró al final, encendió los ventiladores, el calor comenzó a revolverse en la sala, abrieron las ventanas, las cortinas, los brillos de la mañana se refractaban en el vidrio de la mesa rectangular, los profesores cogieron una silla y reposaron su cansancio de fiesta, murmuraban algunas experiencias, los resultados de la lotería, las noticias del diario local. En cada junta cambiaban los encargados de la moderación, esta vez Ulloa y Ramón se encargarían de llevar el orden del día, Atl se encargaría de elaborar la minuta. Los profesores se acomodaban delante de la mesa, colocaban sus libretas, bolígrafos, lápices, algún folleto, el diario local, un ejemplar de poemas de José Revueltas.– Compañeros– la voz de Ulloa resentía los gritos de la noche anterior, le gustaba provocar a los hombres disfrazados, también a los muchachos que cargaban los instrumentos musicales– buenos días compañeros, me da gusto que se hayan puesto en píe, sé que es un día complicado pero algunos teníamos que cubrir estos pendientes– Así es compañeros– al ser el segundo en hablarle al grupo, Ramón relajaba los nervios, el profesor prefería refugiarse en las palabras escritas, en los textos, en la literatura, la oratoria no estaba de su lado– entonces, continuamos con los pendientes, pero primero repasamos los puntos a discutir, esperamos que sea una sesión de dos horas, después podemos ir a desayunar, si quieren al mercado o si gustan cada quien por su lado– el también cronista del pueblo es reconocido por saber en dónde se condimenta más sabrosa la comida, son pocos los lugares, pero en días de fiesta, o diversos días de plaza, muchos lugareños preparan alimentos, la llegada de los trabajadores de la presa también ha motivado el comercio de comida, las recetas suelen aumentar de calidad en la búsqueda diaria de clientes, Ramón acostumbra compartir sus descubrimientos con sus compañeros, en esta ocasión estaba pensando en un estofado de res y verduras en caldo de guajillo, lo preparan en el restaurante que está cerca del arco– compañero Atl, puedes compartirnos los puntos de la orden del día por favor
– Buenos días compañeros, como primer punto está el pendiente de la semana pasada: la colecta de libros para la biblioteca y el concurso de poesía, como segundo punto, la discusión con respecto a la marcha que se hará a la Ciudad, tercer punto, la discusión del plan de estudio, la modificación a la currícula y planteamiento de postura frente a la modificación, cuarto punto, temas varios, esos son los temas compañeros– Atl emite sonidos nacidos en una tibia caverna, lee una hoja, subraya con un bolígrafo negro las palabras postura y modificación, escribe en el borde derecho de la hoja discutir el rol del nuevo
– Bien compañeros, nos enviaron un correo electrónico, escriben de la Ciudad, de la Universidad, que quieren donar libros en respuesta a la petición que se hizo el mes pasado, entonces llegará una caravana de universitarios el día primero del siguiente mes, vienen en un camión escolar, nos pidieron alojamiento o algún lugar para establecerse con el camión, ¿se sabe cuántas personas y cuánto días estarán en el pueblo compañero Atl?
– En el correo no especifican, sólo escribieron que de quince a veinte personas, se quedarán dos días, durante la tarde del primer día nos pidieron un auditorio para dar unas palabras y presentarse, también nos pidieron que estuvieran varios de nosotros en una sesión abierta
– Pues así la situación compañeros– Ulloa proseguía con seriedad, le preocupaba el buen entendimiento en la junta, procuraba un ambiente fresco, los demás le acompañaban en su exposición– ¿existe alguna objeción, algo que agregar?– ¿Y sobré qué se hablará en el debate que quieren hacer los universitarios?– Constantino sintió una descarga repentina de energía en su cuerpo, piensa en la dosis de café, sospecha es la cafeína, en realidad no le apura, sabe controlar la taquicardia inusitada, se acomoda en la silla, respira consciente de hacerlo, abre los párpados un poco más, se limpia dos gotas de sudor apenas resbalando por su barbilla– no me parece mala la idea, pero me preocupan las malas interpretaciones, ya se sabe cuántas veces han venido a armar el teatro y pura pantalla, nada más levantan expectativas, no encontramos acuerdos compañeros, me preocupa
– Bien, pero los compañeros universitarios no están pidiendo un debate, lo exponen, cito textual del correo “una charla, una plática para conocernos y exponer nuestros puntos de vista frente a un presente que se percibe violento y preocupante en nuestro país”– Atl tiene varias hojas blancas cerca de sus codos, las preparó en la noche, antes de salir a la fiesta, al regresar en la madrugada les echó un vistazo y cerró el folder verde, en la mañana bebió un poco de agua, se levantó y revisó las hojas, era lo necesario para la junta
– Compañero Atl, me parece bien, se oye bien, pero ya veremos cuando lleguen, podemos evaluar al verlos, al observar sus intenciones, debemos ser precavidos– Constantino no mueve mucho las manos al hablar, a veces las entrelaza y las reposa sobre la mesa, sus ojos suelen tener bastante movimiento, cuando desata el círculo de energía formado por su cuerpo se talla la cuenca de los ojos con la palma de la mano, pero no deja de hablar, sus palabras se forman de una materia viscosa con olor a tabaco, sus compañeros le escuchan acariciar el viento con su voz
– Acompaño al profesor Constantino, me parece importante comenzar a protegernos, debemos saber las intenciones antes de abrirnos del todo, me sumo a la propuesta de evaluar– el prefecto Ernesto tiende a respaldar los comentarios de Constantino y Juan Pablo
– Entonces lo sometemos a votación– las voces de los hombres en la sala se confunden en un sí, Ulloa se acomoda en la silla– entonces votamos, ¿cuántos a favor de la evaluación propuesta por el profesor Constantino?– las cinco manos se alzaron a ritmos diversos, Ulloa contó y continuó con sus palabras– cinco a favor, ninguno en contra, entonces los compañeros universitarios llegan el día primero del siguiente mes por la madrugada, se acepta su donativo y se evalúa el plan de la mesa, ¿cómo evaluaremos y en dónde se quedarán?
– Los observamos y después platicamos con ellos, también nosotros hay que ser muy directos, la evaluación la llevaremos en nuestras mentes, pero si quieren compartamos las preocupaciones que tenemos, pero ya después vemos si reunimos a los alumnos y a gente del pueblo para una charla– Constantino dirige su mirada a cada uno de los presentes en la sala, pocos le devuelven el vistazo– el segundo tema, el alojamiento, puede ser en las bodegas de los talleres de mecánica, por el momento no hay material, o también en el llano en donde ponen los castillos
– Bien, bien, entonces es una buena propuesta la del alojamiento, podemos ver si no llueve ese día, de todas maneras el camión se puede quedar en el taller, me parece mejor lugar el taller, más discreto y estoy de acuerdo con el plan de evaluación, una plática previa es la mejor idea, hay que ser conscientes del viaje, puede ser una buena oportunidad para un diálogo con los estudiantes, también veámoslo por el lado académico– Ramón está pensando en hacer sesiones en los salones de usos múltiples, tienen ventiladores, son más amplios– De acuerdo compañeros, entonces pasamos al siguiente tema, o ¿alguna objeción?– el silencio acarició los pómulos de Ulloa– pasamos al siguiente punto
– El concurso de poesía compañeros– Atl deja de escribir la minuta para continuar con su exposición– a cada uno de ustedes se les entregó un folder con los poemas seleccionados, se acordó que el día quince de este mes nos compartirían su veredicto, como ustedes no son los únicos jurados les invitamos a que compartan este aviso con los demás integrantes del jurado, el día quince de este mes es la fecha límite porque el veinte es la premiación en la ceremonia de la presa
– Bendito momento– la sonrisa de Juan Pablo sulfuraba malicia, apenas ejercitaba sus labios, el desvelo le tenía atrapado, el burdel le arrebató otra vida, una más, la dejó por ahí tirada, estuvo a dos segundos de sueño de no venir, una eternidad– Así es compañeros– un momento de distracción, risas, comentarios cortos, Atl quería recuperar la atención de sus colegas, lo hizo leyendo en voz alta un poema del concurso– “Muerto. Golpe de desesperación, contracción de las neuronas/ nubes sobre los ojos, esplendor de la madrugada/ desaparecer, volver a no ser, convertirse en la bruma, en la intranquilidad/ bruma, baile de obscuridad, bruma de nosotros, bruma hasta desaparecer, bruma/ nubes sobre la mente, nubes pretendiendo alcanzar al supremo. Muerto, desaparecer.”– Atl dejó la hoja sobre la mesa, se talló los ojos con la mano derecha, una mosca avisaba su presencia, intentaba salir de la sala, los maestros repasaban el poema en sus mentes, Atl mostró una sonrisa, sabía que los había enganchado con la lectura, se sentía satisfecho de haber elegido ése y no otro poema
– Gracias por la lectura compañero, ¿cuál es el nombre del poema? – Ramón trataba de no mostrar la fatiga en sus ojos, escuchó el incesante aleteo de la mosca, el bicho chocaba contra la ventana, el profesor de literatura dejó que el insecto se desesperara lo suficiente para después levantarse de la silla y abrir la ventana
– “Desaparecer” compañero, fue escrito por alguien de octavo cuatrimestre, todos los poemas están firmados con seudónimo, se les pide a quienes formarán parte del jurado que expliquen sus razones una vez tenga a sus elegidos– ¿Alguna duda o pregunta compañeros?– es la voz de Ulloa, son sus palabras queriendo volver al silencio del sueño, a las respiraciones tranquilas y su cuerpo sobre el colchón; sus compañeros no tuvieron objeción, dentro de la sala se mantenían sentados, con los codos sobre la mesa, las manos proveyendo de café a la boca, los maestros necesitaban más cafeína, necesitan al sol en sus pupilas, un baño fresco en las aguas del río, un caldo de Mariel acompañada de una cerveza helada– si no hay dudas compañeros, proseguimos con la reunión, pero sí les pedimos que envíen a la brevedad sus resultados así como sus razones. El siguiente punto es la marcha a la Ciudad, nos queda discutir si saldremos con la caravana del pueblo, o nos vamos en nuestro camión; también quiero agregar que algunos alumnos de octavo se acercaron al profesor Ramón para preguntar cómo sería, hay interés por parte de la comunidad pero el compañero tiene más información sobre eso – Ulloa miró a Ramón y con la mano abierta le invitó a que siguiera con los pormenores
– Gracias compañero, pues sí, hace una semana al terminar la clase varios alumnos y alumnas se acercaron para preguntar quién podría incluirse en la caravana, si podían sumarse al evento, algunos confirmaron que tenían el permiso de sus padres y que en todo caso nos harían llegar una carta. Por el momento no se planteó la participación del alumnado, pero el interés de las y los muchachos nos hace repensar su participación, nosotros no los contemplamos, pero ellos quieren ser incluidos, además están bastante informados y saben las complicaciones que pueden tener las modificaciones al plan de estudios– Ramón deformó su rostro hasta obtener una mueca irrisoria, sus compañeros también elevaron las cejas, del exterior provenía una música de ritmo calmo; Elvia había sintonizado la estación de radio local en una grabadora que reproducía discos compactos y casetes, a la mujer le interesaba escuchar las noticias, pero decidió esperar a que acabara la canción para buscar el noticiero matutino, Ramón hizo la mueca después de reconocer la canción, era Amanecí entre tus brazos, Elvia silbaba a ritmo de la voz de la mujer que interpretaba el tema, la secretaria intentaba buscar en su cerebro varias imágenes de la noche anterior, el torso de Román, las flores anaranjadas sobre su mesa, las palabras de Román, sus ojos de sorprendente brillo, la botella de aguardiente, el filete de pescado, la crema de hierba santa, las rosquillas de nata y el café al final de la cena, la fiesta afuera, la temperatura en sus párpados, los sudores de sus cuerpos, la tentación de querer gritar con la furia del mundo, las manos de Román, la piel de Román, la piel de Elvia, los sonidos de Román al bailar el danzón que él mismo había sintonizado en la radio. A Ramón no le inquietaban el silbido, tampoco la voz dentro de la grabadora, tú me querías decir, no sé qué cosa, Ramón tampoco sabía qué cosa le sucedía, sospecha que los silbidos de Elvia pretendía llegar a unos oídos y no eran los del profesor de literatura, Ramón evitó perderse demasiado, volvió a la junta, apretó varios dolores dentro de su cuerpo y continuó– linda canción… entonces compañeros, ¿qué opinan de la participación de las y los jóvenes en la caravana?
– Encuentro varios inconvenientes– Ernesto había alzado la mano mientras Ramón se perdía en el silbido de la secretaria– por un lado los jóvenes se convertirían en nuestra responsabilidad y para cómo están las cosas, no creo que sea lo mejor, sabemos muy bien que las autoridades en cualquier momento nos meten un susto y nos regresan a nuestros lugares, sabemos lo molesto que puede ser para el gobernador nuestra participación, imaginemos cómo se pondría al saber que los estudiantes se nos unen– ¡El gobernador!– el rostro de Atl se convertía en una máscara de gesto malvado– el gobernador puede pensar lo que quiera, no debemos detenernos por lo que diga ese señor
– No estoy tan de acuerdo compañero, sabemos los alcances que puede tener, sabemos también que nos tienen bien vigilados, hemos visto sus artimañas para querer incitar al alumnado, sabemos que nos prefieren con los ojos cerrados, las manos atadas a la espalda y la boca bien cerrada con cera caliente – el prefecto temía por los alumnos, también por la escuela, en ese momento, mientras se rascaba la frente y daba el último trago a su café, ya frío, recordó la visita cobarde que les hizo un grupo armado después de las manifestaciones en la Cabecera Municipal, le preocupaba la nota que habían dejado en la puerta de entrada: “No se quieran pasar de pendejos, póngase a estudiar y olviden la revuelta”
– ¿Pero entonces qué respuesta les damos a los alumnos?– cuando Ramón siente furia la piel le comienza a cambiar de tono hasta llegar al color del jitomate, después siente una humedad caliente en sus órganos vitales– ¿Que no pueden acompañarnos por miedo?, porque eso es lo que tenemos, miedo compañeros, me parece que es momento de discutir con seriedad la participación de los jóvenes, creo que si participamos como comunidad tal vez podamos tener más fuerza, mayor convocatoria para poder echar para atrás las modificaciones
– Comparto las dos maneras de ver el problema– Juan Pablo había bebido su primera taza de café, al terminar de hablar se levantará de su silla, abrirá la puerta de la sala y saldrá a servirse otra taza de brebaje, no le ofrecerá a los demás para no interrumpir la discusión– debemos, sí, debemos ser precavidos con la participación de los alumnos, no es tan fácil convocar y llevárnoslos, hay que plantear los riesgos, que son varios, para empezar sólo hay un camino hacia la autopista, en cualquier momento podrían interceptarnos y cometer cualquier tropelía en contra de la caravana; por otro lado, me parece muy importante la concientización de los alumnos, celebro que se hallan acercado al profesor Ramón, eso quiere decir que han perdido el miedo, que ya no se creen todas las mentiras que aparecen en el periódico, además, no creo que el gobernador esté en posición de ataque, en este momento no le conviene; y ya por último, nuestra camión no irá sólo, recuerden que también irán los compañeros de la escuela normal, los compañeros de la Universidad estatal y varios trabajadores que se han unido a la caravana después del mitin en la Cabecera. Me parece que es un buen momento para incluir a los más jóvenes, de que conozcan otros panoramas y de que sepan que no somos los únicos en querer frenar las modificaciones
– Pero entonces compañero Ernesto, propones dejar fuera a los estudiantes, no crees que eso puede generar divisiones en la escuela– Constantino observa a Juan Pablo abrir la puerta y regresar con un poco de café, piensa que es algo miserable por no ofrecer más bebida a los demás, pero se concentra en sus palabras, además, sospecha que Juan Pablo es algo despistado
– No propongo que se les deje fuera, tampoco que les expliquemos los peligros pues eso sin duda les sembraría mayor inconformidad, enojo y además se estaría perdiendo el centro de la discusión que por el momento son las modificaciones al plan de estudios, el retiro de apoyos a escuelas como la nuestra, las evaluaciones truqueadas, las cuotas que quieren imponer así como el recorte de las materias de historia y la eliminación de temas en los libros– Ernesto tiene buena relación con los alumnos, le consideran una persona de carácter rígido pero ninguno de ellos dudaría en contarle algún mal pues el prefecto jamás desperdigaba en chismes las palabras de los alumnos
– ¿Entonces compañeros?– Ulloa elevó la voz, se sentía satisfecho al no escuchar la presencia de la mosca, estiró sus brazos hacia el techo y bostezó para evadir la avalancha de somnolencia que sentía en su pecho – ¿Qué podríamos hacer para no parecer evasivos ni autoritarios, para comunicar nuestra preocupación y para integrar a las y los estudiantes en esta movilización, para iniciar un diálogo con ellos?– los maestros extraviaron sus miradas en la sala, en una fotografía del Cañón, en la pintura abstracta de tonos rojos y líneas finas, en la fotografía de la primera generación de profesores; Ulloa prefiere mirar su reflejo en la ventana, decide seguir pensando en el silbido
– Supongo que lo más conveniente será realizar una reunión informativa con los alumnos, – su respiración perseguía a la calma, Constantino se acomodó en la silla, recargó sus codos en la mesa, le dio un poco de libertad al movimiento de sus manos – una junta en donde se expongan los puntos de esta situación, hay que invitarlos a participar en esa toma de decisiones, no podemos ser nosotros quienes decidamos los movimientos de los estudiantes, estaríamos cometiendo un error, los incluimos y les motivamos a que se organicen, pero sólo les motivamos para que su organización pueda estar ajena a nuestros puntos de vista de maestros, una reunión en donde además se informe las problemáticas y las razones que nos llevan a movilizarnos, hay tiempo para hacerlo, la caravana es en dos semanas; ahora, la cuestión del gobernador me preocupa, pero me preocupa más poder estar organizados en nuestra escuela, trabajadores, alumnas y alumnos, maestros y maestras, para que los golpes no vengan desde nuestra misma fuerza
– Comparto la visión del compañero– Atl tenía un acento particular al hablar, entonaba de manera divertida las vocales, su manera de decir las palabras hacia pensar en la contradicción, su tono era más bien malvado, la presencia de un rayo al tronar– la organización puede ser favorable en cualquier sentido, entiendo la preocupación del gobernador, no perdamos los puntos fundamentales del problema y busquemos sumarnos a las causas compartidas, la idea de la reunión es ideal, los estudiantes quizá encuentren una posibilidad para tomar decisiones en equipo, decisiones que también les son de su interés– Si vamos a realizar la reunión entonces tendremos que organizarnos entre nosotros para saber qué informar, avisar al director y al subdirector; bien, digamos que con eso solucionamos la participación del estudiantado, ¿qué sucede con nuestra participación en la caravana, cuántos vamos a ir, llevaremos mantas, cuándo las haremos?– Juan Pablo reciente la segunda taza de café, pudo pedirle a Elvia un par de galletas, pero la encontró demasiado distraída con las noticias
– Con respecto a las mantas se acordó en la sesión pasada que se harían cuatro por cada división, sociales y humanidades, ciencias, deportes y trabajadores, las frases serán compartidas en la siguiente sesión, esa es tarea de Lorenzo, también nosotros podemos proponer, la cuestión es que cada división lleve cinco,– el compañero Ramón tiene siete años impartiendo clases, estudió en la misma escuela y después cursó literatura en la Universidad del estado– quisiera hacer un paréntesis, los víveres para el viaje los proporcionarán las tiendas del lugar, los compañeros de ciencias hicieron labor de convencimiento, el hospedaje en la Ciudad aún no se resuelve pero el director comentó en la junta del comité que él se encargaba, podemos preguntarle cuando se le comunique de la reunión informativa
– ¿Quién va a manejar el camión?– para Ernesto era importante saberlo, él podría conducir, era algo que le gustaba hacer, se va a enterar que alguien más lo hará, pero no le disgustará la idea, sólo sonreirá y asentirá– El compañero de vigilancia, él mismo se ofreció– liviano, el conserje y vigilante, le había dicho a Ramón que él quería aportar aunque fuera manejando, Ramón lo propuso en la junta de la coordinación y estuvieron de acuerdo – la gasolina la pagaremos los profesores y trabajadores– Entonces compañeros, ¿acordamos que se hace la reunión con los estudiantes, que los presentes vamos a la caravana, quedan claros los pormenores del viaje, alguna duda? – Ulloa lanza sus ojos a cada uno de sus compañeros, están de acuerdo, el amanecer también está de acuerdo y dibuja las sombras de los floreros colocados sobre el mueble de madera ubicado cerca de la ventana
– ¿Cuánto tiempo estaremos en la Ciudad?– a Constantino le preocupa la situación de su hija que desde algunos días forcejeaba con una fiebre necia, el profesor de matemáticas no quería estar tantos días fuera de casa, a partir de las repentinas fiebres su esposa le reclamaba las llegadas tarde a casa o cuando Constantino accedía a ser vocero en una junta o una reunión del comité de profesores; desde su llegada a la escuela, hace cuatro años, se ha comprometido de diversas maneras en el cotidiano de la preparatoria
– Llegaremos el viernes por la mañana y nos marchamos el domingo por la tarde,– Ramón sabe de la preocupación de Constantino, de ser posible propondría que llevará a su hija y esposa, pero eso no se iba a discutir en esa sesión, mucho menos iba a ser aprobado – a nuestra llegada nos estarán esperando varios integrantes del Consejo General, nosotros nos uniremos al contingente de los profesores de educación media de los estados, para el momento de la marcha les pedimos bastante organización y que lleven una playera blanca, ¿alguna otra duda?
– ¿Sólo marcharemos?, ¿o cuál es nuestra participación en el evento? – el prefecto Ernesto elevó su ceja derecha al masticar las últimas letras de su pregunta– La idea es apoyar la marcha, hacernos presentes y visibles, también escuchar lo que tengan que decir los organizadores de la marcha, por supuesto podemos aprovechar para informar nuestra situación y nuestra manera de proceder y trabajar; es un buen momento para aliarnos con otros grupos de profesores – Ramón tose después de hablar– Quisiera agregar – Atl deja de escribir en tinta negra sobre su libreta de pasta dura – que dependiendo de lo que decidan los alumnos, y si es que deciden acompañarnos, nosotros podemos buscar espacios en el mitin, o dentro de la marcha, para que las y los alumnos expongan sus preocupaciones
– Me sumo a esa causa, esperemos que el alumnado se decida y ya después podemos encontrar un momento adecuado– Juan Pablo rasca su pómulo izquierdo, al sentir sus dedos sobre el rostro se da cuenta que la han crecido las uñas, la piel de la cara se le enrojece un poco
– ¿Quedamos entonces conformes con lo acordado?– La sala se llenó de sol y de silencio, los ritmos de las respiraciones decían que sí– Prosigamos con el siguiente punto, por favor compañero Atl– Continuamos con las modificaciones al plan de estudios. En la última sesión acordamos que cada uno daría lectura a la propuesta que llegó de la Ciudad y nos compartiría sus observaciones, ¿alguno quiere comenzar?– el amanecer contestó la pregunta elevando dos grados la temperatura del ambiente– El propósito de discutir las propuestas de modificación es generar nuestra posición frente a estos movimientos en la educación
– Pues ya se han discutido bastante las propuestas, me parece que la mayoría de los profesores estamos absolutamente en contra de los cambios propuestos, no se puede reducir el temario de historia, mucho menos se pueden eliminar momentos importantes en el desarrollo de nuestro país, tampoco podemos permitir el cobro de cuotas a los alumnos, me parece que es sólo el primer paso para hacer privada nuestra educación, y eso en nuestra escuela no puede suceder, las propuestas son totalmente ciegas a la realidad de otros pueblos y lugares como el nuestro – Constantino ve en las modificaciones un intento de querer desaparecer las maneras en que se impartía la educación en distintos lugares del país
– De acuerdo compañero, pero qué sucede con el material y el equipo que hace falta en la escuela, el director dice que ya no hay presupuesto y los alumnos se están quedando relegados ante su presente, apenas tenemos una conexión a internet – Juan Pablo bebe a sorbos pequeños la segunda taza de café
– Pero el director sabe que hay presupuesto, que el gobernador tiene la obligación de apoyar y satisfacer las necesidades de la escuela– Chema revivió de su silencio, le preocupaba el tema de las modificaciones, a su llegada al lugar, hace tres meses, le impresionaron las propuestas totalmente ajenas a lo que se vivía en la escuela
– Compañero Chema, relájese, sabemos que quiere aportar pero de dónde saca que hay presupuesto, tenga cuidado con lo que está diciendo, el director es una persona de costumbre delicada – Atl trató de contestar con un tono de voz amable– Pero el director apoya la causa, no veo por qué no se pueda exigir un poco más – Chema miraba a los ojos al compañero Atl
– Compañero, las cosas son muy distinta aquí, el director y el gobernador tiene una relación bastante peculiar, podríamos decir que de cielo e infierno, sabemos muy bien los alcances y los intereses del gobernador, también sabemos que el director apoya la causa y se mantiene del lado de la escuela y quienes la integramos, pero de ahí a que podamos exigir más, no creo que sea prudente
– ¿Entonces cómo resolvemos el problema de las cuotas, cuál será nuestra propuesta, sólo rechazar las modificaciones?– Chema quería desquitarse del silencio que le tenía amarrados los labios
– Frente al tema de las cuotas no tenemos una propuesta concreta compañero Chema, pero sin duda es algo que no permitiremos que suceda –Atl había colocado su voz en los tonos de la molestia e incomodidad– aquí tenemos nuestras formas de proceder compañero, podemos compartirles nuestra preocupación al director para que él pueda gestionar otros fondos, pero no podemos comprometerlo e increparle que existen fondos que no se aplican en la escuela
– De acuerdo, – Chema habla y se siente con el deber de continuar alegando, sabe que su voz es poco escuchada, pero ese poco le bastaba, así se hacía presente entre sus compañeros, compartía sus preocupaciones, formaba parte de ellos – que en el tema de los cuotas se haga a la manera que se hace aquí, pero lo que es inaceptable es el recorte en el plan de estudios, las omisiones en los libros, frente a eso ¿qué haremos? No es posible una educación a medias, cortada, más si los recortes son arbitrarios – Chema decidió realizar su intercambio al lugar luego de la muerte de su abuelo, no quería estar cerca de su casa, de su familia, de los olores del abuelo, llegó con la intención de compartir sus conocimientos en letras hispánicas, pero tuvo que modificar sus saberes para impartir la clase de historia mexicana
– Lo que plantea Chema es cierto, no podemos estar de acuerdo con las cuotas, los reclamos se pueden hacer de otras maneras, pero no encarando al director, no es una batalla que podamos ganar,– Ulloa no dejó de mirar a Chema mientras hablaba – las omisiones que quieren que hagamos no tienen justificación, se quiere eliminar todo un periodo de desarrollo mesoamericano, información fundamental para el entendimiento de nuestra sociedad, de nuestra presencia, yo propongo que nos instalemos en la negativa desde un punto de vista académico y decir que no se puede obviar información, no podemos censurar el curso de la humanidad, no tenemos que quedarnos con la Historia, con mayúsculas, que quieren contarnos, pretenden que nos olvidemos de nosotros y de lo que fuimos, eso sin duda no podemos aceptarlo– Y, ¿sabemos lo que opinan los estudiantes?– Chema entrecerró los párpados y puso las palmas de sus manos sobre la mesa
– ¿Ahora quieres armar la revuelta?– La ironía envolvía las palabras de Atl– No sabemos qué opinan, pero estarán en contra– ¿Cómo estás tan seguro compañero?– Así son los alumnos Chema
–¿No crees que se les tendría que preguntar, conocer su opinión y no sólo informarlos y llevarlos en la caravana?– Los profesores sabían que era importante la opinión de los alumnos, pero no quería ser partícipes de su movilización, sabían que se podía provocar una incomodidad en la escuela y que podría desbordarse a los habitantes del lugar, las consecuencias serían la represión, el olvido, el despojo de bienes
– Se les tiene que preguntar, son ellos los que se verían afectados, más que nosotros – Ernesto acompaña sus palabras con varios recuerdos, son palabras que los alumnos le han compartido, sus vidas, sus posibilidades, sus problemas domésticos; el prefecto sabía que los alumnos merecían ser considerados en una postura que afectaban su futuro
– Compañeros, no perdamos suelo, tenemos que preguntarles, informarles, tenemos que sembrar al menos la preocupación, las propuestas no son más que avanzadas de algo que se puede poner mucho peor, nuestra libertad para impartir las clases, el diálogo que se realiza en las clases, van a cambiar muchas cosas compañeros, nos quieren hacer máquinas para trabajar, esa es una de las verdades y no le estamos prestando atención compañeros, también quieren aumentar las clases, pero solamente son pasos para un encuartelamiento, nos van a someter a planes en donde el alumno tendrá cada vez menos alternativas compañeros, los vamos a orillar al trabajo bajo las órdenes de la gran industria que nos está aplastando compañeros– Ramón manifestó su postura, aunque después consideró que no debió exasperarse tanto– Más relajado compañero Ramón– la voz de Atl trataba de calmar los caballos desbocados saliendo de la boca del profesor de literatura– es posible que sea una avanzada hacia circunstancias más preocupantes, pero de ahí a que vayamos a formar sólo robots, o maquinaria como le llamas, me parece que hay un camino amplio, pues estás olvidando a los profesores que se esfuerzan por generar diferentes opiniones en los alumnos, dices que nos van a arrebatar nuestra libertar en el aula, pero yo considero que eso es complicado, el aula se defiende compañero y desde ahí es desde donde tenemos que construir, con los alumnos, coincido con el compañero Chema, pero me alarma que un nuevo quiera integrarse en temas tan delicados
– Tranquilo compañero Atl, eso no tiene relación, o no sé por qué te alarmas tanto, me preocupa ese tema, me preocupa que los alumnos sepan las posibilidades que existen y que en todo caso sean parte de una consecuencia, siempre partiendo de la acción– Chema considera que está usando el tono de voz correcto, se lleva dos dedos a los labios y los acaricia con calma
– Bien compañeros, no demos más vueltas en cuestiones que se pueden volver personales, estamos de acuerdo en nuestro desacuerdo, sabemos que las modificaciones tienen otros intereses y sin duda debe existir oposición, la cuestión de las evaluaciones es nefasta, ya vimos que se nos quiere acorralar con esas pruebas, a nosotros también nos quieren volver robots; en esta junta lo que se pretende es armar un grupo que se organice para redactar un texto en donde se fundamenten las consecuencias que habrá si se aprueban las modificaciones, en un momento elegimos al grupo pues ahora surge el tema de los alumnos, por lo que se ha dicho también compartimos que tienen que participar y se les tiene que informar, eso, como se ha dicho aquí, se hará en la reunión informativa de la caravana, me parece que esa reunión puede dejar resultados positivos, es buen momento para reflexionar con los alumnos, entonces compañeros, ¿quiénes pueden formar parte del grupo que redacte el texto? Saldrá de aquí porque otros compañeros se están encargando de la logística de la caravana y los arreglos de fin de cuatrimestre, entonces pues…– Ulloa se confirmaba como el moderador de la reunión, tenía claro los objetivos, también su cansancio, deseaba una siesta en el sillón cercano a la ventana, su estómago le pedía alguna promesa de alimento, en la sala los maestros se propusieron para le redacción del texto, se apuntaron los nombres en una libreta, la de Atl, el texto tendría que ser entregado el viernes – Acordado esto, ¿algún tema que quieran agregar compañeros?– Atl dejaba grabados los últimos garabatos en su libreta
– Compañeros, sólo quiero avisarles que el siguiente ciclo de cine la dedicaremos a tres películas mexicanas, el ciclo se llama El dolor del país, será en la sala de usos múltiples, proyectaremos Heli de Amat Escalante, A los ojos de Michel Franco y Mezcal de Ignacio Ortiz, hoy realizaremos una proyección en la clase de las cuatro, proyectaremos un poco de cine de Nicolás Pereda, Donde están sus historias, si tienen tiempo y ganas les invitamos un café y una película interesante
– Muchas gracias compañero Chema, y ya que participa yo quería exponer una última preocupación, me ocupan las opiniones del compañero visitante, suele tener posturas en las diversas juntas, y al ser nuevo y ser de intercambio, me parece que deberíamos re considerar su participación en las reuniones– Atl leía el borde de la hoja en donde había escrito al inicio de la junta
– Pero compañero, me parece que no hay peligro alguno, las responsabilidades de Chema han sido ganadas, además su participación en estas juntas se consideró en la coordinación y después éste comité aprobó sus opiniones, no veo por qué le ocupe el tema– Ramón tose un par de veces para aclarar su voz
– Me parece que puede tener una visión externa que no es benéfica en muchos ámbitos de la escuela, no sé, me temo que estoy siendo exagerado, pero sólo consideró que debemos ser precavidos– Atl siente la mirada desconcertada de Chema– Pero compañero Atl, ¿qué es lo que quiere, convocar a una votación ahora mismo?, ¿discutir la participación de Chema en las juntas?– Ulloa exponía las posibilidades con ganas de acorralar al profesor de lenguas– La participación no se puede discutir, pues como comenta Ramón eso se discutió y aprobó en la coordinación, por otro lado, la participación, las propuestas y las posturas del compañero Chema en estas juntas han sido en calidad de oyente, si me disculpa, creo que esta exagerando compañero Atl, no hay que temer a lo externo, al menos no en este caso
– No quiero que se hagan votaciones compañeros, simplemente trato de tener el rigor de la confianza y también de conservar algo de confidencialidad entre nosotros, pero con esta misma confianza, confío en que quizá esté exagerando– ¿Alguien más comparte la preocupación del compañero Atl?– de nuevo el silencio frente al rostro de Ulloa, las palabras de Atl habían llenado la sala de incertidumbre, un momento peculiar, ningún profesor esperaba tales ecos
– Pues compañeros, no tendría por qué defenderme o responder, pero sólo quiero compartir que me desconcierta la preocupación, los meses que llevo aquí he tratado de ser discreto y respetuoso, si participo en las juntas es porque considero que es parte de una formación más horizontal, pero no puedo dejar de sentirme extraño, ajeno y entiendo un poco la preocupación del compañero– Chema detiene sus palabras y saliva con calma– Gracias compañero, entonces, pues compañero Atl, le invitamos a que despeje sus dudas, le agradecemos su confianza, entonces, ¿se repasaron los puntos, se llegaron a acuerdos?– Ulloa se levanta de la silla
– Se repasaron los puntos, llegamos a acuerdos, la minuta se redacta hoy y se comparte el día de mañana, Elvia dejará las impresiones en la mesa de la lista– Atl deja que su temperatura descienda, no fue un arrebato, en verdad le preocupa la presencia de Chema, es un truco de la vida, es una sensación que tuvo desde que lo vio llegar, eran sus ojos, su espanto, la forma y los tonos de sus iris
– De acuerdo compañeros, agradecemos su atención, sus palabras y comentarios, fue breve la junta porque se sabía del posible desvelo, quedamos en los acuerdos, se cierra la sesión después de una hora y media.

Se deshicieron las coordenadas del tiempo. Cada mente se repuso del cansancio, del estar atentos a la conversación, el querer atacar con un comentario. Los seis profesores se distraen, uno de ellos saca el teléfono móvil del bolso de su camisa color obscuro, desliza la yema de sus dedos sobre la pantalla del aparato, les muestra un video a sus compañeros que se acercan y rodean al dueño del teléfono para ver la pantalla, durante un minuto observan juntos el abuso de una autoridad en el poblado cercano, los profesores discuten de píe, el café se mantiene en sus venas, agita sus pesadumbres, conversan varios minutos más y se despiden. Comerán en distintos lugares, Chema esperará en la escuela, se alimentará con un guisado de pescado en el comedor de Licha ubicado a dos cuadras, beberá dos vasos de jamaica fría, también un café cargado, masticará un dulce de miel y regresará a la escuela a preparar la clase, antes de entrar saludará al profesor Atl, quien le mirará desde el verde agua de su desconfianza, sonreirán y esperarán verse al siguiente día. Ramón comerá el estofado de res con chile guajillo. Elvia esperará en la oficina, escuchará las noticias, se enterará de las visitas del presidente a dos países en el otro continente, del descubrimiento de agua en marte, las razones del gobernador luego de las abusos de las autoridades registrados en un video. Ulloa se irá caminando a casa, no desesperará el paso, se abotonará el saco y recordará varias palabras dichas por Atl. Constantino comerá en casa con su hermana que llegó para la fiesta de las flores, ella cocinará un humeante caldo de verduras, papas fritas y pechugas de pollo asadas al limón. Ernesto entrará a un restaurante, ordenará unas rosquillas de canela, un café negro, escribirá varias líneas después de leer el folder con los poemas. Chema discutirá con diez jóvenes la película, sentados en círculo expresarán sus dudas, sus comentarios, encontrarán sus explicaciones al mirar esas imágenes moviéndose en una pared del aula. Al terminar la sesión, cuando la noche bostezó sus melancolías, Chema percibió el calor de una sombra. La presencia estaba detrás de él, pudo observarla reflejada en el vidrio de la ventana del aula, no quiso caminar, se acordó de Genoveva, Chema escuchó sus latidos, intentó moverse, por cinco segundo no pudo hacer otra acción, sólo sentir una respiración cerca de su nuca, Chema recordó muchas miradas, muchas voces, muchas olores, intentó morderse un labio, quería reconocer el sabor de la sangre, miró la ventana, la aparición seguía detrás de él, tan cerca que podía ser él mismo, logró moverse, sintió una prisa en su cuerpo que le hacía actuar con torpeza, acalorado caminó por el aula, desconectó el proyector, acomodó las sillas, desconectó la computadora, se buscó en el reflejo de la ventana. Chema salió de la escuela caminando con un poco de prisa, sudoroso, buscando alguna explicación para aquello que no quería recordar, ni siquiera descifrar, Chema caminó, quería desaparecer la imagen, quería mutilar esa parte de sus memorias, quería desvanecerse, caminó y entró al restaurante en donde cinco horas antes había estado Ernesto, abrió la puerta de vidrio y madera, buscó una mesa disponible, escuchó la música que despedazaba el tiempo, se tranquilizó, sólo un poco.

Me dice algo que no quiere decirme, se equivoca y regresa a contarme otra cosa, me pierde en sus ritmos, en sus subidas de volumen, sus bajadas, su velocidad repentina, los agudos rasgando las ventanas del lugar atrapan a mis oídos, pelea, juega con mis pensamientos, me lleva al mar, me pierde en la superficie de la luna, me deja aturdido en el espacio, jala mis piernas para llevarme a la tierra, hace a mis pies danzar, precipita el ritmo de mi sangre, rodea mi corazón y lo acaricia con mañas extrañas, de noches extravagantes, voces rasposas.

Chema escucha música de John Coltrane, al dueño del café le gusta escuchar discos de vinilo, las bocinas las compró en un lugar de empeño, eran para la fiesta de despedida de su hija. Chema está distraído pero escribe en la libreta amarilla, la tinta negra se convierte en sus esquivos pensamientos, no quiere transmitir lo visto, quiere evitar sentirse atrapado, no quiere saberse enajenado, no quiere encontrarse, prefiere escuchar la música, prefiere oír el aullido del saxofón, los lamentos de la garganta de Coltrane, Chema ha escuchado esa música, en su habitación guarda una caja con varios discos, hay uno de portada negra, lo grabó su amigo Juan, supuso le vendría bien para los momentos de inspiración. El disco compacto tenía escrito en la superficie: Para perderse, en ese momento Chema se sentía perdido, ordenó un vaso de jamaica fría, muchos hielos y un poco de azúcar en el vaso, Chema estaba atento al correr de su sangre por las venas, llegó el vaso a su mesa, dio dos trago largos, intensos, limpió sus labios con el dorso de la mano izquierda, respiró con calma, intentó escribir pero no pudo, el dueño del café le otorgaba poca importancia a sus movimientos, Chema procuraba contener su desconcierto. Se sentía perseguido por la noche, por una necesidad de la naturaleza que le pedía su sangre, su energía, esperó sentado, la jamaica le tranquilizaría los nervios, o eso esperaba, la música todavía sonaba en el café, en la mente de Chema. Genoveva le había dicho que las apariciones solían comerse el alma de las personas. El maestro de intercambio presiente no tener su alma, trata de meditar, de tener una imagen bella en sus pensamientos, quiere evitar pensar en su reflejo, quiere evitar mirarse en cualquier superficie que le revele su condición, su presente. No se detiene, no quiere detenerse en él mismo, ha venido a este lugar a perderse, ha venido cabalgando en su cobardía, a esconderse, a quedar varado en esta situación, en esa noche de nubes obscuras y luces solares tiradas en el suelo, Chema conversa con sus miles de voces, le habitan, a cada segundo se encuentran mordisqueándole las neuronas. Levanta la mano derecha, observa a su brazo alzarse, observa su mano en el aire con el dedo índice erguido, el señor del restaurante lava un par de vasos en el fregadero, junto a la barra, el agua cae del grifo a las trastes, el señor enjabona, el agua quita las burbujas, se combina con otros líquidos, se hace viscosa, el señor termina de limpiar dos vasos, tres platos, de algún espejo le viene una imagen sospechosa, es el hombre de la jamaica fría, gira y lo busca en la mesa de la esquina, cerca de las ventanas, acomoda los trastes encima de una toalla negra, sale de la barra, camina entre los postes cubiertos por espejos rectangulares, esquiva un par de mesas, llega al lugar de Chema, que había corrido las cortinas de la ventana para obstruir su reflejo – Otra jamaica por favor– era un malestar de sus imaginaciones, no podía ubicar el dolor en alguna parte de su cuerpo– ¿podría subirle a su música?
– Otra jamaica…– el señor anota en una libreta de hojas rosadas– y sí, con gusto le ponemos más volumen, es buena hora, ¿le gusta la música?– Me gusta, ¿sabe qué es?
– Es un disco que me trajeron unos primos, me dijeron que era música norteamericana, me gusta, la verdad me gusta– A mí también me gusta, le agradezco

Es un pensamiento que se siente detrás del cerebro, es una mordida de un perro eléctrico. Me gustaría salir volando. Son una serie de pensamientos atrás de la cabeza, el río del amanecer. Sólo estoy encontrándome en otro cuerpo…

Cuando se acerca el señor, Chema detiene la escritura y cierra la libreta. Le dejan el vaso sobre la mesa, le retiran el vacío. Las tres agujas del reloj coincidían cuando la puerta del restaurante se abrió, Chucho entró primero, balbuceando varias palabras acerca de los hombres de la presa, Zanate iba detrás de él, adentro del restaurante le tomó del hombro y le dijo que bajara su volumen, casi se cierra la puerta y Nucú la detuvo con la mano izquierda, entró y reconoció la música, le gustaba, alguna vez le preguntó al señor quién emitía esos sonidos y qué instrumento era, el señor del restaurante le llevó el empaque del disco, Nucú lo leyó, deletreó el nombre en la portada, en la contraportada conoció el saxofón, se llevó una mano a los labios, se perdió en un silencio interno, repasó las curvas del instrumento que en la foto brillaba de manera insensata; Nucú sonríe cuando Zanate le pide a su amigo que relaje sus bríos. El señor del restaurante observa la entrada de los hombres, sus pantalones de mezclilla, las botas vaqueras, las camisas abotonadas hasta el penúltimo botón les delataban, les había atrapado el aroma de las flores, la fiesta aún vibraba en sus cuerpos, en sus miradas. Buscaron una mesa, sólo la esquina de Chema estaba ocupada, el cielo ya nocheaba y el jazz suspiraba para movilizar a dos nubes.

A Chema lo confundían con una mujer cuando era niño, la gente se disculpaba después de cometer el error, pero Chema no se acuerda, en una ocasión, desayunando omelete de jamón y té de manzanilla, su madre se lo contó con gran risa, Chema también se unió al humor de la anécdota. Se mira en el líquido del vaso y recuerda su espanto, trata de reinventarse, de ser un pequeño niño y encontrarse, se busca en los rincones de su mente, no quiere saberse con las ideas retorcidas, mira su rostro en el vaso y ahí está él, solo, no hay nada que le aseche, que le atosigue la calma, está ahí mirándose, recuerda un rostro, una mujer en el mercado, el hombre detrás de los tubos y las lonas en donde se ofrecían las verduras, la mujer de piel morena del otro pueblo, Chema vuelve a su reflejo en la ventana, quiere seguir en la misma imagen, persiguiendo a la misma mujer, descansa sus brazos sobre la mesa, recarga la mitad de su cuerpo en el respaldo de la silla, sigue a la mujer de sus pensamientos a ritmo de Coltrane, la mujer se escabulle entre los lonas y la gente vendiendo frutas, verduras, productos chinos, la mujer camina apresurada, detrás de ella un joven, detrás del joven él, la mujer se detiene, lo mira, Chema se mira en el vaso, regresa al restaurante, cierra los párpados y vuelve a la persecución, se escuchan algunas sonrisas, después el piar de unos pájaros matutinos, el cielo se ilumina y muestra unos tonos rosados, la mujer da pasos firmes hasta llegar a un cruce de caminos, está sola, el joven ha desaparecido, Chema sigue los pasos de la mujer, observa su espalda, sigue bajo la iluminación de un atormentado astro de fuegos internos, Chema en el restaurante aprieta los párpados, los dedos de sus pies, al seguir en su mente a la mujer evita hacer ruido, respira con la lentitud de la oruga que camina delante de él, la mujer se interna en el camino de los robles, varios aires le despeinan, camina, el aroma se apodera de sus pulmones, arrastra sus pies en la tierra húmeda, respira lento y su exhalar se escucha por todo la zona, los vientos emanan de los pulmones de la mujer, los aires se apoderan del cuerpo de Chema, de las intenciones que le han llevado hasta ahí, en esa memoria la mujer sigue su camino, desaparece de a poco el arrastrar de sus pies, el silencio se apodera de su existencia, Chema camina solo en sus pensamientos hasta encontrarse en una bifurcación, elige el camino de donde provienen los cantos de unas aves, le parece más seguro.

Se sentaron cerca de Chema, murmuraban con acento local, sus miradas estaban atrapadas en las flores, en los elixires de sus pétalos, arrastraron las sillas para sentarse, una vez cómodos esperaron al señor del restaurante; Nucú comenzó a golpear en la mesa con los dedos, intentaba seguir los ritmos emitidos por el saxofón, Zanate y Chucho no entendían con precisión lo que hacían en el lugar, su sudor despedía considerables razones para imaginar que no estaban ubicados en el tiempo, en las coordenadas de la tierra. Chema escuchó el ritmo de los dedos en contacto con la mesa, se distrajo, deseaba concentrarse en el sonido, en la respiración de otro ser, Chema respiró con calma, guardó la libreta y la pluma en el bolso de su chamara, dio un trago a la jamaica fría, su garganta agradeció el trago, con un sabor dulce en la lengua giró su cuerpo hacia la mesa de los tres hombres aletargados en el tiempo de las flores y dejó salir una pregunta de sus labios.

– ¿Señores, les molesta si compartimos mesa?
– Pero mira nada más compadre, si parece que tú vas a perder el alma esta noche– Nucú y su voz tersa
– Si no les molesta, me gustaría compartir este último vaso con ustedes– Chema, aún trastornado
– No me molesta y a mis amigos tampoco les molestará, pero díganos, ¿qué está bebiendo?– Nucú, algo sorprendido por el repentino encuentro
– Jamaica fría, quiero refrescar los sesos… Soy Chema, así me gusta que me digan
– Así le gusta que le digan, pero tiene un nombre, o nada más así, ¿Chema?
– Nada más así, Chema
– Sobres, pues como verás venimos buscando una batallita, algo para no llegar tan secos a casa, tal vez no es el momento de presentarnos, pero qué momento sino éste mismo,pue’, estos dos son el Zanate y el Chucho, el Zanate es el de bigotito, a Chucho le gustan los corridos de la revolución, a mí me dicen el Nucú, así nomás, y no sé si me gusta que me digan pero pue’ ya se volvió una marca para mí, los tres somos de por acá, anduvimos y andamos en la fiesta, nos gusta ver las luces del amanecer, ora pue’, ¿cuéntanos algunas cosas de ti?

El señor del restaurante se acercó a la mesa, en el camino desenfundó su libreta de hojas rosadas, tomó la pluma de su delantal, se detuvo frente a los hombres y subió las cejas, Nucú será quien hablará, el señor escuchará atento

– Buenas noches señor, ya llegamos de nuevo a llenarle de alegría el lugar, muy bonita la música por cierto… pue’ como se puede ver en nuestro estado necesitamos algo para perder, entonces tráiganos una jarra de jamaica caliente, a parte unos hielos y un poco de miel, y tráiganos cuatro vasos que aquí el compadre nos acompaña con unas dos
– No muchas gracias, yo estoy bien con este vasito
– No se preocupe, ya le dije, compadre, está usted de perder el alma, cuéntenos mejor

Les llevaron una jarra de loza rojiza, cuatro vasos de vidrio, un plato hondo con hielos, un frasco de miel y dos cucharas. El señor intentó servir el líquido en los vasos, Nucú no se lo permitió, tomó la jarra y comenzó a servir la jamaica en los vasos; humeante el líquido atrajo a los caballeros que recargaban sus codos en la mesa, se despeinaban queriendo entender quién era Chema, qué hacía en su mesa, el humo de la bebida les dio pistas, se acomodaron en las sillas, observaron a Nucú cuando vertía una cucharada de miel en los vasos, giraba varias veces la cuchara dentro del vaso, después con sus manos tomaba un cubo de hielo y lo dejaba caer en el líquido, Zanate tomó un preparado, Chucho repitió la acción pero con menor desesperación, Nucú dijo salud, los demás dijeron salud, Chema brindó con su jamaica fría, sonrió, dio un sorbo largo a su vaso frío

– Namás mírate, como que no estás, ¿ves a mis compadres? Así estás tú, igualito, y no hueles a flores, no se nota el aguardiente en los ojos, no estás peinado con el sudor del desvelo, algo traes compadre, algo grande, cuéntanos pue’
– Qué te cuento, no tengo qué contarte, puras mortificaciones, puras desventuras
– ¿No eres de acá verdad?
– No soy, trabajo en la escuela, vine a completar un intercambio, estoy como profesor adjunto, hacemos proyecciones de películas y platicamos
– Suena entretenido compadre, y, ¿por qué tan solo, por qué tan cobardón, ya cuéntanos, no nos quieres contar?
– No es nada, cuál cobardía, sólo quiero compartir, a mí también me gusta la luz de los atardeceres, me gusta sentirme en la noche, hace un momento estaba solo y sólo pensaba tonterías, quiero distraerme, además escuché que le gusta la música, a mí también me gusta, me mantiene quieto, pero salud, salud señores
– Salud compadre, aquí mis compañeros prefieren no hablar, pero pronto lo harán, ¿le gusta la jamaica caliente?
– No acostumbro tomarla, pero sabe bien, también he tenido mis experiencias, de terminar dormido en algún suelo y cuestiones de ése tipo, pero sí me gusta, ésta me gusta en éste momento
– No se diga más compadre, salud – Nucú habla desde su lado más amable, unos interiores inexplicables, una fiesta eterna, su piel morena ha visitado los burdeles más incógnitos del lugar, de los pueblos vecinos, en esta ocasión le toca ser el más sobrio, quien lleve a los demás a un lugar en donde dormir
– Salud– susurra Zanate, toma el vaso y le da un trago valiente al vaso
– Pues salusita – Chucho no se apresura, bebe poco, huele la pócima, parpadea lento, se imagina diferentes paisajes, colores aterciopelados
– Salud, la verdad ayer me quedé encerrado en mi cuarto mientras estaba la fiesta y tenía ganas de beber acompañado– Chema jugaba con el vaso vacío, el más grande, el vaso pequeño con la jamaica caliente estaba frente a él, seduciéndole con el humo, invitándole una noche colorada.

Los hombres dispersaron sus miradas en el restaurante, Nucú miró el reloj, Chema extraviaba su atención en la pared, evitaba las superficies reflejantes, Chucho se quedaba pasmado observando el humo de la bebida, Zanate parpadeaba lento, sus ojos parecían desaparecer dentro de sus cuencas, la bebida de color rojo actuó, Zanate movió sus manos sobre la mesa, parpadeó lento para saberse en el lugar, ubicarse en el momento, miró su piel más morena que antes, más azúcar quemada, más ámbar obscuro, percibió una ausencia en su interior, se sintió elevado, su piel era aún más morena pero tenía un brillo peculiar, se acordó del día anterior, del desayuno en el mercado, las cervezas en la tienda, los tacos en el restaurante del muelle, del baile en el salón, de las mujeres cacheteando sus pómulos por observar tan cerca, de las risas, las máscaras de toros anaranjados, de caballos rosados, los collares en los cuellos de los hombres, los sombreros de multicolor, la música del tambor, la trompeta, el clarinete en los oídos de Zanate, se acordó de su abuelo sentado en una silla de madera observando la comparsa desde la puerta de su casa, la multitud buscaba la perdición, intentaban arrebatarle un poco de elixir a las flores, Zanate se talla los párpados con los dedos, se limpia la comisura de los labios, ubica el restaurante, a sus amigos, al hombre que estaba en el restaurante, bebe otro trago y escucha la voz ronca de Chema
– Y ustedes que son de por acá, ¿qué saben de las presencias?
– ¿Las presencias? De eso no se habla compadre, es muy temprano para andar haciendo esas preguntas, ¿no crees?– Zanate responde, su lengua se mueve con lentitud, en general su cuerpo permanece en un estado de letargo
– ¿Quién te dijo de las presencias o qué? ¿Cuánto tiempo llevas acá, no te dijeron que de eso casi no se habla?– Nucú comenzó a desconfiar del hombre sentado a su izquierda
– No me dijeron, sólo una mujer me habló de ellas, me contó varias cosas, pero no me dijo que estaba prohibido hablar de eso– Chema acerca el vaso, mira la bebida y se pierde en ella por tres segundos
– No está prohibido, pero la gente prefiere no hablar de eso, hay que estar muy seguro de lo que se dice cuando se habla de eso, si no se puede convertir en un lío, no te dijeron la historia del muchacho de por aquí, que sabía de una presencia y no se lo dijo a nadie, su mamá sospechó algo y encontraron su camioneta volteada al salir del puente, la mujer quería saber algo que no debía– Nucú cuenta la historia que un colega del rancho la contó
– La verdad es la segunda vez que platico de la presencia con alguien, es un tema que me da curiosidad– Chema siente dos segundos de calor intenso, su lengua se queda tiesa, sus pupilas le piden algo de obscuridad, se acomoda en la silla, se sujeta a ella para estar seguro de no elevarse, los hombres en la mesa también experimentan una sensación similar, sin importar el desconcierto beben otro trago rojizo, el hielo ha desaparecido, la miel permanece en sus gargantas– la mujer que me platicó no me lo dejó muy claro, no entendí muy bien
– Y no te tienes que preocupar por entender compadre, no te preocupes, ya irás conociendo un poco más, saber de una presencia es conocer una, saber a qué huele, cómo respiran, o cómo sobreviven– Nucú sorbe de su vaso, intenta platicar sin que sus palabras se distraigan por el sudor escurriendo en su frente
– No tienes que andar preguntando esas cosas, no andes hablando de eso así nomás porque sí, aquí en el restaurante o en cualquier lugar, ¿tú crees que estaríamos aquí si anduviéramos hablando de esas cosas, si estuviéramos preguntando a todo el que se nos atraviesa por eso que dicen que a veces pasa?– Zanate no estaba enojado, hablaba con gesto de molestia, pero no era molestia, era seriedad o pasmo ante el presente, no le importaba mucho si sus palabras se escuchaban, hablaba por hablar, para hablar, para dejarse en el exterior, para manifestarse en ese lugar, entre los tres hombres que tomaban la bebida caliente
– Tómele compañero, el sabor de la miel le aliviará el pecho– Nucú animaba a Chema, los ojos de éste último dejaron entrar más luz, sudaba, sentía su cuerpo fresco, aclimatado a la plática, los vasos estaban a la mitad
– Le tomo, pero, ¿qué, entonces no me van a contar nada?– Chema también comenzaba a hablar por hablar, para hablarse
– ¿Y tú qué nos vas a contar?
– ¿Qué les voy a contar?
– ¿Por qué quieres saber de eso?
– Para saber nada más, para tranquilizarme los nervios, para acompañar la llegada de la noche
– No tenemos nada qué contarte compadre, nomás venimos a seguir con el deseo vago en la sangre, nos queremos aturdir otro poco antes de cerrar el ojo y mandar nuestro cuerpo a los infiernos, no nos interesa andar tirando cuentos de aparecidos, menos cuando acaba de pasar la fiesta de las flores y por ahí andan los espantos nomás esperando a ver quién se deja– Nucú tiene ganas de pedir otra ronda de jamaica, pero mira los vasos de los hombres en la mesa y decide aguardar un momento, el señor del restaurante se acerca al tocadiscos colocado en un mueble, a un costado de la barra, mueve la aguja, quita el disco y lo voltea, un jazz acalambraba los nervios de los hombres en el restaurante
– Sí, namás venimos a eso, a seguir con el desbalague– Zanate trata de atrapar a dos seres invisibles que vuelan a su alrededor, Chucho ríe, acompaña la sonrisa con una inhalación de un aire repleto de incertidumbre, de olores de noche anaranjada, Chucho acaricia con la lengua su colmillo dorado, cierra un párpado, bebe del vaso
– No sé, es algo que siente mi cuerpo, es algo que me pregunta mi cuerpo– Chema comienza a desconfiar de sus palabras, de sus labios, no es él quien habla, es un impulso cruel, es su sangre queriendo hablar, deseando expresar un sentimiento obscuro
– ¿Tú cuerpo?, ¿cómo te hace preguntas tu cuerpo? Ya mejor cuéntanos qué haces acá, en este lugar
– Nucú espera la respuesta mientras mueve su pierna derecha con ritmo inclemente
– ¿A qué vine? Ya les dije, vine nada más a impartir unos cursos a los alumnos, soy adjunto en la escuela, podemos decir que soy maestro
– ¿Cuánto tiempo llevas acá?– Preguntó alguno de los tres hombres, en sus vasos reposaba un charco mínimo de jamaica
– Llevo poco acá, vivo en un cuarto cerca de la escuela, la luz del güero suele despertarme a las siete de la mañana… así es, vine a eso, nada más a eso
– ¿Por qué aquí, para qué aquí? A este lugar al que todo hombre viene a perderse, a sentirse menos solo pero acaba perdido en su interior, se trastornan, piensan en sus debilidades y las creen verdaderas, los hombre vienen a perderse en sí mismos, a desafiarse, a perder la batalla
– No puedo explicar cómo fue mi decisión, no puedo decir que fue una decisión, un día leí la propuesta en mi universidad y no lo pensé dos veces, mi presente estaba roto, mi cabeza estaba echa pedazos y lo primero que pensé fue irme de donde estaba, salir de inmediato
– ¿También estás escapando?
– ¿También?
– ¿ Hiciste algo tremendo o por qué esas ganas tan de desaparecer?
–…
– ¿Ahora el platicador se quedó sin plática? ¡Mira nada más!– Nucú masticaba sus preguntas, le sabían a miel, trataba de exprimir un poco de sarcasmo al dar una dentellada en las palabras nada más
– No es eso…
– Te comprendemos, no te preocupes, las personas tenemos invenciones, ideas que no se comparten, que están mejor guardadas en el pecho, cerca de donde se escucha la vida– Nucú se acercó al cuerpo de Chema, también lo hizo Zanate, los dos escondían la risa en sus labios, acercaban su rostro al pecho del maestro de intercambio tan sólo para escuchar su latir, su presencia en el lugar, Chucho acabó la bebida y llamó al señor del restaurante que al ver el brazo alzado preguntó desde la barra. ¿Otra ronda igual? Chucho movió la cabeza de arriba abajo mirando de frente al señor del restaurante. Zanate y Nucú se acercaron al torso de Chema, a dos centímetro de tocarlo con sus orejas reventaron en una risa e hicieron sus cuerpos para atrás, se acomodaron en la silla ante la mirada atontada de Chema
– No estoy escapando, no tendría por qué hacerlo, creo que me estoy haciendo a un lado, no quería estorbar en el sitio en donde estaba, creo que no había otra opción
– Eres puro creer compadre, no estoy seguro de que sepas a qué viniste, pero no soy quién deba reclamarte o algo así, nomás queremos saber qué te trajo a este lugar, a este recuerdo de la vida, a nosotros nos ha costado estar aquí, nos ha costado sobrevivir a los cambios, a las palabras de las personas que nos mira como a infectados
– ¿Infectados? ¿Pues a qué se dedican ustedes? Nada más a beber la jamaica caliente y ver seres invisibles…
– ¿Seres invisibles?– Zanate le pregunta a un ser invisible
– Ningún ser invisible compadre, nosotros nos dedicamos a lo que nos dedicamos, ya ves que todos tienen sus secretos en el pecho, pero en algo sí tienes razón, en la cosa de la jamaica, eso sí que nos gusta, ¿o no está buena?– Nucú observa al señor del restaurante, se acerca a la mesa con una charola sostenida por su mano derecha, cuatro vasos en la superficie de metal, otra jarra de loza, el señor se planta frente a los hombres, reparte los vasos y cuando está a punto de retirarse, Zanate le pregunta ¿No tiene algo para picar? El señor del restaurante mueve la cabeza y contesta, Tengo gorditas de hierba santa y butifarra, Zanate salivó al escuchar la segunda opción, tráiganos un poco de los dos, el señor se retiró, detrás de la barra cortó, frió, exprimió, condimentó los alimentos, los emplató y los llevó a los comensales, los cuatro agradecieron
– ¿Sientes como que flotas, no?
– ¿Que flotas? – Chema flotaba
– Con la jamaica, aunque estés sentado, flotas un poco, a mí me pasa eso– Nucú cierra los párpados al hablarle al maestro
– ¿También sientes que las manos se te van, se te mueven sin que lo hagas, no? Eso también me pasa– el rostro del hombre moreno ha recibido varios golpes, el primero fue en la secundaria, al salir de clases, un derechazo bien propinado en la ceja que ahora se rasca, cerca de la cicatriz, toma una tostada del plato, añade un poco de butifarra con los dedos, acerca el bocado a su boca
– No, todavía no me pasa lo de los brazos, pero tengo ganas de reírme. ¿está buena la botana?– Chema observa a los otros dos, están mirando las cortinas de la ventana que da a la calle, luego el plato de comida, el vaso lleno, sus manos, cuando miran sus manos les entran unas ganas incontenibles de hablar, Chucho las está mirando
– No, yo no siento nada de eso, pero díganos señor, o ¿cómo podemos decirle?, usted, ¿a qué se dedica?, ah ya nos dijo a qué se dedica, díganos señor, ¿a qué se supone que vino usted aquí, al restaurante, a qué carajo vino aquí a querer hablarnos?, ¿qué cosa le picó para querer estar en nuestra mesa, respirando nuestro aire, qué cosa quiere, de qué tiene miedo o qué?– Chucho está tenso, tiene los labios deformados pero se le entienden las oraciones que comparte; sí quiere saber qué hace ahí Chema, pero no está tan molesto
– Pérate, pérate, bájale alzado, espérate, aquí el compadre ya nos estaba contando, no te pongas alebrestado,– Nucú detiene el hablar arrebatado de su amigo, lo hace pronto porque Zanate suele seguir a sus amigos cuando alzan la voz con ganas de quebrantar ambientes, además aprovecha para preparar la jamaica, un hielo, una cucharada de miel– salud y bébanle que la noche atrapa y a nosotros todavía nos falta camino, salud compadre salud
– Salud– Chema dio el trago preciso, el interesante, su garganta le agradecerá la miel, su sangre sentirá la sustancia ácida de la flor, sus ojos comenzarán a lubricarse, la luz de los focos del restaurante se esparcirá por sus pupilas para hacerle ver las paredes más iluminadas, los rostros de los hombres en la mesa con más brillo, sus pieles del color del barro mojado del que estaba hecho el salero en la mesa
– Nosotros aguantamos tu secreto y tú aguantas los nuestros, así el trato, cada quien con sus ideas– entre vientos fríos los rumores de la luna les llegaban a los cuatro hombres
– ¿Esto ya se trató de secretos? Me gusta… que se trate de secretos y que cada quien se pierda en ellos, salud compadre– las palabras de Chema caían de su boca a la mesa, no alcanzaban una distancia mayor, el señor del restaurante escuchaba esos ruidos que le sonaban a una plática
– Cuando el sol se muere nosotros somos más felices– Zanate tenía los pómulos rosados, los párpados hinchados, los labios pintados con una fina capa de acuarela rojiza, los tres hombres a su alrededor rieron desde la dimensión en que se encontraban
– Somos más felices, vaya cosa, somos más felices– Chucho casi cantaba sus palabras, después de repetir tres veces somos más felices comenzó a chiflar una tonada, algo muy a lo Coltrane, salido de su más tremenda perdición, de su mareo ante la vida, Chucho se distrajo en unas luces que atravesaban apresuradas sobre su retina, su chiflido se perdió entre los vientos soplados por la luna
– Señores– Nucú buscó en las bolsas de su pantalón su teléfono celular, lo encontró y lo puso enfrente de su rostro, con torpeza intento encenderlo, los hombres en la mesa lo miraban, por fin encendió el aparato, miró la hora, también tenía dos mensajes de texto sin leer– vamos apurando la garganta que es tiempo de ser felices, aunque ya lo somos, no se me ofenda aquí mi compadre, ya lo somos, nos andamos yendo, se nos acabó el descanso, salud y credo– el hombre repitió unas palabras, dio un sorbo al vaso de cristal, cuando la bebida llegó a la panza, en el cerebro de Nucú un huracán revolvía las palabras, quería decir una oración pero no sabía cómo construirla, quería chiflar como lo hacia Chucho pero apenas abría lo labios sentía que la dentadura se le caía en la mesa, se sacudió la cabeza y miró a sus compañeros, sus ojos le dijeron que era el momento de irse, sin embargo no pudo hablar, fue Zanate quien animó la despedida
– Entonces cada quien sus secretos, pero no se apure, siéntase vivo de tenerlos
– ¡Pero cómo pesan!
– Pesan las reses muertas, los bultos de cemento, los costales de verdura, pesa la luz del sol, ¡qué van a pesar los secretos!– Nucú acaba la bebida de un sorbo, se levanta de la mesa y estira su brazo para despedirse de Chema, el maestro hace lo mismo con la bebida y se levanta, estira su brazo derecho y enlaza su mano con la de Nucú, se miran a los ojos y si pudieran decir alguna otra palabra lo harían, con el apretón de manos se transmiten cordialidad y respeto; Zanate y Chucho se levantan arrastrando las sillas, mastican los últimos bocados, Zanate muerde una gordita, la hoja santa le recuerda el caldo de camarón de su abuela, da otra mordida, se despide de Chema
– Hasta pronto señor y no ande preguntando lo que no se debe– Zanate le entrega la mano al maestro, un apretón y se sueltan dos segundos después, Chucho sólo estira su brazo, Chema enlaza su mano con la del hombre con menor estatura en el mesa; de píe, los cuatro dieron el último sorbo a la jamaica, el calor les invadió la boca, en el cuadrado de madera, Chema frente a Chucho, Zanate frente a Nucú, delante de sus sillas, los hombres creyeron oír un grito en la calle, un perro aullaba reclamándole varias mentiras a las estrellas, los tres amigos se alejaron de la mesa cuando el jazz estaba en una improvisación del saxofón, el señor del restaurante los miraba irse, lavaba los vasos que antes habían usado, Zanate se acercó a la barra y dejó un par de billetes verdes, le dijo, también va lo del maestro, el señor del restaurante lo miró a los ojos y movió la cabeza, siguió lavando los vasos, los hombres salieron, la puerta se azotó detrás de ellos, el jazz daba el turno a un solo de contrabajo.
– A esas personas no se les habla…
– ¿Cómo?– Chema buscaba en su mareo algún plan útil que le permitiera entender las palabras del señor del restaurante, el hombre se acercó después de ver alejarse a los tres hombres, decidió prevenir al maestro
– No se les habla, tenga en cuenta lo que le estoy diciendo
– Pero ¿por qué no se les habla?– Chema intentaba esconder la sensación en su ser, las vueltas de su cabeza, el acelerar de sus latidos, el andar apresurado de su sangre
– Así es señor, no se les habla, mejor mantenerse lejos de esos hombres, se confunden en la noche, mírelos nada más cómo van– el señor del restaurante y Chema giraron sus rostros hacia el vidrio de la ventana, los tres hombres caminaban atropellando varios espantos con sus cuerpos
– No sé por qué lo diga, pero como uno de ellos me dijo, cada quien tiene sus secretos– el señor del restaurante se mantenía de píe frente a la mesa, el aroma de los tres hombres aún daba vueltas en el lugar, el reloj disipó las manecillas sobre su superficie– cada quien tiene sus guardados
– Mejor pensar en su trabajo o en otras cosas que andar haciendo amigos como ésos– el señor del restaurante juntaba los vasos vacíos sobre la mesa, recogió los cuatro de la segunda ronda con una mano, se retiró hacia la barra, la aguja del tocadiscos estaba en la última gran grieta grande del disco, comenzaba un jazz desesperado.

No tiembles y escribe. No temas, sólo escribe, decide tu noche, procura seguir el hilo de este pensamiento, no te pierdas en los ruidos, no prestes atención a la presencia, trata de sobreponerte al abrazo frío de esta obscuridad que te acecha, esta incertidumbre ante la vida, ante saberse algo en el presente, no pierdas el hilo del pensamiento, gira tu rostro, y abre la puerta, o quédate sentado; si quieres saber el siguiente paso, lo que sigue, lo que esperas saber, levántate y abre la puerta o quédate sentado y espera… ¿Qué es el reflejo, en qué dimensión está? No soy yo reflejado, no es la iluminación, es algo que no somos, es una no presencia, es el motivo para pensar que estamos encerrados en una gran poesía, reinventándonos, reflejándonos tantas veces sea posible, haciéndonos mentira. ¿Qué deseas de mí? ¿Para qué me quieres carne? ¿Para qué quieres mi vida? Aquí está, te la entrego pero dime qué es lo que desea de mí, que pretendes al tenerme aquí, perturbado, dímelo.

Chema deja caer su mano sobre la mesa, no suelta la pluma, con la otra mano masajea su frente, el señor del restaurante lo mira desde la barra, observa sus movimientos, sus acciones son las de un tipo que se confronta con la vida del lugar, se sacrifica, se libera y se entrega a sus miedos, está aturdido, se le ve aturdido, la bebida, la plática, la aparición, sus constantes atropellos mentales, la situación en la escuela. El señor del restaurante no sabe los males del maestro, sólo observa sus maneras, sus respiraciones y se da cuenta de la perversidad que le aqueja, el maestro guarda en su chamarra la libreta, la pluma la lleva en el bolso de la camisa, se talla la cara con las manos, se levanta de la silla, procura no hacer ruido, camina hacia el baño, el pasillo que le conduce le nubla los pensamientos, Chema camina y esquiva varios vientos, abre la puerta y entra, frente al escusado se sentirá mareado, intentará no orinar fuera del mingitorio, no lo hará, pensará en el obscuro pasillo, en las desesperadas ganas que tiene de salir del restaurante, en su latir apresurándole la vida, se vacía, sube el cierre, se enfrenta al espejo, mira sus ojeras, siente el respirar de una obscuridad traidora, abre la llave del agua fría, la palma de su mano presiona el botón del jabón, con el chorro de agua escurriendo se talla las manos, las enjuaga, cierra la llave, jala dos trozos de papel café para secarse las manos, evita mirarse en el espejo, evita ser ese alguien más, esa aparición, abre apresurado la puerta, camina por el pasillo, mira al señor del restaurante, el señor le devuelve la mirada, Chema pretende hablar.
– Señor, muchas gracias, ¿cuánto es?
– Nada, el moreno pagó lo tuyo, pero ándate con cuidado
– Me voy, me voy y me voy a andar, muchas gracias, le agradezco, nos vemos pronto, que tenga buena noche– Chema estiró el brazo sobre la barra, el señor lo miró y se despidió con un blando apretón de manos, Chema entrecerraba los párpados, percibía a los poros de su piel transpirar, un extraño pulpo habitaba su cerebro, le revolvía las ideas, el maestro azotó su antebrazo contra la puerta, salió del restaurante, la puerta se cerró a sus espaldas cuando el jazz se sostenía de una nota aguda, Chema respiró las rezos de una luna blancuzca.

No le hagas esto a tu mente, se repetía Chema mientras caminaba, no le hagas esto a tu mente, sus pasos se aseguraban de llevarlo a lo sin rumbo, la ruta de andar sería tan equívoca como sus palabras, en el lugar las calles permanecían en silencio, de alguna alcoba se escapaban los sonidos de un danzón, las noticias de la noche, el locutor del programa de radio enviando saludos a una señora de cuarenta años que vivía en el pueblo vecino y escuchaba el programa todas las noches, dos perros caminaban en busca de alimentos, sus ojos procuraban imágenes aterradoras a la mente de Chema, comenzó a caminar muy cerca de las paredes, la sensación de sentirse perdido le comenzó a secretear en la oreja derecha, los nervios se atemorizaron cuando los perros emitieron un ladrido, los animales querían manifestar su presencia en el lugar, los postes de metal colocados cada cincuenta metros sostenía unas farolas de luces de inquietante tono amarillento, los perros caminaron sin saber el rumbo, Chema hizo lo mismo pero en sentido contrario, caminó sintiendo un retortijón en el estómago, miró al cielo para saber si el clima le permitiría llegar a casa sin percance o algún diluvio repentino, caminó sabiendo que sus pasos le llevarían confiados a buen destino, se acordó de la presencia y prefirió pensar en la mujer del mercado, el caminar de Chema era acompañado por una tenebrosa orquesta del silencio, parpadeaba lento, las imágenes en su cabeza se deslizaban hacia sus ojos, los huesos le dolían de frío, una punzada en la espalda, un redoble tiránico en la columna vertebral, la mujer caminaba entre las lonas del mercado, de vez en cuando giraba su rostro para mirarlo, para invitarlo a seguirla, la siguió, su andar tropezaba con piedras, llegaron a un cruce de caminos, la mujer desapareció cuando Chema parpadeó para tratar de reconocer el lugar, giró la cabeza, buscó alguna señal, se supo confundido y reaccionó, sabía que no era el momento de saberse estúpidamente extraviado, sabía en dónde estaba, sabía que era el rumbo antiguo al río, sabía que la bifurcación llevaba a dos caminos, sabía que estaba en el sitio correcto, respiró, su cuerpo se relajó, la sangre disminuyó el trepidante fluir, el hombre se mostró impaciente, uno de los caminos le llevaba a la autopista, cerca de la caseta de la presa, cerca de la estación del camión, Chema volvió a sentir un intenso golpe de frío en sus huesos, la última farola quedaba a quinientos kilómetros del lugar en donde respiraba, la humedad del sitio le provocaba incomodidad, los árboles crujían para desesperar los movimientos de Chema, frente a él la presencia atrayéndolo al camino de entrañas frías, el que lo llevaría entre los manglares hasta el río; mientras Chema respiraba la aparición se confundió con la obscuridad, con el manto estelar, con la respiración del maestro, comenzó a caminar hacia el camino del río, varios grillos emitían un sonido hipnotizador, la luna observaba el andar del hombre entre las tinieblas, la luna sonriente, la luna exigiendo la vida, varias nubes se confabularon alrededor de la porción de mundo habitada por Chema, varios monos emitieron chillidos para saludar a los astros, para celebrar la ocasión, el maestro caminó tropezando con trozos de ramas, se dejó invadir por la humedad de la tierra, siguió el caminó de sus pasos torpes, siguió el caminó de sus divagaciones, siguió el camino de sus palabras, tropezó con una gran piedra y cayó, a su alrededor todo estaba en penumbra, ciego, escuchó a dos pájaros piar con nervios, se levantó para seguir caminando, llevó un poco de aire a sus pulmones y cantó para sí mismo “como en las noche de verano, que salía a matar, como esas noche de verano, llenas de felicidad… para ser bueno hay que hacer el mal, pero a escondidas, para ser bueno hay que hacer el mal, todos tendremos que carga la misma cruz, un suspiro antes de viajar”, su voz era un sonido más en la obscuridad del camino, anduvo entre varios mundos, entre sus diálogos, sus pensamientos, sus voces, su penumbra, caminó varios tiempos cantando, caminando, sofocando sus secretos hasta desaparecer.


DRN

SACRIFICIOS | DOS PLANETAS

Afuera del túnel. Es en serio. Me contaron. Entras al túnel, de venida volteas a tu izquierda y ahí está el altar que pusieron. El señor me dijo que como a las once de la noche, o ya cuando está muy obscuro en la carretera, antes de entrar al túnel, una mujer bastante atractiva hace la parada, en ese momento ya no tienes salida, pues si te detienes y le ayudas… casi siempre pide un aventón, está contigo unos momentos, miras el camino, quieres verla de nuevo y ya no está, observas el retrovisor y se aparece una calavera, muchos choferes chocan, otros sufren algún espasmo de muerte, al señor que me lo contó se lo habían testificado varios colegas de la ruta de transporte, algunos también cuentan que el radiotransmisor emite señales extrañas, gruñidos de horror, luego se enteran de algo trágico cerca del túnel o en los cuarenta kilómetros siguientes. Si no te detienes y aceleras, pocos metros adelante el auto fallará, sentirás que tu corazón late acelerado, la vista se nublará, las nubes descenderán a ritmo cauteloso, una mancha obscura se acercará a tu coche, cerca del parabrisas explotará un grito, los choferes suelen frenar, no es instinto, los músculos se paralizan, los automovilistas que aceleran pierden el camino, caen al barranco, dejan sus últimos suspiros en el aire. El grito no es la razón de la parálisis, es la imagen, benditos los ciegos en ese momento, no es espantosa, es terrible, es mala, hipócrita, es una imagen que no se desea ver, es un impacto a tus sensaciones, son tus peores pensamientos, todos tus reproches, tus depresiones en una imagen, abarca todo tu momento, inunda tus pupilas, te hace paralizarte de forma mortal.

– Cuando le conté esto a Paco me dijo que estaba medio chiflado, me dijo que él había pasado por ahí varias ocasiones y nunca había visto ni experimentado nada, que puro cuento. Pero Paco me estaba mintiendo o exageraba sus verdades. Boni me contó que Paco había ido por esos rumbos sólo dos veces, se la pasaba aquí, remando, cuidando las mojarras, perdiéndose entre los dos montes

– Pues yo sí he visto el altar.

A Higinio no le pesaba el machete, eran las nubes sobre su cabeza, las tormentas preparándose a llegar. Tampoco pesan los maderos en su espalda enredados con varias telas atadas a su frente. Su cuello soporta varios kilogramos de naturaleza, el frío del viento le promete descanso, su hogar está a diez kilómetros de la salida al río, por la vereda sin pavimentar. Las nubes suelen reposar su gripa en el monte en donde las puertas rechinan de frío, las sillas tiemblan y crujen los esqueletos de todo ser viviente. Las corrientes de vientos suelen ser calmas pero lastiman la piel, el aire raspa la garganta, los pulmones se quejan y expulsan mucosidad fría. Higinio tapió la casa con dos capas de madera, afuera colocó gruesas placas de aluminio, las fijó con más de trescientos clavos gruesos de cabeza plana. El techo lo construyó una mañana de anaranjados bríos, las nubes redondas cruzaban el horizonte, buen momento para armar una estructura de madera afianzada con tubos y vigas anchas; la casa de un piso era muy similar a una pequeña capilla con el techo inclinado, el agua resbalaba lenta por los dos grandes bloques de lámina. Higinio construyó con sus manos una chimenea de ladrillos la misma mañana de anaranjados sonidos. El frío suele darle la bienvenida a su cuerpo de un metro setenta de estatura, a su cabello despeinado, sus ojos inundados de miel, los labios soportando el bigote, los pómulos rosados, la nariz, una pequeña cereza salida del refrigerador. Carga y no le pesa la madera, no le pesa el machete atado a su cintura; camina, alcanza a mirar sus tenis, su pantalón gris, su camisa blanca, dos botones transparentes, un cordón enredado en su cuerpo, su bolsa de tela; una gota de frío, de viento y nube, de agua queriendo ser hielo cae sobre su párpado. Las nubes acarician el pavimento, se acaba la carretera, comienza el camino de piedras. Una bolita de tierra se cuela en el zapato derecho de Higinio, él ha sentido una molestia en la planta de su píe, no se detendrá porque comienza a descender la temperatura. Los árboles entonan una armonía amable, el hombre camina sin querer detenerse, se sostiene de sus respiraciones, del viento girando en su interior, el hombre reconoce varios árboles del entorno, árboles que no sirven para hacer arder una fogata, árboles tristes, de follaje obscuro y hojas de tonos guindas, Higinio camina esquivando varios charcos, cuando no tiene remedio acelera el paso, algunas gotas de lodo manchan su calzado, los pantalones obscuros. Respira, los árboles despiden un aroma ahumado, a incienso quemado en los interiores de esa tierra, los árboles se encargaban de esparcir el perfume, Higinio estaba acostumbrado al olor, su olfato se distraía con las esporas dulces, su respiración se deleitaba y le impedía la fatiga cuando la pendiente era más inclinada. El hombre arrastra los pies porque ha visto su casa, comienza a soltar el cuerpo, se destensa, se procura algún pensamiento alegre, una gota de agua en una hoja, una lombriz en la tierra, una guayaba, Higinio piensa en el fruto, recuerda su bolso, respira y trata de aspirar el humor de la fruta, lo hace, apresura el paso, desata las telas de su cabeza, recarga el haz de maderos sobre unas piedras, agacha su cuerpo unos centímetros para aflojar aún más las telas, logra zafarlas y su frente se siente liberada. Las nubes que pasan respiran lento el incienso forestal, Higinio abre la puerta con un empujón delicado de su mano derecha, entra a la casa, da dos pasos, tose con fuerza, la luz que entra por las ventanas de la casa ilumina de un azul amable la vivienda. El hombre se acerca a la mesa de madera, se rasca el hombro, jala una silla con la mano izquierda mientras busca la guayaba en su bolso, la encuentra y se sienta, los astros se mueven y provocan una delgada línea de luz que se refleja en la mesa.

– ¿Pues tú cómo sabes de la aparición?¿Cuánto sabes o qué?

– Me dijeron varios detalles, cuando me los contaron en mi casa parecía que había pasado un sismo, traté de no sentirme mal, respiré y pensé que esas eran invenciones nomás, pero yo le creía a Paco, a sus ojos y su voz de lobo; cuando Boni me dijo que Paco había ido dos veces se sentó rígido, levantó la espalda, parpadeó un par de veces para enfocarme mejor, tenía unas ganas tremendas de romper con una mentira, Boni tampoco creía, preguntaba mucho, como tú, hasta que se supone vio la aparición, nomás dicen que la vio, el viejo no quiere contar nada

– Eso sí no te lo creo…

– No me lo creas, no necesitas creerlo, nadie necesita creerlo, paciencia amigo, paciencia, porque nada más se aparece de esa manera, en ese lugar, en cualquier instante giramos el rostro porque sentimos un cosquilleo extraño en nuestro hombro y ahí está… no te creas amigo, yo sé que no me crees, pero mira, te digo que sí se aparece de alguna forma y nos damos cuenta, pero dudamos mucho de nosotros mismos mi amigo, a veces no creemos nuestras visiones nomás porque alguien más no las creyó, si ya se apareció pues se mira y ya después se sabrá qué se hace, pero nomás no necesitamos que todos nos crean, no lo necesitamos.

No está muerto. Sentado. La madera de la silla es una superficie cómoda para sus huesos blandos. Acaricia con la palma de sus manos la guayaba, las yemas de sus dedos se deslizan sobre la superficie de la fruta, muerde, lento, mantiene la fruta frente a su cara, la huele, da otra mordida tranquila, mastica con calma, observa el movimiento de la luz sobre la mesa, escucha caer varias ramas sobre el techo de su hogar, muerde el fruto con paciencia, sus muelas destrozan los pequeños huesos de la triturada guayaba, el sabor áspero se queda en su lengua, traga los pedazos masticados, muerde por última vez sin tragar la punta, mastica con calma, escucha el crujir de unas ramas, le recuerdan el ladrido de un perro. Recarga el antebrazo en la mesa, respira lento y trata de no enviar mucho frío a sus pulmones, acaricia sus cabellos, la iluminación del exterior cede, el hombre mira en la mesa para encontrar la pequeña caja de fósforos… enciende una vela que pinta de castaño su melena desesperada.

– A ver… muéstrame las fotos, ¡déjame verlas! ¿De quién es ese perro que ladra?

– Quién sabe de quién es ese méndigo chucho, ¿cuáles fotos?

– Las que dices viste y guardaste en tu celular para enseñárselas a no sé qué viejo…

– ¿Cuáles fotos pues?… no sé de qué me hablas…

– Ya pues notehagas, si me dijiste que había una nota y un reportaje de la aparición, que habían venido los de la tele y tú saliste y le mandaste un saludo a mi mamá…

– Sí pues, pero eso no importa, eso ya tiene tiempo…

– ¿Pero las tienes o no? ¿Existen o no?

– Pues búscalo ahorita en tu celular…

– No tengo red, préstame el tuyo…

APARECIDA PROVOCA CHOQUES
En un poblado cercano a las nubes las persona aseguran tener encuentro recurrentes con una aparición, una nebulosa forma femenina atrae a cualquier conductor en un punto determinada de la carretera. Basta con mirarla para tener el destino escrito. Son más de cien casos lo que reconoce el Teniente del Departamento Policiaco del lugar. Son varias las personas encerradas por trastornos mentales en el hospital de la zona.

– A ver ya presta… se me hace que esto es falso, no dice bien los datos, inventa… pura invención

– ¿Y las fotos?

– Ya te dije que no hay fotos ni nada, lo del programa de televisión eso sí es cierto, vinieron las cámaras y todo, nos entrevistaron a varios, la Vieja seguro tiene un casete, a ella se le entregaban ese tipo de cosas

– ¿Cómo ese tipo de cosas?

– Fotos, grabaciones, recuerdos, noticias en donde aparecía el lugar; pero mira ya, alcánzame el periódico, anda, lánzamelo y deja ese teléfono

– Espera, aquí dice que hay fotos… y un video…

– Puras invenciones… Robó, violó y embarazó a una de sus fans, ¡las mismas noticias! Aburrido… ¿ya viste esto?

– ¡En serio! ¿Qué es?

– ¡Un tatuaje!

– Ya sé, pero qué es, qué figura, qué motivos…

– Dos ojos simulados por dos planetas que en sus iris tiene tres pequeñas galaxias…

– ¿En serio…?

– En serio, se me ocurrió luego de escuchar una canción de Los Planetas, te canto algo: cuando no te puedas mantener en pie y ya no te quede nada por beber, pero ya tiene tiempo que lo hice, no me dolió mucho

– ¿Qué tiene que ver la canción con el tatuaje?

– No mucho, sólo me acuerdo que cuando pensé qué quería tatuarme estaba escuchando esa canción y yo estaba justo así, sin poder mantenerme en píe, es algo tonto lo sé pero así paso, además siempre quise un tatuaje como ese, algo relacionado con los planetas o algo así

– Pues está curioso, no me haría un tatuaje, todavía no tengo nada pa’ mostrar

– Está bien, yo tampoco quería pero cuando estaba escuchando la canción, la imagen apareció en mi cabeza, después una noche desperté y lo primero que hice al abrir los ojos fue acordarme de esa imagen, la tenía enfrente de mí en medio de la oscuridad, y ya me lo hice la siguiente tarde, en la Ciudad

– ¿Se tardaron mucho tiempo en hacerlo?

– No mucho, no me acuerdo, bueno, me acuerdo que llegué de día y salí de noche.

Pensaba en moverse e ir a escribir una palabra en la ventana empañada, Higinio gira su cara sobre la mesa, no siente el brazo izquierdo, levanta la cabeza, después el cuerpo, la extremidad entumida, la sangre empieza a llegar a esa parte de su cuerpo, siente hormigas, miles, millones de hormigas mordiendo su brazo, no quiere moverlo pero la sensación le motiva a ejecutar ligeros brincos, se levanta de la silla y procura no girar el brazo, realiza sus movimientos de manera lenta entre los tonos azulados de su casa, entumido también de pensamientos se acuesta en el colchón, la base de madera cruje al sentir su peso, una ventana procura la iluminación, el habitante consideraba necesaria esa abertura, desde el otro extremo del colchón jala dos gruesas mantas y se cobija el cuerpo entero, escucha sus últimas respiraciones, siente el frío en sus pulmones, la iluminación cambiante vigila el cuerpo debajo de las cobijas.

– Se me hace que no sabes…

– Te digo que sí, pero yo no sé para qué quieres saber esto, ya, son historias que cuenta la gente y ya pues, nomás, no hay más

– Pero, pues las historias así como de apariciones no tiene mucho sentido, ¿no? Entonces habrá otras razones para que los conductores choquen, o ¿de dónde tantas muertes, tantas desbarrancados?

–…

– Te digo que está raro mano, la verdad está raro, y luego tú con tus cuentos de que lo tienes y no lo tienes, de que sabes y no sabes, estás como confundido

– Sí pues, yo creo eso.

Se despierta cuando escucha voces en el interior de su cerebro, inhala con fuerza mientras gira su cuerpo en el colchón, de nuevo reconoce el lugar en donde se encuentra, la mesa de madera, la vela, la ventana, los árboles afuera. Agarra con ambas manos las cobijas y las hace a un lado, se mira y recuerda que está vestido, con los tenis puestos; con los dedos rígidos se talla las cuencas de los ojos , bosteza y emite un sonido cavernoso, se sacude algunos espantos, enreda sus manos en su melena. Mira la sombra de un árbol que se dibuja en el suelo de su hogar, levanta su torso, se sienta sobre el colchón, busca una razón para moverse, recuerda las voces en sus sueños, también el ladrido del perro, otea dentro de su casa, busca un mueble de madera, una pequeña alacena, agita su respiración, pisa el suelo con los tenis, empuja hacia atrás las gruesas mantas, recarga sus brazos en el colchón y levanta su cuerpo, camina a paso de recién resucitado, atraviesa la sombra del árbol, recarga su mano derecha en la silla, se acerca a un rincón del hogar, a un costado de la chimenea encuentra el mueble de madera, abre una de sus puertas, en ese rincón de la casa no hay mucha iluminación, Higinio se mueve entre el cobijo de la oscuridad, se escucha el chocar de varios objetos de vidrio, el cerrar de la puerta, los pasos arrastrados del hombre, en su mano un pequeño vaso de vidrio, en la otra una botella de líquido rojizo, mueve la lengua dentro de su boca, desde su garganta surgen varios sonidos gatunos, ronroneos emitidos desde la insatisfacción, coloca el envase de vidrio en la mesa, también el vaso, de píe le quita el tapón de corcho a la botella, llena el vaso hasta el borde, antes de beberlo demanda silencio a su cuerpo, acerca su mano a la mesa, sostiene el vaso, lo lleva a sus labios, bebe un buen trago, lo mantiene en la boca por unos segundos, debajo de la lengua, enjuaga sus dientes, después lleva el líquido a la garganta, cuando se confunde con los jugos del estómago, Higinio siente el martilleo del despertar en su cerebro, da unos cuantos pasos para acercarse a la ventana, observa el follaje de los árboles, las ramas y las hojas cayendo vencidas por los vientos juguetones de la tarde, el hombre vuelve a la mesa, postra su cuerpo en la silla, llena el vaso de líquido rojizo.

– Sí fueron ellos, por eso se aparece ahí, cerca de la caseta, donde están los de uniforme, te digo que sí, que por eso se manifiesta ahí, ¿te has preguntado quién es la gente que ha muerto?

– No, eso sí no… ¿Pero esa es otra aparición?, ¿En la caseta?

– Sí es otra ahí en la caseta y sí pues, te digo que ellos fueron, o estaban ahí, o algo hicieron, ellos participaron, hubo algo muy raro ese día, no, no fue un día normal, ¿sabes por qué no existe ese reportaje?

– ¿Por qué?

– Porque no quieren que se vea…

– ¿Cómo?

– Sí pues… te digo que fueron ellos, es lo que yo sé, no tendría por qué mentirte, casi siempre son ellos, ¿no crees?, ¿no te parece muy raro que siempre desaparezcan de por la misma zona?, además lo que dijo el señor de la policía al programa de televisión y a los periodistas estuvo muy extraño

– Pero en otro lado también pasa que se desbarrancan los coches, ¿no?, que se mueren personas

– Sí pues, aquí en el lugar también pasa y casi siempre de la misma manera, está muy raro, ¿y has visto cómo son esas personas, los uniformados?, son muy serios, tienen un gesto engañoso, una mirada del color del lago, desde que llegaron los hombres de la presa los uniformados no se sienten cómodos, los de la presa van a los restaurantes o en los bailes se ponen muy confiados en las paredes y miran a las mujeres bailar, los uniformados se sienten celosos, también nosotros porque eso que lleguen de otro lado a querer cambiar nuestras maneras como que no lo vemos con mucha claridad, desde esos días los uniformados se ponen así con la cara de duda, sus ojos quieren petrificar a quien se atraviese ante ellos, mentira que han sido más de cien casos, esas son puras invenciones, exagera la gente, a mí se me hizo raro que el señor de la policía estuviera de acuerdo con que cien personas y más raro que le haya echado la culpa a las apariciones, si te digo que no es cualquier gente la que se ha desbarrancado, esas personas han participado en las plenarias, en las pláticas con los viejos, se han organizado, ¿los conoces?

– No pues no, no los conocí

– Así pues, pues qué mal que no los conociste, pero bueno, dicen que los uniformados tuvieron algo que ver

– ¿Y por eso anda ahí en la caseta?

– Sí pues, entonces por eso está ahí, a veces, no siempre, está ahí y está raro como tú dices, pero nada de eso se dice en las noticias, nomás vienen y dicen que una aparición, que los videos, pero eso al final pues qué, allá en otros lados la gente piensa que no existen las apariciones, pero dime, ¿qué no es raro aquí?, dímelo tú, pero no dicen lo otro, se quedan en la pura invención, en lo que otros cuentan y le dicen a la gente, pura invención… te digo, fueron ellos pero pues quién lo va a decir y quién lo va a creer si aquí hasta vemos apariciones

– No pues está muy raro, ¿por qué no se sabe?, ¿por qué no hay ni un reclamo?

– ¿Ni un reclamo…? Varias veces fuimos a la Municipalidad, seguimos con nuestros trámites, tratamos de informar a las personas, pero al parecer este poblado es muy chico y a veces medio revuelto, nos cansamos de vernos con los mismos rostros en cada reunión, en cada visita que hacíamos…

– Pero, ¿sí existe tal aparición?, ¿o es puro cuento, o es nada más una invención?

– Ya te dije que todo aquí es raro, así, sin sentido, podemos saber de una aparición y nos parece muy normal, pero también creemos que hay algo más pues, que somos carnita, somos personas y tenemos nuestras intenciones, si hay o no apariciones, pues que las haya, las hay pues, ¿pero eso cómo cambia las cosas?, ¿a ver dígame?

– No pues sí las cambia, las cambia mucho, pero a mí se me hace que tú no sabes tanto, por eso no me quieres decir si hay o no apariciones

– No me creas pues, no te voy a obligar, además tú eres el que viniste conmigo para saber, yo te cuento nada más lo que guardo acá en la cabeza, pero qué quieres que te diga, se escuchan ruidos, se ven sombras, ya te dije, si no es saliendo del túnel, es en la caseta, es una sombra, lo que más se ha visto es una sombra y el sonido de un metal arrastrándose, un rechinido terco

– ¿Un rechinido?

– Sí pues, imagínate el sonido de un cuchillo arrastrado por el suelo… ¿has escuchado cuando afilan un cuchillo en la carnicería?

– Sí

– Ahassí más o menos

– ¿Y qué tiene que ver un cuchillo?

– Oh pues, nada más te estoy diciendo lo que me contaron

El líquido de nuevo en la garganta de Higinio que no deja gota alguna dentro del vaso, toma la botella, sus movimientos encuentran un ritmo particular después de beber tres vasos del rojizo elixir, respira cada vez más recio, sus globos oculares se contagian del tono de la bebida, recarga su cuerpo en el respaldo de la silla, deja caer su cabeza hacia atrás, su cuello truena al estirarse, su rostro frente al techo, los sonidos del viento le aconsejan movimiento, el bosque, los árboles se comunican con él a susurros, se rasca el cuello, podría no moverse, podría quedarse ahí, en la silla, en esa porción de vida aislada de todo exterior, de alguna naturaleza ajena, Higinio siente los músculos pesados, dolores muy pasajeros y de los que no solía quejarse, bebió con más calma el último vaso, una quietud le invadía el cerebro, un constante murmullo de nubes en su cabeza, dio otro sorbo, otro más y con el último sintió las desesperadas ganas de salir de su hogar, era la última oportunidad para irse antes de volver a ser, de volver a estar en el mismo sitio, esperando. Se levantó de la silla, se acercó a la chimenea, a un costado estaba colgada de un clavo una chamarra de mezclilla con interior de borrega, Higinio se veía más robusto dentro de la chamarra, se acomodó dentro de ella, parpadeó lento, buscó una luz en donde colocar su mirada, la encontró estirada en el colchón, se acercó a la mesa, tapó la botella con el corcho y la tomó con la mano derecha, antes de salir de su casa se talló los párpados adormilados.

– ¿Tú has visto la sombra o escuchado eso de los metales arrastrándose?

– Nomás un día escuché los metales, andaba por ahí cerca, por la caseta, ya iba para la casa, los días de jale camino desde donde me deja el camión, me gusta darme una desestresada, pero no me había tocado andar por ahí ya cuando se siente la noche, se me había pasado el camión de las cinco y media y esperé el de las seis que llegó un poco tarde, ya cuando llegamos a la altura de la caseta la noche estaba en el cielo, caminé tranquilo porque en esos días no se platicaba tanto del tema, andaba como a unos cincuenta metros de la caseta cuando sentí el sonido y como por instinto se me congelaron los tímpanos, sentí un zumbido en los oídos bastante extraño, seguí caminando algo mareado, no supe de dónde provenía el sonido, pensé que era alguien adentro de la caseta, seguí mi camino, ya después en la fiesta de las flores me encontré con Jácome en el restaurante del muelle, ahí me platicó lo de Higinio y lo de las sonidos quesque de un machete, pensé en los sonidos, recordé el sonido de un machete, Jácome fue el que me dijo que sonaba al afilador sacándole punta a los cuchillos con mucho odio, entonces ya supe que no habían sido ruidos de la caseta, Jácome me dijo lo de la sombra, también me contó lo del embarazo de su hermana

– ¿Está embarazada?

– Está

– No sabía

– Ya sabes. Entonces así supe que había sido la aparición

– ¿Pero qué te dijo Jácome de Higinio?

– ¿No te acuerdas de eso? Higinio, el señor del monte, ¿has pasado por la desviación que lleva al río?

– Sí

– La pasas y como a uno setenta kilómetros está otra entrada, por ahí se sube, pura terracería hasta la casa del hombre, no he ido, pero me contaron que él la hizo, por allá le dicen el lugar de las nubes que besan el monte, por eso el señor del monte

– ¿Pero qué con Higinio?

– En serio no sabes de él, ¿que no estabas acá cuando sucedió?

– Yo creo que no

– Dicen que Higinio los vio, dicen que el sabe de la aparición, o de la no aparición, a Higinio lo trastornaron una vez que fue a recoger la leña, pero eso fue después de que vio lo que dicen que vio, ese hombre pudo decirles a los periodistas la verdad, pero el teniente lo alcanzó y le dio un fuerte abrazo, a Higinio lo hicieron el señor del monte, lo mandaron a reflexionar, a pensar y platicar con los árboles

– ¿Eso te lo dijo Jácome, lo de Higinio? ¿Él sabía que Higinio había visto algo?

– Él me lo dijo

– Pero no te dijo qué vio Higinio, ¿no le preguntaste?

– No le pregunté pero sí me dijo algo que no entendí mucho y creo que me quedo así, sin entender, me dijo que una noche vio llegar a los uniformados en una camioneta, después lo vieron a él que iba caminando por ahí, arrastraba su machete porque venía de cortar la leña, los uniformados lo vieron, se le acercaron y lo llevaron con el teniente, el que salió en la tele, le preguntaron que ¿qué había visto?, que de qué se acordaba, Jácome ya no me dijo más porque eso fue lo que le dijeron, pero me contó que Higinio no salió de su casa durante una semana, después lo vieron rondando por la caseta, con los ojos hinchados y los labios secos, llevaba el machete amarrado a su cintura, iba por madera y regresaba a su casa

– ¿Le hicieron algo?

– No me quiso decir Jácome, no sabía, no sabía si Higinio había visto la aparición o si había visto alguna otra cosa en la camioneta de los uniformados.

No sabe cómo contarse la historia, Higinio suda con desesperación, sus poros expulsan líquido de sabores dulces, camina entre los árboles, pisa varias rocas, a varios kilómetros de distancia observa a un hombre caminar rumbo al río, podría ser una aparición, el hombre camina hacia la perdición, hacia su sacrificio, Higinio observa la silueta de la persona, da media vuelta, camina en sentido contrario, atraviesa una espesa maleza, varias ramas golpean su cuerpo, detienen su andar, destapa la botella y bebe del líquido rojizo, sus ojos permanecen en el mismo árbol por veinte segundos, Higinio continúa su camino, se atrapa en las formas de las hojas, en los sonidos de la vegetación, camina y bebe, mantiene un paso calmo, el camino por donde anda se hace menos complicado, el cielo le envía un par de nubes lloronas para que refresque el ánimo, el hombre respira el aroma de la tierra apenas húmeda, da otro trago grande a la bebida, sabe que camina, sabe que llegará a un sitio, a una casa, sabe que caminará, sonreirá al pensar en la luna, al querer alcanzarla con su paso trémulo, se sonreirá, respirará con desesperación al recodar a los dos hombres conversando de dos apariciones, Higinio confundirá su cabeza al tratar de contarse la historia, al tratar de explicarse lo que había visto, caminó, los árboles se terminaron, llegó al campo, alcanzó a reconocer la choza, dio un trago final a la botella, la llevó a la mano izquierda, caminó sin querer hacerlo, motivado por las ganas de explicarse, de saber en qué momento actuó para vivir en esa consecuencia de tonos carmín, caminó, el cansancio le golpeó las piernas, se cayó pero pudo recuperarse de inmediato, con la vista nublada siguió su andar, quería llegar a la choza, no lo hizo, a cien metros del expendio de jamaica estaban tres hombres bebiendo en jarrones de barro, miraron a Higinio, comprendieron su malestar cuando intentó saludarlos y de nuevo sus piernas fueron pateadas con furia por la embriaguez, cayó de cara al suelo, giró su cuerpo, se mantuvo tirado frente a los hombres, miraba el cielo, las nubes ahora más lejanas, intentó hablar, logró hacerlo, los ojos de Higinio no dejaban de ver el tono azul turquesa del cielo, su voz fue escuchada por los hombres que bebían a tragos largos el contenido de los jarros de barro.

– ¿Jácome? ¿Te lo dijo Jácome? ¿Pero cuándo lo viste, cuándo estuviste con él? ¿Él te dijo de los uniformados? ¿Jácome? ¿En serio? ¿En el túnel? ¿Dos ojos, dos planetas?


DRN