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RADIO TEXTUAL | EQUIVOCAZIÓN

-…rápido, ahorita te lo regreso…
-…nada más tengo éste…
-Sí, no le hace, me sirve…

La morenita toma el pequeño espejo redondo con la mano derecha, con la zurda busca en su bolso azul, encuentra el gloss rojo, toma el aplicador y se delínea los labios mientras el metro acelera desesperado, intenso, la obscuridad del tunel y la iluminación del vagón abrillantan aún más el rojo amenaza en esos labios. El metro disminuye la velocidad, la Ciudad arriba en su estresante manera de existir, de gritarse, de hacerse perdidiza entre los murmullos eternos, la Ciudad arriba, en su música… La morenita siente una mirada muy a lo medio extraviada de la pasajera de junto, entonces apresura el delineado, después, con gran habilidad enchina sus pestañas con una cucharita de metal; el tren llega a la estación, las personas esperan en el andén, reclaman alguna desgracia con sus miradas, muerden varios malos sabores de la jornada; la morenita termina de pintarse y devuelve el espejo.

– Ya, toma, gracias… ¿qué perfume usas?…
Equivocazión…
-¿Equivocazión…? Mmm… ¿En dónde lo compraste?… ¿lo traes?
– Sí… lo compré en Fraiché…
-Mmm… en Fraiché… Equivocazión… Bueno, aquí me bajo, muchas gracias…
-Sí, de nada….
– Hasta luego, gracias… Equivocazión… Equivocazión…

Las puertas se abrieron, la morenita caminó con pasos leves, flotantes, la primavera subterránea observaba sus pequeños movimientos, su piel asomándonse en la blusa de tirantes inquietaba los rumores de la Ciudad. Las puertas  cerraron. Al vagón entraron un grupo de personas que intentaban descifrar quién podría ser el más prescindible de la oficina, pues alguien, en algún pasillo, o en algún baño, dijo las palabras recorte de personal, la quincena había pasado y pues caray… ya se las habían arruinado, por eso, mejor, los seis, incluyendo Marcela, que casi no sale con los de la ofi, fue al jueves de alitas que, incluyendo la canción que sonaba en el vagón, podría ser lo mejor de ese puto día de mierda…

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HJS

MALAS PALABRAS


¿De qué parte obscura de tu existencia surgieron esas palabras, de qué motivos, de qué malditas conexiones de tu ser? Decide no hacer la pregunta, decide quedarse mudo, ser corazón de piedra, decide el silencio cuando siente que las tripas le arden de manera delirante, y aunque no lo diga, aún cree que esas palabras surgen de otro cosmos ardiente, de una galaxia obscura, tenebrosa. Acelera el transporte público y le distrae el sonido infalible de una guitarra mal entonando una canción del buen rock urbano, el entorno se llena de voces.

- No te entiendo... ¿Qué dices?... Siempre lo mismo, no te entiendo, esas tus malditas palabras no las entiendo, no sé qué carajo quieres, qué buscas... ¿qué dices...? Naaa, nada... definitivamente no te entiendo... no quiero, así como tú no quieres, yo no quiero y así la cosa... ¿qué dices?.... Naaa, na, te equivocas... naa... en serio, en serio no entiendo tus malditas palabras...

-Estaba sentado, esperándote, pero ya no llegaste.../ la verdad me puse a cantar esta canción.... tú, dónde haz quedado tú, tu alegría y tu salud, que ingratitud en tu actitud.../ pero ya no llegaste y así.../ pues qué querías.../ que llegaras.../ pues no llegué, pero llegué después.../ pues sí... /pues sí... /buts.... /buts....

-¿¿¿¿Por eso te enojaste...????  / Lo chequé en su feisbuk / ¿Y por qué checas su feisbuk? / Nada más...

Maldita existencia, se nos va en el acelerar de un camión, de un vagón del metro, maldito aire envenenado que nos da vueltas en el cerebro, maldita sensación de estar vivo se nos va en un grito desesperado, en un agudo latir de la Ciudad, en un aullar maniático.... Se nos va el tiempo en las pesadillas de párpados abiertos, se nos va el seso en la sosobra y el aburrimiento, se nos va y la sonrisa malvada se nos dibuja en el rostro, un rocanrol tremendo araña nuestra piel, nuestros recuerdos y la existencia, la existencia se nos va, se nos va entre algunas, varias malditas palabras.

HJS

RADIO TEXTUAL | CALOR


¡Refrésquese, hay congeladas de vainilla, de groseya, de fresa!

El calor nos hace personas distintas, nos convierte, las miradas se apagan, buscan esconderse, el calor dentro del metro de la Ciudad se vive con ánimos vacilantes, el sudor, las respiraciones, los buenos y los malos aires, el calor nos ubica en otras dimensiones, en estados diversos de la mente, en perdiciones del alma, en fluidos que a veces disfrutamos en nuestras pieles, nos convierte en una masa húmeda, en un moverse y sentir lubricado. El calor nos lleva a una ausencia hipnótica, nos cubre, nos atrapa, nos deja calmos en una instancia de algún tiempo sagrado.

¡Ufa! Siente que arde y no es el calor… entre los empujones le bajaron su celular. Ahora mira desde la línea amarilla a través del vidrio y no encuentra al culpable, no sabe quién fue, sabe que está por ahí, que anda por ahí… ya perdió, ya perdió, le hicieron perder, ahí, en el metro, así nomás sintió como pum, se cortó la música, su cuerpo no podía moverse, la gente aventaba para adelante, los cuerpos, las piernas, las manos, los brazos encima de él, de los demás, ahí, la masa deforme, la masa violenta, la masa que quiere molestar, fastidiar, la masa gandalla, la masa que acá y allá… Se va, da la espalda al vagón del metro, alguien ríe, alguien entre la gente ríe. En el bolso del pantalón de un hombre, sigue sonando esta canción en el reproductor de un celular que no le pertenecía…

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DEBRAYE


¿De qué se trata esto? Le tiemblan las manos, parpadea lento, cada vez más lento, se siente cansado, las piernas le responden de manera inusual, se seca con el dorso de la mano derecha las gotas de sudor frío que se acumulan en su frente.

-Nada más estás debrayando mano, ya mejor párale, siéntate y tómate una coca…
-Bien picada… 😉 No, guácala, una coca, mejor agua mano, o un traguito de atole…
-Úfale, pero sí date algo, mano, sí te ves acá destrozadón…
-Cero, nada, es la vida atravesándome por las venas, cero, no andes diciendo, cero debraye, cero desfase, cero con tus ondas…
-Na, para mí que sí andas así en algo raro… pero pues vas, date, tú sabrás…
-…yo sabré yo sabré… qué actitud mano, qué actitud, increible… pero bueeee….

Su cuerpo comenzó a hervir, la neblina invadió el entorno, una espesa sensación, un frío en aumento les congelaba la sangre… ¿de qué se trata esto? Ambas personas se abotonaron sus abrigos obscuros, agacharon la cabeza, metieron las manos a los bolsillos de sus pantalones, caminaron hasta llegar al límite, en donde se acaban los faroles y no hay más iluminación artificial. En la esquina de Insurgentes, dieron vuelta a la derecha. La luna azul, esta vez más azul que nunca, suspiró, tremenda, tramposa, insensata…


HJS

 

IMAGEN


El viento desesperó sus infamias humanas, laceró sus pieles expuestas, esta Ciudad se convertía en una pintura de glaciares tonos, esta Ciudad atravesada por autos de fría carrocería. Al salir del metro la respiración se les fue congelando, tosieron, una, dos, tres veces, cof cof cof, los pulmones entendían el maltrato e intentaban contener las desquiciadas ráfagas de viento.

¿Para qué me dices entonces… ?/ ¿Cómo que para qué?/ Pues sí, ¿para qué, por qué me lo dices…ahorita?/ …Así tenía que ser, tenía un malestar en el estómago, algo incómodo /¿Malestar?/ Sí, ya sabes, algo que te inquieta…

Ya no se ve mucho. Cerraron la calle por sus dos entradas con altos bloques de madera, el paisaje está más obscuro. Del otro lado de la muralla de madera la maquinaria descansa por las noches. Les falta poco, muy poco para derribar el edificio. Dejó de existir algo que pensaban duraría más de muchos años.

Pues ya, ándale, camínale/ No quiero, tengo frío…/ Ya, déjate de cosas, ándale…/ No, ¿para qué me lo dijiste?…/ Osh… ya deja eso, en serio, tenía que decírtelo… así de fácil…/ Y ¿ya…?… así me tengo que quedar yo, con algo que no quería saber en mi cabeza necia, con esa idea maligna que ahora me patea el cerebro…/ Uff… ¡Qué azote…!

Antes de cruzar la calle pasa frente a ellos un grupo de personas, lucen prendas de licra en tonos fosforescentes, corren a paso moderado. La noche intenta alcanzarles pero también reciente el frío… esos dos siguen su caminata, dentro de sus abrigos, envueltos en sus bufandas de tonos obscuros.

Al final, todo lo que te dije fue mentira/ Ves… ¿Entonces para qué me lo dijiste…? Ahora sí te pasaste…/ ¿Me pasé…? De cualquier manera te ibas a poner así, así como te pones… / Bueno, ¿entonces las fotos del feis y eso?/ ¿Eso qué?…/ ¿Los mensajes…?/ No, tú ya te estás confundiendo, cómprate una vida…/ Me confundes… / Qué azote…

Se terminó la estúpida plática. Las manos se entumían de tanto frío; a ellos les recorría lento la sangre dentro de sus cuerpos. Cada quien a su casa. Por la noche, cuando ambos, como un augurio del desastre, sintieron un deseo espantoso de salir corriendo de casa, en ese momento, decidieron enviarse un mensaje. Sobresaltados, con el celular en la mano, intentaban olvidar esa imagen que les despertó de la pesadilla.


HJS