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EXPANSIÓN.

fragmento

De: Fernando López/ Helix.

Ideas de Expansión

Vivimos en un mundo en expansión. En todo lugar, alrededor de nosotros, las ciudades se disuelven en concentraciones de habitaciones que se esparcen fuera de lo que pensábamos como natural. El resultado es un híbrido del ser humano con el paisaje. Esta expansión es sintomática de la ruptura de todas esas estructuras combinadas, organizadas y conceptuales que alguna vez establecieron fronteras seguras alrededor de nosotros.

La expansión se organiza alrededor de lo que resulta atractivo, como monumentos de la nueva era incluyendo grandes centros comerciales, estadios deportivos y aeropuertos. La estructura de la expansión dice que las grandes autopistas y arterias viales toman cada vez mayor espacio, invadiendo nuestro sentido de movilidad natural.

Nosotros habitamos dentro de la expansión incrementando indiferentemente espacios como lofts. Lo que necesitamos para sensibilizarnos sobre el mundo no es el orden, sino la imaginación.

La expansión es la manifestación física de la modernidad

[1] La arquitectura debe estar de acuerdo con la coherencia en el mundo que habitamos. Vivimos en una envolvente que cada vez se vuelve más difícil de definir o incluso ver que necesitamos la arquitectura para sensibilizarnos al respecto, para hacernos sentir en casa, para ayudarnos a encontrar un camino a seguir. Necesitamos la arquitectura para construir nuestra humanidad en un mundo en expansión.

La Expansión es la condición con que nuestros paisajes surgen cuando la distinción entre ciudad, suburbios y campo abierto, se disuelve. Nuestra cultura es una continua construcción de hechos que lentamente cubren el planeta. La expansión es el nombre de una nueva naturaleza, la envolvente y para quién debe ser construida.

Nuestras ciudades se disuelven en una alfombra uniforme de humanidad esparciéndose sobre la tierra. Cualquier sentido de un lugar genuino está cubierto con las construcciones temporales que hemos habitado desde hace medio siglo. Como resultado puede ser difícil mirar nuestra condición sin ninguna calificación de seria apreciación.

A veces pensamos que la expansión es mala, que devora nuestros recursos naturales, que hace que la gente se separe, destruye espacios públicos e incrementa el vagar lejos de casa, el trabajo y la tierra. La expansión reemplaza el paisajismo natural, o las granjas, o los bosques con muros con púas y desoladores rascacielos con el anonimato de signos y cajas que podrían contener cualquier cosa.

Pero tomemos un segundo vistazo: la expansión puede ser buena, quizá puede ser nuestro destino. La expansión es la manifestación física de la modernidad.

La expansión no es en sí un fenómeno que apareció de la nada como una expresión de la disolución de todas las estructuras en órdenes fragmentarios que continuamente se combinan y recombinan en nuevos collages

Temer el anonimato

[2] La expansión tiene una forma. Nuestras ciudades no crecen más en círculos concéntricos y nuestros suburbios no siguen la lógica de los planos sugeridos. Ahora existen patrones reconocibles.

Estas formas pueden ser una reminiscencia de los patrones oscuros de los materiales bajo tensión; los paisajes sólo comienzan a emerger del caos o de órdenes tan complejos que están a punto de disolverse. Debemos tratar de entender esos patrones si vamos a sensibilizarnos sobre la expansión.

El más obvio orden es el temor y el anonimato. Reemplazamos rápidamente los muros de días pasados con divisiones y más subdivisiones, atendiendo a mantener fuera todas esas fuerzas, sean humanas o naturales, que invadirán el interior de los espacios que hemos construido para nosotros mismos. Hacemos las fachadas tan cerradas como sea posible y tan anónimas como se pueda.

En vez de ventanas, tenemos superficies reflejantes y solamente una cámara que nos permite mirar al exterior como un ojo. Los muros son adornados con fragmentos de elementos que usamos para unirnos con el mundo exterior.

Entre los muros de la expansión, los espacios crecen en cualquier dirección. Podemos reconocer los patrones de movimiento y propiedad que usamos para definir cómo habitamos el mundo. La geometría del orden y los caminos han dado pie a las curvas de subdivisión. Los caminos son tan largos que son ocasionalmente el elemento principal en nuestro campo visual

Se puede ir a cualquier intersección urbana y no encontrarse más que espacios sin edificio en las esquinas, sólo más espacio: Gasolinerías, estacionamientos tan largos que dudamos que podamos caminar por ahí y sitios que se destinarán como complejos de oficinas o centros comerciales y detrás de ellos, más espacio vacío.

Lo que nos recuerda el sentido de este sistema es la homogenización. Mientras la expansión puede ser homogénea, no está exenta de complejidad. Estos caminos contienen una relación de partes que (aunque no corresponda con nuestra noción de vencindario) ciertamente tienen lógica.

Autopistas y caminos

Los problemas de insolación social y devastación ecológica pueden ser endémicos más no sistemáticos. Si pudiéramos reordenar la expansión, tal vez podría funcionar. El verdadero problema es cómo no detener la expansión y usar esa composición, sus nodos y sus espacios con conflictos para crear un tipo de arquitectura.

Debemos construir un nuevo tipo de “hogar” en un nuevo tipo de locación.

Bibliografía:

1. Architecture Must Burn. Aaron Betsky, Erik Adigard. Ed. Thames & Hudson. UK 2000.

2. Formas del Siglo XX. Josep María Montaner. Ed. GG. Barcelona 2002.

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EL DÍA DEL SOL.

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De: Yetnalesi Mendieta

Se te detuvo el corazón un domingo al medio día.

Se me detuvo el corazón con tu aliento apresurado.

Domingo…domingo

-que nunca venga un domingo-

que desaparezca el día del calendario,

que se olviden las flores en domingo.

Que se vistan de luto los niños,

que no se oigan las campanas,

que no se rieguen los campos,

que no canten las aves,

que no vuelen las palomas.

…porque moriste un domingo

y yo no vivo desde entonces…

Porque me dejaste pariendo a tus hijos un domingo

y se me secó el agua de la boca.

Fue un domingo con el sol en mi cabeza,

con tu aliento en mis oídos,

con tu corazón en mi pecho

muriendo.

Desde aquel domingo,

-domingo lúgubre y maldito-

no dejo de llorar,

no dejo de sentir que muero,

no dejo de odiar los días que se llaman domingo.

Que nunca sea domingo,

que no regrese el domingo

a esta tierra.

Que se extingan para siempre las estrellas,

que mueran de sed los árboles,

que el agua de los ríos sea veneno.

Que nadie tenga hijos, nunca, un domingo,

que no se diga el amor al sol de un domingo,

que muera yo –como tú-

muy pronto

al medio día de un domingo.

TÚ.

tsf-tu

De: Omar Luengo/ Mandril.

A Norma Verónica

Durante mucho tiempo he sentido estar navegando erráticamente en la inmensidad oceánica.  Mi barco, golpeado por la tempestad, está pintado y hecho de arte. Del arte que lleva por dentro. Esto lo mantiene a flote.

He buscado tierra firme. Muchas veces con una oxidada brújula. Es por eso, que mi peor error ha sido desconfiar de mi intuición. Por momentos, mis pasiones han nublado mi cielo estrellado. En ocasiones, es demasiado tarde para un cielo despejado, pues perdidos estamos.

La alborada se acerca y mis pestañas no han podido acariciarse aún. Tantas cosas pasando por mi mente, me abruman. Miro alrededor y me siento solo. En medio del huracán, tranquilo deseo estar. El aire azota la aurora. Yo sólo observo.

La jornada es difícil hoy. El agua se agita y la vida marina no reacciona ante la marea. El vigía cuida, pero, ¿Quién cuida de él? El día no termina y las olas nunca paran. El atardecer incendia el manto celeste. Yo te diviso al horizonte y apunto el catalejo hacia ti, para verte.

Te veo. Miro en tus ojos y busco en ellos la humedad con la que calmas la sed de los míos. Rodeo tu playa con mis brazos, intentando memorizar tus rincones, pues temo olvidarlos. Doy un profundo respiro y sigo el rastro perfumado de ti. Contengo la respiración por segundos. Tu aroma llena mis pulmones de oxígeno grave y limpia los restos del aire veterano dentro de mí. Me refresca y renueva.

Exhalo… Exhalo y el humo interior sale por mi nariz. Un efecto narcótico prorrumpe. Me llenas de paz. Inhalo de tu fragancia e inyectas vitalidad en mí. Mis piernas dejan de temblar y toman su firmeza habitual. Bebo un poco más de ti, del agua dulce de tus ojos. Tomo tu mano y siento encallar mi naufragio. Aprietas mi mano y anclas mis sentimientos a ti.

Cuando pregunto por tu día, tú respondes y salvas el mío. Cuando tú preguntas, yo, mudo contesto, ¡Cuánto te quiero!

Hoy, es mañana. Elevo mis velas y la angustia por las nuevas condiciones climáticas abordan. Comienzo a navegar y espero. Desespero deseando encontrar una vez más tu ribera. Vuelvo a esperar, contemplo el paisaje marítimo y entre ilusiones comprendo que mi perdido galeón, siempre encuentra el camino a ti. Porque  eres mi tierra firme. Por eso, Tú.

TALES FROM THE SPACE DUNG. HIGHWAY TO MUERTE.

De: Heber Zabdiel Osorio/ Cabafox.

Un hombre viaja por la carretera manejando un auto Chevelle del 72, va a toda velocidad, acelerando cada que tiene la oportunidad de rebasar a otros autos. El sol abrumador y jadeante anuncia la hora, ya pasa del medio día. Tiene que atravesar el desierto para poder encontrarse por la noche con su mujer amada que lo espera en Tijuana… van a casarse. Todo va como lo planeado, despertar a las 9 de la mañana, tomar solo un café antes de salir a las 10 de la mañana del hotel La Rosita. Pasar a comprar un mapa de la autopista ruta 66 y unos cigarrillos, cargar el auto de gasolina y tomar la carretera.

Dos horas ya de camino y aun falta mucho para llegar. El sol sigue quemando a plomo y formando charcos de diesel sobre la carretera. Todo marcha a ritmo con el desierto y con las notas a cargo de los Rolling Stone en el auto estéreo. De repente un auto viene en sentido contrario y sobre el mismo carril. Al darse cuenta, el hombre piensa si es tan sólo un juego o si el otro auto está dispuesto a continuar por el mismo camino. Está acercándose y parece que el choque es eminente, uno de los dos tendrá que salir del camino o continuar el reto. El volantazo y el Chevelle sale de la carretera, la acción provoca que se deslice sobre la arena del desierto, un barranco está muy cerca y debido a la velocidad con que salió, está a punto de caer. Ahí va el Chevelle del 72 cayendo por el barranco hacia el vacío, el hombre sólo mira su propio destino, toda su vida pasa en segundos… parece haber sido todo… el coche está a punto de tocar tierra…. Cierra los ojos.

Abre los ojos… está en medio del desierto, viste un traje de bodas, mira a su alrededor, camina mientras sus pies descalzos se sumen en la arena, el sol marca su destino. A lo lejos alcanza a ver algo, un caballo y alguien o algo sobre el caballo; efectivamente es un hombre a caballo, un hombre con pañoleta que le cubre la mitad de la cara, trae en la cabeza un sombrero que apenas le deja mirar los ojos. El hombre se acerca a él. El jinete mira al hombre con traje de boda. El jinete saca de su bolsillo una foto y se la entrega al hombre; al verla, encuentra a su mujer, un lapso, de inmediato voltea a ver al jinete y le pide una explicación sin que el jinete conteste. Toma la foto contra su pecho y comienza a llorar, el hombre a caballo saca de su chaqueta un revólver, apunta el cañón hacia el hombre llorando, éste voltea y mira el arma apuntar hacia él, enseguida voltea el arma el jinete y se la ofrece. La toma el hombre con su traje de bodas y pone el cañón del revólver en su boca, aprieta la foto de su mujer contra su pecho y el disparo se hace sonar… Las palomas vuelan del edificio y un hombre se levanta de su cama, pone sus manos sobre la cabeza y siente el sudor que cae de su frente, mira hacia el frente y el traje de bodas está colgado en su lugar, frente a él… se vuelve acostar…sin poder darse cuenta que de la manga del traje corre una hilo de sangre que empieza a gotear lentamente.

LA PENUMBRA DE MIS LATIDOS SIN ADJETIVOS.

De: Moisés Rodríguez Pineda/ Vaca.

…acabo de abrir mis ojos y  parece que los tengo cerrados, pues sólo veo negrura -si es que a eso se le puede llamar ver-, me siento desconcertado pues no sé cómo llegué aquí y en mis recuerdos no hallo nada que me ayude a descifrar en dónde me encuentro, así que me levanto e intento palpar algo a mi alrededor –tal vez esto ayude- sin embargo no es así, por el momento, pues sólo doy unos cuantos pasos al frente y mis pies descalzos patean un objeto sin intención y cuando me inclino para cogerlo no logro tentarlo, pues lo he alejado – que torpe soy-, sin embargo, escucho cómo algo se aleja y el sonido que produce es parecido al de una pelota botando, por lo que deduzco que es una. ¿Qué haría una pelota aquí?, no lo sé y por qué habría de saberlo si no me acuerdo ni de mi nombre.

El lugar se siente húmedo, pero no siento frío, de la misma manera no me llega olor alguno, parece como si tuviera mis cavidades nasales cerradas, pues únicamente puedo respirar la interioridad de mi cuerpo; mis oídos escuchan nada, sin que necesariamente me refiera a ésa: que tranquiliza antes de dormir. Es una nada inquietante, una nada que parece querer ser corrompida por voces y sonidos.

No sé cuánto he caminado, pero me parece que no ha sido mucho, y empiezo a perder el interés por hacerlo pues no tengo un rumbo a seguir y podría dar vueltas por el mismo lugar sin saberlo, pero en fin, mi prioridad en estos momentos es llegar a algún lugar o encontrar a alguien, o algo que me haga saber con certeza cómo he llegado a este lugar y cómo puedo salir del mismo.

No he perdido la calma ¿por qué?, no lo sé, pero he perdido esperanzas puesto que mis pies se han enfriado y probablemente no aguanten mucho tiempo, -intentaré concentrarme una vez más para lograr recordar algo-, cierro los ojos ,como si esto tuviera algún propósito pues resulta lo mismo mantenerlos abiertos o cerrados, e indago en mí y comienza a surgir la imagen de una pelota y al mismo tiempo pienso que sólo surge por el hecho de haber pateado lo que parecía ser una, sin embargo ahora comienza a emanar algo que parece ser un lago, pero yo nunca me he metido a uno por que no se nadar y antes de que pueda llegar a una conclusión, siento que algo lastima levemente mis párpados, abro los ojos y veo una ínfima luz, comienzo a correr hacia ella y veo la agitación de mis manos de reojo y me detengo pues son las manos de un niño y se me ocurre algo que no se me había ocurrido, tocar mi cuerpo, lo acaricio y es el de un niño, ¡soy un niño!

Ahora las cosas comienzan a tener sentido para mí, pues la pelota aparece nuevamente en mi mente, pero flotando en la orilla de un lago, ya no son dos elementos independientes y sin sentido, pues veo la escena completa, -estaba jugando con mi pelota en un bosque, cuando incidentalmente la pateé y sin que pudiera detenerla se fue botando. La perdí de vista puesto que cayó por una pendiente y cuando me fui a asomar pude ver que estaba flotando en un lago cercano, agarré una vara y corrí hacia ella antes de que la corriente se la llevara, cuando llegué a la orilla me puse de rodillas e intenté jalar la pelota hacía mí, lo cual no pude hacer, entonces decidí inclinarme aún más, el lodo sobre el que estaba apoyada mi otra mano comenzó a deslizarse, perdí el equilibrio y caí-

No recuerdo nada más, sólo que después de eso abrí mis ojos y desperté en éste lugar.