TONADA

– Tengo frío…
– ¿Venías corriendo?…
– Sí…
– Pues sí… si no ya ves cómo me pongo… no, que siempre llegas tarde, bien impuntual, ya tengo un buen esperando…
– Pues sí…

Respirar en esos momentos doblegaba cualquier calor de los cuerpos. Abrigados, los trabajadores se mantenían despiertos acariciando algún recuerdo de tonos pastel. La luna no cesaba de ronronear su apasionante tonada. Las personas navegaban en sus complicados deseos, el amanecer se entintaba de un caprichoso azul coqueteando con morado. Buscando inmortalizarse en un gesto, una frase, una reflexión matutina, de las faltas de vitamina, de las que parecen ser dichas con las brasas de un poderoso fuego, las mujeres esperaban el fin de la madrugada.

– Me tuve que levantar a las tres y media, si no no llegaba, no llegaba… y ya tomé el camión a las cuatro y ya llegué…
– Así sí… así sí… tengo mucho frío…
– … ¿Nomás te saliste de bañar y que te vienes para acá verdad… ?
– Pues sí… pero me hubiera quedado en la cama, se me acurrucó el Ascención y me hizo piojito, se puso loquito, me hacía ruiditos y casi me quedo dormido, medio pestañié… se puso loquito…
– ¡Mírala!… conrazón… pero qué bueno que llegaste temprano… duérmete tantito si quieres, yo te despierto….

Tú mi chiquitita, finges no mirarme, ponte muy contenta, porque estoy aquí… Ascención tenía ganas de que se quedara dormida, le cantó al oído, secreteándole su deseo, no pudo logarlo, ella se levantó, se metió a bañar, se arregló y salió del departamento. La Ciudad siguió amaneciendo al ritmo de la tonada que aún rondaba en las ideas de Ascención.

HJS


AMANECER

– Que me dice... ¿son del ocho y medio?… me los llevo, dijo…. pero ¡naaaa!, nada más me los saló…
– Újules mano, pus no te pones trucha, no convences, no encantas, no enamoras… mejor prende y soprende, si no, sácate a la be grande de México
– Ah… caray, eso sí sonó grosero…
– No te aflijas, no te esponjes, no ronronees a lo gato con botas…
– Si nomás te estoy contando cómo se fue la venta… cómo te pones… mejor vas, atiza…

Alrededor, en la calle, se respiraba el vapor de la carne cruda y recién sazonada que se freía en varios litros de aceite; algunos comerciantes armaban las estructuras de sus puestos; un hombre olía sus manos y era el mismo olor a metal de cada domingo; una mujer gritaba que !no, no, no vamos a poner la lona, al rato, déjalo así!, así lo dejaban y nada más colocaron la lona roja que servía de techo; bajo esos tonos rojizos, algo naranjados, los comerciantes acomodaban su mercancia; un hombre flaco, moreno, con un delantal azul marino ajustado a su cuerpo, ofrecía desayunos, cafés, jugos de naranja y mandarina; la calle olía a los tacos de suadero, a los de tripa, a las quesadillas fritas y hamburguesas. El sol no pretendía fatigarse, disfrutaba mirar el movimiento de las personas, escuchar sus murmullos, sus secretos, sus dramas más chuscos…

– … ¡No inventes….!
– … No inventes tú mai, no inventes tú…
– … No es invención, es que así es el bistec, así la cosa, asi la necia… Pero ya te dije, así le hacemos y rápido…
– … Ora, eso sí sóno feo, ¿cómo que así le hacemos…? Con qué o qué…
– … Ohh… no te saques de cuadro, ya sabes, así, así me dijo, así, así le hacemos... igual que tú me quedé… ¿cómo qué así la hacemos?…
– … ¿Y luego qué pues….?…
– … Le dije que no, pero luego le dije que sí… así, legal, loques…
– … ¿Neta… a la Güera?
– Neta… así… loques…
– Eres oscuro inche Mocos…
– No me digas asi…
– Ah chinga por qué o qué…
– Porque no me late, no me vibra, no me acá, no te pases…
– Ta bueno mi mocos…
– Íralo… vete mucho a la be grande de México….

El sol comenzó con las intenciones traviesas, se asomó para calentar el asfalto de la Ciudad, en un puesto en donde colgaban discos de compilados de cumbia, guaracha y sonideros, respondían a las caricias del astro supremo con una salsa mañanera, muy en lo Eddie Santiago; un hombre viejo, de cabello cano, bigote bien delineado, cubriendo el labio superior, silbaba la melodía mientras empujaban el carrito en donde esa mañana había acomodado las pilas doble a, triple a y las lámparas de mano. Luz, la señora del puesto de tenis importado, cansada, pensando en qué se le antojaba desayunar, hacía bolas con el periódico del día pasado para meterlas dentro del calzado, las noticias contaban de alguna desgracia, incluida una horrible muerte. El olor de los tamales, el atole de guayaba y el champurrado, anunciaban otro amanecer en algún rincón de esta urbe desesperada.

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CANIJO

¿Has ido a Panti?
– Sí…
– ¿Conoces a la Güera?
– Sí…
– ¿Sí?
– Sí… la hice mi novia…
– ¿No?
– Sí, en serio…
– No la hiciste tu novia…
– Sí… no… pero le di mi número…
– ¿No?
– Sí, en serio, eso sí, le di mi número…
– No… No te creo, no, no…
– Sí…
– Jura…
– Juro… sí, en serio…
– No te creo… No… jura…
– Juro…
– Así, jura así, con la mano arriba, jura así…
– Así juro, mira…
– No, no te creo…

En la Ciudad, las voces se quejaban en vano, sin saber mucho del mañana, detestando su pasado, machacando con incoherencias su instante, las voces tan nocturnas, tan inagotables. El viento muy infame, muy desde la congeladora, manteniendo fríos los corazones, las respiraciones.

– ¿Y al final qué?, ¿qué pensaste?, ¿sí jalas o no?
– … Sí, sí jalo, sí voy, sí… al final, yo creo que está bueno…
– Bueno pues… y… ¿pa’ qué me preguntaste lo de Panti..?
– Ah… no, eso yo creo sí está más canijo…

Después de esas palabras mejor guardarse el silencio en las pupilas, añorar refugios mentales. El metro aceleraba dentro de la tierra perforada de esta Ciudad.

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RESGUARDARSE

‘- Arreció el agüita…
– Sí…
– A resguardarnos pues…
– Sí… un rato…
– ¿Trabajas acá?
– Na… me estoy guardando de la lluvia…
– Pus sí… pero moja más aquí, pinche chingadera, esta lluvia ta’ más recia que la madre…
– Sí… una bañadita…
– Nuuuu… y ayer lavé esa chingadera… ya ni modo pues… y ahorita trae baja la llanta delantera, y pus no la puedo inflar así nomás, tengo que ir al taller pues, o algo… sí pues… ta’ chingadera…
– Pues sí…

De un segundo a otro el intenso llover se detuvo, minutos más tarde reanudó su insistente lamento. El señor calvo y de bigote tupido encendió un cigarrillo. El otro, el que estaba sentado, dio un sorbo a la botella de vidrio que sostenía entre las piernas. Un olor intenso a leña quemada les envolvió la existencia.

– Ta bueno pues… nos vemos compa…
– Buena tarde…

El ruido de la motorizada se alejó hasta perderse en la canción melancólica e infame que las nubes entonaban sin parar de llorar. El hombre dio un trago largo a la botella, la tapó y la guardó en un bolso de su pantalón; rencoroso, soltó un escupitajo al suelo y dio un golpe al aire que chocó con decenas de gotas de agua, murmuró travesuras y caminó sobre los charcos hasta perderse en las inundadas callejuelas del centro.

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AHÍ VIENE

-¿Usté no es de acá, ve’a?
– No…
– Se le nota…
– ¿Por?
– Como habla… ¿es del sur?
– No… del centro…
– Ya… es muy fácil darse cuenta, ¡mmaa!… a nosotros nos reconoces pronto… rapidito… y por la coca… ¡mmaaa! Por la cocacola, nos encanta la cocacola, rapidito se dan cuenta, nos encanta la coca con pan, con todo, con todo la tomamos…
– Mmm….

Las insistentes gotas chocaban con el improvisado río que apresuraba su ritmo sobre la calle. Mujeres y hombres caminaban en las banquetas, de sus cabellos escurría el agua del mundo, el agua de la galaxia. El camión se iba a tardar, la lluvia, bien lo dicen, cambia el ritmo de la vida, la cadencia del existir se modifica cuando llueve, cuando la piel se eriza, cuando el ánimo se siente conmovido, desconcertado.

-…ya llevo rato y no pasa… ¿usted cuál toma?… a ver… ¿ése qué dice?
– Margaritas…
– Ah no… no, yo estoy esperando el Villa… ya tardó el Villa…
– ¿Sí…?
– Sí, ya tardó pues, ¿ése qué dice?
– Péreme no veo… dice… dice Issste…
– No… menos… no… de regreso sí me queda, pero ahorita voy a trabajar….
– Mmm….
– Sí… pero ya voy tarde… es que esta lluvia nomás no deja… no deja… y pues tengo que ir a trabajar, antes sí me quedaba ir en el Issste, pero ya no…
– Mmm…
– Y la lluvia está calmita, ¡mmma!, con la inundación estuvo peor…
– ¿Mucho peor?
– Mucho… en mi casa pusimos los sillones afuera, nomás afuera, así, no nos quedamos con nada, con nada, nomás faltó tantito para que cubriera toda la casa… nos quedamos con nada…
– ¿Nada?
– Nada… deberían suspender las clases cuando llueve así, no cesa pues, no deja…nomás no deja…
– No pues sí…
– ¿Ése qué dice?
– Orita le digo… mmm… no, no es, pero el de atrás sí dice Villa…
– Bueno, pus como sea ya ahí viene…
– Pues sí… Ahí viene…

Infatigables sus respiraciones… ambos, abordaron el transporte. Plap, plap, plap, plap, plap, plapplapplapplapplapplapplapplap, la lluvia insistía con la tonada, la Ciudad intentó no ahogarse en sus húmedas penas.

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