AMANECER

– Que me dice... ¿son del ocho y medio?… me los llevo, dijo…. pero ¡naaaa!, nada más me los saló…
– Újules mano, pus no te pones trucha, no convences, no encantas, no enamoras… mejor prende y soprende, si no, sácate a la be grande de México
– Ah… caray, eso sí sonó grosero…
– No te aflijas, no te esponjes, no ronronees a lo gato con botas…
– Si nomás te estoy contando cómo se fue la venta… cómo te pones… mejor vas, atiza…

Alrededor, en la calle, se respiraba el vapor de la carne cruda y recién sazonada que se freía en varios litros de aceite; algunos comerciantes armaban las estructuras de sus puestos; un hombre olía sus manos y era el mismo olor a metal de cada domingo; una mujer gritaba que !no, no, no vamos a poner la lona, al rato, déjalo así!, así lo dejaban y nada más colocaron la lona roja que servía de techo; bajo esos tonos rojizos, algo naranjados, los comerciantes acomodaban su mercancia; un hombre flaco, moreno, con un delantal azul marino ajustado a su cuerpo, ofrecía desayunos, cafés, jugos de naranja y mandarina; la calle olía a los tacos de suadero, a los de tripa, a las quesadillas fritas y hamburguesas. El sol no pretendía fatigarse, disfrutaba mirar el movimiento de las personas, escuchar sus murmullos, sus secretos, sus dramas más chuscos…

– … ¡No inventes….!
– … No inventes tú mai, no inventes tú…
– … No es invención, es que así es el bistec, así la cosa, asi la necia… Pero ya te dije, así le hacemos y rápido…
– … Ora, eso sí sóno feo, ¿cómo que así le hacemos…? Con qué o qué…
– … Ohh… no te saques de cuadro, ya sabes, así, así me dijo, así, así le hacemos... igual que tú me quedé… ¿cómo qué así la hacemos?…
– … ¿Y luego qué pues….?…
– … Le dije que no, pero luego le dije que sí… así, legal, loques…
– … ¿Neta… a la Güera?
– Neta… así… loques…
– Eres oscuro inche Mocos…
– No me digas asi…
– Ah chinga por qué o qué…
– Porque no me late, no me vibra, no me acá, no te pases…
– Ta bueno mi mocos…
– Íralo… vete mucho a la be grande de México….

El sol comenzó con las intenciones traviesas, se asomó para calentar el asfalto de la Ciudad, en un puesto en donde colgaban discos de compilados de cumbia, guaracha y sonideros, respondían a las caricias del astro supremo con una salsa mañanera, muy en lo Eddie Santiago; un hombre viejo, de cabello cano, bigote bien delineado, cubriendo el labio superior, silbaba la melodía mientras empujaban el carrito en donde esa mañana había acomodado las pilas doble a, triple a y las lámparas de mano. Luz, la señora del puesto de tenis importado, cansada, pensando en qué se le antojaba desayunar, hacía bolas con el periódico del día pasado para meterlas dentro del calzado, las noticias contaban de alguna desgracia, incluida una horrible muerte. El olor de los tamales, el atole de guayaba y el champurrado, anunciaban otro amanecer en algún rincón de esta urbe desesperada.

HJS

CANIJO

¿Has ido a Panti?
– Sí…
– ¿Conoces a la Güera?
– Sí…
– ¿Sí?
– Sí… la hice mi novia…
– ¿No?
– Sí, en serio…
– No la hiciste tu novia…
– Sí… no… pero le di mi número…
– ¿No?
– Sí, en serio, eso sí, le di mi número…
– No… No te creo, no, no…
– Sí…
– Jura…
– Juro… sí, en serio…
– No te creo… No… jura…
– Juro…
– Así, jura así, con la mano arriba, jura así…
– Así juro, mira…
– No, no te creo…

En la Ciudad, las voces se quejaban en vano, sin saber mucho del mañana, detestando su pasado, machacando con incoherencias su instante, las voces tan nocturnas, tan inagotables. El viento muy infame, muy desde la congeladora, manteniendo fríos los corazones, las respiraciones.

– ¿Y al final qué?, ¿qué pensaste?, ¿sí jalas o no?
– … Sí, sí jalo, sí voy, sí… al final, yo creo que está bueno…
– Bueno pues… y… ¿pa’ qué me preguntaste lo de Panti..?
– Ah… no, eso yo creo sí está más canijo…

Después de esas palabras mejor guardarse el silencio en las pupilas, añorar refugios mentales. El metro aceleraba dentro de la tierra perforada de esta Ciudad.

HJS

 

RESGUARDARSE

‘- Arreció el agüita…
– Sí…
– A resguardarnos pues…
– Sí… un rato…
– ¿Trabajas acá?
– Na… me estoy guardando de la lluvia…
– Pus sí… pero moja más aquí, pinche chingadera, esta lluvia ta’ más recia que la madre…
– Sí… una bañadita…
– Nuuuu… y ayer lavé esa chingadera… ya ni modo pues… y ahorita trae baja la llanta delantera, y pus no la puedo inflar así nomás, tengo que ir al taller pues, o algo… sí pues… ta’ chingadera…
– Pues sí…

De un segundo a otro el intenso llover se detuvo, minutos más tarde reanudó su insistente lamento. El señor calvo y de bigote tupido encendió un cigarrillo. El otro, el que estaba sentado, dio un sorbo a la botella de vidrio que sostenía entre las piernas. Un olor intenso a leña quemada les envolvió la existencia.

– Ta bueno pues… nos vemos compa…
– Buena tarde…

El ruido de la motorizada se alejó hasta perderse en la canción melancólica e infame que las nubes entonaban sin parar de llorar. El hombre dio un trago largo a la botella, la tapó y la guardó en un bolso de su pantalón; rencoroso, soltó un escupitajo al suelo y dio un golpe al aire que chocó con decenas de gotas de agua, murmuró travesuras y caminó sobre los charcos hasta perderse en las inundadas callejuelas del centro.

HJS

AHÍ VIENE

-¿Usté no es de acá, ve’a?
– No…
– Se le nota…
– ¿Por?
– Como habla… ¿es del sur?
– No… del centro…
– Ya… es muy fácil darse cuenta, ¡mmaa!… a nosotros nos reconoces pronto… rapidito… y por la coca… ¡mmaaa! Por la cocacola, nos encanta la cocacola, rapidito se dan cuenta, nos encanta la coca con pan, con todo, con todo la tomamos…
– Mmm….

Las insistentes gotas chocaban con el improvisado río que apresuraba su ritmo sobre la calle. Mujeres y hombres caminaban en las banquetas, de sus cabellos escurría el agua del mundo, el agua de la galaxia. El camión se iba a tardar, la lluvia, bien lo dicen, cambia el ritmo de la vida, la cadencia del existir se modifica cuando llueve, cuando la piel se eriza, cuando el ánimo se siente conmovido, desconcertado.

-…ya llevo rato y no pasa… ¿usted cuál toma?… a ver… ¿ése qué dice?
– Margaritas…
– Ah no… no, yo estoy esperando el Villa… ya tardó el Villa…
– ¿Sí…?
– Sí, ya tardó pues, ¿ése qué dice?
– Péreme no veo… dice… dice Issste…
– No… menos… no… de regreso sí me queda, pero ahorita voy a trabajar….
– Mmm….
– Sí… pero ya voy tarde… es que esta lluvia nomás no deja… no deja… y pues tengo que ir a trabajar, antes sí me quedaba ir en el Issste, pero ya no…
– Mmm…
– Y la lluvia está calmita, ¡mmma!, con la inundación estuvo peor…
– ¿Mucho peor?
– Mucho… en mi casa pusimos los sillones afuera, nomás afuera, así, no nos quedamos con nada, con nada, nomás faltó tantito para que cubriera toda la casa… nos quedamos con nada…
– ¿Nada?
– Nada… deberían suspender las clases cuando llueve así, no cesa pues, no deja…nomás no deja…
– No pues sí…
– ¿Ése qué dice?
– Orita le digo… mmm… no, no es, pero el de atrás sí dice Villa…
– Bueno, pus como sea ya ahí viene…
– Pues sí… Ahí viene…

Infatigables sus respiraciones… ambos, abordaron el transporte. Plap, plap, plap, plap, plap, plapplapplapplapplapplapplapplap, la lluvia insistía con la tonada, la Ciudad intentó no ahogarse en sus húmedas penas.

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HJS

PREGUNTA


– ¿Por qué tan tristes?… ¿yo sé que vienen de la chamba, pero qué les pasó… no estén tristes… yo también vengo de la chamba y pues… también… pues unas, ¿qué no? —el ser pide permiso a un joven que seguro trabaja en alguna tienda de Perisur, el joven mueve su cuerpo hacia el pasillo del camión, el ser da dos pasos y se acomoda, cándido, en el asiento de rígido plástico gris, de la bolsa del oxxo que agarra con la mano derecha, saca una cerveza tecate de latón, también unas pringles de queso, habla, la noche se mira a sí misma en las ventanas del metrobús, el viento de Avenida Insurgentes llena los pulmones de ese ser que jala con fuerza el arillo de latón para abrir la cerveza, da un trago, uno inquietante, uno largo, uno quitased… sigue inventando el tiempo con palabras— ¿qué… ?…¿todos cotorreamos, no?, ¿o no se dan sus chelas…?… ¿entonces por qué me miran así?… ¿o qué no….?… se sacan de cuadro, ¿qué no?— el camión acelera sobre Insurgentes, de la luna sólo sabemos sus suspiros, el ser da otro sorbo a la cerveza, abre el bote de papas de harina, toma unas cuantas y las mete a su boca— ¿Quieren?….¿Quieres una…? vas… date….
– Gracias…
– Gracias chido…
– Chido… chido…
– ¿Cómo te llamas?….
– Áxel…
– Áxel… ¿y a qué te dedicas?
– Al comercio… al comercio, ya sabes, de aquí, de allá…
– ¿Y qué vendes?…
– De todo… pero ahorita ropa… ropa… sí, ropa de todo, es lo que más pega ahorita… —el ser, que ya nos dijo que se llama Áxel, le da otro sorbo a la cerveza, atrás de él, Insurgentes y sus edificios, sus personas caminando, sus mujeres taconeando y sus hombres respirando fuerte… Áxel no sabe si continuar con la charla o parar, no sabe si continuar o parar, pero continúa—entonces…—mejor para
– Noo, pues yo sí me echo mis unas mis dos, vengo de un evento medieval y mezcal, vino, chela…
– Sí, no… pues sí… yo con el jefe, bueno, cuando tenía un jefe, nos íbamos a su casa, allá en Morelos, y así, la alberca, el calorsito, unas chelas, me acuerdo que esa vez fueron varios cartones, de las caguamas… ¿pero por qué vienen tan tristes o qué?… ¿qué les pasó, qué les hicieron o qué?…y pues ya sí, pero pues ya nada más fuimos una vez… y pues ya no veo a mi jefe…
– Te hubiera dejado las llaves, Áxel…
– Sí, pues sí,no… no, no…
– ¿Y dónde vendes?
– En varios lados, en la Ciudad, en varios lados, así, ropa de todo…
– Ah… es que ando buscando unos tenis cafés, unos adidas, pero no…
– Uy, no, no, tenis sí no, casi no, más bien ropa,chamarras, pantalones….¿pero por qué tan tristes?

Avenida Insurgentes se sentía aun más interminable, los autos andaban en su aburrido ronroneo, las personas caminando en el estrecho espacio de sus melancolías, la noche, la noche de verdad insatisfecha, la noche desesperada, inquieta, traviesona, cínica, tan noche.


HJS

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