GLORY TIMES.

glorytimes

Por: Nohemi Rascón / Elefante rosa

¡Y vaya aquellos tiempos de gloria!…claro, estamos recordando al trío trip-hopero de Bristol, Inglaterra (sí, aquel que nos hacía cerrar los ojos y volar) formado en 1991 por el productor e instrumentalista Geoff Barrow, la honorable vocalista Beth Gibbons y el guitarrista de jazz Adrian Utley, que en el año 1995 lanzaron una compilación  llamada “Glory Times”  de la disquera Go! Beat.
Esta compilación está elaborada con canciones remezcladas mucho más gloriosas que amargosas; entre sonidos ruidosos, hoperos y rockeros recreados por ellos mismos, donde  hacen honor a los singles “Glory Box” y “Sour Times” de su álbum debut “Dummy” (1994), así como al tema  del cortometraje “To Kill a Dead Man” dirigido y actuado por ellos mismos e inspirado en las clásicas películas de espionaje. Por cierto, en ese  mismo año (1995)  se llevaron un premio “Mercury Music Prize” por su álbum debut “Dummy”.

“Glory Times”  contiene disco doble; y empezamos dándole  play al sour disc one,  que en downtempo nos pone a mover la cabeza  con  tres canciones que retoman la voz de el sencillo “Sour Times”, el cual originalmente tiene unos samples lo-fi del tema “Danube Incident” de Lalo Schifrin,  para así crear… “Sour Sour Times”, que comienza con la suavidad del jazz, sin perder sus pesadas percusiones base;  “Lot More” es como la versión funk hip-hopera, la voz de Gibbons está alternada con  scratches de una regañona voz masculina; la tercera “Airbus Reconstruction”, interesante versión rockera con los coros de Beth rasposamente distorsionados y con vocecillas haciéndole segunda. Además, nos regalan dos  canciones instrumentales, primero con unas notas suaves, sensuales e inductivas está “Sheared Times, y la última del disco, melancólica y majestuosa “Theme From to Kill a Dead Man”. La pieza utilizada para el cortometraje que hicieron en el mismo año.

Ahora, comenzamos a reproducir el glory disc two, donde alude al afamado y alabado sencillo “Glory Box”, y en donde no necesitas ponerle repeat si es tu rola favorita, sino escuchar el disco completo para quedar satisfecho, porque nos ofrece cuatro combinaciones diferentes de este single. La primera es “Glory Box (edit)” que es casi igualita que la original solo tiene una variante de los drums en sus últimos segundos; la segunda “Glory Box (Mudflap Mix)”, una grandiosa creación única al estilo grunge propio de su época; después le sigue “Scom” que es lenta, oscura, con unos melódicos scratches y loops bien acomodados; y la cuarta “Toy Box” lúdica y nostálgica versión que nos complace con un pequeño solo de guitarra diferente al original. Cabe mencionar que estas cuatro canciones avanzan a la mismita velocidad en bpm y que Beth no se puso a grabar cuatro veces su voz, sino es el mismo sample para todas aunque no lo parezca. En este disco escuchamos solamente una instrumental, “Sheared Box” que suena electrónica, profunda y espacial al ritmo de una batería lenta.

Este álbum doble es un must en tu colección si eres amante de Portishead, ya que los podrás escuchar en sus diferentes facetas, sus influencias y la gran manera en que hacen arte. Si no eres tan fan, entonces comienza escuchándote el “Dummy” para poder digerir lo que contiene esta singular remezcla.

¡SÍ MÁS FE!

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Como se ha anunciado oficialmente, la reunión de Faith No More es un hecho, la banda de rock liderada por el multifacético Mike Patton, anunció en su pagina oficial www.fnm.com, que su regreso se debe a los constantes cuestionamientos y peticiones tanto de fans como de promotores, sobre su posible reunión; además de sentirse muy bien en estos momentos, voltear atrás y retomar la energía para patear traseros nuevamente. Faith No More se formó en 1982 en San Francisco, California y se separaron en 1998. La alineación que se reagrupará será aquélla de la última etapa, del 97 – 98, e iniciarían una gira europea en el verano próximo. Como dirían por ahí “La fe muere al último”.

Escuchen el capítulo Arribada –I de La Vieja Guardia en www.audio.thespacefarm.com, para que se contagien con un ejemplo de lo que hacia esta bandota.

ELEPHANT GIRL.

He aquí un pequeño corto de animación que narra remarcables incidentes en una tarde de la vida de dos hermanas que desvarían su condición; elaborado por David Lobser en colaboración con Jamie Haggerty, ambos diseñadores notables y animadores independientes, dedicados a las “motion graphics”.  Pueden conocer mas de su trabajo en www.dlobser.com.

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EN DONDE HUBIERON DE ESTAR THE MYSTERY JETS.

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De: ¡Pólvora! Miércoles.

a ti, porque mueves los píes.

Ruidos de neumáticos rechinando sobre un asfalto ardiente.

“Disculpe, ¿Dónde queda el Vive Cuervo Salón?”

Sin perdernos, sólo con problemas de ubicación. Los boletos habían sido obtenidos desde la primer noticia. No recuerdo si lo leí en alguna página de internet, o en el blog especializado en música sabrosa, o si me lo dijo algún amigo friqui. En cualquier caso la compra fue rápida y sin concesiones, nada se atravesaría entre el concierto de una de mis bandas favoritas y las ganas de enviarles sus tonadas entre toda la fanáticada presente en el concierto.

Dos. Mi colega y yo, (porque somos colegas, más que amigos, nosotros nos relacionamos mediante códigos empresariales, de producción, distribución y consumo: una chica, el verbo (producción), tiene una amiga, yo tengo un colega, tomemos unos tragos (distribución); vayamos a mi, o su apartamento dependiendo el caso y veamos qué pasa (consumo)), sospechamos el camino nos presentaría obstáculos: extremamos precauciones, con guía rojí en mano, direcciones, teléfonos, celulares con créditos, jarritos de piña y tamarindo, sangüiches de jamón y queso manchego, todo para buscar el lugar. Y sí, por imposible que parezca, no lo conocíamos.

“Pues mire, agarre todo derecho sobre esta hasta llegar a Moliere, y ahí está, seguro lo ven…”

“Gracias. Buen día, que la magia de la tarde le brinde una espléndida lluvia de energías positivas”.

El rostro del hombre lo dijo todo.

Llevábamos gran tiempo de ventaja y estábamos a un todo derecho de distancia, ya nada nos detendría. Viernes 21 de febrero, ocho treinta de la noche. Nada podía fallar.

7: 30 p.m. En mi reloj.

7: 45 p.m., en mi reloj y habíamos llegado. No compramos el pase de estacionamiento así que la búsqueda de un lugar, un hueco, un espacio al tamaño del pointer colorado se tornó ardua. Lo encontramos y decidimos alivianar nuestras ansias bebiendo los jarritos y degustando los emparedados. Procuramos guardar todas nuestras ganas de gritar y no pusimos los grandes éxitos de los Mystery mientras aguardamos; en remplazo, decidimos alebrestarnos con Can`t Stand Me Now, y la nostalgia nos vino entre ventarrones de imecas y brindamos en honor de The Libertines.

Nos sentimos un tanto nerdos y ñoños acabada la última gota del jarrito. Ocho en punto en nuestros relojes, una vinatería frente a nosotros, una cerveza oscura en nuestra mente, saliva debajo de nuestras lenguas.

Terminada la tercer cerveza y con las ocho menos veinte en la voz del locutor de radio nos alistamos para entrar al sitio. La gente ya se formaba en la entrada. Una fila considerable. Chicas considerables. Novios considerables. Consigna: pensar estrategias de ligue y nunca dejar de cantar, bailar, prender el cuerpo con la música de la banda, de ellos con todo el ímpetu de hacernos volar entre sus aires, de convertirnos en aves de su cielo musical.

Sabíamos lo prohibido de las cámaras fotográficas y los cigarros, en tal situación tuvimos que hacer uso de nuestros conocimientos de magia y escondimos, en la entrepierna, cerca, muy cerca de los huevos, mi cámara de ocho megapixeles, que seguro serán muchos y se verá bonito, todo con el afán, loco afán de presumir a mis coterraneos y pobresdiablos amigos mi asistencia al concierto de los Mystery. Con la cámara y los cigarrillos enhuevaos, nos anexamos a la fila.

Avanzaba lento y sospechábamos iba a tardar. Y tardó. Realizamos un malabar extraordinario para sacar de mi entrepierna un cigarrillo… La última bocanada y la fila no se había movido dos cuerpos. Todos presumían su emoción y trataban de despeinarse lo más posible. Yo evitaba no enamorarme de alguna mujer esbelta. Mi colega, despacio, echaba un vistazo desde el inicio de la fila, hasta el final: daba vuelta a la cuadra, el ánimo no cedía a la espera, desesperante espera. Ya no me preocupaba mi aliento alcohólico. Mascaba un trident de fresa.  La colilla del cigarro seguía inmóvil en el sitio en donde el colega la había desamparado. Las ganas de una tercer cerveza me inquietaban… comenzamos a caminar. Oportunamente, al ritmo del ocaso, los vendedores de recuerdos, extensiones de memoria, memorias fribolizadas, deseos de tener, comenzaban a llenar las banquetas. Debía prevenirme, por si acaso un quizás, un encuentro amoroso con una beba linda:

“Doñita, unos chicles, una tutsi y… ¿quieres algo?… nada más…¿cuánto es?”

Doñita, daba pasos lentos, cargando su cajón de madera bien ordenado, organizando los chicles por sabores, los cigarros por marcas, dulces, chocolates.

Pocos cuerpos antes de la entrada saqué el tesoro de mi chaqueta. Los boletos olían a cuero, síntoma de haber estado tanto tiempo guardados.

Entramos.

El fornidazo ni siquiera se dio cuenta de la cámara y los cigarros, el sitio de escondite resultó un éxito.

Adentro. Espacio oscuro. Zumbido de gente. Pasos de un lado a otro. Caja de resonancia emocionada. Alistados todos para el encuentro anhelado. Las nueve señaladas por la aguja de mi Casio clásico. Música de fondo. Música superficial que no entra en mis venas, que se queda en la piel, que rodea mis oídos y se mantiene dando vueltas en ese caracol de ciudad que son mis oídos de flamante humanoíde del sur. Música de fondo y algunos bailaban al ritmo Always Where I Need To Be, interpretada dulzonamente por The Kooks. Algunos abuchearon la selección en turno. La luz mostraba meros contornos, figuras de espanto, peinados explotados, brazos largos, ojos gatunos en constante expansión. Una guitarra, un pandero, la batería entraba sólida y los platillos animaban nuestros movimientos de pies, la voz nos chillaba que agitáramos los caderas, la guitarra se tornaba desquiciada, todos con la cabeza diciendo sí, un gran resorte en el cuello, algunas damas ejecutaban un sube y baja de hombros muy seductor al mismo tiempo que flexionaban su torso en dirección al suelo de duela, yo miraba, las puntas de mis pies coincidían en ritmo con las de mi colega, en el salón: Salute Your Solution, de, The Racounters.

Las luces fueron descendiendo hasta la oscuridad. Los chiflidos, “a ver a ver a quioras”, resonaban en los cuerpos cada vez más ardientes. Todos cada vez màs alerta, más vivos. Dudas. Las nueve en mi reloj. Las pequeñas fulguraciones de las luciérnagas celulares nos alumbraban un poco la penumbra. El ruido de los presentes bastaba para no oír con certeza lo dicho por el colega. Éramos miles, dosmiles posiblemente. Nuestra estatura mediana nos concedía la facilidad de ubicarnos a mitad del gran salón. Oscuridad aún. Aplausos, chiflidos, aires, babas chocando, saliendo de los labios del de junto, del de atrás, de todos. La música calló. Aplausos, gritos, tiempo congelado, piel erizada, ansias gallina. Ruidos. Murmullos. Chiflidos. No nos podían hacer esperar más. Un silencio involuntario entre nosotros, y reconocimos el inicio:

Entró ruido de sirena de ambulancia, de patrulla, reconocimos el sonido varias veces repetido en nuestros reproductores de música. Sintetizador abriendo pista, oscuridad aún, el bombo se escuchó se encendieron las luces y ellos estaban ahí, arriba del escenario Blaine Harrison con una extraña pose al frente de la agrupación; abajo todos brincando, siguiendo el bombo. Blaine nos comenzó a cantar, ya todos prendados a sus instrumentos, ya todos coreando: Hideaway, oeo eo eoooo... de todas las canciones, me parecía la más adecuada para iniciar el concierto. Los cabellos alebrestados del Blaine se mantenían así debido a su poca movilidad. Los demás actuaban, interpretaban la canción que ya terminaba. El colega y yo luchábamos para no ser aplastados entre el tumulto que nos tomó por asalto, todos arremolinados hacía el escenario, alzando las manos, desentendidos del espacio, la espera había terminado y la primer canción también. No hubo espacio para presentación y nuestros cuerpos se encendía, sacudíamos el tedio y gritábamos de emoción, todos, vueltos uno, un grito, un ruido inentendible y la voz completamente agradable de Blaine nos hizo estremecer, And he’s half in love with Elizabeth…gritamos, gritamos, gritamos, la conocíamos y acompañamos la frase, el coro. El bajo sonaba poderoso, fuerte, nos unía más, más; atentos. La batería con sus espasmos delicados nos hacía conmemorar el gran éxito de la banda, the bubble will (platillo agresivo sonando) burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst. Agresivamente rematábamos en nuestra tarola imaginaria ubicada en el viento... And he’s half in love with you.

Luces en el escenario. Un “gracias buenas noches” bastante averiado, aprendido unos minutos antes. Las demás palabras de bienvenida fueron en un inglés sin residuos de español. The next song….The boy who ran away. Unos pasos atrás. Toda la agrupación lista. Coros. Luces de escenario tenues. Nuestros movimientos eran más cadenciosos hasta la mitad de la canción en que todos bailamos con el coro la lalo lalo. Los instrumentos sonaban nítidos, los sonidos extraños de la guitarra me sorprendían y me provocaban una sonrisa. Los celulares al aire. Podía observar el concierto desde las pequeñas pantallas, la imagen se movía, recordé entonces la cámara en mis bajos y rápido y ágil la saqué, no me importó la prohibición y retraté a la banda en todo su esplendor. Todos debían saber de mi hazaña. Capturaba, dejaba entrar la poca luz por mi aparato electrónico, extensión de mi astucia y remembranzas… acababa la canción. Una pausa y ahora sí comenzábamos a reconocernos, dentro de ese espacio cada vez más reducido por los calores y los vientos áridos penetrando nuestras ropas. La insatisfacción de ser solo, de ser amigo, de ser colega, en ese momento se borraba, eran los Mystery Jets arriba del escenario.

Tomé mi celular. Ubiqué el número y lo alisté para el momento preciso, el ataque certero y mordaz, ella caería, debería decirme que sí, que era muy lindo mi gesto, que de haber podido hubiera venido.

Y ése no era el momento, ellos, arriba, con sus ánimos alimentados por nuestra fuerza lanzada desde nuestras pupilas, ellos, ellos tan esperados y rufianes. La batería redoblaba rápidamente, la guitarra acompañaba de maniática manera (nunca he sabido cómo llamarle a ese sonido de la guitarra; en tal caso, maniática me viene bien…) Don’t tell anyone

Don’t tell anyone
Don’t tell anyone

me gritaban, me ensuciaban el recato, me hacían mucho más bailador entre la gente. El sujeto del bajo se mantenía espasmódicamente apacible (buscaba ser más rimbombante para ser interesante). Las cuerdas del bajo iba y venían entre los dedos de Kai Fish. Platicaban entre ellos, muy a su manera, con ese lenguaje de ojos, de músicos, acercándose el uno al otro, o el otro al uno, restregándose los sudores jugando al coqueteo… hubieron de evitarlo al terminar la canción MJ con ese dramatismo (por no decir tono darky) que le impregna la voz y los instrumentos en una constante repetición de notas.

Luces Tenues. Apestaba a romance. Solo. Mujeres a mi alrededor. Un reflector iluminaba el centro del escenario rectangular. Un banco de patas largas se observaba. Blain caminaba con un poco de esfuerzo hacia el banco. No se veía nada más, todos respetamos su paso. Cumplida la misión, el tiempo pasó entre un aroma de fragancia floral. Instrumentos acústicos se mostraban entre la penumbra, Ageless ya enamoraba a los presentes, brazos rodeando la cintura de damas delgadas, rechonchas, bien dotadas, brazos de hombre sosteniendo la incapacidad de ser vulnerables, falibles, ocurrentes. Se hizo pausa. Livianos. Cadencia.

Algo dijo el vocalista, no le entendí, mi inglés es malo, no pasa de chiclosear en la boca las letras, las palabras cantadas por esos sujetos flacos, son flacos, de atuendos raros, me enloquecen sus verdes, sus rojos, el saco amarillo del vocalista, los zapatos rojos del bajista. Estoy enajenado. Y sigo sin entenderle al vocalista, pero apenas escucho el bajo, muy familiar y me apresuro para marcarle…

Buscar contacto, nùmero, marcar, espera, entra la llamada, tono tono tono:  ¿bueno?, sólo escucha, esto es para ti…

Ni siquiera supe si esperó en la línea, yo coreaba, junto con los Mystery, para que me escuchara,

If I only knew your name

I’d go from door to door
Searching all the crowded streets
For the place that I once saw

El celular arriba, chocando con otros, reteniendo el momento, todos èramos felices, cómo no serlo con un ritmo tan deleitoso, One Night of Love

Nothing more nothing less (se aceleran mis latidos con la batería)
One Night of Love
To put my head in a mess
Is that you on the bus?
Is that you on the train?
(quisiera que estuviera aquí)
You wrote your number on my hand
And it came off in the rain
(espero escuche)

(tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu…..)

No importó que no fuera con Laura Marling, igual, es la canción, el estribillo meloso me vuelca los sentimientos y se ponen solidarios con la desazón.

Esto está por terminar.

Tis is de last song, tenquiu, medio entendí entre todos los murmullos. Y los murmullos fueron acallados por un rico y sabroso ritmo, You Can`t Fool Me Dennis, en serio, no lo puedes hacer, no, es tu culpa, eres tú, fue por ti, fue sólo un pretexto, ese concierto, esa noche, lo sé, lo sabemos, los Mystery Jets parecían saberlo, lo suponía por su manera de dejarse francos en el escenario, pero esto no sólo trata de amor, no, no ese pasado con que te rememoré, esto que ahora cuento, esto, no es sino eso, un sino, mi sino, mi manera de quedarme prendado a ti, es la música, son los Mystery, es todo. No es de amor, es de decir  y hacer, es de todos, es, un poco de dementes.

Luces apagadas.

El público pedía otra, otra, otra… una estupenda y maravillosa interpretacion de Purple Prose terminó de hacernos inmortales por cinco segundos. Batería, batería, coros, coros, coros, voces, brincamos debíamos esforzarnos, estaba por terminar, debíamos gastar toda la energía, toda, toda, toda.

Luces encendidas, técnicos levantando instrumentos. Mystery Jets yendo tras escenario, alzando ambas manos, con la imagen clásica: botella de agua en mano derecha, toalla blanca en la izquierda y haciendo la señal de adiós.

Entre roces, calores llegamos a la puerta, algunos ebrios no dejaban de entretenernos con sus historias, con sus lloriqueos, con sus estuvo maravilloso, ahora puedo morir, y  el revólver de la noche nos ponía el cañón en la cabeza.

Subimos al auto. Éramos colegas. Debíamos buscar un bar. Una cerveza, un pretexto para olvidar que quizá eso pudo haber sido un sueño.

FIESTA DE LA CANDELARIA.

De: Shibboleth Olvera/ Guacamaya.

Te bajas del autobús y definitivamente sientes el ambiente de la fiesta: la “Fiesta de Tlacotalpan”; hay gente por todos lados y eso que no están los de RBD grabando la novela….el clima es templado, un poco de calor pero el cobijo de las nubes lo hace agradable. Caminado hacia la plaza Agustín Lara veo una turba blanquiroja venir hacia mí, los rostros tensos, asustados, llenos de adrenalina me dicen que tengo que poner mi humanidad a salvo de algo…(escucho gritos, risas agitadas, percibo nerviosismo)…es un gran toro, mide como 1.70 y se ve muy saludable, cuelga un número de su oreja, de primera impresión me atemoriza. Si ese muchacho dejara de latiguear su cola, no sentiría ese impulso por corretear a las personas, ah pero ése es el chiste.

Instintivamente caminamos hacia la izquierda y un pequeño escenario presenta un grupo que toca a ritmo de salsa; el ambiente comienza a subir de intensidad y apenas son las dos de la tarde; seguí caminando y topé con un escenario más grande, con inflables en forma de latas de cerveza  que parecen tocar el cielo, tal vez ahí estén los soneros, ¡oh no!, no es así, se lleva a cabo un concurso, no es que sea chismosa pero me voy a acercar… son tres chicas y tienen un ardua misión: mover el culo a ritmo de reguetón, una de ellas exagera sus movimientos, pone un semblante de perro en brama, se mofa, prende al público, lo invita a aplaudir, esto me recuerda más al puerto…

…hay que seguir buscando son, voy por la calle paralela al Papaloapan, aquí los jinetes presumen las habilidades de sus caballos que han sido entrenados para bailar, cloc, cloc, se escucha su zapateado de herradura, su jinete ha perdido un poco la elegancia, se ve que dos o tres latas de cerveza le han robado el equilibrio y la vergüenza.

He llegado frente al hospital donde se ha hospedado una feria tradicional, con caballitos de carreras, algodones de azúcar, juegos de aro, etcétera; atravieso la feria y llego a la Casa de la Cultura, desde afuera se escucha el trinar de las jaranas, mi corazón se levanta, entro y veo fotos del “Güero” de la familia Vega, avanzo y efectivamente aquí está el encuentro, hay como 80 personas, ¡qué suerte la mía!, en el escenario se encuentra Don Angrés el“ Güero” Vega, está siendo entrevistado, le han preguntado cómo llegó a Mono Blanco y responde: –“llegó Gilberto cuando estaba conrtando la caña, llegó como a las tres o cuatro de la tarde, yo estaba todo tiznado, pero así tenía que ser el saludo” el entrevistador le ha recordado ese día cuando le han preguntado si le gustaría salir de gira, el Güero responde: –“me pregunto sí, o no, o sigo con el yugo”, (lágrimas han invadido su ojos), aplausos del público. Pide una disculpa, nos comparte que el sentimiento le viene porque le recuerda a su padre y continúa: –“yo soy una persona huérfana y crecí como un judío, caminante, errante, sin saber leer porque antes no se podía” , su entrevistador le dice que a él ni falta le hace y el Güero cierra respondiendo: -“Sí necesito saber algo…yo sabiendo leer más sería otra cosa en la música”, aplausos del público y don Güero nos complace con una melodía en su requinto, al finalizar sube toda la familia Vega quien nos ha deleitado con sones tradicionales como el Pájaro Cú, que al ritmo del zapateado que se lleva a cabo en la tarima ha enamorado a un público que atento y emocionado ha quedado.

En la noche la fiesta crece, todo el mundo ya entonado toma su jarana y se dirige a la Plaza de Santa Martha  y Agustín Lara ya sea a escuchar un grupo de son o bien, endulzarse el oído con  la poesía de un decimista. Ya entradas las doce de la noche los escenarios se vacían y comienza el verdadero fandango, los artistas bajan de las tarimas y se juntan en las calles donde se ven pequeños círculos de jaraneros tocando, trovando, viviendo, sin importar más que la fiesta, la convivencia, nada importa ni siquiera el viento que en ocasiones mueve mi cuerpo, y el sereno que no ha parado desde las 4 de la mañana y que ha refrescado y que me ha enamorado.

Aquí he encontrado a muchos conocidos y queridos como los Soneros de Tesechoacán, están quedándose en una casa, en colchonetas, todos por igual, en comunidad, con esa dignidad que caracteriza a Veracruz. Qué irónico (o yo diría: poca madre), cómo los funcionarios, los organizadores también vienen a disfrutar del encuentro hospedados en los hoteles más caros de Tlacotalpan como si ellos fueran los artistas, ah qué bonito, pero ellos ya cumplieron, le han dado al pueblo su maravilloso encuentro (que poco a poco se van viendo tintes de carnaval y no de encuentro).

Aquí queda una reflexión, todos los soneros van al encuentro a seguir difundiendo nuestra historia cantada, éste hermoso legado que llega después de la conquista, me atrevo a decir que ellos conciben el fandango sí como una fiesta, pero una fiesta para conocernos, para convivir, para compartir poesía, cortejos, risas, tristezas, chismes, melancolías; fiestas con reguetón, culos moviéndose hay por todo el país, en todas fechas, pero un encuentro de éstos hay que saberlo valorar, porque va más allá de unos tragos y un bailongo: es nuestra identidad, es nuestro México puro que debemos impulsar, conocer, admirar, valorar, las personas tenemos un tiempo muy corto en este mundo, por eso hay que cuidar a nuestros sabios maduros quienes no sólo nos acortan el paso con sus consejos sino también son la cara de nuestro pueblo. Basta de folklorizar nuestras fiestas, de apoyarlas porque sale un varo, porque sale la peda, si las autoridades no saben darle el lugar a nuestra gente hagámoslo nosotros al menos conociendo nuestro orígenes y dándole el lugar que merecen a mis soneros libres; antes de la vida, del pueblo, de la tierra bendita su más grande tesoro.

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