ELEPHANT GIRL.

He aquí un pequeño corto de animación que narra remarcables incidentes en una tarde de la vida de dos hermanas que desvarían su condición; elaborado por David Lobser en colaboración con Jamie Haggerty, ambos diseñadores notables y animadores independientes, dedicados a las “motion graphics”.  Pueden conocer mas de su trabajo en www.dlobser.com.

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EN DONDE HUBIERON DE ESTAR THE MYSTERY JETS.

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De: ¡Pólvora! Miércoles.

a ti, porque mueves los píes.

Ruidos de neumáticos rechinando sobre un asfalto ardiente.

“Disculpe, ¿Dónde queda el Vive Cuervo Salón?”

Sin perdernos, sólo con problemas de ubicación. Los boletos habían sido obtenidos desde la primer noticia. No recuerdo si lo leí en alguna página de internet, o en el blog especializado en música sabrosa, o si me lo dijo algún amigo friqui. En cualquier caso la compra fue rápida y sin concesiones, nada se atravesaría entre el concierto de una de mis bandas favoritas y las ganas de enviarles sus tonadas entre toda la fanáticada presente en el concierto.

Dos. Mi colega y yo, (porque somos colegas, más que amigos, nosotros nos relacionamos mediante códigos empresariales, de producción, distribución y consumo: una chica, el verbo (producción), tiene una amiga, yo tengo un colega, tomemos unos tragos (distribución); vayamos a mi, o su apartamento dependiendo el caso y veamos qué pasa (consumo)), sospechamos el camino nos presentaría obstáculos: extremamos precauciones, con guía rojí en mano, direcciones, teléfonos, celulares con créditos, jarritos de piña y tamarindo, sangüiches de jamón y queso manchego, todo para buscar el lugar. Y sí, por imposible que parezca, no lo conocíamos.

“Pues mire, agarre todo derecho sobre esta hasta llegar a Moliere, y ahí está, seguro lo ven…”

“Gracias. Buen día, que la magia de la tarde le brinde una espléndida lluvia de energías positivas”.

El rostro del hombre lo dijo todo.

Llevábamos gran tiempo de ventaja y estábamos a un todo derecho de distancia, ya nada nos detendría. Viernes 21 de febrero, ocho treinta de la noche. Nada podía fallar.

7: 30 p.m. En mi reloj.

7: 45 p.m., en mi reloj y habíamos llegado. No compramos el pase de estacionamiento así que la búsqueda de un lugar, un hueco, un espacio al tamaño del pointer colorado se tornó ardua. Lo encontramos y decidimos alivianar nuestras ansias bebiendo los jarritos y degustando los emparedados. Procuramos guardar todas nuestras ganas de gritar y no pusimos los grandes éxitos de los Mystery mientras aguardamos; en remplazo, decidimos alebrestarnos con Can`t Stand Me Now, y la nostalgia nos vino entre ventarrones de imecas y brindamos en honor de The Libertines.

Nos sentimos un tanto nerdos y ñoños acabada la última gota del jarrito. Ocho en punto en nuestros relojes, una vinatería frente a nosotros, una cerveza oscura en nuestra mente, saliva debajo de nuestras lenguas.

Terminada la tercer cerveza y con las ocho menos veinte en la voz del locutor de radio nos alistamos para entrar al sitio. La gente ya se formaba en la entrada. Una fila considerable. Chicas considerables. Novios considerables. Consigna: pensar estrategias de ligue y nunca dejar de cantar, bailar, prender el cuerpo con la música de la banda, de ellos con todo el ímpetu de hacernos volar entre sus aires, de convertirnos en aves de su cielo musical.

Sabíamos lo prohibido de las cámaras fotográficas y los cigarros, en tal situación tuvimos que hacer uso de nuestros conocimientos de magia y escondimos, en la entrepierna, cerca, muy cerca de los huevos, mi cámara de ocho megapixeles, que seguro serán muchos y se verá bonito, todo con el afán, loco afán de presumir a mis coterraneos y pobresdiablos amigos mi asistencia al concierto de los Mystery. Con la cámara y los cigarrillos enhuevaos, nos anexamos a la fila.

Avanzaba lento y sospechábamos iba a tardar. Y tardó. Realizamos un malabar extraordinario para sacar de mi entrepierna un cigarrillo… La última bocanada y la fila no se había movido dos cuerpos. Todos presumían su emoción y trataban de despeinarse lo más posible. Yo evitaba no enamorarme de alguna mujer esbelta. Mi colega, despacio, echaba un vistazo desde el inicio de la fila, hasta el final: daba vuelta a la cuadra, el ánimo no cedía a la espera, desesperante espera. Ya no me preocupaba mi aliento alcohólico. Mascaba un trident de fresa.  La colilla del cigarro seguía inmóvil en el sitio en donde el colega la había desamparado. Las ganas de una tercer cerveza me inquietaban… comenzamos a caminar. Oportunamente, al ritmo del ocaso, los vendedores de recuerdos, extensiones de memoria, memorias fribolizadas, deseos de tener, comenzaban a llenar las banquetas. Debía prevenirme, por si acaso un quizás, un encuentro amoroso con una beba linda:

“Doñita, unos chicles, una tutsi y… ¿quieres algo?… nada más…¿cuánto es?”

Doñita, daba pasos lentos, cargando su cajón de madera bien ordenado, organizando los chicles por sabores, los cigarros por marcas, dulces, chocolates.

Pocos cuerpos antes de la entrada saqué el tesoro de mi chaqueta. Los boletos olían a cuero, síntoma de haber estado tanto tiempo guardados.

Entramos.

El fornidazo ni siquiera se dio cuenta de la cámara y los cigarros, el sitio de escondite resultó un éxito.

Adentro. Espacio oscuro. Zumbido de gente. Pasos de un lado a otro. Caja de resonancia emocionada. Alistados todos para el encuentro anhelado. Las nueve señaladas por la aguja de mi Casio clásico. Música de fondo. Música superficial que no entra en mis venas, que se queda en la piel, que rodea mis oídos y se mantiene dando vueltas en ese caracol de ciudad que son mis oídos de flamante humanoíde del sur. Música de fondo y algunos bailaban al ritmo Always Where I Need To Be, interpretada dulzonamente por The Kooks. Algunos abuchearon la selección en turno. La luz mostraba meros contornos, figuras de espanto, peinados explotados, brazos largos, ojos gatunos en constante expansión. Una guitarra, un pandero, la batería entraba sólida y los platillos animaban nuestros movimientos de pies, la voz nos chillaba que agitáramos los caderas, la guitarra se tornaba desquiciada, todos con la cabeza diciendo sí, un gran resorte en el cuello, algunas damas ejecutaban un sube y baja de hombros muy seductor al mismo tiempo que flexionaban su torso en dirección al suelo de duela, yo miraba, las puntas de mis pies coincidían en ritmo con las de mi colega, en el salón: Salute Your Solution, de, The Racounters.

Las luces fueron descendiendo hasta la oscuridad. Los chiflidos, “a ver a ver a quioras”, resonaban en los cuerpos cada vez más ardientes. Todos cada vez màs alerta, más vivos. Dudas. Las nueve en mi reloj. Las pequeñas fulguraciones de las luciérnagas celulares nos alumbraban un poco la penumbra. El ruido de los presentes bastaba para no oír con certeza lo dicho por el colega. Éramos miles, dosmiles posiblemente. Nuestra estatura mediana nos concedía la facilidad de ubicarnos a mitad del gran salón. Oscuridad aún. Aplausos, chiflidos, aires, babas chocando, saliendo de los labios del de junto, del de atrás, de todos. La música calló. Aplausos, gritos, tiempo congelado, piel erizada, ansias gallina. Ruidos. Murmullos. Chiflidos. No nos podían hacer esperar más. Un silencio involuntario entre nosotros, y reconocimos el inicio:

Entró ruido de sirena de ambulancia, de patrulla, reconocimos el sonido varias veces repetido en nuestros reproductores de música. Sintetizador abriendo pista, oscuridad aún, el bombo se escuchó se encendieron las luces y ellos estaban ahí, arriba del escenario Blaine Harrison con una extraña pose al frente de la agrupación; abajo todos brincando, siguiendo el bombo. Blaine nos comenzó a cantar, ya todos prendados a sus instrumentos, ya todos coreando: Hideaway, oeo eo eoooo... de todas las canciones, me parecía la más adecuada para iniciar el concierto. Los cabellos alebrestados del Blaine se mantenían así debido a su poca movilidad. Los demás actuaban, interpretaban la canción que ya terminaba. El colega y yo luchábamos para no ser aplastados entre el tumulto que nos tomó por asalto, todos arremolinados hacía el escenario, alzando las manos, desentendidos del espacio, la espera había terminado y la primer canción también. No hubo espacio para presentación y nuestros cuerpos se encendía, sacudíamos el tedio y gritábamos de emoción, todos, vueltos uno, un grito, un ruido inentendible y la voz completamente agradable de Blaine nos hizo estremecer, And he’s half in love with Elizabeth…gritamos, gritamos, gritamos, la conocíamos y acompañamos la frase, el coro. El bajo sonaba poderoso, fuerte, nos unía más, más; atentos. La batería con sus espasmos delicados nos hacía conmemorar el gran éxito de la banda, the bubble will (platillo agresivo sonando) burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst the bubble will burst. Agresivamente rematábamos en nuestra tarola imaginaria ubicada en el viento... And he’s half in love with you.

Luces en el escenario. Un “gracias buenas noches” bastante averiado, aprendido unos minutos antes. Las demás palabras de bienvenida fueron en un inglés sin residuos de español. The next song….The boy who ran away. Unos pasos atrás. Toda la agrupación lista. Coros. Luces de escenario tenues. Nuestros movimientos eran más cadenciosos hasta la mitad de la canción en que todos bailamos con el coro la lalo lalo. Los instrumentos sonaban nítidos, los sonidos extraños de la guitarra me sorprendían y me provocaban una sonrisa. Los celulares al aire. Podía observar el concierto desde las pequeñas pantallas, la imagen se movía, recordé entonces la cámara en mis bajos y rápido y ágil la saqué, no me importó la prohibición y retraté a la banda en todo su esplendor. Todos debían saber de mi hazaña. Capturaba, dejaba entrar la poca luz por mi aparato electrónico, extensión de mi astucia y remembranzas… acababa la canción. Una pausa y ahora sí comenzábamos a reconocernos, dentro de ese espacio cada vez más reducido por los calores y los vientos áridos penetrando nuestras ropas. La insatisfacción de ser solo, de ser amigo, de ser colega, en ese momento se borraba, eran los Mystery Jets arriba del escenario.

Tomé mi celular. Ubiqué el número y lo alisté para el momento preciso, el ataque certero y mordaz, ella caería, debería decirme que sí, que era muy lindo mi gesto, que de haber podido hubiera venido.

Y ése no era el momento, ellos, arriba, con sus ánimos alimentados por nuestra fuerza lanzada desde nuestras pupilas, ellos, ellos tan esperados y rufianes. La batería redoblaba rápidamente, la guitarra acompañaba de maniática manera (nunca he sabido cómo llamarle a ese sonido de la guitarra; en tal caso, maniática me viene bien…) Don’t tell anyone

Don’t tell anyone
Don’t tell anyone

me gritaban, me ensuciaban el recato, me hacían mucho más bailador entre la gente. El sujeto del bajo se mantenía espasmódicamente apacible (buscaba ser más rimbombante para ser interesante). Las cuerdas del bajo iba y venían entre los dedos de Kai Fish. Platicaban entre ellos, muy a su manera, con ese lenguaje de ojos, de músicos, acercándose el uno al otro, o el otro al uno, restregándose los sudores jugando al coqueteo… hubieron de evitarlo al terminar la canción MJ con ese dramatismo (por no decir tono darky) que le impregna la voz y los instrumentos en una constante repetición de notas.

Luces Tenues. Apestaba a romance. Solo. Mujeres a mi alrededor. Un reflector iluminaba el centro del escenario rectangular. Un banco de patas largas se observaba. Blain caminaba con un poco de esfuerzo hacia el banco. No se veía nada más, todos respetamos su paso. Cumplida la misión, el tiempo pasó entre un aroma de fragancia floral. Instrumentos acústicos se mostraban entre la penumbra, Ageless ya enamoraba a los presentes, brazos rodeando la cintura de damas delgadas, rechonchas, bien dotadas, brazos de hombre sosteniendo la incapacidad de ser vulnerables, falibles, ocurrentes. Se hizo pausa. Livianos. Cadencia.

Algo dijo el vocalista, no le entendí, mi inglés es malo, no pasa de chiclosear en la boca las letras, las palabras cantadas por esos sujetos flacos, son flacos, de atuendos raros, me enloquecen sus verdes, sus rojos, el saco amarillo del vocalista, los zapatos rojos del bajista. Estoy enajenado. Y sigo sin entenderle al vocalista, pero apenas escucho el bajo, muy familiar y me apresuro para marcarle…

Buscar contacto, nùmero, marcar, espera, entra la llamada, tono tono tono:  ¿bueno?, sólo escucha, esto es para ti…

Ni siquiera supe si esperó en la línea, yo coreaba, junto con los Mystery, para que me escuchara,

If I only knew your name

I’d go from door to door
Searching all the crowded streets
For the place that I once saw

El celular arriba, chocando con otros, reteniendo el momento, todos èramos felices, cómo no serlo con un ritmo tan deleitoso, One Night of Love

Nothing more nothing less (se aceleran mis latidos con la batería)
One Night of Love
To put my head in a mess
Is that you on the bus?
Is that you on the train?
(quisiera que estuviera aquí)
You wrote your number on my hand
And it came off in the rain
(espero escuche)

(tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu tu…..)

No importó que no fuera con Laura Marling, igual, es la canción, el estribillo meloso me vuelca los sentimientos y se ponen solidarios con la desazón.

Esto está por terminar.

Tis is de last song, tenquiu, medio entendí entre todos los murmullos. Y los murmullos fueron acallados por un rico y sabroso ritmo, You Can`t Fool Me Dennis, en serio, no lo puedes hacer, no, es tu culpa, eres tú, fue por ti, fue sólo un pretexto, ese concierto, esa noche, lo sé, lo sabemos, los Mystery Jets parecían saberlo, lo suponía por su manera de dejarse francos en el escenario, pero esto no sólo trata de amor, no, no ese pasado con que te rememoré, esto que ahora cuento, esto, no es sino eso, un sino, mi sino, mi manera de quedarme prendado a ti, es la música, son los Mystery, es todo. No es de amor, es de decir  y hacer, es de todos, es, un poco de dementes.

Luces apagadas.

El público pedía otra, otra, otra… una estupenda y maravillosa interpretacion de Purple Prose terminó de hacernos inmortales por cinco segundos. Batería, batería, coros, coros, coros, voces, brincamos debíamos esforzarnos, estaba por terminar, debíamos gastar toda la energía, toda, toda, toda.

Luces encendidas, técnicos levantando instrumentos. Mystery Jets yendo tras escenario, alzando ambas manos, con la imagen clásica: botella de agua en mano derecha, toalla blanca en la izquierda y haciendo la señal de adiós.

Entre roces, calores llegamos a la puerta, algunos ebrios no dejaban de entretenernos con sus historias, con sus lloriqueos, con sus estuvo maravilloso, ahora puedo morir, y  el revólver de la noche nos ponía el cañón en la cabeza.

Subimos al auto. Éramos colegas. Debíamos buscar un bar. Una cerveza, un pretexto para olvidar que quizá eso pudo haber sido un sueño.

FIESTA DE LA CANDELARIA.

De: Shibboleth Olvera/ Guacamaya.

Te bajas del autobús y definitivamente sientes el ambiente de la fiesta: la “Fiesta de Tlacotalpan”; hay gente por todos lados y eso que no están los de RBD grabando la novela….el clima es templado, un poco de calor pero el cobijo de las nubes lo hace agradable. Caminado hacia la plaza Agustín Lara veo una turba blanquiroja venir hacia mí, los rostros tensos, asustados, llenos de adrenalina me dicen que tengo que poner mi humanidad a salvo de algo…(escucho gritos, risas agitadas, percibo nerviosismo)…es un gran toro, mide como 1.70 y se ve muy saludable, cuelga un número de su oreja, de primera impresión me atemoriza. Si ese muchacho dejara de latiguear su cola, no sentiría ese impulso por corretear a las personas, ah pero ése es el chiste.

Instintivamente caminamos hacia la izquierda y un pequeño escenario presenta un grupo que toca a ritmo de salsa; el ambiente comienza a subir de intensidad y apenas son las dos de la tarde; seguí caminando y topé con un escenario más grande, con inflables en forma de latas de cerveza  que parecen tocar el cielo, tal vez ahí estén los soneros, ¡oh no!, no es así, se lleva a cabo un concurso, no es que sea chismosa pero me voy a acercar… son tres chicas y tienen un ardua misión: mover el culo a ritmo de reguetón, una de ellas exagera sus movimientos, pone un semblante de perro en brama, se mofa, prende al público, lo invita a aplaudir, esto me recuerda más al puerto…

…hay que seguir buscando son, voy por la calle paralela al Papaloapan, aquí los jinetes presumen las habilidades de sus caballos que han sido entrenados para bailar, cloc, cloc, se escucha su zapateado de herradura, su jinete ha perdido un poco la elegancia, se ve que dos o tres latas de cerveza le han robado el equilibrio y la vergüenza.

He llegado frente al hospital donde se ha hospedado una feria tradicional, con caballitos de carreras, algodones de azúcar, juegos de aro, etcétera; atravieso la feria y llego a la Casa de la Cultura, desde afuera se escucha el trinar de las jaranas, mi corazón se levanta, entro y veo fotos del “Güero” de la familia Vega, avanzo y efectivamente aquí está el encuentro, hay como 80 personas, ¡qué suerte la mía!, en el escenario se encuentra Don Angrés el“ Güero” Vega, está siendo entrevistado, le han preguntado cómo llegó a Mono Blanco y responde: –“llegó Gilberto cuando estaba conrtando la caña, llegó como a las tres o cuatro de la tarde, yo estaba todo tiznado, pero así tenía que ser el saludo” el entrevistador le ha recordado ese día cuando le han preguntado si le gustaría salir de gira, el Güero responde: –“me pregunto sí, o no, o sigo con el yugo”, (lágrimas han invadido su ojos), aplausos del público. Pide una disculpa, nos comparte que el sentimiento le viene porque le recuerda a su padre y continúa: –“yo soy una persona huérfana y crecí como un judío, caminante, errante, sin saber leer porque antes no se podía” , su entrevistador le dice que a él ni falta le hace y el Güero cierra respondiendo: -“Sí necesito saber algo…yo sabiendo leer más sería otra cosa en la música”, aplausos del público y don Güero nos complace con una melodía en su requinto, al finalizar sube toda la familia Vega quien nos ha deleitado con sones tradicionales como el Pájaro Cú, que al ritmo del zapateado que se lleva a cabo en la tarima ha enamorado a un público que atento y emocionado ha quedado.

En la noche la fiesta crece, todo el mundo ya entonado toma su jarana y se dirige a la Plaza de Santa Martha  y Agustín Lara ya sea a escuchar un grupo de son o bien, endulzarse el oído con  la poesía de un decimista. Ya entradas las doce de la noche los escenarios se vacían y comienza el verdadero fandango, los artistas bajan de las tarimas y se juntan en las calles donde se ven pequeños círculos de jaraneros tocando, trovando, viviendo, sin importar más que la fiesta, la convivencia, nada importa ni siquiera el viento que en ocasiones mueve mi cuerpo, y el sereno que no ha parado desde las 4 de la mañana y que ha refrescado y que me ha enamorado.

Aquí he encontrado a muchos conocidos y queridos como los Soneros de Tesechoacán, están quedándose en una casa, en colchonetas, todos por igual, en comunidad, con esa dignidad que caracteriza a Veracruz. Qué irónico (o yo diría: poca madre), cómo los funcionarios, los organizadores también vienen a disfrutar del encuentro hospedados en los hoteles más caros de Tlacotalpan como si ellos fueran los artistas, ah qué bonito, pero ellos ya cumplieron, le han dado al pueblo su maravilloso encuentro (que poco a poco se van viendo tintes de carnaval y no de encuentro).

Aquí queda una reflexión, todos los soneros van al encuentro a seguir difundiendo nuestra historia cantada, éste hermoso legado que llega después de la conquista, me atrevo a decir que ellos conciben el fandango sí como una fiesta, pero una fiesta para conocernos, para convivir, para compartir poesía, cortejos, risas, tristezas, chismes, melancolías; fiestas con reguetón, culos moviéndose hay por todo el país, en todas fechas, pero un encuentro de éstos hay que saberlo valorar, porque va más allá de unos tragos y un bailongo: es nuestra identidad, es nuestro México puro que debemos impulsar, conocer, admirar, valorar, las personas tenemos un tiempo muy corto en este mundo, por eso hay que cuidar a nuestros sabios maduros quienes no sólo nos acortan el paso con sus consejos sino también son la cara de nuestro pueblo. Basta de folklorizar nuestras fiestas, de apoyarlas porque sale un varo, porque sale la peda, si las autoridades no saben darle el lugar a nuestra gente hagámoslo nosotros al menos conociendo nuestro orígenes y dándole el lugar que merecen a mis soneros libres; antes de la vida, del pueblo, de la tierra bendita su más grande tesoro.

TALES FROM THE SPACE DUNG. HIGHWAY TO MUERTE.

De: Heber Zabdiel Osorio/ Cabafox.

Un hombre viaja por la carretera manejando un auto Chevelle del 72, va a toda velocidad, acelerando cada que tiene la oportunidad de rebasar a otros autos. El sol abrumador y jadeante anuncia la hora, ya pasa del medio día. Tiene que atravesar el desierto para poder encontrarse por la noche con su mujer amada que lo espera en Tijuana… van a casarse. Todo va como lo planeado, despertar a las 9 de la mañana, tomar solo un café antes de salir a las 10 de la mañana del hotel La Rosita. Pasar a comprar un mapa de la autopista ruta 66 y unos cigarrillos, cargar el auto de gasolina y tomar la carretera.

Dos horas ya de camino y aun falta mucho para llegar. El sol sigue quemando a plomo y formando charcos de diesel sobre la carretera. Todo marcha a ritmo con el desierto y con las notas a cargo de los Rolling Stone en el auto estéreo. De repente un auto viene en sentido contrario y sobre el mismo carril. Al darse cuenta, el hombre piensa si es tan sólo un juego o si el otro auto está dispuesto a continuar por el mismo camino. Está acercándose y parece que el choque es eminente, uno de los dos tendrá que salir del camino o continuar el reto. El volantazo y el Chevelle sale de la carretera, la acción provoca que se deslice sobre la arena del desierto, un barranco está muy cerca y debido a la velocidad con que salió, está a punto de caer. Ahí va el Chevelle del 72 cayendo por el barranco hacia el vacío, el hombre sólo mira su propio destino, toda su vida pasa en segundos… parece haber sido todo… el coche está a punto de tocar tierra…. Cierra los ojos.

Abre los ojos… está en medio del desierto, viste un traje de bodas, mira a su alrededor, camina mientras sus pies descalzos se sumen en la arena, el sol marca su destino. A lo lejos alcanza a ver algo, un caballo y alguien o algo sobre el caballo; efectivamente es un hombre a caballo, un hombre con pañoleta que le cubre la mitad de la cara, trae en la cabeza un sombrero que apenas le deja mirar los ojos. El hombre se acerca a él. El jinete mira al hombre con traje de boda. El jinete saca de su bolsillo una foto y se la entrega al hombre; al verla, encuentra a su mujer, un lapso, de inmediato voltea a ver al jinete y le pide una explicación sin que el jinete conteste. Toma la foto contra su pecho y comienza a llorar, el hombre a caballo saca de su chaqueta un revólver, apunta el cañón hacia el hombre llorando, éste voltea y mira el arma apuntar hacia él, enseguida voltea el arma el jinete y se la ofrece. La toma el hombre con su traje de bodas y pone el cañón del revólver en su boca, aprieta la foto de su mujer contra su pecho y el disparo se hace sonar… Las palomas vuelan del edificio y un hombre se levanta de su cama, pone sus manos sobre la cabeza y siente el sudor que cae de su frente, mira hacia el frente y el traje de bodas está colgado en su lugar, frente a él… se vuelve acostar…sin poder darse cuenta que de la manga del traje corre una hilo de sangre que empieza a gotear lentamente.

LA PENUMBRA DE MIS LATIDOS SIN ADJETIVOS.

De: Moisés Rodríguez Pineda/ Vaca.

…acabo de abrir mis ojos y  parece que los tengo cerrados, pues sólo veo negrura -si es que a eso se le puede llamar ver-, me siento desconcertado pues no sé cómo llegué aquí y en mis recuerdos no hallo nada que me ayude a descifrar en dónde me encuentro, así que me levanto e intento palpar algo a mi alrededor –tal vez esto ayude- sin embargo no es así, por el momento, pues sólo doy unos cuantos pasos al frente y mis pies descalzos patean un objeto sin intención y cuando me inclino para cogerlo no logro tentarlo, pues lo he alejado – que torpe soy-, sin embargo, escucho cómo algo se aleja y el sonido que produce es parecido al de una pelota botando, por lo que deduzco que es una. ¿Qué haría una pelota aquí?, no lo sé y por qué habría de saberlo si no me acuerdo ni de mi nombre.

El lugar se siente húmedo, pero no siento frío, de la misma manera no me llega olor alguno, parece como si tuviera mis cavidades nasales cerradas, pues únicamente puedo respirar la interioridad de mi cuerpo; mis oídos escuchan nada, sin que necesariamente me refiera a ésa: que tranquiliza antes de dormir. Es una nada inquietante, una nada que parece querer ser corrompida por voces y sonidos.

No sé cuánto he caminado, pero me parece que no ha sido mucho, y empiezo a perder el interés por hacerlo pues no tengo un rumbo a seguir y podría dar vueltas por el mismo lugar sin saberlo, pero en fin, mi prioridad en estos momentos es llegar a algún lugar o encontrar a alguien, o algo que me haga saber con certeza cómo he llegado a este lugar y cómo puedo salir del mismo.

No he perdido la calma ¿por qué?, no lo sé, pero he perdido esperanzas puesto que mis pies se han enfriado y probablemente no aguanten mucho tiempo, -intentaré concentrarme una vez más para lograr recordar algo-, cierro los ojos ,como si esto tuviera algún propósito pues resulta lo mismo mantenerlos abiertos o cerrados, e indago en mí y comienza a surgir la imagen de una pelota y al mismo tiempo pienso que sólo surge por el hecho de haber pateado lo que parecía ser una, sin embargo ahora comienza a emanar algo que parece ser un lago, pero yo nunca me he metido a uno por que no se nadar y antes de que pueda llegar a una conclusión, siento que algo lastima levemente mis párpados, abro los ojos y veo una ínfima luz, comienzo a correr hacia ella y veo la agitación de mis manos de reojo y me detengo pues son las manos de un niño y se me ocurre algo que no se me había ocurrido, tocar mi cuerpo, lo acaricio y es el de un niño, ¡soy un niño!

Ahora las cosas comienzan a tener sentido para mí, pues la pelota aparece nuevamente en mi mente, pero flotando en la orilla de un lago, ya no son dos elementos independientes y sin sentido, pues veo la escena completa, -estaba jugando con mi pelota en un bosque, cuando incidentalmente la pateé y sin que pudiera detenerla se fue botando. La perdí de vista puesto que cayó por una pendiente y cuando me fui a asomar pude ver que estaba flotando en un lago cercano, agarré una vara y corrí hacia ella antes de que la corriente se la llevara, cuando llegué a la orilla me puse de rodillas e intenté jalar la pelota hacía mí, lo cual no pude hacer, entonces decidí inclinarme aún más, el lodo sobre el que estaba apoyada mi otra mano comenzó a deslizarse, perdí el equilibrio y caí-

No recuerdo nada más, sólo que después de eso abrí mis ojos y desperté en éste lugar.

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