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LOS ESPÍRITUS EN LA CIUDAD


…cada minuto es uno menos…. yo me quiero enamorar….¿señora, tiene fuego?…

El quejido de su existencia le obligó a moverse. La Ciudad se mojaba y sus entrañas se carcajeaban. Intentó apresurar el paso pero sería un cansancio absurdo, el agua, la lluvia, retrasa las actividades humanas, el cotidiano de una Ciudad ansiosa de movimiento, una Ciudad que sería capaz de arañar, morder y lastimar si deja de moverse, si presiente calma, parsimonia en el dormir de sus habitantes, la Ciudad necesita de la prisa humana, del escándalo, de las voces internas y externas, de la infatigable maldad humana, la Ciudad necesita… #notesalves.

Sentado junto a una mujer embarazada ensució sus pensamientos con varias frivolidades, egoísmos tremendos, el metro aceleraba hasta el límite, el conductor sintió un calambre en el pecho, cerca del corazón, las luces del túnel se apagaban desordenadas, algunos tubos de tono morado se encendían a ritmo intermitente, la mujer embarazada creó en la mente la imagen de la nonata, María José, no le gustaba el nombre pero la gustaba la posibilidad de que le llamaran Marijó, así le diría apenas saliera de ella, de su cuerpo, así le llamaría en su primer respiro, en su echada a perder, en su llegada al infierno, al maldito infierno. El conductor del metro comenzó a sentirse mareado, la nausea le invadió cuando recordó sus deudas y las quincenas retrasadas, escuchó dos voces cerca de su oído cuando las llantas del metro comenzaron a rechinar. Una veloz máquina anaranjada atravesó Balderas sin abrir las puertas, la visión del conductor se llenó de obscuridad, de mucho miedo, de un desconcierto aterrador, la velocidad de sus latidos aumentó hasta dejarle tumbado en su pequeño espacio de trabajo. Los pasajeros reaccionaron con ojos grandes, miradas extraviadas en el desconcierto, la mujer embarazada se sacó los audífonos de los oídos, acarició con ambas manos su vientre a reventar. El conductor quiso reaccionar, las sombras risueñas a su alrededor no se lo permitieron, justo antes de irse, las voces le dijeron en secreto unas palabras…

Tus dones, tu sombra, de bruja…se queman en la hoguera… y tu canción y tus ganas de cantar…ahhh… perdida en el fuego.

INDEPENDENCIA

La lluvia. Un hombre de ojos infames, extraviados. Una mujer sentada junto a una bolsa de plástico llena de basura. Una mujer tremenda. Luces de semáforos. Una canción tropical, una salsa interminable, del fin de las ansias… un trompo de pastor, una mujer luciendo una chamarra deportiva, una pareja debajo de un paraguas; tres personas, una de ellas fuera del paraguas, una fila de indigentes dormitando, balbuseando poemas a la Ciudad.

huracanes que llevan las olas… así de fuertes somos….

Charcos en mi mente, en mis preguntas arrogantes, en mis torrenciales reclamos, la Ciudad añorando los soles de verano, espantada por las nubes ensimismadas y sus llantos depresivos, sus melancólicas gotas de olvido, de olvidarse, de irse yendo, de caminar y andar entre los charcos en el suelo, en el cielo, en la mente, los charcos, los pensamientos en nubarrones, la Ciudad lloviendo, la Ciudad agua y noche, de noche cuando las sombras se hacen más tenues, se  confunden con las paredes, se filtran en las grietas de los edificios, seducen las respiraciones. Supe llegar, espantado, aún con la velocidad en mis sienes, en mis músculos tensos, supe llegar bajo las e pa e pedra eu fin de camino son las aguas de marzo, pero estamos en julio, así, entre el lloriqueo de nuestro cielo, llegué, la fila de personas aguardaba y eso parecía alegrar a varias nubes que comenzaron a disiparse, a irse a quejar a un rincón de la Latino. Llegó, así, tremenda, intensa, terrorífica, asustada, la maldita primavera. Llegó, al Pasagüero. Le revisaron la mochila, le tentaron el cuerpo, entró y se dedicó a escuchar la música atrapada en ese lugar de techos bajitos, musculosas columnas y gente rozándose los cuerpos, derritiéndose en besos, en caricias medio perdidas. Revisó la zona, los cuerpos generaban una intensa obscuridad, la banda sonaba en el escenario, cuatro sujetos dándole potencia a las bocinas, una iluminación de galaxias insensatas, borrachitas, enervadonas, las personas, hombres, mujeres y diversidad, respiraban elogios a la perdición, al irse un rato entre la música, en el roncanroleo de las sombras, de las malditas, inquietas sombras. La cámara fotográfica se apoderó de él, de su cuerpo, sus venas y pensamiento, de su vista, las imágenes atravesaron excitadas el lente de la cámara reflex digital.

… Y a mí… se me derrite la manteca esperando…

APOLO


Se convertía en una forma melancólica, en un andar ahumado, de complicaciones, una apariencia de la existencia humana, una broma, una indecente carcajada; sonaba en su mente una canción, Rituel, lágrimas del cielo caían intrépidas sobre su cerebro alocado, obscuro, sonso, torpe, distraído.

– “Ésta va para los que vienen pachecos”…

Antes de aventarse una de las frases más sosas de la noche, la banda se había tendido  con varios temas del rock, del andar entre suelos movedizos, en los tiempos de la luna, la banda ejecutaba rolas, los asistentes al evento gozaban la dotación de sonidos y ruidajos de los instrumentos, la batería percutiendo vibras intensas, la guitarra aliviando algunas agolpadas memorias del rencor, el bajo, el bajo condecorándose como el rey del frescao.

¿Qué son qué quieren? ¿Cómo se salen de mí, cómo no están? No las quiero aquí, que se vayan las voces, que se vayan , que desaparezcan, que dejen de atormentar mi noche, mis ganas de querer estar en esta masa, entre esta bola de cuerpos acalorados, de vibraciones corporales, de vida y vida, risas de la seducción, de la satisfacción, risas para ellas, para ellos, risas para no complicarse, para no tentarse tontos en los aires borrachos. El suelo es pegajoso, decido moverme y atacarme con preguntas en otro sitio, en otro espacio, con mis titubeantes palabras. Acaba la banda, los últimos acordes los da su desesperación, sus perdiciones, se van, la gente intenta moverse, la gente intenta quedarse en sus lugares, y algunos, los afortunados, los perdidos, extraviados, se besan, se besan cuando las voces conversan, gritan, incitan movimientos, la pista de baile late, la iluminación apenas deja ver los gestos de las personas, chocan sus rostros, chocan sus vidas, bailan sin saber que todo esto es un paso más, un pestañeo de una tontería, de un jueguito humano. La gente camina, ya no hay más espacio, el sudor se apodera de los cuellos, de las frentes, escurren insatisfacciones, escurren chismes, palabras, babas, la vida se les va, se les va tremenducha la existencia, se les va en respiraciones, en falsas alarmas de la soledad. Las bocinas del lugar suenas poderosas, nos aquilina, nos retan, nos juegan una buena treta.



LOS ESPÍRITUS

Estaban dentro de un cuarto, los vi. Estoy seguro. Me distraje un poco, después ya no estaban. Se apagaron algunas luces, alguien fumaba un cigarrillo y el humo se dispersaba en la casona de piedras malhumoradas.

¿Qué hago aquí? ¿A qué vine?… Alguien se repite de manera consciente mientras la espera le pica las piernas.

Aunque el cielo se vuelva obscuro, va a girar y girar, aunque los niños se mueran en tu puerta, va a girar y girar, aunque tu abuela junte cartones, va a girar y girar.

Los instrumentos hicieron su trabajo, ya no era mi cuerpo, estaba tensado de una cuerda en donde las irrealidades y la posibilidad de no estar en este sitio, eran dos muy buenas razones para balancearse, titubear, coquetear… la banda acoplaba sus lamentos, sus penas, sus emociones, las estrellaba en nuestros cuerpos, en mi piel de un momento, en mi estar ridículo… la música se apasionaba con nuestros oídos, la manía crecía en algunas gargantas que gritaban acaloradas, gritos, gritos, muchos gritos !AAAAHHHH!!!! ¡¡¡UUUHHHHHH!! ¡¡¡YEEEEE!!! La guitarra seguía la tonada para esclavizarnos, dejarnos ahí, enlelados, en las notas, en la vocesilla aguda, la tonada, y no daban tregua, una trás otra las canciones cambiaban el humor, el ánimo del lugar, éramos un divertido paseo por las calles de la melancolía acompañados de blues, grasa en las guitarras, percusiones sudadas, arrepentimientos en los gestos, reclamos al presente desde nuestros pasados de baile enervado…






Los Espíritus

….y parece aburrido…mirar y mirar…  y mirar tanto tiempo… la gente pasar… con la nariz mojada y la paranoia de perro viejo…

¡Fiuf! ¡Wa! ¡Wo! Cuánta emoción en las venas, cuántas ganas de contener el canto, de apretar los dientes, de mover y no dejar de mover los píes, dejar que las pantorrillas recientan el impulso, la molestia, dejarlas ser, dejarlas deschongarse, dejarlas bailar y lo harán hasta que un redoble mañoso diga basta.

Canciones del Gratitud, del Agua Ardiente… rolas enloquecedoras y del freneticao; El Gato sonó, sonó así traidorsón, acá, medio ya estuvo suave, vamos a perdernos, ya estuvo suave, vamos a darle al rock, a la grasa en las cuerdas, al resonar del odiado presente, de los disparos en la cabeza, del pum paz cuaz, un poco de rock, vamos a darle al tumba’o, vamos a darle que estos tipos no paran y entre rolas se hacen los chistosos… Sonó el Blues, sonó y en la noche éramos sombra… sonó para aliviarnos, para ayudarnos a sacudir el insomnio…


“Doce años de solfeo tirados a la basura…” (los monitores comienzan a fallar).

“¡Esa contractura le va a durar un mes!”…(una fan, arriesgada, temeraria, poco atinada, con muy poco estilo, #equis, sube al escenario, resbala y cae, cae de espalda, se levanta y ríe… le da un beso a Maxi… (puto Maxi… tú no, el otro, el que nos metió santo golazo para eliminarnos del mundial de Sudáfrica 2010….:( oIo).

“Nos está costando mucho trabajo tocar, no tenemos monitores, los escuchamos más a ustedes que a nosotros, pero vamos a dar nuestro mejor esfuerzo… (después de eso la noche fue mágica, bailamos, el sudor deseaba salir de nuestros cuerpos, pensamos en el fin del mundo, en el inicio de los tiempos, sonaron nuestras tristezas, reímos, levantamos los ojos un instante y luego nos perdimos, idiotas, en la música, en las ondas del estar ahí).

…el pibe mira al hombre y le aguanta la mirada, apretados en un subte, ay cómo aguantan la mirada. El pasaje sale el doble y ninguno dijo nada, hay demoras en el subte, ellos se aguantan la mirada…

¡Espíritusespíritusespíritusespíritus…! El grito de la gente… Manos levantadas, manos en busca de la salvación… hipócritas, sólo querían más sonidos, más sensaciones, más canciones, más letras para recordar, para armar uno que otro instante, para dedicárselo a una persona ausente…

Sudando, buscando remedios para salir de este presente, sudando, el rostro es una playa, sudando, bailando, azotando los píes en el suelo, mirando a la gente tambalearse, sonreír, entonando palabras de una canción de guitarras grasosas.


Lo echaron del bar, La mina de huesos, Las Sirenas… la música descalabrando el instante, los techos bajos del sitio conteniendo el baile del buen andar, el baile del embrujo, de la completa perdición… Negro chico, las voces raspaban las paredes del cerebro, daban ganas de moverse de un lado a otro, de estar tambaleando el cuerpo, intentar llegar a un sitio, alguna habitación escondida en donde las luces de las lunas te invitan a recostarte y gozar de un silencio estelar…. ¿Qué tal cuando sonó Las Sirenas? La rola se fue armando, así, leve, levesita, leveando, para mantenernos en un baile sensualón, de tocarse, de acariciarse, de decirse esas cosas en el oído, de darse un beso a lo fisgónmorbosón, con todas las de la ley; recibir también unos besuaves, así, a lo ¡guéshoooou! Sonaban las sirenas, las guitarras en lo suyo, la rola, la rola contándonos una tragedia, una tragedia que merecía ser bailada con esa intención, con esas ganas… ¡te vamos a matar!


El hombre vio un cementerio, en donde el perro vio una mina de huesos, !ERA EN EL MISMO LUGAR!

Hartos de tanto, de tanto baile, de tanta invención de la cadencia, hartos de sus malestares, fueron tragándose la noche, fueron necios, fueron muy necias, fueron la decadencia del aburrimiento, comenzó a sonar Noches de Verano, nos sentimos de esa manera, de esa, ésa, esa única, de agustao, así, tranquilos, la rola comenzaba y la melodía se acoplaba a nuestro bienestar, comenzamos a sentir la noche en nuestras cabezas, otra vez, así, el cuerpo obedeciendo no sé qué órdenes, éramos ahí, como queríamos estar, yo me sentía tan solo, con un muerto en el placard… las voces también ahí, con nosotros, no se iban no se van las voces de tremenda arrogancia, de monstruoso encantamiento…  para ser bueno hay que hacer el mal pero a escondidas…. El último baile, el último reflejo de la incoherencia en esa noche… Acabó y nuestros cuerpos eran absolutamente otros, distintos, ajenos, las voces, los sonidos se apoderaron de nosotros, de ellas, de ellos, nos fuimos y no habría exorcismo que nos sacara esos espíritus del fondo de nuestra sangrienta humanidad…

…donde está la luna se junta el cielo negro con el negro del mar, te estaré esperando, luna llena…

Francisco I. Madero era observada por la Torre Latinoamericana que tarareaba You master is calling you de Pink Turns Blue, unas nubes tristeaban a ritmo de la tonada. La Ciudad se embellecía con el andar embriagado de sus caminantes y sus palabras de encantos taciturnos.

“El quejido de su existencia le obligó a moverse… el quejido de su existencia le obligó a moverse”… Repitió estas palabras en voz alta mientras caía, su rostro rebotaría en el suelo del vagón; la mujer embarazada sujetaba su panza con ambas manos, dos señores, algo vagabundos, algo insensatos, mudos de tanto secreto guardado, asustaron el gesto y abrieron los ojos para dejar entrar un poquito de muerte. El conductor del metro sintió también el quejido de su existencia, algo dentro de su cuerpo se rompió… si alguien le hubiera preguntado ¿qué escuchaste antes de eso… de lo que te pasó… ya sabes…? Él, habría contestado: el trabajo dignifica… eso dice mi patrón… Habría agregado que era la misma voz que le acechaba por las mañanas en el desayuno, en la cena y cuando entraba al bar, mientras bebía una de sus dos palomas. Las personas en el vagón percibieron una temperatura distinta cuando el tren aceleró más, y más y más, era el último tren, era el último y tenía alguna prisa, algunas ganas de irse, los espíritus se apoderaron de la noche, de los controles de esa máquina, el tren aceleró, los pasajeros presintieron el peligro; querer desaparecer es una de las sensaciones que suelen martillar el cerebro en situaciones así, hubo gritos, algo de desconcierto, algún hábil grabó con su celular el momento: luces encendiendo y apagándose, quejidos de metal, de ser humano, de ya nos fuimos, de no saber qué pasa… y pasó…

El tren se detuvo con violencia, la mujer embarazada estaba en el suelo, el hombre del quejido en la existencia se había movido, la acercó a su cuerpo, así, tirados en el suelo, abrazados, protegiendo el vientre, esperaron el desaparecer, ella le dijo algo, pero no se escuchaba nada, esperaron… El tren frenó, feo, lastimoso, las personas en el suelo rebotaban contra los tubos de metal. Más gritos, mucha, muchísima obscuridad. Adentro del túnel se oían varios sonidos de la incomprensible desazón terrenal, quejidos del sacrificio humano. El conductor tirado en su pequeño espacio de trabajo. El tren en el túnel. Los pasajeros extraviados en alguna explicación incomprensible. Una señora de setenta años con una herida en la frente y la boca llena de sangre le dijo a quien tenía a su lado, ahí, tirados en el suelo del vagón, esperando ayuda: “yo los oí, eran ellos, los oí, llegaron, estuvieron aquí…”.

 

LOS ESPÍRITUS EN LA CIUDAD


Y mi corazón espera que mañana ya no llueva y yo te vuelva a ver…  Le ronroneó arrogante una frase en la frente: “esclavo de tus huellas de siluetas borrosas…”. Lejos, cerca de la Avenida, la Gran Avenida, la calma arrullaba insensata a una luna de corazón roto. Sonó, lejos, muy lejos, un quejido musical… Unos ojos gigantescos reconocieron la tonada. Un grito, varios ¡RRRR! ¡¡ARRRR!! ¡¡¡WAG!!!! La ciudad, la Ciudad, supo, atemorizada, después, después más calma, más tremenda, supo que habían llegado…  Siguió, lenta, tropicósmica, la tonada en una cabeza, en ojos tremendos, en el gesto de un rostro…  crece el río con los días, la plaza se inunda…

En la Ciudad, llovía.


Es el viernes, en el Pasagüero,  cerca del Metro Allende, la callejuela de baldosas traidoras te dirá que estás cerca, palpitarás distinto, dirás secretos en tu mente, te descubrirás hasta la rabia. Es el viernes 7 de julio,  en la noche, viernes de rock y rol ; ) .

COLECTIVO CHARALITO PRESENTA: PROHIBIDO MIRAR AL PISO


Elige estimado lector entre lo propio y -lo otro-. No te detengas a mirar ni hacia abajo ni hacia atrás. Continúa… paso lento, moderado o veloz. Decide el fondo y la forma de cada uno de tus pasos. Siempre atento a la posibilidad de algún encuentro mientras miras (no hacia atrás, ni hacia abajo, siempre allá… lejos). Mirada al frente y sin miedo. Espalda derecha y respiración constante. Prohibámonos mirar al piso (por precaución, furia, necedad o necesidad). Prohibámonos la ausencia, en principio por amor propio y ya de paso por respeto al dolor ajeno.

Supongamos que esté prohibido suicidarse, arrancarle la alegría (a las flores), vestirse de negro y/o tirar basura, prohibido congelarse en corazón de piedra. Prohibido rendirse. Prohibido desperdiciar el agua, marchitarse, dejar de soñar y/o fingir orgasmos. Prohibido tener hijos si no se desea ser madre. Prohibido no tener hijos si se desea ser madre. Prohibido mirar a las personas a los ojos, prohibido sonreír, prohibido usar falda corta, prohibido fumar en espacios cerrados…prohibido, prohibido, prohibido vestirse de negro. Prohibido reunirse, prohibido llorar en espacios cerrados… prohibido leer a Fiódor Dostoyevski. Prohibido reír a carcajadas, prohibido enamorarse, prohibido -no- usar condón, prohibido aplaudir en el Teatro, prohibido caer en drogas, prohibido dormirse hasta las doce del día, prohibido derretirse, prohibido soñar, prohibido dormir, prohibido yacer, prohibido despertar, prohibido detenerse cuando sucede el color rojo, prohibido atropellar ciclistas, prohibido caer, prohibido crecer, prohibido decir lo que se piensa, prohibido enterrar a los muertos, prohibido fornicar, prohibido dibujar, prohibido hacer rituales, prohibido olvidar la contraseña de la fa-ce-book, prohibido decir groserías, prohibido enojarse, prohibido (ya de paso) publicar estupideces e información de dudosa procedencia, prohibido quitarse la ropa y reírse muy fuerte en espacios públicos (o frente al público) prohibido llorar en los funerales, prohibido actuar, levantar la mano para preguntar, prohibido tatuarse, prohibido detenerse en verde, prohibido hacer preguntas incómodas, prohibido emborracharse en reuniones familiares, prohibido mirar televisión, prohibido desenterrar cuerpos, prohibido decir lo que se piensa, prohibido escribir, prohibido hacer poesía, prohibido investigar, prohibido hacer, mirar o guardar fotografías, prohibido pensar, prohibido imaginar prohibido ser (o no), prohibido prohibido deambular, pro… ¿qué? Deambular.

Prohibido morir, prohibido matar -animales en peligro de extinción-, prohibido entristecerse, prohibido engancharse, prohibido escribir, prohibido levantar la voz, prohibido gritar, prohibido dibujar sobre los muros, prohibido construir muros de piedra. Prohibido golpear paredes simbólicas, prohibido caminar con amor al piso. Prohibido fatigarse, prohibido imaginar, prohibido ser persona, prohibido (ya de paso) fomentar el Teatro.

Violeta de la Aurora.


Prohibido mirar al piso” se titula la reciente creación del Colectivo Charalito con la enorme presencia escénica de Edson Martínez, bajo la dirección de Valentina Martínez.

Me alegro de festejar su próximo fin de temporada a la cuál no precisamente está prohibido asistir, sino todo lo contrario. 

La reunión se llevará a cabo el Miércoles 24 de mayo del 2017, 8:30 pm.En Nuevo León 46. Colonia Condesa. México D.F. Info:26231333

Suponiendo la asistencia del lector y algún tipo de interés en dialogar o participar  de la pieza por medio de algún comentario. Me atrevo a asegurar que el colectivo les agradecerá infinitamente sus aportaciones ¡Eh aquí un espacio abierto para la opinión del lector-espectador!

8º ANIVERSARIO | THE SPACE FARM


No te domines, no te compliques, déjate ir, déjate sentir, déjate ser un pedazo, una porción de tu mente… arriba de ti el espacio, otra vez el espacio y sus animales galácticos, sus historias escurriendo blablas, risas y música, música… Un evento para compartir, para dejarse ir, porque arriba, arriba está el espacio, mientras, nosotros, persigamos algo de noche, congestionemos nuestros pulmones con aires de cine, escuchemos, sí, eso, música, honguito suave de una banda que le pega macizo a la psicodelia, un@s maes citadinos,  del rock y la calle, The Holy Cosmos, música para las imágenes, en el proyector, recetándonos un poquito de luz, estará el mae Gary Dávila, creador audiovisual y célula del Colectivo Proyectil Cinético. La música, las imágenes, la reunión. Vamos a celebrarnos, vamos a darnos algo de sana convivencia, un poquito de grasa, algo de rock, y arriba, entre nosotros, en nosotros, el espacio, pero arriba, arriba el espacio…

Es en el Cine Villa Olímpica. El sábado 25 de febrero. A las 19:30hrs. Entrada Libre. Un alguito de cortesía. Musiquita seleccionada por el TSF y Spacemantra. Yalosabeh!

CARAMBA LA VIDA, LA VIDA QUE YO HE PASADO

tsf


No me meto a mi casa, no me asusta la calle, conozco el Centro desde hace algún tiempo, reconozco su ritmo, es como estar en casa. El fin de semana pasado estuve bailando con Rubén Blades y Vives hacía vibrar el piso del Zócalo. Hoy nos negaron la entrada a nuestra casa, hoy decidieron que los maestros no tienen derecho de caminar en estas calles que tantas veces se han vestido de protesta, hoy alguien decidió que el libre tránsito es innecesario y que cualquiera que luche es un delincuente.

Hoy tocan Los Tres de Chile en el Teatro de la Ciudad. Yo atravieso la ciudad subterránea con un hueco en el estómago, últimamente llego tarde a todos lados, es como si me robaran algunos minutos de cada hora de mi vida. Camino rápido, estoy frente al Teatro, vine sola. Pienso en mi hermana, si ya estará en casa, si finalmente los dejaron pasar, si de nuevo hubo golpes, si está bien. Es increíble lo mucho que dependo del celular, está apagado, me angustia sentir que no hay manera de comunicarme, que estoy ausente, como si eso cambiara algo. Hago un esfuerzo por estar ahí, dónde estoy, la mente es cabrona.

Apagan las luces, el concierto lo abre Juan Cirerol, el teatro no está lleno, pienso que tal vez aun no abren todas las calles. Está en medio del escenario, mi propia incomodidad me hace sentir que todo está tenso, Cirerol está tenso, el Teatro está tenso, la calle, los que están llegando tarde, esa chica que no encuentra su lugar y se para impaciente en la entrada mirando su celular. Pienso que este hueco en el estómago es lo que después se convierte en miedo, lo que te paraliza, pienso que la idea de que lo peor te puede pasar después no te permite actuar, te deja encerrado abrazando lo que aún tienes para que nadie te lo robe. Pero esto no, este momento no, hay que estar vivos. Cirerol tiene esa cosa desfachatada que se contagia, saca la voz bronca, a veces grita, se desgañita, dice lo que quiere y eso engatusa, dan ganas de cantar fuerte. Los que estamos ahí le conocemos, hay algo nostálgico en la conexión, supongo, como del que añora la tierra que nunca fue suya. La florecilla, La chola, I love you, Eres tan cruel. Cirerol deja el escenario listo para festejar los veinte años de un disco que miró en la música tradicional un recurso al cual es necesario volver… Continue reading CARAMBA LA VIDA, LA VIDA QUE YO HE PASADO