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CANCIONES PARA LA LUNA

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Ella le dijo: Nunca imaginé enamorarme de un humano porque yo soy de la Luna.

Él contestó: eso pasa cuando un hombre valiente tiene las fuerzas de ir hasta ese lugar por la mujer que ama…

Todo empieza con Irene, una chica joven, llena de vida, sólo vive para poder ayudar a sus semejantes, trata de aprender día a día lo que el mundo ofrece en cuestión de la experiencia y el amor. Continue reading CANCIONES PARA LA LUNA

TOCADAS LEÓN / LA LUPITA

Fotos Aura Mendoza
Por Gallo

No sabe por qué pero la sensación que siente ahora es muy parecida a la que sintió por la tarde en el cerco a Televisa, sin embargo en aquellos momentos no tenía miedo, o al menos lo que después podría contar que es el miedo. Es la una de la mañana con cuarenta y tres minutos. Es posible que lo que está a punto de sucederle no se le vaya a olvidar pronto.

Hay momentos en que las nubes nada más se quedan admirando en su pose más sexy el trabajo del sol, éste era de esos instantes. El suelo se sentía caliente, regañando por el hecho de tomarlo como sitio de cuestionamiento. Muchas porras, una banda formadita en el semáforo gritándole con rabia a Televisa por su participación en la democracia corrupta: siendo una televisora a quien el Estado le concede la señal… ¡Bandidos!¡Canallas! Estuvo desde la noche anterior y se quedó hasta que las nubes hicieron el caprichito y cubrieron al astro con su llanto. En breve vería a su acompañante y luego irían a ver a La Lupita.

Detrás de la ventana la ciudad parecía brillar más de lo normal. El auto era de ella y con más razón se llenaba de olor a frutas moradas. Un puesto de tacos, uno de tortas, un taller mecánico, un condominio, una persona con un perro que se detiene a defecar. A la luna alguien le había dado un puñetazo y mostraba el párpado caído. Llegaron a la Condesa arrastrando estas palabras, no, frente al gobierno no somos nada, somos una mínima parte, nunca hacen caso, hacer una demanda lleva años… creo exageras, no sé cómo estés viendo al gobierno, pero si es el enemigo ahora es por condiciones particulares; no tendría que serlo, deberían ser los representantes máximos elegidos por la ciudadanía, no el enemigo, no el gran personaje o la gran cagada ni el intocable… jaja, comparto tu punto, no lo discuto ahorita porque hay que encontrar lugar.

A secretos la noche les dijo cómo llegar al lugar. Contrario a lo esperado, ninguno de los dos buscó el baño de inmediato porque un guitarrazo de Lino Nava los había buscado a ellos, caminaron, uno tras otro, esquivando, empujando con cariño a gente para llegar lo más cerca posible, hasta donde los cuerpos hechos carne molida permitían pasar. La iluminación dejaba ver los movimientos del vocalista de la Lupe. El amarillo se embarraba en su ropa y para sacudírselo se movía por todo el escenario, moviendo sus largos brazos como si quisiera tocar al público que le convidaba un poco de su aire a las paredes del lugar. Ellos se volteaban a ver para dejarse contentos en alguien más, para trascender el momento con alguien más dejándole saber que estaban disfrutando de esa rola que dice… mal, maldito amor, maldito amor. Ellos no eran los únicos disfrutando, la banda arriba y abajo del escenario se dejaba ver feliz; los contornos de sus sonrisas, bocas disparando sonidos eran coloreadas por una luz que parecía bailar a ritmo de esa batería que acompaña, esa noche entre tus brazos caí en la trampa, cazaste al aprendiz de seductor, la rola se coreaba con dolor, a lo José José; los vasos de chela arriba, porque se brindaba. A todo esto, ellos aún no tenían un vaso de cerveza, pero lo tendrán.

Las baquetas pegaban en la parte metálica de la tarola como para hacer acelerar el pulso: le siguió el sonido de las cuerdas del bajo al contacto con los dedos: entró la guitarra en sonido provocador: un redoble y a brincar…. Salieron de San Isidro proceden desde Tijuana traían las llantas del coche…. Repletas….  ¡¡¡De mariguana!!!! Uno de ellos estaba esperando una rola, se lo dijo en el coche, espero que toquen… entonces cuando la comenzaron a tocar brincó, gritó como de viernes, de cosa bien divertida, preparándose a cantar: me quieres castigar y no me voy a dejar, tú quieres que me calle y no me voy a callar…. Lerooo leeeroooo, leeero leeeroooo, lerolerolerolerolerolerolerooooooooo, la música dentro del cuerpo, creando esa conexión que seguro tiene que ver con los átomos o algo así, sin duda la expresión de la música hurgando dentro de la carne humana, rozando los huesos, nadando en fluidos, es una cosa de saberse gozar, de estar ahí por unos instantes mirando el tiempo en el guitarrazo, en los visuales proyectados en la pantalla… un poco de desmadre, menuda y traviesa cosa. La Lupita hacía recordar pasados, cuando se escuchaba el cassette sin preveer la transformación del soporte musical. La mente se iba, dejándose manosear por la música, compartiendo su invisibilidad para después aterrizar en la carne y platicar con el acompañante. Luces del público encendidas por unos segundos después de ver ser salir a La Lupita por primera vez del escenario. Sonrisas en los asistentes, rostros sudados. Ninguno de los dos imaginaría lo que estoy a punto de contarles, pero antes, La Lupita salió a cantar la otra, el público esperó emocionado antes de robarle aire a la madrugada.

… uno tras otro los solos de cada músico, la banda terminó de presentarse y para gozar hay que bailar, para gozar hay queeeee bailar, La Paquita disco llegó con desparpajo y actitud reventada, como loquita se divertía mientras ella repetía. La Lupita le entró al quite en un acto medio lésbico en donde los asistentes las hacían de ballet en estilo libre… No sabes cuándo las circunstancias te van a echar a perder una racha de buenos sucesos. Quién sabes qué sea, cómo se atraiga o quién lo merezca o qué justeza existe en los acontecimientos del cotidiano. Salieron del Plaza. El vientecillo fresco les revitalizó el efecto de las dos cervezas tamaño grande. Subieron al auto analizando la situación de lo que ya era sábado. Encendió el auto. Prendieron el radio. Uno de ellos percibió un malestar como de mala vibra… No se lo comunicó a su acompañante. Llegaron a un semáforo de División del Norte. A obscuras platicaron de lo chido que había estado el toquín, que chingue a su madre Televisa, que cómo eres rijoso, que es por todos no por mí, ¿hasta por EPN? Nel ése que la chingue y la re chingue, oh, ¿todo se trata de chingar? No, la neta, no, nomás de ser chingón sin chingar, újeles pus ta duro. Un fuerte golpe se escuchó, algo había chocado con el cofre del auto, los dos en silencio, él tenía esa sensación como la que tuvo en la tarde al estar en Televisa, una emoción extraña que se le fue yendo cuando un sujeto alto, vestido de negro se apareció frene a ellos, los miraba fijamente, sin moverse. La luz del semáforo seguía en rojo. Asustado, él le dijo que arrancara, se lo repitió, se lo volvió a decir, se oyeron fuertes golpes en la cajuela, ella grito, él no, el hombre se acercó más al coche, se oían golpes en el toldo, ella quiso arrancar el auto pero antes y sin darse cuenta la puerta del conductor se abrió, ella gritó, alguien la jaló brusca y rápidamente hacia afuera, él ahora gritó e intentaba sostenerla, no pudo, todo sucedía en un tiempo viscoso, desesperado volteó la cabeza hacia la ventanilla de su lado, se encontró  con un rostro largo, serio, malvado. Intentó ponerle el seguro a la puerta, pero fue tarde.

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PURAS DE MARCIAL ALEJANDRO.

Fotos: Aura 

Por Gallo.

Estuve en donde no estuviste. El aroma que no conozco me obliga a llamarte como a un espíritu. No necesito ni una palabra para recordarte: arriba, en mi cabeza, basta paciencia y tu figura se aparece para desaparecer, volver, regresar con la música en donde te dejaste.

Atravesar esa calle de antro, cadenero, luces, música del punchis, música de otra, música de la calle que sí, seguramente, escuchabas mientras llegabas a lo que ahora me entero era como una guarida, el punto: Radio Educación. De tu voz me queda una garraspera con aguardiente, digo de tu voz y me refiero a la cantidad de veces en donde tu voz está reproducida, en donde cuando quiera, he de consultar y escuchar tus breves pausas en las palabras, ese canto de grito a pelo. Caminar por el empedrado marea estúpidamente a las metáforas. Mi acompañante y yo nos hacemos un antebrazo, esperamos el cambio de luz en el semáforo. Verde. Ella me platica algunas delicias de su día. Atino en escuchar mientras nuestra noche esconde la mirada para hacer de nuestro camino un deporte de bajo impacto. Llegamos saludando a los presentes.

De pronto, sin que lo pienses mucho, estás en un lugar. El Breve Espacio hace dignísimo honor a su nombre mientras la guitarra suena y las manos de un hombre acompañan una voz que canta, creo, alguna de Serrat. Nos asignan mesa. Trato de encontrarte con nitidez en todos los fragmentos tuyos en mi mente, sólo para entrar en confianza. Las fotografías de ti en el lugar son fantasmillas de un rompecabezas. Acaba la música en vivo, dos cervezas están en nuestra mesa. El lugar te quiere, cada vez está más lleno; los presentes, al menos, han escuchado tu nombre. Rafael Mendoza nos cuenta anécdotas y el por qué de este día. Comienzan tus canciones. Edgar Oceransky así como va, chingue su madre, dice a su voz que hoy es ella y tus letras, ay cómo me duele el anca ay cómo me aprieta el sincho qué vas que brinco esa tranca a ver si del golpe me hincho habiendo tanta potranca sólo por la mía relincho. Las copas y vasos y micheladas y refrescos y todo se levanta para brindar por tu nombre, por lo que sea que fueras en ese momento, por tu música.

Me acuerdo ahora de ese momento en que nos juntamos para recordarte, para invocarte gritando una pena en la sílaba sigilosamente acomodada por ti. Le cantabas a temas que incomodan por sinceros, tus ideas se dejaban claras, la música detrás de ellas provocaba al sentimiento, entonces ya pensaba en el México que viviste, con tus amigos, con la gente en quien fuiste y también te escucho, y mira que ahora están contando una anécdota, tus comentarios se apreciaban, se sabía de tus debilidades, caramba, sabías las de los tuyos. Bebí la cerveza que seguro medio despreciarías o tomarías de a mipeoresnada de no haber ese sabroso veneno escurrido del grano.

Canta Lascano Malo, Rodrigo Rojas, Rafael Mendoza, Charlene Arian, Miguel Insunza, Leonol Soto… brindan con tus canciones. Al frente, un par de niños ven pasar una noche de sus vidas como una cena con postre, bebida, emoción del padre incluida, en donde se cantaban canciones en honor a alguien que ya no está en cuerpo. En otra mesa, a dos metros de nosotros, un hombre le da ese sorbo ajeno a la soledad. En otra se corean las rolas, se llora, de verdad, porque medio duelen las tuyas y las que la banda se rifa, esa pandilla que compartió algún instante contigo, por eso están aquí.

La noche solloza, los ojos infantiles de estar cerrados ahora arden al abrirse: cuarto para la una. Me perdí en el tiempo y no supe cómo llegué a este párrafo. No conocerte es extraño, porque extrañamente estoy escribiendo estas letras por ti, por ese instante en donde fuimos charlas, experiencias, largos minutos sostenidos en una nota inexacta.

Un gusto, Marcial Alejandro, queda por conocernos.