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FRÍO

Los dos hombres calzan zapatos negros de piel y punta chata. El sol les obliga a entrecerrar los párpados. Caminan sobre una banqueta de esta Ciudad, uno de ellos mueve entre sus labios un mondadientes de madera; los dedos de los dos huelen a cilantro, cebolla y carne de cerdo frita, también hay un aroma a limón. El más alto de los dos lleva, ya un poco mal acomodada en su cuello, una corbata roja decorada con delgadas líneas azul marino; la corbata del otro es azul cielo; caminan y en el asfalto se dibujan unas sombras de gruesos y definidos bordes. Los dos visten sacos de tonos grises. El calor hierve las ideas, los pantalones, también grises, más obscuros, más calientes; los dos apresuraron su andar, automóviles, personas, máquinas y animales emitían su rutinario sonido…

– Qué frío…
– ¿Qué frío?… ¿Cuál frío?… ¡Qué vas a tener frío¡
– El de ayer… frío el de ayer… ¿qué por tu casa no hizo frío?
– Por mi casa no hizo frío… no hizo…¿Cómo vas a tener frío?… ¿No se te calentó el puerco con los de costilla?…
– ¡Mmmta!… Ora hasta me los vas a contar…
– … Yo nomás digo que cuál frío…

La oficina se encontraba a tres calles del puesto de tacos de carnitas, el edificio no provocaba emoción alguna con su arquitectura. Los dos hombres continuaron su caminata. La Ciudad reclamaba al mundo algún extraño mal de amor. Los hombres gastaron palabras para saldar la cuota de la supervivencia urbana…

– Me contestó con una carita así sonriendo…
– (Riéndose, conteniendo un eructo)… entonces ya fue mano, ya fue… olvídalo…
– Pues sí, de volada la capté, que le contesto #hastapronto #BFF
– ¿Eso qué?
– ¿Cómo qué?
– … bueno ya… Entonces… ¿vas a firmar?… Firma, firma y ya, con eso ya, ya la hiciste, ya chingamos…
– Sí, sí voy a firmar…
– Aista… no hay pierde… no hay pierde…
– … pues sí…

Traidora, la tarde le daba unos sorbos indiscretos al viento de febrero. Ambos lucían más viejos en las fotos de sus gafetes. Llegaron al edificio, con un movimiento de cabeza saludaron al guardia, acercaron su plástico de identificación laboral al torniquete de la entrada, siguieron su camino hacia la oficina mientras platicaban aún con el sabor a tacos en los dientes.

– Dicen que hoy también estará bueno el frío…
– Te digo…

HJS

LA APARICIÓN DEL CABALLERO ÁGUILA


Ocurre que es una tarde de pieles ardiendo. Una tarde en la Ciudad, caminas sobre la banqueta de Río Churubusco, no te la crees que hay un río entubado, neta no te crees el calor, la desesperación en los neumáticos, el pavimento evaporando sudores celestiales.

El camión de Izazaga te deja cerca de Pino Suárez, cruzas el puente, el mercado, caminas un rato y llegas al Centro, cuando llegues ahí te espantarás al ver tu sombra reflejada en una piedra obscura del Templo Mayor.

-Pero… si me lo reduces a tres días por la mañana, sólo me dejas… o sea… pocos días…
-Sí, pero… trabajas, y no puedes otros días, yo no puedo faltar esos días…
-Sí… me lo complicas…¿sabes cuándo hay menos gente?… es que… no…no quiero formarme…no…
-No sé, supongo esta semana no habrá gente…
-Es que no… no…

Tienes hambre. También estás molesto. La plática de ese par no te preocupa mucho. Ellos ni te miran, intentan resolverse, ni te pelan. Bajas del Izazaga, caminas, subes el puente… El dolor de estómago, no es dolor, son nervios, caminas. Al llegar a Templo Mayor escuchas un aleteo discreto, se convierte en zumbido, sientes que tu cuerpo se eleva, lento, liviano…