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ENSUEÑO PROLETARIO 4

Espasmo

Un grupo de policías rodean a un hombre que es interrogado por el jefe de estación, los gestos de los involucrados están teniendo un día pesado… el hombre corpulento recibe las preguntas y las contesta con un tono de voz bajo para no revelar algo de más, el hombre corpulento se acomoda la playera azul que le ajusta bastante al cuerpo. Las bombas de chicle explotan en mis oídos… en el espacio alborotado por el barullo de los cuerpos andando, dos chicas de leggins muy coloridos, blusas sin manga, cabello engominado, peinado en cola de caballo, observan el interrogatorio mientras cuidan un par de cajas de cartón, mascan el chicle con un poco de bella violencia, #despiadadas #increíblas.

No me sorprendo, no tengo que sorprenderme… la mucha gente, la mucha respiración ardiendo, la mucha sinmemoria caminando terca en estos acomodados espacios de la urbe, estas tripas modernas. El paso a paso acelerado, esquivar los cuerpos moviéndose, ir hacia adelante, no detenerse, no intentar pararse… bajar la velocidad, atisbar algún espacio, uno pequeñito, para avanzar, para seguir y no dejarse atrapar por la masa, no quedarse entre los apapachos de la vida diaria, entre los perfumes de esencias penetrantes, caminar, caminar, elegir bajar la escalera y no usar la eléctrica, bajar esperando no se me olvide caminar, sería un golpe tremendo, además, en este horario sería una bonita carambola, muchas personas cayendo, trágico, así, #gachito, con el drama del Acorazado Potemkin, todo por tu tropiezo, porque se te olvidó caminar, pero no, no se te olvida y sigue el andar, sigues animado por algún extraño recuerdo que se te atraviesa insano en las neuronas, sigues y los gritos de los vendedores ambulantes te empujan, te dicen vas, dale… Llévelo, llévelo, congela’s, llévelo, hay de varios sabores… Bara, bara, se lleva el cargador, cargador universal, el cargador para celular… Chocolate, chocolate para la familia, chocolate… Aguas, alegrías, aguas… ¡Papas, papas! ¡Papas, Papas! Sándwiches, sándwiches… Y sigues, decides seguir, caminar, encontrar el recoveco adecuado, el lugar en donde situarte por un momento, escuchar las voces, prestar atención a los cuerpos impacientes, mirando los relojes, atrapados en alguna aplicación de su teléfono móvil; escuchas tu respiración, el eco de los trenes que están por llegar, el viento en los cabellos de las personas, en sus pieles, ese viento particular, que viaja entre los túneles de esta red de gusanos anaranjados, la música suena en las pantallas, algo tremendo, #perreo #sabroso y me retumba alguna vena del cerebro, me agita los movimientos, la gente escucha la canción, mira el videoclip en alguna pantalla del metro empotrada en el techo; el ritmo hace mover los pies, el ritmo busca la provocación, ruboriza mejillas, inquieta, afloja sonrisas.

Te veo en el metro… dirección Indios Verdes…:) 10:00am enviado
Ahí t vo…:D… 12am???? 10:01am recibido
12 am…. :)))10:30am enviado

Ya estoy, aquí… en los torniquetes… 12:01am enviado
Estoy cerca… :/ 12:02am recibido
:S 12:03am enviado
…..

Perdón/ No te preocupes…/ Hubo una manifestación de maestros y se me complicó…./ No te apures, no llevo mucho…/ Aquí están, son los que pediste… ¿ése es el color, no?… ¿y la talla? / … sí, sí es el color… la talla no sé…/ ¿Son para ti?…/ Sí… / Pruébate una…/ Pues sí… /…/ Sí… sí es… va, pues chido, gracias… / Gracias a ti, buena tarde.

Somos viajeros de sol a luna, llevamos nuestras mochilas, los bolsos en donde guardamos lo necesario para el cotidiano, para la batalla diaria, la jornada laboral, mochilas de varios tipos, de muchos colores y formas, mochilas decoradas, mochilas maltratadas, morrales, portafolios, petacas para aguantar el trayecto, el andar, el suculento ir y venir en esta Ciudad, en este insomne transporte, esta irrealidad del subterráneo.

Las parejas, en el beso, en el abrazo, en el sentirse cercanos… La maquinaria frena, nadie se lo espera, estamos a su orden, varios que dormitaban sienten ese jalón que les arranca de lo imposible, de la calma soporífera.

Los tres hablan un idioma mexicano que desconozco, se ríen, ellos saben lo gracioso de sus comentarios. Morenos, cabellos acomodados con gel, botas, zapatos, camisas de colores morados, obscuros, mejillas ruborizadas, sonrisas inquietantes, carcajadas de lo desconocido. Este vagón se infesta de pláticas que no alcanzo a entender, pero me esfuerzo en oír… Hombre y mujer, sentados, platican tranquilos, sus ojos algo esconden, algún coraje, algún cansancio…

-¿Te digo o no te digo?… te digo las cosas…¿o no te digo cosas?…
Es que ya no sé…

Somos tantos y tantos, tanta ropa, tanto tenis de marca e imitación, somos zapatos negros, playeras, camisas, blusas, camisetas, lentes, bolsos, mochilas, suéteres, abrigos, chamarras, guaraches, faldas, vestidos, mezclilla, #fashonistas, shorts, pulseras, relojes, audífonos.

¡Biiiiiiiiiiiiiiiiiiiip! ¡Plopl

Otra vez se cierran las puertas, otra vez entra la gente a este depósito de depresiones, de hartazgos, preocupaciones y una que otra bronca. Un hombre lee con demasiada atención, Momo, aquí avanzamos en la vida más lentos que una tortuga, tanta sabiduría en este gusano naranja, tanta duda, tanta deuda, tanto de un poco de lo mejor y lo peor y ahí vamos, dormitando. Avanzamos en nuestros tiempos, alguien mira su celular y se deja ir, se deposita en ese modo de existir, en esa manera de entender el espacio, de saberse en otro sitio que no existe y no deja de estar entre nosotros, viajando, viajando. Una pesada masa se embarra en mi cuerpo, al hombre sólo le falta babear, su sueño le mantiene inmóvil, le atrapa y le convierte en eso que puede caerse pero se recarga en mí, él ahí, sin saberse, dejándose ir… y nosotros, nosotros le observamos. Un bebé me mira, ejecuto una sonrisa, ¿por qué?, ¿es lo normal? Sonreírle a un bebé, no sé, tal vez para que no llore, para caerle bien, no sé, pero la respuesta que provoco no es la misma: una cara de bebé seria, asustada, #triste 🙁 …pero el metro, el metro avanza e intento no hipnotizarme con las luces neón, esas luces me recuerdan que no estoy en mi sueño, que estoy abajo, en el subterráneo, adentro de un vagón, viajando, moviéndome, esas luces… Una señora teje un chaleco con estambre rosa, inserta las agujas, las cruza dentro del tejido, chocan, emiten un sonido delicado, el tejido sigue, la vida se entrama.


HJSconfundiendo la palabra maciza, dura y precisa, ligas menores, poquito de flou, relajito cotidiano 😉

ENSUEÑO PROLETARIO | 3

Lento parpadeo

Un silencio de palabras en el vagón, segundos para mirarnos, nos espiamos, insistimos en enviar nuestra atención a otro ser; el ventilador refresca nuestras cabezas, se oye un rumor, la música que sale de varios audífonos: sonidos que envían a su escucha a otras atmósferas, a sus vivencias más añoradas… un grupo de personas se carcajea, el metro rechina, el viento en los oídos, un zumbido criminal.

Sopor en el ambiente, cada vez que el metro abre sus puertas entran personas con ganas de acomodarse en un espacio adecuado, en donde aislarse pueda ser una oportunidad. Un vaho tremendo se respira, un olorsillo capaz de provocar cosquillas en el sistema respiratorio.

Sentadas, las personas duermen, se escabullen del momento, se van a divagar en las imágenes más desesperadas de su mente, se extravían, se dan un chance y se dejan ir, se los exige la jornada laboral… párpados cerrados, gestos atrapando miedos, preocupaciones y fobias, cuerpos que no se mueven, que viajan en otras dimensiones, manos quietas, glúteos recargados en la banca, cabeza: pera de box, moviéndose sin sentido, sin fuerza, dejándose ir en la inercia, músculos relajados pero alertas. La gente se despabila, se truenan los nervios. El rumor, la vida, el trabajo, los pendientes, los teléfonos móviles en las manos, las virtuales maneras para distraer el trayecto, el andar melodramático de esta Ciudad. En la calle, una ambulancia avanza y grita despavorida.

No me la creo. Pero sí, es un hombre degollado con la cabeza aún colgando de su cuello, el encabezado es igual de tremendo, el señor de gorra verde hojea el diario, se detiene en una noticia sangrienta; oteo en la página y sigo sin creerla: tres cuerpos desnudos tirados en un camellón polvoriento, el señor hojea de nuevo, intento leer un poco de la información, algo, un dato, algunas frases que me inviten a pensar que es mentira, una puesta en escena, que la sangre es… agua con tintura (cobarde de mí, cobarde de mis entrañas, cobarde de tu cotidiano). No me la creo pero me aferro a las páginas del señor, me aferro.

La Ciudad, la rabiosa Ciudad… sus ritmos, sus tecnologías, sus pequeños espacios para estar menos que solo, para estar en compañía de los desamparados, de los santificados, de los pecadores y los no bautizados, de los castos y los no tan puros.

– Entonces… ¿por dónde vives? (los dedos de la mujer se deslizan sobre el celular, dentro de la pantalla una figurita de colores se mueve y forma una línea del mismo tono, una explosión de felicidad dentro del teléfono, la mujer sigue con la labor de hacer estallar líneas de figuras de colores)

– Vivo por Tlahuac… Paso del Conejo…
– Ya… entonces… sí te queda algo lejos…
– No, no tanto… No tanto…
– ¿De ahí tomas un micro?
– No, caminando, en serio está cerca…

Otra señora entrecierra los párpados, escucha un eco a miles de kilómetros de sus pensamientos, oye el andar del metro sobre las vías, se toma la barbilla, sentada con las piernas cruzadas consigue algo de alivio, a su costado, un niño esconde el rostro bajo la visera de su gorra de minions. Tengo que transbordar, cambiar la ruta, ir a otra línea, debo caminar, andar entre pasillos; vamos concentrados, acostumbrados al camino, somos una enorme fila, gigantesco flujo de seres, pensamientos, energías, emociones; se cruzan las miradas, se evaden y se sigue caminando… ¿una sonrisa?, tal vez, tal vez.

A dos manos, toda una #profesional, la mujer del localito de dulces, aguas y tortas, me despacha una alegría de amaranto; con el flujo urgente llegan más personas y compran algo para el camino. Agradezco y sigo el caudal humano, este tiempo subterráneo, esta ingravidez de la soledad, este no querer detener el paso porque te pisan, este andar insaciable.


HJS… leve leve, baja baja, TSF Comuna Espacial, Auuuuuuu!

ENSUEÑO PROLETARIO 1

Bostezo

El sol afuera, el sol en mi piel, en las paredes grafiteadas, en esas firmas y formas de colores, en esas huellas de identidad, rastros de un grito de aquí estoy, aquí andamos. La calle me dice que está mugrosa, los dos chicos fuman el gallo antes de ir a la jornada, se me hace agua la boca y sigo mi camino, algunas aves emiten un sonido feliz y se cagan a dos centímetros de mi andar, una patrulla pasa y da el rondín matutino, un reguetón #atascado se confunde con el motor de los vigías, avanzan varios metros, los patrulleros sonríen al escuchar una salsa romántica compartida por las ventanas abiertas de un departamento de interés social.

Caminar y desesperar el pensamiento, abotagarlo de imágenes, de preocupaciones, de #malviajes, de querer precipitarse y correr lo más rápido que se pueda #tortuga… caminar y llegar al metro, saber que la máquina te llevará de paseo, a tu lugar, a tu sitio.

En la taquilla, la mujer te recibe con una sonrisa, en su escritorio hay un poco de fruta en un vaso, una cosmetiquera y su teléfono celular, ríe mientras depositas tu billete y le dices que recargue veinte pesos a tu tarjeta, #esdeprecavidos; la mujer señala con el dedo índice la pantalla, tus veinte pesos fueron depositados. La policía espera recargada en el último torniquete, en donde con su tarjeta mágica deja pasar gratis a los ancianos y algunos jóvenes que muestran una identificación. La policía mira hacia la calle, bosteza y pocas, muy pocas veces, saluda a los viajantes.

Subir escaleras eléctricas otorga una sensación de calma, de pasmo momentáneo, claro, si decides ir de lado derecho, porque de lado izquierdo la prisa manda y hay que subir escalón tras escalón.

Rechina el metro. Abordo. La mujer se maquilla, esconde sus manías, sus juegos con el tiempo, se aplica un poco de corrector, algo de sombra, lo esparce con las yemas de sus dedos… las huellas, las #marcasmiamor, las bellas lineas de la vida desaparecen con el aplicador; obscurece sus párpados, el tono es lindo, algo violeta, sus ojos esconden aún más misterios, una María Félix de nuevo tiempo, así, #castigadora; después, un labial intenso y la mañana se siente aturdida, encerrada en este vagón con tremenda situación.

En el reflejo de las ventanas las personas pueden encontrarse, desconocerse en el mirarse tan idénticos, tan del otro lado, de películas de misterio, de serie de internet, ahí, en ese otro mundo tan similar, a veces opaco, grasoso, a veces más limpio; otra dimensión tan cerca de nosotros, ahí, los viajeros del tiempo…

Un grupo de policías espera en el anden del metro, las puertas del vagón se mantienen abiertas más de lo habitual, #hueva, un par de policías, los del silbato, anuncian la llegada del metro que avanza en dirección contraria; la gente duerme en las bancas del vagón que ya cierra sus puertas, los policías se quedan ahí, disfrutando la vida, arranca el coso éste… la gente también lee: El llano en llamas, edición de bolsillo, pero la gente también se duerme cuando lee, el hombre que va a un costado de la lectora le quita el libro que sujeta con ambas manos, lo guarda en su mochila y abraza a la mujer que fue hipnotizada por la Muerte Mágica de Rulfo. A mi costado otra mujer sujeta con seguridad un libro de pasta dura roja, en las hojas que lee se encuentra el subtítulo El océano índico. Se detiene el metro. Se abren las puertas. Una persona que entra se muerde las uñas. Otra, sujeta en la mano un libro de Isabel Allende. Me hundo en los arrebatos de esta Ciudad.


HJS… callejero y fisgosón, dice la banda…

FRÍO

Los dos hombres calzan zapatos negros de piel y punta chata. El sol les obliga a entrecerrar los párpados. Caminan sobre una banqueta de esta Ciudad, uno de ellos mueve entre sus labios un mondadientes de madera; los dedos de los dos huelen a cilantro, cebolla y carne de cerdo frita, también hay un aroma a limón. El más alto de los dos lleva, ya un poco mal acomodada en su cuello, una corbata roja decorada con delgadas líneas azul marino; la corbata del otro es azul cielo; caminan y en el asfalto se dibujan unas sombras de gruesos y definidos bordes. Los dos visten sacos de tonos grises. El calor hierve las ideas, los pantalones, también grises, más obscuros, más calientes; los dos apresuraron su andar, automóviles, personas, máquinas y animales emitían su rutinario sonido…

– Qué frío…
– ¿Qué frío?… ¿Cuál frío?… ¡Qué vas a tener frío¡
– El de ayer… frío el de ayer… ¿qué por tu casa no hizo frío?
– Por mi casa no hizo frío… no hizo…¿Cómo vas a tener frío?… ¿No se te calentó el puerco con los de costilla?…
– ¡Mmmta!… Ora hasta me los vas a contar…
– … Yo nomás digo que cuál frío…

La oficina se encontraba a tres calles del puesto de tacos de carnitas, el edificio no provocaba emoción alguna con su arquitectura. Los dos hombres continuaron su caminata. La Ciudad reclamaba al mundo algún extraño mal de amor. Los hombres gastaron palabras para saldar la cuota de la supervivencia urbana…

– Me contestó con una carita así sonriendo…
– (Riéndose, conteniendo un eructo)… entonces ya fue mano, ya fue… olvídalo…
– Pues sí, de volada la capté, que le contesto #hastapronto #BFF
– ¿Eso qué?
– ¿Cómo qué?
– … bueno ya… Entonces… ¿vas a firmar?… Firma, firma y ya, con eso ya, ya la hiciste, ya chingamos…
– Sí, sí voy a firmar…
– Aista… no hay pierde… no hay pierde…
– … pues sí…

Traidora, la tarde le daba unos sorbos indiscretos al viento de febrero. Ambos lucían más viejos en las fotos de sus gafetes. Llegaron al edificio, con un movimiento de cabeza saludaron al guardia, acercaron su plástico de identificación laboral al torniquete de la entrada, siguieron su camino hacia la oficina mientras platicaban aún con el sabor a tacos en los dientes.

– Dicen que hoy también estará bueno el frío…
– Te digo…

HJS

LA APARICIÓN DEL CABALLERO ÁGUILA


Ocurre que es una tarde de pieles ardiendo. Una tarde en la Ciudad, caminas sobre la banqueta de Río Churubusco, no te la crees que hay un río entubado, neta no te crees el calor, la desesperación en los neumáticos, el pavimento evaporando sudores celestiales.

El camión de Izazaga te deja cerca de Pino Suárez, cruzas el puente, el mercado, caminas un rato y llegas al Centro, cuando llegues ahí te espantarás al ver tu sombra reflejada en una piedra obscura del Templo Mayor.

-Pero… si me lo reduces a tres días por la mañana, sólo me dejas… o sea… pocos días…
-Sí, pero… trabajas, y no puedes otros días, yo no puedo faltar esos días…
-Sí… me lo complicas…¿sabes cuándo hay menos gente?… es que… no…no quiero formarme…no…
-No sé, supongo esta semana no habrá gente…
-Es que no… no…

Tienes hambre. También estás molesto. La plática de ese par no te preocupa mucho. Ellos ni te miran, intentan resolverse, ni te pelan. Bajas del Izazaga, caminas, subes el puente… El dolor de estómago, no es dolor, son nervios, caminas. Al llegar a Templo Mayor escuchas un aleteo discreto, se convierte en zumbido, sientes que tu cuerpo se eleva, lento, liviano…