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LA NOCHE DEL ALEBRIJE


El primer trago de mezcal no fue lo preocupante.

Ignacio miró el diminuto jarro de barro en donde le sirvieron la transparente bebida. Desde donde estaba, el aroma ahumado del destilado le engatusó el olfato. Los integrantes de su familia, sentados alrededor de una larga mesa rectangular de madera, bebían en caballitos de vidrio el espadín joven, además había refrescos, una jarra de agua sabor jamaica y otra de limón. En su familia acostumbraba echar dos flores de tono lila en el fondo de los vasos de los adultos, no importaba la bebida que se fuera a servir, algunos sacaban de inmediato la flor, otros, esperaban los efectos de aquella tradición. Las bebidas obtenían un saborsillo a miel. La lengua disfrutaba ese toque dulce, la sangre recorría con pasmo las venas del bebedor. Sin presentirlo, el cuerpo se alejaba de ellos.

Ignacio se acabó de un sorbo largo su bebida, se levantó de la silla mientras la reunión se animaba con cada trago, con cada palabra. ¡Pérate, orita te vas!, ¿pa qué te vas?, no te vayas pues… que te quedes un rato más, un traguito más… Las paredes escondían el color mamey en las sombras provocadas por los focos ambarinos. La figurilla de un santo patrono se asomaba entre la luz traviesa de una robusta veladora. Los muebles, de madera: la mesa, las sillas, la repisa de los trastes, el estante de la televisión, la alacena y el altar en donde reposaban las cenizas de la abuela Sara. Ignacio no hizo caso a las provocaciones de sus familiares y llevó su cuerpo flaco al taller; detrás de su ser la fiesta se animaba en cada carcajada. Mientras caminaba sentía la noche en sus músculos, se acercó al mueble en donde reposaba el polvo de su abuela, tocó con ternura la urna, pensó algunas palabras y se retiró. En ese instante sus venas resintieron el fluir del último trago de la bebida de tonos lila. La luz de una veladora danzaba inquieta mientras alumbraba el retrato de su abuela. Escuchó el eco de varias voces, alcanzó a reconocer algunas, cerró los párpados con fuerza, los sonidos estaban en su cabeza y se confundían con el barullo de la fiesta del comedor. Ignacio no supo qué dimensión habitaba; con las palmas de sus callosas manos se frotó el rostro, así, en su oscuridad momentánea, en su desorientado estado. Sacudió la testa para espantar a los demonios que le provocaban una extraña comezón, intentó peinarse la rizada cabellera y caminó, lento, hacia la fría puerta del taller.

Afuera, en las calles del Centro, los gritos, la música de trompetas, los tambores redoblando, los cánticos enervados intentaban ahuyentar las oscuras nubes que anunciaban un diluvio. Ignacio quería olvidarse del clima, de los emocionados gritos de las personas, pretendía no imaginar aquellos cuerpos danzando, arrastrando sus píes sobre el asfalto, deseaba estar solo, buscar las formas más incoherentes dentro de su cabeza. Adentro, en la vecindad, su familia brindaba y festejaba por otro aniversario más, otra conmemoración vital, aquella que les mantenía unidos a su tierra, a sus tradiciones. Continue reading LA NOCHE DEL ALEBRIJE

RADIO TEXTUAL | CÁSCARAS


Mastica pepitas con mucha astucia y deposita las cáscaras en una bolsa de plástico transparente, escucha el desparpajo de la Ciudad, reciente su endemoniado latir; observa la fila frente a la taquilla, escucha el ¡bip!, que anuncia a otro usuario del metro. La mañana le parece una taquicardia nerviosa, se siente más aburrida, más que ayer, la chamarra le queda un poco grande, pero amaneció con una temperatura muy a los huesitos fríos. Lo que más odia del uniforme es el gorro, le queda muy ajustado, además le desfavorece mucho a su peinado.

-El otro día nos sacamos de onda ese wey y yo…
-Ah poco… cómo….¿así nomás?
-Ya sabes, así nomás porque sí, según yo pues no había tos pero pues ya ves…

La plática no le interesa, la escucha porque le tocó escucharla, los dos hombre se tardaron unos segundos de más en el torniquete y eso le permitió atestiguar tal chisme.  A ella le interesan otras preguntas, muerde una pepita, se preocupa por su trascendencia en la vida; le ametrallan sus decisiones, no le sirve de consuelo saber que mañana será otro día, el tiempo le provoca comenzón en los párpados, no le gustó mucho la sombra que compró en el tianguis, el rímel sí le salió bueno. El turno de la mañana es pesado. Pocas eventualidades. Trata de sofocar viscosas reflexiones. A un joven con uniforme de secundaría diurna le falla la tarjeta, la máquina suena, el torniquete no da vuelta, él se desconcierta, la oficial, aún masticando pepitas, medio grita, no sirve, tu tarjeta… que no sirve tu tarjeta… joven…  el joven se quita los audífonos, gira el rostro y alcanza a ver los ojos de caprichito de la oficial, que no sirve tu tarjeta… el joven da media vuelta, despierta de su lelo, en la fila de la taquilla se acomoda los audífonos, respira, estira su espalda, crujen sus huesos, además de la canción, le revientan el seso las palabras de ayer….”pfff… neta we.. ósea, neta, neta no insistas, no insistas… neta, ósea… ya te había dicho, ya habíamos quedado… al final, ósea, pff, al final ni es mi bronca…”… Respiró…

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HJS

DESPIERTA


Hay como que medio dudar de la vida… Tenerle un poco de desconfianza, sembrar algunas incertidumbres, más, cuando amanece así, tan azul oscuro, tan inquietante….

Ya te lo había dicho, que aquí te iba a estar esperando…
-¿El viernes? Estuvimos aquí… (carcajadas)…
– Sí, así me dijo… que me dice, y no le sigas haciendo al chingón…

¡Plac! ¡Plac! ¡Plac! Se va a llevar, en esta ocasión, el estuche de metal, el estuche con veinte mentas, es el pastillero metálico con veinte mentas a sólo diez pesos, vale diez pesos, diez pesos cuesta…

Durante cinco minutos los dos meseros flacos dan más de veinte vueltas dentro del lugar, se cuelan entre las mesas, buscan algo, algo buscan, una colilla en un cenicero, una servilleta usada, un tarro vacío, un plato con sobras de alimentos. Aún pienso que debemos dudar de la vida, no se puede, no se debe ser tan confiado, no cuando por la madrugada te despierta un aguacero, las calles no se atreven a rumorear, los seres nocturnos duermen intranquilos, los sueños se confunden con esto que me aturde la respiración, esto, esto de la vida que de por sí, ya es bastante dudosa.


HJS

RADIO TEXTUAL | EQUIVOCAZIÓN

-…rápido, ahorita te lo regreso…
-…nada más tengo éste…
-Sí, no le hace, me sirve…

La morenita toma el pequeño espejo redondo con la mano derecha, con la zurda busca en su bolso azul, encuentra el gloss rojo, toma el aplicador y se delínea los labios mientras el metro acelera desesperado, intenso, la obscuridad del tunel y la iluminación del vagón abrillantan aún más el rojo amenaza en esos labios. El metro disminuye la velocidad, la Ciudad arriba en su estresante manera de existir, de gritarse, de hacerse perdidiza entre los murmullos eternos, la Ciudad arriba, en su música… La morenita siente una mirada muy a lo medio extraviada de la pasajera de junto, entonces apresura el delineado, después, con gran habilidad enchina sus pestañas con una cucharita de metal; el tren llega a la estación, las personas esperan en el andén, reclaman alguna desgracia con sus miradas, muerden varios malos sabores de la jornada; la morenita termina de pintarse y devuelve el espejo.

– Ya, toma, gracias… ¿qué perfume usas?…
Equivocazión…
-¿Equivocazión…? Mmm… ¿En dónde lo compraste?… ¿lo traes?
– Sí… lo compré en Fraiché…
-Mmm… en Fraiché… Equivocazión… Bueno, aquí me bajo, muchas gracias…
-Sí, de nada….
– Hasta luego, gracias… Equivocazión… Equivocazión…

Las puertas se abrieron, la morenita caminó con pasos leves, flotantes, la primavera subterránea observaba sus pequeños movimientos, su piel asomándonse en la blusa de tirantes inquietaba los rumores de la Ciudad. Las puertas  cerraron. Al vagón entraron un grupo de personas que intentaban descifrar quién podría ser el más prescindible de la oficina, pues alguien, en algún pasillo, o en algún baño, dijo las palabras recorte de personal, la quincena había pasado y pues caray… ya se las habían arruinado, por eso, mejor, los seis, incluyendo Marcela, que casi no sale con los de la ofi, fue al jueves de alitas que, incluyendo la canción que sonaba en el vagón, podría ser lo mejor de ese puto día de mierda…

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HJS

MALAS PALABRAS


¿De qué parte obscura de tu existencia surgieron esas palabras, de qué motivos, de qué malditas conexiones de tu ser? Decide no hacer la pregunta, decide quedarse mudo, ser corazón de piedra, decide el silencio cuando siente que las tripas le arden de manera delirante, y aunque no lo diga, aún cree que esas palabras surgen de otro cosmos ardiente, de una galaxia obscura, tenebrosa. Acelera el transporte público y le distrae el sonido infalible de una guitarra mal entonando una canción del buen rock urbano, el entorno se llena de voces.

- No te entiendo... ¿Qué dices?... Siempre lo mismo, no te entiendo, esas tus malditas palabras no las entiendo, no sé qué carajo quieres, qué buscas... ¿qué dices...? Naaa, nada... definitivamente no te entiendo... no quiero, así como tú no quieres, yo no quiero y así la cosa... ¿qué dices?.... Naaa, na, te equivocas... naa... en serio, en serio no entiendo tus malditas palabras...

-Estaba sentado, esperándote, pero ya no llegaste.../ la verdad me puse a cantar esta canción.... tú, dónde haz quedado tú, tu alegría y tu salud, que ingratitud en tu actitud.../ pero ya no llegaste y así.../ pues qué querías.../ que llegaras.../ pues no llegué, pero llegué después.../ pues sí... /pues sí... /buts.... /buts....

-¿¿¿¿Por eso te enojaste...????  / Lo chequé en su feisbuk / ¿Y por qué checas su feisbuk? / Nada más...

Maldita existencia, se nos va en el acelerar de un camión, de un vagón del metro, maldito aire envenenado que nos da vueltas en el cerebro, maldita sensación de estar vivo se nos va en un grito desesperado, en un agudo latir de la Ciudad, en un aullar maniático.... Se nos va el tiempo en las pesadillas de párpados abiertos, se nos va el seso en la sosobra y el aburrimiento, se nos va y la sonrisa malvada se nos dibuja en el rostro, un rocanrol tremendo araña nuestra piel, nuestros recuerdos y la existencia, la existencia se nos va, se nos va entre algunas, varias malditas palabras.

HJS