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TONINÁ.

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De: Yetnalesi Mendieta  (Tlaxcala).

Toniná

Mi hijo murciélago, al que nunca voy a parir…
ese que nunca tendré y que vivirá en mi vientre para siempre;
que tendrá a sus hijos dentro de mi vientre,
que volará adentro de mi cuerpo.
Viene mi hijo murciélago
mutando en la tibieza de mi maternidad.
Mi hijo murciélago que vuela entre los bosques,
que conoce a los jaguares,
que baila con las mariposas…
Vuela mi hijo en las montañas,
desciende entre la noche y canta,
canta en mi vientre para sentir sus dimensiones
para anticipar su reposos.
Mi hijo murciélago,
retratado en las estelas,
invocado en los cantos.
Viene desde lejos
en la caverna de mi cuerpo,
en mi la matriz que soy con la tierra.
Viene volando mi hijo que canta en la selva,
el nunca parido,con alas y voz de murciélago.

Chicanná

Duerme,
ven duerme.
Ven niño a dormir en mis brazos
que no habrá nada malo que pueda pasarte.
No sentirás frío,
no escucharas el estruendo de la noche
en los pasos del fantasma.
Ven niño desconocido a encontrarte con mis manos,
a vivir en mi voz. Ven niño nuncaparido,
ven corazón de ámbar a curarte con mi veneno;
ven a mí
porque he dicho que no quiero ser madre,
porque no quiero parir tu vida,
porque no quiero cuidarte como lo hacen las hembras,
cuidarte como lo ha hecho mi madre con mis hermanos,
mi abuela con todos sus hijos.
Ven niño a comer la savia de mi cuerpo,
ven a hacer crecer tus manos en la tibieza de mi pecho,
a conocer este cielo,
a beberte esta sangre.
Ven niño de los ojos de humo,
de la piel de niebla,
ven alas de murciélago,
ven piel de tigre,
niño venas de esmeralda.
Ven a mí que quiero escuchar el secreto que me guardas,
el poema que construyes desde tu silencio,
desde la vida que no posees.
Ven niño dientes de jabalí,
manos de guerrero, voz de madrugada.
Ven a mi niño que quiero ser tu madre aunque nunca pueda parirte,
aunque nunca puedas hacerme madre.
Ven,
ven y duerme en mis brazos
que nada malo podrá pasarte.

Plegaria de jade

¡Una nana dulce para este corazón de jade!
¡Un trago de alcohol para sanar la herida!
Una oración para los dioses de mi cuerpo,
una ofrenda amarga para la voz del silencio.
¿Quién le pone aliento a este verso?
¿Qué viento fecunda con su canto a la floresta?
¿Quién le pone nombre a las flores?
¿Cuál de todos los dioses será el motivo de este amanecer?
Las plumas,
el color salado de los cuerpos danzantes en la lluvia,
una piedra,
una voz.
¡Un sacrifico de flores para mis oídos!
Despeino las cuerdas profanas de mi voz.
Desmiembro a los pequeños seres que habitan en mi vientre,
los que esperan por un rayo de luz que los fecunde con la vida.
¿Qué he de pedirle al cielo, si todo lo tengo aquí,
en el carmín de mis venas?
Entre mis piernas se gesta la vida.
Sangra y se crea el universo,
se pierden los silencios,
se crea la eternidad.
No hay nada en el cosmos
que no encuentre en mí.
Estrellas
lunas
sol
sal
tierra.
En mis pechos se crea la luz de las constelaciones,
en ellos la tierra,
el descanso celeste del tiempo.
Mis pechos amamantan a las bestias,
las duerme y embruja su leche de luz, aire y azúcar.
Yo lo tengo todo.
En mi boca el veneno
que resucita a los hombres;
en ella la penumbra y el silencio.
En mis brazos la tierra y la oscuridad.
En mí el mundo,
en mis el misterio,
en mi boca la eternidad.
… en mí todo …
dentro de mí todo,
fuera de mí …
un ronco eco de viento y basura.

THE SPACE FARM.

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Asustado.

Esperando, con los ojos abiertos y la sonoridad del universo apoderándose de mis oídos, acariciándolos. Soy un desterrado del tiempo, del espacio. Somos. Viajo por un sitio en donde me multiplico por millones. Voy hacia otro lugar, canto, juego, abro los ojos para mitigar el susto. Éstas son mis señales de pronta llegada.

Y caemos.

Puedo sentir el frío que hace de las estrellas luces intermitentes, cobardes, trémulas, conscientes de su muerte, sabedoras de su tiempo. No como nosotros, que también, somos desterrados del espacio. No puedo tener más miedo.

Somos.
He dicho somos. Respiro hasta hartarme de esta atmósfera congelante. Mi ojo derecho puede mirar al Señor Gallo, de cresta destellante, bañada en brillantina; su plumaje amistoso y fulgurante ilumina este camino de paraje definido. He dicho somos. Y el resoplido cerca de mi nuca, mientras caemos desprovistos de gravedad, me despierta más y más: Hombre Puerco, reluciente su piel moldeada con el más terso terciopelo rosado, embelesando el tacto que apenas y le acaricia. Joven Toro, apabullante, de mirada transparente y estructura de enhiesto caballero, soterrando las malicias de un mundo que está por conocernos, bufando armonías dolientes. Somos la melodía, con todo esto que nos pertenece, nuestra forma moldeada por la magia del viento.

Somos. Fuimos expulsados de nuestro reloj de arena, de nuestro espacio, por no atender proverbios absurdos: puertas atrancadas de nuestros oídos, eslabones oxidando nuestras ideas. Y no, no podemos ser esclavos. Queremos quitarnos los cerrojos de nuestras mentes, acallar el fluir cósmico, las corrientes arrebatadoras. Vamos a dejar vivir nuestro aliento, para llegar a la posibilidad de ser todo sensual.

Venimos libres, musicales. Nos conforman los sonidos de nuestro cuerpo, de nuestras mentes. Somos motivo del espacio, y hemos de comenzar a buscar nuestra emancipación. Debemos arribar. Porque las señales nos han llegado entre asteroides y cometas luminosos, ráfagas de luz neón.

He soñando. Hemos soñado con sitios ajenos, de espejismos interminables. Seres multiplicándose. Mirándose entre sí, siendo ruidos, concierto de onomatopeyas delirantes…

silencio
vamos flotando. Caemos lento, suave, entre residuos de un planeta agonizante. Nebulosa de áspera consistencia, tempestuosa bruma en que nos detenemos para ir cayendo en cadencia musical. No hay minuteros, ni tic tac, no hay arenas desvaneciendo.

Un golpe de pesada nada, y la penumbra se hace presente.

No sabemos si hemos llegado. Pero vengo, hemos venido. No importa más de dónde, pero aquel sitio, no nos pertenecía, no éramos de él.

No, no somos una solución, una promesa, pero, quizás, somos el sonido directo del latir y nuestra sangre fluyendo.