05/08/2021

THE SPACE FARM

ComunidadAudiovisual

MORADITOS


– ¿Me pone una recarga de veinte pesos por favor?
– Sí… ¿qué compañía?
– telcel
– ¿Número?

Entra un hombre a paso pesado, se acerca al refrigerador de las cervezas, habla detrás de su cubreboca:

– ¿Qué pasó pareja?
– … ya no habías venido…
– Na, tú no estabas, vengo seguido…
– Na, huevos qué…
– Sobas
– Soplas
– Cabeza
– Clavo
– Mamas
– Abajo
– Pongo

Los dos comienzan a reírse con tonos inusuales, de esos juguetones, inofensivos, de esos que se saben derrotados; las risas continuaron por unos segundos más, después, el hombre, con seis cervezas de lata en la mano derecha, caminó hacia la caja y puso el six sobre el mostrador. Pagó. Tarjeta de débito. Nip. Ticket.

– ¡Cámara! Me lo cuidas…
– ¡Agarras!
– ¡Ai te ves escarfeis!
– ¡Sale!

Atontada, la luna se inmiscuye en el cielo de las cuatro de la tarde, otra vez, neceando con las notas viejitas del King Krule. La tarde pide a gritos de ambulancia y rechinares de llanta un poco de calmo frío, un poco de Ciudad Durmiente. Algo ruge, algo ronda, será la muerte, será el hastío, el profundo desconcierto de la humanidad.

Se despertó, cuello chueco, dolor en los músculos, lo primero que miró al abrir los párpados fueron las últimas luces del atardecer embarrándose en la ventana, moraditos raros; en su cabeza sonaba escandalosa una tonada de los putos monos árticos; mientras sus pupilas se atascaban de atardecer, imaginaba, estúpidamente, que alguien tocaba fuerte la puerta de madera.


HJS tremendón, necio en la necedad, destrampado…